EE.UU. exige a Venezuela entregar 9 figuras clave: el precio por levantar sanciones
Presión máxima: Washington condiciona el desbloqueo de sanciones y el reconocimiento diplomático a la entrega de nueve figuras del chavismo, en un movimiento que redefine la transición venezolana.
La detención de Nicolás Maduro el 3 de enero en Caracas no cerró el ciclo de tensión, sino que marcó el inicio de la fase más crítica de las negociaciones entre Venezuela y Estados Unidos. Mientras el exmandatario y su esposa, Cilia Flores, permanecen recluidos en una prisión de Nueva York, la administración de Donald Trump ha impuesto una condición no negociable para avanzar en cualquier acuerdo bilateral: la entrega de nueve personajes clave del régimen chavista.
Según reveló el diario ABC de España, la Casa Blanca hizo llegar a Delcy Rodríguez, quien encabeza el gobierno interino, una lista con los nombres. No se trata de una solicitud diplomática rutinaria, sino del requisito indispensable para discutir el levantamiento de sanciones, el reconocimiento oficial de Caracas y la cooperación en el sector energético, vital para la economía venezolana. Este ultimátum evoca un precedente oscuro: en 2015, el diario El Nacional reprodujo un informe del mismo medio español que vinculaba al entonces diputado Diosdado Cabello con redes de narcotráfico. La respuesta fue una demanda judicial, una multa de 13 millones de dólares y, en febrero de 2022, la pérdida de su sede histórica. Hoy, quienes usaron la justicia para silenciar a la prensa podrían enfrentar los mismos cargos que entonces negaron.
El plan de EE.UU. para burlar la prohibición de extradición
La Constitución venezolana prohíbe expresamente la extradición de nacionales, un escudo legal que Washington busca sortear con una estrategia de tres niveles. El primer paso exige acceso inmediato a información sensible: interrogatorios en territorio venezolano —bajo supervisión de agentes del FBI— y la revisión de documentos clasificados. El segundo nivel implica una supervisión encubierta de las investigaciones, sin publicidad para evitar dañar la ya frágil posición interna de Rodríguez. El tercero explora fórmulas alternativas, como expulsiones administrativas o traslados por razones de seguridad, evitando cuidadosamente la palabra “extradición”.
Como respaldo legal, el gobierno de Trump mantiene vigente el tratado de extradición de 1922, un instrumento que, aunque antiguo, podría activarse si Caracas cede a la presión. La maniobra refleja la determinación de EE.UU. por desmantelar la red de poder chavista, incluso si eso significa operar en los límites de la legalidad internacional.
Los nueve nombres que Washington quiere en sus tribunales
La lista, elaborada por el Departamento de Justicia, no es arbitraria: busca reconstruir la arquitectura de corrupción y narcotráfico que sostuvo al chavismo durante dos décadas. Estos son los perfiles más urgentes:
Nicolás Maduro Guerra: el heredero político y financiero
Conocido como “Nicolasito“, el hijo mayor de Maduro actuó como puente entre el Palacio de Miraflores y las altas esferas militares, además de gestionar patrimonios ocultos. Las autoridades estadounidenses creen que posee claves criptográficas y registros de comunicaciones entre el gobierno y cartas de empresas fantasmas. Su captura sería un golpe simbólico y operativo: desactivaría la línea sucesoria del chavismo.
Alex Saab: el operador de los contratos fantasma
De empresario textil a ministro encubierto, Saab se convirtió en el cerebro de un sistema de contratos sobrefacturados y sociedades offshore que desangraron las arcas públicas. Según fuentes judiciales citadas por el Tesoro de EE.UU., Saab “sabe dónde está cada dólar” desviado en la última década. Su testimonio podría desentrañar la red de sobornos que conecta a Caracas con bancos en Panamá, Andorra y Dubai.
Raúl Gorrín: el arquitecto del desfalco cambiario
Dueño del canal Globovisión y del Banco Peravia, Gorrín fue señalado por el Tesoro como la mente detrás del esquema de divisas preferenciales que drenó miles de millones de PDVSA. Los fiscales lo describen como el “ingeniero financiero” del colapso económico venezolano. Su extradición, pendiente desde 2019, sería la pieza central para probar la conexión entre el Estado y el crimen organizado.
Tareck El Aissami: el exvicepresidente sin protección
Exvicepresidente y exgobernador, El Aissami acumuló un poder casi absoluto hasta su arresto en 2024 por el caso PDVSA-Cripto, un esquema que lavó dinero mediante criptomonedas. Hoy, sin respaldo interno, se ha convertido en un colaborador forzoso. Su declaración podría implicar a altos mandos militares en operaciones de narcotráfico y tráfico de armas.
