Ángel Di María celebra un gol con el brazo en alto mientras su esposa Jorgelina Cardoso lo apoya desde las redes

Di María y su esposa responden con furia a los silbidos en Racing: “La calle es la verdad”

Revancha emocional: El campeón del mundo y su esposa contraatacan con mensajes contundentes tras los silbidos en Avellaneda.

Fue un momento incómodo, pero revelador. Cuando Ángel Di María, capitán de Rosario Central, fue reemplazado en los minutos finales del triunfo 2-1 sobre Racing, un sector de la hinchada local lo recibió con silbidos. Un contraste brutal para quien, apenas seis meses atrás, era intocable tras su consagración en Qatar 2022. La reacción no tardó: Jorgelina Cardoso, su esposa, estalló en redes sociales con un descargo que expuso la doble cara del fútbol argentino.

Te muestran los silbidos al salir de la cancha, pero nadie te muestra los aplausos de la gente de Racing en el calentamiento“, comenzó Cardoso en Instagram, acompañando su texto con una foto de Di María celebrando su gol. El dato clave: el jugador lleva 9 goles en 18 partidos desde su regreso al fútbol local, incluyendo tantos decisivos ante Boca, Newell”s y el propio Racing. “Te hablan de la mala onda de Estudiantes, pero nadie sabe la cantidad de Pinchas que te dijeron “no somos todos iguales, te amamos crack“”, siguió, desnudando la hipocresía mediática.

El mensaje de Jorgelina no se quedó en lo anecdótico. Remarcó un patrón: “Muchos medios sólo quieren generar odio”, mientras destacó gestos como el aplauso espontáneo que Di María recibió en el Coloso del Parque (estadio de Rosario Central) o el cariño de hinchas de Boca y River, rivales históricos. “La única verdad es la que vivís en la calle”, sentenció, cuestionando la narrativa virtual que busca polarizar.

Di María responde: “Que tiren, que cada día somos más fuertes”

El Fideo no se quedó atrás. En los comentarios del posteo de su esposa, dejó un mensaje que resonó como un guante de boxeo: “Lo virtual no es real. La realidad está en la calle. En Rosario, en Buenos Aires, en donde estemos, siempre recibimos cariño de la gente”. Y cerró con una frase que ya es viral: “Que tiren. Que cada día somos más fuertes”, una respuesta directa a los silbidos y a la campaña en su contra.

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Horas después, Di María subió a su perfil la imagen de su festejo tras el gol a Racing, con una leyenda que reafirmó su identidad: “De Rosario y de Central. La gloria no tiene precio. Vamos por más”. Un detalle no menor: ese tanto fue su octavo gol en lo que va del torneo, consolidándolo como el máximo artillero del equipo. Jorgelina, siempre al pie del cañón, remató: “Tiren tierra que la flor sigue floreciendo, tiren piedras que el castillo sigue creciendo”, en una metáfora que refleja la resiliencia del matrimonio frente a las críticas.

El contexto que enciende la polémica: entre aplausos y silbidos

El episodio en Avellaneda no fue aislado. Según testigos, antes del partido, durante el calentamiento, Di María recibió aplausos de varios hinchas de Racing, un gesto que su esposa destacó en su descargo. Sin embargo, al anunciarse las alineaciones titulares, los silbidos opacaron ese momento, anticipando lo que ocurriría al final del encuentro. ¿La paradoja? Los mismos alcanzapelotas (juveniles de Racing) que lo rodearon para sacarse fotos fueron reprendidos por plateístas.

La gota que rebasó el vaso fue la publicación de El Gráfico, que compartió el video de los silbidos con un pie que Di María consideró tendencioso: “Di María, reemplazado en el segundo tiempo, se fue silbado por los hinchas de Racing“. El jugador respondió al instante:Subí cuando me aplaudieron en la entrada en calor. Y la bandera que me hicieron. Que manera de querer seguir generando mierda en mi contra“.

El trasfondo de esta tensión es complejo. En los últimos días, Di María había sido blanco de críticas por el polémico penal que le cobraron a favor ante Belgrano de Córdoba, donde muchos acusaron una exageración en su caída. A eso se suma el fantasma del “título de escritorio” que la AFA le entregó a Rosario Central en 2023, un episodio que aún genera rechazo en varios sectores. ¿El dato duro? Desde su regreso, Di María convirtió 5 penales (ante Godoy Cruz, Lanús, Sarmiento, Instituto y Belgrano), alimentando la teoría de un “trato preferencial”.

