EEUU golpea con sanciones a Irán mientras negocia tregua histórica
Doble juego diplomático: Washington impone castigos económicos a 25 objetivos iraníes el mismo día que anuncia un cese al fuego en el estrecho de Ormuz.

La medida afecta a 8 buques con banderas de conveniencia (San Marino, Panamá y Camerún) y 16 empresas vinculadas al contrabando de crudo iraní, según confirmó la OFAC este jueves. Entre los sancionados destaca un ciudadano indio clave en la red de comercio ilegal.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, advirtió que estas acciones buscan “cortar el flujo de fondos que Teherán destina a su programa de rearme”. Irán exporta actualmente 1,5 millones de barriles diarios (datos de la OPEP 2024), pese a las restricciones estadounidenses.
La paradoja llegó horas después: la Casa Blanca reveló un “acuerdo preliminar” para desbloquear el estrecho de Ormuz y reanudar diálogos sobre el programa nuclear. Ninguna de las partes ha confirmado detalles sobre posibles concesiones en el controvertido enriquecimiento de uranio.
Contexto explosivo: Este movimiento ocurre tras el ataque con drones iraníes a un petrolero en el golfo Pérsico el pasado 12 de julio, que elevó los fletes marítimos en un 37% en una semana (datos de la Bolsa de Londres).
¿Puede EEUU mantener la presión económica mientras negocia una tregua que beneficia directamente a la economía iraní? La respuesta definirá el equilibrio de poder en Oriente Medio durante los próximos meses.
El precedente que explica la estrategia de EEUU: el “juego de dos caras” con Corea del Norte en 2018
La aparente contradicción de imponer sanciones mientras se negocia una tregua no es nueva en la política exterior estadounidense. Este mismo patrón se aplicó durante las tensiones con Corea del Norte en 2018, cuando la administración Trump combinó presiones económicas sin precedentes (con sanciones que asfixiaron el 90% del comercio norcoreano) con tres cumbres históricas en Singapur, Hanói y la Zona Desmilitarizada. El resultado: Pyongyang congeló sus pruebas nucleares durante 18 meses, aunque nunca desmanteló su arsenal.
En el caso de Irán, hay dos diferencias clave que podrían cambiar el desenlace. Primero, el volumen de comercio ilegal: mientras Corea del Norte movía 200 millones de dólares anuales en exportaciones evasivas (según un informe del Panel de Expertos de la ONU de 2019), Irán maneja 1.500 millones de barriles al año (a 80 dólares por barril en 2024, eso equivale a 40.500 millones de dólares en ingresos potenciales). Segundo, la dependencia geográfica: el estrecho de Ormuz concentra el 20% del petróleo global, frente al aislamiento logístico de Corea del Norte. Esto le da a Teherán un poder de negociación que Kim Jong-un nunca tuvo.
Otro factor crítico es el papel de los intermediarios. El ciudadano indio sancionado este jueves, Vikram Mehta, ya apareció en informes de la OFAC en 2021 por facilitar transacciones entre Irán y China usando buques con bandera de Panamá (el mismo esquema que ahora se repite). En aquel caso, las sanciones solo frenaron temporalmente sus operaciones: Mehta reactivó su red en menos de seis meses mediante empresas fantasma en Dubái, según documentos filtrados al Wall Street Journal.
¿Qué pasa si Irán copia el guión norcoreano?
Si Teherán sigue el ejemplo de Pyongyang, podría aceptar una tregua táctica en el estrecho de Ormuz —reduciendo la presión sobre los fletes marítimos— mientras acelera su programa nuclear en la sombra. Los datos satelitales de la Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA) ya muestran actividad sospechosa en la planta de Natanz, donde en 2020 Irán instaló centrifugadoras avanzadas IR-2m capaces de enriquecer uranio al 60% (un paso técnico del 90% necesario para armas). La pregunta no es si EEUU repetirá el error de 2018, sino si esta vez el costo geopolítico será mayor: un Irán con capacidad nuclear y sin embargo integrado al mercado petrolero global.