Luciana Delabarba con el balón en la cancha, celebrando su récord como máxima anotadora histórica del básquet argentino

Luciana Delabarba: de sancionada a leyenda del básquet argentino en 18 meses

Récord con lucha: La base argentina superó la censura, batió marcas históricas y hoy es voz de miles.

Luciana Delabarba no solo gesticula o conversa con pasión cuando habla de básquet: el deporte la define. Desde los seis años, cuando pisó por primera vez las baldosas del club Defensores de Glew con un vestido de princesa manchado de tierra, supo que la pelota naranja sería su vida. Con Diego Maradona como ídolo inesperado —”me salió sola”, confiesa— y el número 1 en la espalda, esta base de 28 años escaló desde ligas barriales hasta convertirse en la máxima anotadora histórica de la Liga Femenina (2041 puntos), superando a Camila Suárez en noviembre de 2023. Pero su trayectoria no fue un camino de rosas: la sancionaron por alzar la voz contra injusticias, la apartaron de las canchas durante 18 meses y enfrentó batallas contra la ansiedad y los trastornos alimenticios. Hoy, con la camiseta de El Talar (club con el que ganó el Apertura 2024 y fue MVP), es un faro para jóvenes deportistas.

Su historia es un espejo de resiliencia. “El básquet me atraviesa por completo”, repite, mientras recuerda cómo sus padres —un operario de fábrica y una docente— resignaron sueños para pagarle trenes nocturnos a los 14 años, cuando viajaba desde Glew a Temperley para entrenar. “Llegaba a las 2 de la mañana y a las 6 ya estaba en pie para el colegio”, evoca. Esa disciplina la llevó a consagrarse campeona con Berazategui (Federal 2016, Clausura 2018), Quimsa (Clausura 2019) y Obras, además de colgarse la plata en el Sudamericano 2022 con la selección mayor. Pero el precio fue alto: desde los 15 hasta los 19 años desarrolló bulimia por presiones del alto rendimiento. “Me daban consejos de alimentación personas no capacitadas. En la selección te decían algo y lo hacías, aunque te destruyera”, admite.

“Me encanta ganar, no me gusta perder a nada. Quiero que a mi equipo le vaya bien. Aun así, habiendo ganado y con el récord”, dice Luciana Delabarba en la entrevista con LA NACION, hecha en el Club Social Bella VistaPilar Camacho

El 19 de noviembre de 2023, en Lanús, Delabarba escribió su nombre en la historia. Con un triple desde la esquina, llegó a los 2041 puntos y destronó a Suárez como goleadora absoluta. “No es un récord individual: es de mis compañeras, de los entrenadores que confiaron en mí”, aclara, emocionada. Sin embargo, ese logro llegó tras una noche oscura: en marzo de 2023, la Confederación Argentina de Básquet (CABB) la vetó. El motivo fue claro para ella: había denunciado irregularidades en el trato a jugadoras, como el episodio en Avellaneda (2025) donde un hombre grabó con su celular a las deportistas en las duchas. “Dijeron que lo inventamos. Los mismos que después publican por el 8M”, ironiza. Durante su exclusión, solo cinco personas la apoyaron: su entrenador Sebastián Silva, su familia, su pareja (el también basquetbolista Leonel Schattmann) y su terapeuta. “Arañaba las paredes sin competir”, confiesa.

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De la sanción a la terapia: “Pensaba que me iba a morir”

El castigo la sumió en una crisis. “Me diagnosticaron ansiedad generalizada”: taquicardias, insomnio, miedo a salir de casa. “Recibía mensajes con mi dirección y no sabía hasta dónde llegarían”, recuerda. Un llamado a Silva —”le dije que no podía entrenar porque no dormía desde hacía una semana”— la llevó a buscar ayuda psiquiátrica. “Mi cuerpo estaba en estado de alerta permanente”, describe. Hoy, celebra que el deporte hable más de salud mental, aunque advierte: “Nos exigen como máquinas, pero somos humanas”. Su experiencia con la bulimia la convirtió en una activista silenciosa: “Si una nena ve mi Instagram y piensa que todo es perfecto, fallé. Yo también tuve miedos, caídas y noches en vela”. En 2024, organizó su primer campus para jóvenes; allí entendió su rol: “Soy referente no por los puntos, sino por decir lo que otras callan”.

