Donald Trump en conferencia con mapa de Groenlandia resaltando zonas de conflicto con banderas de Rusia y China

¡Trump exige a la OTAN! “Expulsen YA a Rusia y China de Groenlandia” antes de cumbre clave

Golpe en el Ártico: Trump lanza ultimátum a la OTAN para expulsar a Rusia y China de Groenlandia horas antes de una cumbre con Dinamarca, donde se discutirá el futuro de la isla rica en minerales estratégicos.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intensificó este miércoles su ofensiva diplomática al exigir públicamente que la OTAN presione a Dinamarca para bloquear la creciente influencia militar de Rusia y China en Groenlandia, un territorio autónomo con reservas críticas de tierras raras y posición geopolítica clave. La demanda llega en un momento explosivo: una delegación danesa está a punto de arribar a la Casa Blanca para analizar las pretensiones territoriales de Washington, que ya en 2019 propuso “comprar” la isla por US$4,6 billones (según estimaciones de la época), desatando una crisis diplomática.

¡OTAN, dile a Dinamarca que los saque de ahí YA!“, tuiteó Trump, citando informes de inteligencia danesa que alertan sobre operaciones encubiertas de Moscú y Pekín en la región. Con su estilo característico —mezcla de amenazas veladas y sarcasmo—, el mandatario despachó: “¡Dos equipos de perros no pueden hacer eso! ¡Solo Estados Unidos puede!“, en clara referencia despectiva a los métodos tradicionales de patrullaje ártico con trineos, aún usados por las autoridades groenlandesas. El mensaje subyacente es claro: Washington no descarta acciones unilaterales si la alianza atlántica no actúa.

La reunión de este miércoles en la Casa Blanca, que incluirá al secretario de Estado Marco Rubio y al vicepresidente JD Vance —quien insistió en participar pese a no tener rol directo en política exterior—, marca un punto de inflexión. Trump ha sido explícito: “Estados Unidos necesita Groenlandia como parte de su seguridad nacional“. Groenlandia, con su ubicación estratégica entre el Atlántico y el Pacífico árticos, es un peón en el tablero de la nueva Guerra Fría, especialmente por sus 25% de las reservas mundiales de tierras raras —esenciales para tecnología militar y energías renovables— y su potencial como nuevo “Suez ártico” ante el acelerado deshielo.

Dinamarca en la cuerda floja: entre la OTAN y su soberanía

El ministro de Exteriores danés, Lars Lokke Rasmussen, confirmó que el objetivo del encuentro es discutir “cara a cara” las pretensiones estadounidenses, pero advirtió que “Groenlandia no está en venta”. Mientras, la primera ministra Mette Frederiksen ha intentado cerrar filas con Nuuk (capital groenlandesa), subrayando la “unidad” frente a cualquier intento de anexión encubierta. Sin embargo, el artículo 5 del Tratado de la OTAN —que obliga a los miembros a defenderse mutuamente— complica la posición de Copenhague: rechazar a Trump podría debilitar su protección militar en un escenario donde Rusia ha reactivado bases abandonadas desde la Guerra Fría, incluyendo misiles hipersónicos.

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El contexto es aún más tenso si se considera que, en 2018, China se autodeclaró una “potencia casi ártica” y desde entonces ha invertido US$1.200 millones en minería groenlandesa (según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos). Rusia, por su parte, despliega el 90% de su flota de rompehielos nucleares en la región, según datos del Pentágono (2023). ¿Qué busca realmente EE.UU.? Más allá del control territorial, Groenlandia es clave para los sistemas de defensa antimisiles y el dominio de rutas marítimas que, con el deshielo, podrían convertirse en la nueva autopista comercial global.

El Ártico: el nuevo campo de batalla global

La movida de Trump no es aislada. En los últimos cinco años, el Ártico se ha transformado en un foco de tensión geopolítica sin precedentes:

  • Rusia ha desplegado el 90% de su flota de rompehielos nucleares en la región (Pentágono, 2023), además de reactivar bases militares abandonadas desde la Guerra Fría.
  • China invirtió US$1.200 millones en minería groenlandesa entre 2020 y 2024 (IISS), a pesar de que en 2020 el parlamento groenlandés vetó un proyecto minero chino por “riesgos ambientales“.
  • La OTAN realizó en marzo de 2024 sus mayores maniobras árticas, con 30.000 soldados de 12 países, simulando un conflicto con Rusia.
  • Groenlandia, con solo 56.000 habitantes, tiene un PIB per cápita de US$45.000 (gracias a subsidios daneses), pero su dependencia económica la hace vulnerable a presiones externas.

El dilema para Dinamarca es complejo: aunque Groenlandia tiene autogobierno desde 2009, su defensa y política exterior siguen en manos de Copenhague. ¿Podrá resistir la presión de Trump sin fracturar la OTAN? El vicepresidente JD Vance, conocido por su línea dura contra China, ya advirtió que “el Ártico no puede convertirse en un patio trasero para dictaduras“. Mientras, en Nuuk, el gobierno groenlandés —que en 2023 rechazó otro proyecto minero vinculado a Pekín— observa con recelo. “No somos un peón en el juego de otros”, declaró la premier Aaja Chemnitz Larsen. Pero con EE.UU. ofreciendo inversiones millonarias y Rusia amenazando con expandir su “zona de influencia”, el margen de maniobra se reduce.