Samark López Bello: el testaferro con pruebas
Presentado como “primo” de El Aissami, López Bello gestionó empresas pantalla para pagos ilegales a funcionarios. Detenido desde 2024, su testimonio ya ha permitido rastrear cuentas en Suiza y Emiratos Árabes. Su entrega sería un golpe a la estructura de blanqueo de capitales que aún opera en Venezuela.
Walter Jacob Gavidia Flores: el hijastro en la sombra
Sancionado por EE.UU., Gavidia Flores participó en contratos públicos millonarios y sirvió como enlace entre el poder político y negocios privados. Su nombre apareció en los Papeles de Panamá vinculado a sociedades en las Islas Vírgenes Británicas.
Pedro Luis Martín-Olivares: el jefe del Sebin y el narcotráfico
Al frente del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), Martín-Olivares no solo orquestó la represión, sino que, según la acusación, protegió rutas de narcotráfico a cambio de sobornos. Tiene una orden de captura internacional y una recompensa ofrecida por EE.UU. Su captura sería la prueba definitiva de la conexión entre el Estado venezolano y el Cártel de los Soles.
Los dos nombres ocultos: la carta bajo la manga
Washington mantiene en reserva las identidades de los dos últimos objetivos, una táctica para aumentar la presión psicológica sobre el gobierno interino. Las especulaciones apuntan a ministros en funciones, altos militares o incluso empresarios que financian la transición. La incertidumbre busca acelerar una decisión: ¿entregar a los conocidos o arriesgarse a que salgan a la luz nombres más sensibles?
Cooperación militar: el otro frente de la negociación
Paralelamente a la ofensiva judicial, avanza un acercamiento militar estratégico. El general Francis L. Donovan, del Comando Sur de EE.UU., se reunió en Caracas con Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, para abordar tres ejes: narcotráfico, terrorismo y migración irregular. La doble vía —presión legal y diálogo operativo— refleja la estrategia de Washington: aislar al núcleo duro chavista mientras se construyen puentes con sectores dispuestos a negociar.
Este movimiento recuerda a la operación “Mano Amiga” de los años 90, cuando EE.UU. combinó ayuda humanitaria con inteligencia militar para desarticular carteles en Colombia. La diferencia ahora es que el objetivo no son solo los narcotraficantes, sino los pilares políticos y económicos de un régimen.
Liberación de presos argentinos: ¿señal de buena voluntad?
El 18 de febrero, Venezuela liberó al empresario argentino Roberto Baldo, detenido desde noviembre de 2024 bajo acusaciones de terrorismo. El gesto, inusual en el contexto represivo del chavismo, coincide con las negociaciones y podría interpretarse como una señal a la comunidad internacional. Baldo no era una figura menor: su caso estaba vinculado a supuestas conspiraciones contra el gobierno, pero su liberación —sin condiciones públicas— sugiere que Caracas busca oxigenar su imagen antes de tomar decisiones más duras, como entregar a los nueve solicitados.
Maduro y Flores: la audiencia que definirá su futuro
Mientras la presión sobre el gobierno interino crece, Nicolás Maduro y Cilia Flores aguardan su audiencia del 26 de marzo en Nueva York, pospuesta para que la fiscalía reúna “pruebas contundentes“. Los cargos son graves: conspiración para narcoterrorismo, introducción de cocaína en EE.UU., posesión de armas de guerra y ametralladoras. El escrito judicial menciona el envío de “miles de toneladas de cocaína” durante 25 años, utilizando rutas del Caribe y Centroamérica controladas por el Cártel de los Soles.
El caso recuerda al del general Hugo Carvajal, exjefe de inteligencia chavista, extraditado a EE.UU. en 2021 y condenado a 20 años de prisión por narcotráfico. Si Maduro y Flores son declarados culpables, podrían enfrentar penas similares, sentando un precedente: ni siquiera los exmandatarios están a salvo.
La encrucijada de Delcy Rodríguez: entregar o resistir
La lista de los nueve no fue presentada como un ultimátum formal, pero funciona como tal. A cambio de su entrega, Washington ofrece un paquete tentador: reconocimiento diplomático, desbloqueo selectivo de sanciones (especialmente las que asfixian a PDVSA) y una agenda energética que podría reactivar la economía venezolana. El acuerdo se medirá en resultados concretos: interrogatorios realizados, documentos entregados, cuentas rastreadas y, en última instancia, traslados efectivos.
Para figuras de alto perfil, como Maduro Guerra o Saab, se baraja la figura de “traslado por seguridad“, un eufemismo que permitiría presentar la entrega como una medida de protección ante supuestas amenazas internas. La fórmula ya se usó en 2023 con el narcotraficante Rafael Caro Quintero, capturado en México y “trasladado” a EE.UU. bajo ese argumento.
Pero el costo político para Rodríguez es enorme: entregar a estos personajes significaría romper con el legado chavista y asumir que la justicia venezolana —durante años utilizada para perseguir opositores— ahora colabora con la que antes se denunciaba como “imperialista”.