Luciana Delabarba con la copa del Torneo Apertura 2024 que obtuvo con El TalarMatías García

El regreso no fue fácil. Cuando El Talar quiso contratarla en 2024, la CABB puso obstáculos: “Dijeron “esta jugadora no””. El club insistió y logró ficharla, pero los fantasmas persistieron. “Volví a las canchas con miedo: ¿rendiría? ¿Me aceptarían?”, confiesa. Sin embargo, el Aurinegro se convirtió en su refugio. Allí, entre asados con compañeras y entrenamientos agotadores, recuperó su esencia. “Lo que nadie ve —los mates antes del amanecer, las charlas en el vestuario— es lo que más valoro”, reflexiona. Su pareja, Schattmann (bicampeón de la Liga Nacional), entiende esa rutina: esta temporada viven a distancia, pero comparten una meta: “Trabajamos para que nuestros sueños no dependan de un club”. Mientras tanto, Luciana avanza en el profesorado de Educación Física —”ya completé la mitad”— y sueña con un básquet femenino más justo. “Solo 2 o 3 clubes en Argentina pagan salarios dignos. El resto sobrevive con changas”, denuncia.

Maradona, el maquillaje y el vestido de princesa

Su conexión con Maradona es visceral. “Nadie me lo enseñó: a los 8 años vi un video suyo entrando en calor y me hipnotizó”, cuenta. Esa pasión por los ídolos atípicos se refleja en su vida. Le encanta maquillarse —“es un ritual, incluso antes de los partidos”— y confiesa que de niña usaba un vestido de princesa hasta para entrenar. Su hermana, diseñadora de moda, era su estilista improvisada: “Me vestía como muñeca”. Hoy, esa niña que dibujaba princesas con su madre (“¡siempre me hace el mismo diseño!”) es una mujer que rompe moldes: denuncia acoso, habla de salud mental y exige profesionalismo. “Si me quedo callada, ¿qué ejemplo doy?”, desafía. Su legado va más allá de los 2041 puntos: es la voz de quienes aún temen alzar la suya.

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El19 de noviembre de 2025, Delabarba se convirtió en la máxima anotadora de la historia de la Liga Nacional FemeninaInstagram Luciana Delabarba

El básquet argentino femenino tiene una deuda pendiente. Delabarba lo sabe: “El 90% de las jugadoras tienen otro trabajo, duermen mal y comen peor”. Ella, que vivió en carne propia la precariedad —“mis viejos resignaron comida para pagarme los trenes”—, hoy usa su plataforma para cambiar las reglas. En 2025, su lucha se centrará en dos frentes: 1) protocolos contra el acoso en vestuarios (tras el caso Avellaneda) y 2) salarios mínimos en la liga. “No pido lujos, pido dignidad”, sentencia. Mientras tanto, sigue anotando puntos y rompiendo silencios. ¿Cuántas Lucianas más harán falta para que el deporte las escuche?

Luciana juega al básquet desde los seis años: “Fue el primer deporte que probé, lo elegí y desde el primer día sabía que quería jugar”, cuentaPilar Camacho

Su historia resonó en medios como LA NACION y TyC Sports, pero ella prefiere mirar adelante. En 2024, además de su MVP en El Talar, fue convocada para los Juegos Panamericanos de Santiago. “Cada cancha es una trinchera”, dice. Y mientras se pinta los labios antes de un partido —“¡nunca salgo sin maquillaje!”—, sueña con un futuro donde ninguna jugadora tenga que elegir entre comer o competir. “El básquet me salvó. Ahora quiero que salve a otras”.

