Gráfico del bono a 10 años de EEUU en 4,2% con datos de empleo de enero 2026 y logo de la Fed

Empleo en EEUU: el bono a 10 años se dispara al **4,2%** y frena recortes de la Fed

Sorpresa laboral: El mercado de trabajo en EE.UU. desafía las expectativas con 130.000 nuevos empleos en enero, el doble de lo previsto, y dispara los rendimientos de los bonos.

Un informe laboral que redefine las reglas del juego

El Departamento de Trabajo de EE.UU. ha sacudido los mercados con datos que contradicen el escenario de desaceleración que muchos inversores daban por hecho. En enero, la economía generó 130.000 nuevos puestos de trabajo —casi el doble de lo anticipado—, mientras la tasa de desempleo se situó en 4,3%, una décima por debajo de las proyecciones. Este repunte recuerda al primer trimestre de 2023, cuando un informe similar obligó a la Fed a posponer sus planes de recortes, desencadenando una corrección del 3,8% en el S&P 500 en solo dos semanas.

Sin embargo, el contexto es más complejo. Las revisiones de datos de 2025 revelan una creación de empleo mucho menor a la estimada inicialmente: 181.000 puestos netos frente a los 584.000 reportados en un principio. Esto implica una reducción de casi 900.000 empleos desde marzo de 2025, un ajuste que sugiere que el mercado laboral entra en 2026 con menos impulso del que se creía, aunque aún sin señales claras de debilidad estructural. “2025 fue más débil de lo esperado, pero 2026 demuestra que la capacidad de generar empleo sigue intacta. Para la Fed, esto significa menos prisa por bajar tasas y más margen para esperar a que la inflación ceda”, advirtió el director de renta fija de una gestora española.

La curva de rendimientos se inclina: menos recortes y más incertidumbre

La reacción en los mercados de renta fija fue inmediata. El bono a 10 años escaló hasta 4,19%-4,20%, un avance de 5 puntos básicos en solo un día, mientras el Treasury a dos años subió 8 puntos básicos, alcanzando 3,53%-3,54%. El vencimiento a 30 años, más sensible a las expectativas de crecimiento, rondó el 4,8%. Este movimiento evoca el “taper tantrum” de 2013, cuando los bonos sufrieron su peor caída en dos décadas tras un cambio en la política de la Fed.

El mensaje del mercado es claro: la curva de rendimientos se ha vuelto más inclinada, y los inversores ya no anticipan el primer recorte de tasas en junio, sino en julio, reduciendo las expectativas de flexibilización monetaria de 59 a 49 puntos básicos para todo 2026. Este ajuste refuerza una tesis que gana peso en Wall Street: aunque las tasas hayan tocado techo, la desinflación será demasiado lenta para volver a una era de dinero barato. Con una economía creciendo modestamente por encima de su potencial y una inflación aún cerca del 3% —por encima del objetivo del 2% de la Fed—, el bono a 10 años parece condenado a mantenerse holgadamente por encima del 4%.

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La Fed en jaque: empleo fuerte vs. inflación persistente

El informe de empleo llega apenas 15 días después de que la Reserva Federal decidiera mantener las tasas en 3,5%-3,75%, tras tres recortes consecutivos en el segundo semestre de 2025. En su declaración de enero, el FOMC subrayó que futuros movimientos dependerían de la evolución económica, con especial atención al equilibrio entre empleo e inflación, ahora más frágil que nunca.

Funcionarios como Lorie Logan (Fed de Dallas), Beth Hammack (Fed de Cleveland) y el vicepresidente Philip Jefferson han insistido en la necesidad de paciencia. Con la inflación anclada cerca del 3% y un mercado laboral que se resiste a debilitarse, el rango actual de tasas parece alineado con los objetivos de la Fed, pero a un costo: los inversionistas en renta fija enfrentan primas de riesgo más altas, ya que cada señal de fortaleza laboral se traduce en mayores rendimientos en los plazos medio y largo.

El dato de enero refuerza este escenario. Los 130.000 empleos no indican un colapso, sino una economía que sigue generando oportunidades sin presiones inflacionarias inmediatas. Para la Fed, esto significa más tiempo para esperar, pero para los mercados, implica menos estímulo y mayor volatilidad. ¿Qué pasará si la inflación se estanca en el 3% mientras el empleo se mantiene firme? La respuesta podría redefinir la estrategia de inversión en 2026.

Un mercado laboral que desafía la desaceleración

El reporte del Bureau of Labor Statistics dibuja un panorama laborar menos dinámico que en 2021-2022, pero aún robusto. Los sectores con mayor crecimiento son salud, servicios sociales y construcción, impulsados por el envejecimiento demográfico y la inversión en infraestructura pública. En cambio, áreas como finanzas y el empleo gubernamental federal han reducido personal, reflejando un ajuste en industrias más sensibles al ciclo económico.

Este patrón confirma una tendencia: la economía se reajusta hacia sectores menos volátiles, pero la oferta laboral sigue tensa, limitada por restricciones migratorias y la jubilación de trabajadores experimentados. Las correcciones a la baja en los datos de 2025 —que redujeron la creación de empleo en casi 400.000 puestos respecto a las estimaciones previas— sugieren que el ajuste ya está en marcha, pero el ritmo de contratación en enero demuestra que la máquina del empleo aún no se detiene. En este contexto, la Fed difícilmente acelerará los recortes de tasas sin una caída más pronunciada de la inflación.

