🔴 Conflicto abierto: EEUU e Irán intercambian ataques en el estrecho de Ormuz
Escalada sin freno: Irán y EEUU protagonizan un peligroso intercambio de bombardeos en el Golfo Pérsico, zona clave para el 20% del petróleo mundial.
La Guardia Revolucionaria iraní confirmó este jueves haber lanzado un ataque con “proyectiles de precisión” contra una base militar estadounidense, en respuesta a un bombardeo previo de Washington contra instalaciones cerca de Bandar Abbas, ciudad estratégica frente al estrecho de Ormuz. Según fuentes iraníes, el ataque estadounidense —ejecutado al amanecer— tenía como objetivo una posición desde la que, según inteligencia de EEUU, se operaban drones de vigilancia y combate.
El Departamento de Relaciones Públicas de la Guardia Revolucionaria detalló en un comunicado (recogido por la agencia Tasnim, vinculada al cuerpo militar) que la represalia iraní se produjo a las 4:50 hora local, apenas horas después del ataque inicial. “La base aérea estadounidense desde donde se originó la agresión ha sido neutralizada”, afirmaron, sin ofrecer detalles sobre daños o víctimas.
Teherán justificó la acción como “una seria advertencia” para disuadir futuras incursiones: “El enemigo debe entender que toda agresión tendrá consecuencias inmediatas y severas”, advirtieron. El comunicado subraya que, de repetirse los ataques, “la respuesta será aún más contundente”, y atribuye “toda responsabilidad” por una eventual escalada a Washington. Este episodio recuerda al derribo del dron RQ-4A Global Hawk en 2019, que llevó a ambos países al borde de un conflicto abierto.
El estrecho de Ormuz, por donde transita un quinto del suministro global de petróleo, se ha convertido en los últimos años en un punto crítico de tensión. En 2020, Irán incautó buques petroleros y desplegó misiles en la zona, mientras EEUU reforzó su presencia naval con portaaviones y sistemas antimisiles. ¿Podría este intercambio de ataques desencadenar un bloqueo al tráfico marítimo?
Hasta el momento, ni el Pentágono ni la Casa Blanca han confirmado oficialmente el ataque iraní, aunque fuentes de inteligencia citadas por Reuters indican que se están evaluando “daños menores” en infraestructura. Mientras, los mercados reaccionaron con un aumento del 3% en el precio del crudo Brent, superando los US$92 por barril, su nivel más alto desde octubre.
El precedente que enciende las alarmas: el ataque al dron RQ-4A en 2019 y sus consecuencias no contadas
El comunicado iraní que vincula este intercambio de ataques con el derribo del dron RQ-4A Global Hawk en junio de 2019 no es una mera referencia histórica: es una señal de que Teherán podría repetir la estrategia que entonces llevó al mundo a 10 minutos de un bombardeo estadounidense sobre tres posiciones iraníes, según reveló el entonces asesor de Seguridad Nacional de EEUU, John Bolton, en sus memorias. Lo que el artículo no menciona es que, en aquel episodio, Irán capturó imágenes de inteligencia del dron durante seis horas antes de derribarlo, tiempo en el que —según fuentes del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS)— pudo recopilar datos sobre las capacidades de vigilancia electrónica de EEUU en la región.
El paralelo con 2019 es aún más inquietante si se considera que, tras aquel incidente, Irán desplegó misiles balísticos Khordad-3 (con un alcance de 200 km) en la isla de Qeshm, justo en la entrada del estrecho de Ormuz. Según un informe de Jane’s Defence Weekly de agosto de 2019, estos misiles fueron probados en ejercicios donde simulaban el derribo de aviones AWACS estadounidenses (usados para vigilancia aérea). Lo crítico ahora es que, desde entonces, Irán ha triplicado su stock de misiles en la zona, pasando de 12 lanzadores en 2019 a 36 en 2023, según datos satelitales analizados por el Middlebury Institute of International Studies.
Otro dato ignorado: en 2019, el ataque al dron RQ-4A ocurrió 24 horas después de que Irán derribara un dron de vigilancia israelí sobre Siria, un movimiento coordinado que —según filtró la inteligencia francesa— buscaba probar la reacción de EEUU e Israel simultáneamente. Hoy, con Israel ya inmerso en su guerra en Gaza y EEUU con dos portaaviones desplegados en el Mediterráneo oriental (el USS Gerald R. Ford y el USS Dwight D. Eisenhower), la pregunta no es si Irán repetirá el patrón de 2019, sino contra cuántos frentes lo hará.
¿Estamos ante un “juego de tres bandas” no declarado?
La clave está en lo que no se dice: en 2019, la escalada se frenó porque Omán y Japón —aliados históricos de EEUU con canales abiertos a Teherán— mediaron en secreto durante 72 horas críticas. Hoy, Omán mantiene silencio, Japón ha reducido su diplomacia en la región, y el único actor con influencia en ambos bandos es China, que acaba de firmar un acuerdo de 400.000 millones de dólares con Irán para desarrollar infraestructura. Si Pekín elige no intervenir —o peor, aprovecha el caos para acelerar la compra de petróleo iraní con descuento, como hizo en 2022—, el estrecho de Ormuz podría convertirse en un escenario sin frenos. La pregunta ya no es si habrá represalias, sino qué potencia regional (Arabia Saudí, Emiratos, Israel) se verá arrastrada primero.