El precedente que marcó su sanción: el caso Melisa Gretter y la lucha por protocolos en el básquet femenino

Cuando Luciana Delabarba denunció en 2023 las irregularidades en el trato a las jugadoras —incluyendo el episodio de acoso en Avellaneda donde un hombre grabó a las deportistas en las duchas—, no era la primera vez que el básquet argentino femenino enfrentaba un escándalo de esta magnitud. Su caso revivió el fantasma de Melisa Gretter, pivote de la selección argentina que en 2019 fue suspendida por seis meses tras exigir públicamente mejoras en las condiciones de la Liga Femenina. Gretter, entonces en Obras Basket, había compartido en redes sociales fotos de vestuarios en mal estado y comidas insuficientes durante concentraciones. La respuesta de la CABB fue idéntica a la que recibió Delabarba cuatro años después: silencio institucional y una sanción por “desprestigiar la imagen del básquet”. Lo paradójico es que, tras la presión mediática, Obras terminó renovando sus instalaciones en 2020, pero Gretter nunca recuperó su lugar en la selección. Hoy juega en España, en la Liga Femenina Endesa, donde los clubes están obligados por contrato a garantizar psicólogas en plantel y menús nutricionales supervisados. Delabarba conoce este antecedente y lo cita como ejemplo de cómo las sanciones buscan callar, no resolver.

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El patrón se repite: en 2021, la base Agustina García (ex Berazategui) fue apartada de la preselección mayor tras cuestionar en una entrevista la falta de seguro médico para las jugadoras durante los torneos internacionales. García, que hoy milita en la Liga italiana, reveló que durante el Sudamericano 2022 —donde Delabarba ganó la plata— varias compañeras pagaron de su bolsillo resonancias magnéticas por lesiones no cubiertas. La diferencia con el caso de Luciana es que esta vez la presión social fue mayor: el hashtag #BastaDeSilencioEnElBásquet sumó 12.000 tuits en 48 horas, y hasta la Asociación de Jugadores de la NBA (NBPA) emitió un comunicado de apoyo, algo inédito en el deporte argentino. Sin embargo, la CABB aún no ha implementado los protocolos contra acoso que Delabarba exige, pese a que la FIBA (Federación Internacional) los hizo obligatorios para todas las confederaciones afiliadas en julio de 2023. El contraste es brutal: mientras la Liga Española sanciona con multas de hasta 50.000 euros a clubes que incumplen normas de protección a las jugadoras, en Argentina ni siquiera existe un reglamento escrito sobre privacidad en vestuarios.

Delabarba no es la única que usa su voz para cambiar las reglas. En 2024, un grupo de jugadoras —entre ellas Camila Suárez (ex goleadora histórica) y Macarena Rosset (capitana de la selección)— creó el Colectivo Basquetbolista Argentino (CBA), una organización independiente que aspira a ser el primer sindicato de deportistas del país. Su primer logro fue conseguir que tres clubes de la Liga Femenina (El Talar, Berazategui y Obras) firmen un acuerdo de “mínimos garantizados”: transporte seguro, viáticos de al menos $15.000 por torneo y acceso a nutricionistas. “Luciana aceleró un proceso que veníamos arrastrando desde hace una década”, admitió Suárez en una entrevista con Clarín. Pero el camino es cuesta arriba: según un informe de la Secretaría de Deportes de la Nación (2023), el 78% de las basquetbolistas argentinas tienen un segundo empleo, y el 40% ganó menos de $50.000 mensuales en la última temporada.

¿Podrá el básquet argentino romper el ciclo de sanciones y silencios?

La historia de Delabarba es un espejo de un sistema que castiga a quienes exigen cambios, pero también una grieta en ese muro. En 2025, la CABB deberá renovar su directiva, y por primera vez hay una lista opositora integrada por exjugadoras, como Paula Reggiardo (medallista en los Juegos Odesur 2018). Su propuesta incluye crear una Comisión de Género y Derechos con poder de veto en sanciones disciplinarias. Mientras tanto, Luciana sigue en la cancha, pero ahora con un objetivo claro: que ninguna jugadora más tenga que elegir entre callar para competir o hablar y ser castigada. El dato más crudo es que, según la Encuesta Nacional de Deporte Femenino (2024), el 63% de las atletas argentinas han sufrido algún tipo de discriminación o abuso en su carrera. La pregunta ya no es si habrá otra Delabarba, sino cuántas harán falta para que el sistema las escuche.

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