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¿Por qué este episodio trasciende lo deportivo?

Más allá del fútbol, este caso expone una grieta en la relación entre los ídolos y las hinchadas. Di María, con 35 años y una carrera que incluye títulos en Europa y la selección, enfrentó en meses lo que otros no viven en décadas: el paso de héroe a villano en sectores del fútbol argentino. Sin embargo, su respuesta —y la de su esposa— marca un punto de inflexión: la decisión de pelear la batalla en las calles, no en las redes.

El cierre de Jorgelina fue lapidario: “Muchos medios sólo quieren generar odio”, una acusación que resonó en un contexto donde el rating y el engagement suelen primar sobre la verdad. Mientras, Di María sigue haciendo lo suyo: 9 goles, 5 asistencias y un liderazgo incuestionable en Rosario Central.

La pregunta que queda flotando es incómoda: ¿Hasta dónde el fútbol argentino está dispuesto a proteger a sus ídolos cuando la pasión se convierte en linchamiento?

El precedente que explica la reacción de Di María: de ídolo en el PSG a villano en la Liga Argentina

Los silbidos en Avellaneda no son la primera vez que Ángel Di María enfrenta el rechazo de una afición que antes lo adoró. En 2022, durante su etapa en el Paris Saint-Germain, vivió una situación paralela cuando sectores de la hinchada parisina lo abuchearon tras un partido clave contra el Real Madrid en la Champions League. La razón: su bajo rendimiento en esa temporada (solo 3 goles en 22 partidos) y su percepción como un jugador “desconectado” del proyecto. Sin embargo, el giro llegó meses después, cuando su gol en la final de la Copa de Francia (1-0 vs. Nantes) lo redimió ante los mismos que lo criticaron. Ese episodio marcó un patrón en su carrera: la capacidad de convertir la presión en combustible, algo que ahora repite en Rosario Central.

El paralelo con el PSG no es casual. En ambos casos, Di María llegó como figura consagrada (tras el Mundial 2022 en Argentina; tras la Copa América 2021 en Francia) y chocó con expectativas desmedidas. En París, los silbidos se concentraron en el Parque de los Príncipes, donde incluso corearon *”Di María, vende tu Ferrari”* en referencia a su lujoso estilo de vida. Hoy, en Avellaneda, la crítica apunta a su 5 penales convertidos en el torneo (un récord que supera al de cualquier otro jugador en la Liga Profesional 2024) y a su rol en el polémico título de Central en 2023. La diferencia clave: en Europa, el jugador respondió con un gol en una final; en Argentina, lo hace con una guerra mediática y un discurso de *”la calle vs. lo virtual”*.

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Otro dato revelador: en su primer paso por Rosario Central (2005-2007), Di María nunca fue silbado en el Cilindro de Avellaneda, estadio donde Racing juega como local. De hecho, en 2007, la hinchada de Racing lo ovacionó tras un gol en un clásico, pese a ser rival. Hoy, 17 años después, ese mismo escenario lo recibió con pitidos, un cambio que refleja cómo el fútbol argentino ha radicalizado su relación con los ídolos. La pregunta es si este episodio seguirá el guión del PSG (redención deportiva) o marcará un punto de no retorno en su relación con las hinchadas locales.

¿Un nuevo capítulo en la guerra entre “fútbol romántico” y “fútbol negocio”?

Di María no es solo un jugador en disputa: es el símbolo de un debate más amplio. Su regreso a Argentina en 2023 coincidió con el auge de las críticas al *”fútbol espectáculo”* (arbitrajes polémicos, títulos entregados en escritorio, figuras que priorizan redes sobre cancha). Los silbidos en Racing no son solo contra él, sino contra lo que representa: un ídolo global que eligió volver a un fútbol local cada vez más polarizado. Su respuesta —*”la calle es la verdad”*— es un guante de boxeo lanzado a los medios y a una dirigencia que, según su entorno, *”prefiere el escándalo al juego”*. El próximo partido de Central, contra San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro, será la primera prueba de fuego: ¿los hinchas de Boedo (históricamente cercanos a Di María) lo recibirán como en 2007 o como en Avellaneda 2024?

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