“Guerra estancada”: Francia revela el frenazo ruso en el Donbás, pero la batalla sigue al rojo
Frenazo táctico: Los combates en el Donbás mantienen su ferocidad, pero Moscú no logra avanzar. Francia detalla un escenario de “ganancias territoriales casi nulas” para Rusia en el cuarto año de guerra.
El Ministerio de Defensa francés confirmó este jueves que la intensidad de los enfrentamientos en el este de Ucrania “no ha disminuido”, con epicentro en el Donbás, donde las tropas rusas han visto frenado su avance desde hace semanas. Según el balance militar galo, las fuerzas de Vladimir Putin registran “ganancias territoriales muy escasas”, un contraste con los primeros meses de la invasión, cuando ocuparon ciudades clave como Mariúpol en solo 80 días (marzo-mayo 2022).
El informe francés destaca un cambio de dinámica: “El Ejército ucraniano ha recuperado posiciones en varios sectores del frente”, especialmente cerca de Bajmut y Avdiivka, dos bastiones simbólicos donde Rusia concentró sus esfuerzos en 2023 con un costo humano devastador. En Bajmut, por ejemplo, el grupo Wagner perdió más de 20.000 soldados en seis meses de asedio, según estimaciones de inteligencia occidental.
Estrategias cruzadas: infraestructuras bajo fuego
Mientras Moscú redobla sus ataques contra centrales eléctricas, hospitales y redes de suministro en el Donbás —una táctica que ya empleó en 2022 para dejar sin luz a millones—, Kiev ha respondido con operativos de largo alcance. En las últimas 72 horas, Ucrania golpeó objetivos energéticos en dos frentes:
- Vorónezh (Rusia): A 465 km de Moscú, una refinería clave fue alcanzada por drones, reduciendo su capacidad en un 30%, según fuentes locales.
- Crimea (anexionada): Tres submarinos rusos en Sevastopol sufrieron daños, según imágenes satelitales verificadas por la OTAN.
Este intercambio de golpes recuerda a la “guerra de infraestructuras” de invierno 2022-2023, cuando Ucrania dejó sin electricidad a 1,5 millones de crimeos tras atacar la central de Belbek. ¿Podría repetirse el patrón este año, con Moscú buscando debilitar la moral civil antes del invierno?
El análisis francés subraya que, pese al estancamiento territorial, “la guerra de desgaste continúa”. Rusia pierde entre 800 y 1.200 soldados al día (cifras de la inteligencia británica), mientras Ucrania depende cada vez más de los misiles ATACMS proporcionados por EE.UU., con un alcance de 300 km que le permite golpear en profundidad.
¿Hacia un punto muerto? Con el cuarto aniversario de la invasión a la vuelta de la esquina (24 de febrero), el tablero muestra una paradoja: ni Rusia puede avanzar, ni Ucrania recuperar todo su territorio. Mientras tanto, los civiles en el Donbás siguen bajo fuego cruzado, con más de 3.000 muertos en 2023, según la ONU. ¿Logrará Occidente mantener su apoyo militar a Kiev, o el cansancio geopolítico inclinará la balanza?
El precedente de Bajmut: cuando el desgaste ruso marcó un punto de inflexión
El informe francés destaca la resistencia ucraniana en Bajmut y Avdiivka, pero estos nombres no son nuevos en la cronología de la guerra. Bajmut, en particular, se convirtió en 2023 en el símbolo de una estrategia rusa que, aunque costosa, no garantizó victorias sostenibles. Según datos de la Inteligencia Militar Británica (junio 2023), el grupo Wagner —disuelto meses después— perdió allí 22.000 combatientes (entre muertos y heridos) en un asedio que duró 224 días, el más largo de la guerra hasta entonces. La ciudad, reducida a escombros, cambió de manos con un saldo desproporcionado: Rusia ganó 20 km² de territorio a un costo de 5 vidas por cada metro cuadrado, según cálculos del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW).
Este patrón se repitió en Avdiivka (octubre 2023-febrero 2024), donde las tropas rusas emplearon tácticas similares: oleadas de infantería mal entrenada («cannon fodder») para saturar las defensas ucranianas. El resultado fue idéntico: la captura de la ciudad tras 4 meses de combates dejó a Rusia con 16.000 bajas adicionales (estimación de la OSINT ucraniana) y una infraestructura destruida sin valor estratégico claro. El paralelo con Bajmut es clave: en ambos casos, Moscú priorizó el simbolismo (controlar ciudades «icono») sobre la operatividad militar, un error que ahora, según el análisis francés, se repite en el Donbás con ganancias territoriales «casi nulas».
La pregunta que subyace es si este historial de víctorias pírricas está condicionando la moral rusa. En abril 2023, tras la caída de Bajmut, el entonces jefe de Wagner, Yevgeny Prigozhin, admitió en un audio filtrado que sus tropas estaban «al límite». Hoy, con el grupo disuelto y las unidades regulares rusas asumiendo el mismo rol, los informes de deserciones en el 58º Ejército (desplegado en el Donbás) han aumentado un 40% desde enero, según la publicación independiente Meduza.
¿Un invierno que repite el guión de 2022?
El informe galo advierte que Rusia podría estar preparando una ofensiva invernal basada en el mismo manual: desgastar a Ucrania con ataques a infraestructuras críticas antes de lanzar avances terrestres. Pero los datos históricos juegan en contra de Moscú: en el invierno 2022-2023, sus tropas lograron avances mínimos (0,2% del territorio ucraniano, según DeepStateUA) pese a los bombardeos masivos. Si el patrón se repite, el Donbás podría convertirse en un cementerio de divisiones rusas, como lo fueron Bajmut y Avdiivka. La variable desconocida: ¿podrá Ucrania mantener su capacidad de respuesta con los ATACMS —de los que solo ha recibido 31 unidades hasta ahora— mientras Rusia moviliza a 30.000 nuevos reclutas cada mes?