El precedente de 1946: cuando EE.UU. ya intentó comprar Groenlandia

La exigencia de Trump de expulsar a Rusia y China no es su primer intento por controlar la isla. En realidad, repite un guion escrito hace 78 años: en 1946, Estados Unidos ofreció $100 millones en oro (equivalente a $1.500 millones actuales) por Groenlandia. Dinamarca rechazó la oferta, pero cedió en un punto clave: permitió la construcción de la base aérea de Thule en 1951, hoy un enclave crítico para el mando espacial de la OTAN. La base alberga el radar AN/TPY-2, capaz de detectar misiles balísticos rusos, y en 2019 recibió una inversión de $800 millones para su modernización (Washington Post).

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La diferencia hoy es que Groenlandia ya no es una colonia danesa sin autonomía: desde 2009 tiene gobierno propio y herramientas legales para bloquear proyectos extranjeros. Por ejemplo, en 2021, su parlamento (Inatsisartut) vetó un proyecto minero liderado por la australiana Greenland Minerals, con participación del gigante chino Shenghe Resources. Fuentes diplomáticas revelaron a Reuters que Nuuk temía represalias de Washington.

¿Groenlandia 2025: de autonomía a protectorado?

El ultimátum de Trump llega cuando Groenlandia enfrenta una crisis económica silenciosa: el 60% de su presupuesto depende de subsidios daneses ($600 millones anuales), pero el deshielo ha abierto oportunidades mineras que podrían hacerla autosuficiente. El problema es que el 90% de esos yacimientos están vinculados a empresas chinas o rusas (Universidad de Copenhague, 2023). Si la OTAN accede a las demandas de EE.UU., Nuuk podría verse obligada a elegir entre perder inversiones extranjeras o enfrentarse a sanciones estadounidenses, similares a las que ya afectan a empresas europeas por comerciar con Rusia.

La pregunta no es si Groenlandia caerá en la órbita de Washington, sino a qué precio. ¿Logrará Trump convertirla en el próximo “estado número 51” de facto, o la resistencia danesa-groenlandesa —apoyada por la UE— frenará sus ambiciones? La respuesta podría redefinir el equilibrio de poder en el Ártico para las próximas décadas… y decidir si el siglo XXI verá una nueva carrera por los polos.

El silencio de la UE: ¿Por qué Bruselas no reacciona a la ofensiva de Trump en Groenlandia?

Mientras la OTAN se debate entre las exigencias de Donald Trump y la soberanía danesa, un actor clave permanece en un silencio estratégico: la Unión Europea. La ausencia de una respuesta contundente desde Bruselas no es casualidad, sino el resultado de una fractura interna que se remonta a 2021, cuando la Comisión Europea presentó su Estrategia para el Ártico —un documento que, irónicamente, ni siquiera menciona a Groenlandia como prioridad, pese a ser territorio asociado a la UE a través de Dinamarca.

El problema radica en que Groenlandia abandonó la UE en 1985 (tras un referéndum con 53% de votos a favor), pero mantiene vínculos económicos a través de Dinamarca. Esto crea un vacío legal: la UE no puede intervenir directamente en su política exterior, pero sí financia proyectos clave. Por ejemplo, en 2020, Bruselas destinó €210 millones al Fondo de Desarrollo de Groenlandia para diversificar su economía más allá de la pesca. Sin embargo, esos fondos tienen una cláusula implícita: no pueden usarse en proyectos con participación rusa o china. Cuando en 2022 una empresa groenlandesa intentó asociarse con la rusa Rosatom para explotar uranio, la UE congeló temporalmente los pagos, según documentos filtrados a Politico Europe.

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La división en el bloque es evidente. Países como Francia y Alemania —que en 2019 bloquearon un intento de la UE de declarar al Ártico “zona de interés estratégico común”— temen que una confrontación con Trump por Groenlandia debilite la OTAN en un momento crítico (con la guerra en Ucrania). En cambio, Polonia y los países bálticos presionan por una postura más dura contra Rusia, incluso si eso significa ceder terreno a Washington. La paradoja: la UE gasta €1.200 millones anuales en seguridad ártica (según el European Defence Agency), pero no tiene una base permanente en Groenlandia, a diferencia de EE.UU. (Thule) o Rusia (Nagurskoye).

El antecedente más revelador ocurrió en 2018, cuando la UE intentó negociar un acuerdo de pesca con Groenlandia que excluía a barcos chinos. Nuuk lo rechazó, argumentando que “Bruselas no puede dictar nuestra política comercial”. El episodio dejó claro que, aunque Groenlandia depende económicamente de Europa, su lealtad no es automática. Hoy, con Trump presionando, la UE enfrenta un dilema: ¿romper su neutralidad ártica y arriesgarse a una escalada con Rusia/China, o quedarse al margen y dejar que Washington dicte las reglas?

La jugada maestra que nadie ve: el gasoducto groenlandés

Más allá de las tierras raras, hay un proyecto que podría cambiar el juego: el gasoducto Groenlandia-Europa, una idea respaldada por la UE en 2021 para reducir la dependencia del gas ruso. El plan, estimado en €12.000 millones, prevé transportar 10.000 millones de m³ anuales desde yacimientos árticos. Pero hay un obstáculo: el 60% de la tecnología necesaria para perforar en el Ártico es china (según Wood Mackenzie), y Rusia controla las rutas de suministro. Si Trump logra expulsar a Pekín y Moscú de Groenlandia, la UE perdería el acceso a esa tecnología… y con él, su último as en la manga para independizarse energéticamente. ¿Sacrificará Bruselas su soberanía energética por no desafiar a Washington? La respuesta definirá si Groenlandia se convierte en el nuevo “punto caliente” geopolítico o en el símbolo de un Occidente dividido.

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