¿Qué cambiaría para Venezuela si acepta el trato?
La entrega de los nueve no sería solo un gesto de cooperación judicial, sino un punto de inflexión histórico. Para las víctimas de la corrupción y el narcotráfico, significaría el inicio de la justicia tardía. Para la región, un realineamiento geopolítico: Caracas dejaría de ser un aliado de Rusia, Irán y China en el patio trasero de EE.UU. Y para los venezolanos, la posibilidad —remota pero real— de que la verdad sobre el desfalco a PDVSA salga finalmente a la luz.
Sin embargo, el riesgo es alto. Si Rodríguez cede, podría desatar una guerra interna entre facciones chavistas: los pragmáticos, dispuestos a negociar, y los radicales, que prefieren el aislamiento antes que la rendición. La pregunta que define este momento no es si Venezuela quiere normalizar sus relaciones con EE.UU., sino qué está dispuesto a sacrificar para lograrlo.
Mientras el reloj avanza hacia el 26 de marzo, una fecha que podría marcar el destino de Maduro y Flores, el mundo observa: ¿será este el fin del chavismo como estructura de poder, o solo otro capítulo de su capacidad para sobrevivir?
El precedente que EE.UU. no quiere repetir: el caso de Manuel Noriega y sus 20 años de prisión
Mientras Caracas analiza la entrega de los nueve figuras clave solicitadas por Washington, el fantasma de Manuel Noriega planea sobre las negociaciones. El exdictador panameño, extraditado a EE.UU. en 1990 tras la invasión militar “Causa Justa”, cumplió una condena de 20 años por narcotráfico, lavado de dinero y racketeering antes de ser extraditado a Francia en 2010. Su caso estableció un precedente legal que EE.UU. ahora busca replicar —pero con un giro estratégico: evitar otra intervención militar y lograr los mismos resultados mediante presión diplomática y judicial.
Noriega no fue el único. En 2016, el general Guillermo Rodríguez López, exjefe de la policía hondureña, fue extraditado a EE.UU. y condenado a 12 años por tráfico de cocaína hacia Centroamérica. La diferencia clave con el caso venezolano radica en la escala: mientras Noriega y Rodríguez López operaban como facilitadores, los nueve nombres de la lista actual son acusados de ser arquitectos de un sistema. Según documentos desclasificados del Departamento de Estado en 2021, el Cártel de los Soles —vinculado directamente a cuatro de los solicitados— movió más de 250 toneladas de cocaína anuales entre 2015 y 2020, superando el volumen manejado por Noriega en su momento álgido (180 toneladas/año en los 80).
El patrón de EE.UU. es claro: no busca peones, sino cerebros. En 2019, la extradición del colombiano Álvaro López Tostón —lugarteniente del Cartel del Norte del Valle— permitió desmantelar 17 empresas fantasma en Miami y Bogotá. Pero en Venezuela, el desafío es mayor: los nueve no son narcotraficantes tradicionales, sino funcionarios que usaron el Estado como fachada. La fiscalía estadounidense calcula que, solo con las declaraciones de Alex Saab y Raúl Gorrín, podrían rastrearse hasta $11.000 millones desviados de PDVSA, una cifra que duplica el monto recuperado en el caso Odebrecht ($5.700 millones en 2017).
| Caso | Año | Carga de cocaína (ton/año) | Monto recuperado (USD) | Condena promedio |
|---|---|---|---|---|
| Manuel Noriega (Panamá) | 1990 | 180 | No aplicable (bienes incautados: $30M) | 20 años |
| Guillermo Rodríguez (Honduras) | 2016 | 45 | $8M | 12 años |
| Cártel de los Soles (Venezuela) | 2015-2020 | 250+ | Potencial: $11.000M | Pendiente |
| Álvaro López Tostón (Colombia) | 2019 | 60 | $450M | 30 años |
¿Por qué Caracas teme más a la justicia estadounidense que a la suya?
La respuesta está en los números: en Venezuela, los procesos por corrupción rara vez superan los 5 años de prisión, y las multas suelen ser simbólicas. En EE.UU., en cambio, las condenas por narcotráfico y lavado oscilan entre 15 y 40 años, con incautaciones que pueden alcanzar el 100% de los activos. El caso de Hugo Carvajal —condenado a 20 años en 2021— demostró que ni siquiera los exjefes de inteligencia chavistas están a salvo. Ahora, con Maduro y Flores enfrentando cargos que incluyen “conspiración para narcoterrorismo” (pena máxima: cadena perpetua), la entrega de los nueve no sería solo un gesto de cooperación, sino un salvavidas para evitar que el castigo escalone hacia arriba. La pregunta que nadie se atreve a responder en voz alta es: ¿quién sería el próximo en la lista si Caracas cede?