Impacto en renta fija, bolsa y divisas: ¿quién gana y quién pierde?

El efecto del informe no se limitó a los bonos. Los futuros de los principales índices bursátiles de EE.UU. reaccionaron al alza, con ganancias del 0,3%-0,4% en el Dow Jones, S&P 500 y Nasdaq 100, respaldados por la percepción de que la recesión no está a la vuelta de la esquina. Sin embargo, el verdadero desafío está en la renta fija: un bono a 10 años por encima del 4% obliga a revisar valoraciones, especialmente en sectores de crecimiento y empresas con alta deuda.

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Para los inversores conservadores, las tasas actuales comienzan a ofrecer rendimientos reales positivos si la inflación se sitúa en el rango del 2,5%-3%, como pronostica el consenso. En el mercado de divisas, el dólar se apreció cerca de 0,5% frente a una canasta de monedas, reflejando que la política monetaria de EE.UU. seguirá siendo más restrictiva que la de otras economías. Esto plantea un dilema para los mercados emergentes, donde un dólar fuerte y tasas altas podrían tensionar sus cuentas externas, como ocurrió en 2018 durante la crisis de las monedas emergentes.

EE.UU. vs. Europa: dos realidades, un mismo dilema

Mientras los rendimientos de la deuda estadounidense suben, en la eurozona el panorama es más moderado. El Bund alemán a 10 años se mantiene alrededor del 2,8%, niveles inferiores a los de semanas anteriores, tras la decisión del Banco Central Europeo (BCE) de mantener sus tasas sin cambios, a pesar de una inflación que ya cayó al 1,7% gracias a la reducción de los costos energéticos.

En España, el bono a 10 años rinde cerca del 3,2%, con un diferencial respecto a Alemania inferior a 40 puntos básicos. Esto indica que el mercado no percibe un riesgo significativo en la deuda soberana española, a diferencia de lo ocurrido en 2012, cuando el diferencial superó los 600 puntos básicos durante la crisis del euro. Sin embargo, el contraste con EE.UU. es revelador: Washington paga casi un punto porcentual más que Madrid por financiarse a diez años, a pesar de que la eurozona crece menos y tiene una inflación más baja. ¿Estamos ante un cambio de paradigma, donde el riesgo ya no se concentra solo en las periferias europeas, sino también en el corazón de la economía global?

El debate sobre la sostenibilidad de la deuda pública ha dado un giro: el Tesoro estadounidense, forzado a emitir cantidades récord en un entorno de tasas altas, enfrenta presiones similares a las que antes solo preocupaban a economías emergentes.

El precedente de 2018: cuando la Fed subestimó el empleo y pagó el precio

El informe de enero no es la primera vez que un dato de empleo inesperadamente fuerte obliga a la Fed a replantear su hoja de ruta. En febrero de 2018, un repunte similar —con 313.000 empleos creados (frente a los 200.000 esperados) y un desempleo en 4,1%— llevó al entonces presidente de la Fed, Jerome Powell, a acelerar el ritmo de subidas de tasas, pese a que la inflación apenas rozaba el 2,1%. El resultado: cuatro alzas adicionales ese año (hasta 2,5%), un S&P 500 que cayó un 6,24% en octubre y un mercado de bonos que sufrió su peor diciembre desde 1951, con el rendimiento del 10 años superando el 3,2%.

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La lección de 2018 es clave hoy: la Fed sobreestimó la holgura del mercado laboral y subestimó cómo la escasez de mano de obra (entonces por la baja participación laboral, hoy por el envejecimiento demográfico) podría mantener los salarios en alza sin disparar la inflación. En aquel episodio, el índice de salarios por hora creció un 2,9% interanual, pero la inflación subyacente se mantuvo estable. Hoy, con salarios creciendo al 4,1% (según el último Employment Cost Index) y una inflación persistente en 3%, el riesgo es que la Fed repita el error: apretar demasiado (o demasiado tarde) por miedo a un recalentamiento que nunca llega. Los mercados ya descuentan este escenario: en 2018, el VIX (índice de volatilidad) se disparó un 120% en seis meses; hoy, tras el dato de empleo, ha subido un 15% en solo dos sesiones.

Otro paralelo inquietante: en 2018, el diferencial entre el bono a 2 y 10 años se invirtió brevemente en diciembre, una señal clásica de recesión. Hoy, ese diferencial —aunque positivo— se ha reducido a solo 67 puntos básicos (desde los 100 de hace un año), lo que sugiere que el mercado ya anticipa un crecimiento más lento, pero no un colapso. La pregunta es si la Fed aprenderá de su error pasado o si, como entonces, sobreaccionará a un empleo fuerte mientras la inflación se modera por factores externos (como la caída de los precios de la energía, que en 2018 redujo la inflación un 0,6% en solo tres meses).

¿Un déjà vu con final distinto?

En 2018, la Fed tuvo que hacer un giro dovish en 2019, recortando tasas tres veces para salvar a los mercados. Hoy, con una deuda pública 70% más alta (pasó de $21 billones a $36 billones) y un dólar un 12% más fuerte, el margen de maniobra es menor. Si la historia se repite, pero con menos herramientas, el costo podría ser mayor: no solo para los bonos, sino para el 70% de las empresas del S&P 500 que dependen del crédito barato para refinanciar su deuda en 2026-2027.

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