“Ciudad de las Estrellas” despegó: el spin-off que reescribe la Guerra Fría desde el Kremlin
Giro cósmico: Apple TV+ redefine la carrera espacial con un salto a la URSS de los 70.
El 29 de mayo, Apple TV+ marca un hito doble: el cierre de la quinta temporada de Para toda la humanidad y el estreno de su spin-off, Ciudad de las estrellas, creado por el mismo equipo. Mientras la serie original —con siete años de trayectoria— ha narrado la exploración espacial desde Houston, este nuevo proyecto traslada la acción a Moscú, 1973, en pleno apogeo del programa soviético que, en este universo alternativo, venció a EE.UU. en la llegada a la Luna.
La premisa de Para toda la humanidad (2019) partía de una pregunta audaz: ¿Cómo habría cambiado el mundo si la URSS hubiera pisado la Luna primero? A lo largo de cinco temporadas —y con una sexta confirmada para cerrar la saga—, la serie expandió este escenario hasta colonizar Marte y más allá. Ciudad de las Estrellas actúa como precuela, pero con un giro radical: abandona la perspectiva estadounidense para sumergirse en los entresijos del programa espacial soviético, desde sus laboratorios secretos hasta las barracas de los cosmonautas, todo bajo la sombra omnipresente del KGB.
El equipo creativo, liderado por Ronald D. Moore —leyenda de la ciencia ficción por su trabajo en Galactica, Star Trek: La Nueva Generación y Espacio Profundo Nueve—, repite fórmula: rigor histórico alternativo mezclado con drama humano. La diferencia ahora es el escenario: una URSS que, en esta ucronía, no solo ganó la carrera lunar, sino que consolidó su hegemonía tecnológica durante la década de 1970. ¿Logrará el spin-off mantener el listón de su predecesora, ganadora de un Emmy en 2022?
El contexto no podría ser más propicio. En los años 70 reales, la URSS ya había lanzado la primera estación espacial (Salyut 1, 1971) y el programa Soyuz era su buque insignia. Ciudad de las Estrellas explota este legado, pero en un universo donde el comunismo demostró ser más eficiente que el capitalismo en la conquista del espacio. La serie promete explorar no solo los avances técnicos, sino también las tensiones internas: científicos bajo presión política, cosmonautas convertidos en héroes de propaganda y una burocracia que, incluso en la ficción, asfixia la innovación.
Con un presupuesto que supera los US$10 millones por episodio (cifra filtrada por Variety en 2023), la producción ha recreado escenarios en Riga y Budapest, usando locaciones reales de la era soviética. Los primeros tráileres destacan el contraste entre el esplendor tecnológico y la austeridad de la vida cotidiana tras el Telón de Acero. ¿Podrá esta ambientación, más cruda y menos optimista que la de su serie madre, conquistar a una audiencia acostumbrada al triunfalismo de la NASA?
El estreno de Ciudad de las Estrellas llega en un momento clave: mientras el mundo real vive una nueva carrera espacial —con China, SpaceX y la NASA compitiendo por Marte—, la ficción recuerda que, en otro tiempo, el sueño de las estrellas tuvo acento ruso. Y que, tal vez, la historia podría haber sido muy distinta.
El legado de Sergei Korolev: el fantasma que planea sobre Ciudad de las Estrellas
Mientras Ciudad de las Estrellas explora una URSS triunfante en la carrera espacial, su trama ficticia choca —y se nutre— de un vacío histórico real: la muerte de Sergei Korolev en 1966, el ingeniero jefe detrás del programa soviético, cuyo fallecimiento en plena operación (por un tumor no diagnosticado a tiempo) marcó el inicio del declive espacial ruso. En la serie, este personaje, inspirado en Korolev pero reinventado, sobrevive hasta los 70, y su presencia redefine no solo la tecnología, sino la política de la ficción: en la vida real, su ausencia dejó al programa Soyuz en manos de burócratas como Vasily Mishin, cuyo liderazgo entre 1966 y 1974 estuvo marcado por cuatro fracasos consecutivos en el lanzamiento del cohete N1 (el equivalente soviético al Saturno V).
La ucronía de Apple TV+ aprovecha este punto de inflexión. En nuestro mundo, la URSS perdió la carrera lunar por 13 meses (el Apolo 11 alunizó en julio de 1969; la Luna 15, sonda soviética que intentaba traer muestras, se estrelló tres días antes). Pero en la serie, el programa N1-L3 —cancelado en la realidad tras explotar en 1972— triunfa, y con él, una generación de cosmonautas como Alexei Leonov (primer hombre en caminar en el espacio, 1965), cuya figura en la ficción adquiere un peso político similar al de Neil Armstrong. El detalle crucial: en la vida real, Leonov fue vetado por el KGB para misiones posteriores por su amistad con astronautas estadounidenses. Aquí, ese conflicto interno se convierte en eje dramático.
La producción no ignora el costo humano. Documentos desclasificados en 1991 revelaron que, entre 1960 y 1980, 24 cosmonautas soviéticos murieron en entrenamientos o misiones fallidas (cifra que la URSS ocultó durante décadas). Ciudad de las Estrellas promete mostrar este lado oscuro, pero con un giro: en su universo, esas muertes se justifican como sacrificios necesarios para mantener la ventaja. La pregunta incómoda que subyace: ¿Habría valido la pena?
¿Ficción o advertencia? El espejo de una carrera espacial sin reglas
El spin-off llega cuando la vida imita al arte: en 2024, Rusia anunció planes para abandonar la Estación Espacial Internacional en 2028 y lanzar su propia estación (ROSS), mientras China ya opera la Tiangong. La serie, al glorificar una URSS tecnológicamente imbatible, plantea un escenario donde la colaboración internacional (clave hoy en la NASA) nunca existió. Pero también expone una paradoja: en la realidad, el programa soviético colapsó por la misma burocracia que Ciudad de las Estrellas retrata como motor del éxito. ¿Celebra la serie el autoritarismo eficiente, o lo condena al mostrar su precio? La respuesta podría definir si este experimento de Apple TV+ trasciende el entretenimiento para convertirse en un manifiesto sobre el costo de la grandeza.