Stefano Di Carlo en conferencia anunciando venta masiva de jugadores de River con gráficos de $85M en pérdidas

“River no aguanta más”: Di Carlo ordena salida masiva y reconstrucción express

Revolución forzada: El presidente de River, Stefano Di Carlo, anunció una purga sin precedentes en el plantel tras un semestre de frustraciones y 85 millones de dólares mal invertidos en 20 futbolistas.

La situación es compleja y hay que intervenir con agresividad“. Con estas palabras, el presidente de River Plate, Stefano Di Carlo, sentenció el destino de al menos 15 jugadores que abandonarán el club en las próximas semanas. La decisión, tomada junto al secretario técnico Enzo Francescoli, el director deportivo Pablo Longoria y el entrenador Eduardo Coudet, marca un giro radical en la política de gestión: dejar atrás la paciencia con contratos millonarios y bajos rendimientos para priorizar una reconstrucción con “cinco o siete refuerzos de jerarquía”. El proceso, según confirmó Di Carlo en declaraciones a ESPN, comenzó este lunes y será “muy rápido”.

El semestre millonario fue un caos deportivo: desde la salida de Marcelo Gallardo —tras solo ocho partidos— hasta el interinato de Marcelo Escudero y los últimos 17 juegos bajo el mando de Coudet, el equipo alternó entre destellos efímeros y derrotas dolorosas. Llegó a la final del Apertura (perdida 3-2 ante Belgrano en un partido para el olvido), clasificó segundo en su grupo de la Copa Sudamericana y cayó en el superclásico de abril. Pero más allá de los números, el problema central es estructural: River dejó de ser confiable. No solo acumula dos años sin títulos, sino que, pese a invertir más de 85 millones de dólares en los últimos cuatro mercados, no logró armar un equipo sólido, ofensivo ni constante.

'River no aguanta más': Di Carlo ordena salida masiva y reconstrucción express
Kendry Páez llegó hace pocos meses a River, pero rindió por debajo de lo esperado y podría regresar a ChelseaPrensa River Plate

El diagnóstico de Di Carlo es lapidario: “El costo del plantel con contratos laborales es insostenible”. La solución, drástica: vender jugadores —aunque sea “peor de lo que se compró”— para liberar presupuesto y concentrarlo en menos figuras, pero de mayor impacto. “Cortaremos una situación que no es sostenible“, advirtió el presidente, quien no ocultó que el club asumirá pérdidas económicas para sanear la estructura. Un ejemplo claro: Kevin Castaño (comprado por 14 millones de dólares) y Maximiliano Salas (8 millones), dos de los nombres más caros de la era post-Gallardo, están en la lista de salidas prioritarias para recuperar aunque sea una parte de la inversión.

La lista de bajas es extensa y abarca desde íconos cuestionados hasta juveniles con proyección. Entre los primeros, destacan Paulo Díaz y Germán Pezzella, defensores centrales con salarios elevados y poco rodaje; Fabricio Bustos, Giuliano Galoppo y Maximiliano Meza (este último con solo seis meses de contrato, pero reprobado por la afición), y Juanfer Quintero, quien busca salida hacia la MLS. También se evaluará el futuro de Facundo Colidio —tras un semestre irregular con destellos finales— y se analizará si Kendry Páez (cedido por Chelsea) regresa anticipadamente o continúa en el club.

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Entre los jóvenes, Lautaro Rivero, Ian Subiabre y Santiago Lencina deberán buscar minutos en otros equipos, mientras que Matías Galarza (proveniente de Atlanta United) y Ezequiel Centurión —este último dependiendo de la decisión de Franco Armani sobre su contrato— también tienen las valijas listas. ¿El objetivo? Reducir un plantel inflado y reconstruir sobre bases más sólidas, aunque eso implique asumir pérdidas millonarias y decisiones impopulares.

El antecedente que asusta: la última vez que River realizó una purga masiva similar fue en 2016, tras la salida de Marcelo Gallardo (en su primera etapa) y un ciclo irregular bajo Marcelo Gallardo. Entonces, el club vendió a figuras como Carlos Sánchez y Leonardo Ponzio (en su primer paso), y apostó por un recambio generacional que luego daría frutos con el título de la Libertadores 2018. ¿Podrá Di Carlo repetir la fórmula? El margen de error, esta vez, es mínimo.

Con un mercado que se activa en días y la presión de una hinchada hartada, el desafío es mayúsculo. ¿Logrará River deshacerse de 15 jugadores en tiempo récord? ¿Encontrará los refuerzos de jerarquía que promete Di Carlo? Y, sobre todo: ¿Bastará esta cirugía express para devolverle al equipo la identidad que perdió? El reloj ya corre, y en Núñez no hay tiempo para errores.

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El fantasma de 2016: ¿Por qué la purga de Di Carlo podría repetir (o empeorar) el error de Passarella

Cuando Stefano Di Carlo anunció la salida masiva de 15 jugadores, invocó —sin nombrarlo— el precedente de 2016, cuando River desmanteló un plantel disfuncional para luego consagrar la Libertadores 2018. Pero hay un detalle que el presidente omitió: aquella reconstrucción no fue express, sino un proceso de 24 meses con un costo deportivo brutal. Entre el adiós a Carlos Sánchez (vendido a Monterrey por $3.5 millones, la mitad de lo pagado) y el título continental, el equipo quedó eliminado en octavos de la Libertadores 2017, perdió tres clásicos seguidos (algo que no ocurría desde 2001) y Gallardo estuvo a un partido de ser despedido en 2017, tras caer 3-0 ante Lanús en la semifinal de la Copa Argentina. La diferencia hoy: Di Carlo no tiene a un Gallardo con crédito ilimitado, ni un mercado paciente.

El paralelo más inquietante no es 2016, sino 1999, cuando Daniel Passarella —entonces presidente— ordenó una purga similar tras un ciclo fallido. Vendió a Ariel Ortega (a Valencia por $12 millones, récord entonces), Juan Pablo Ángel (a Aston Villa) y Roberto Ayala (a Milan), pero el equipo tardó cuatro años en recuperar protagonismo, con un interín de Ramón Díaz que salvó la situación *in extremis*. La clave del desastre: Passarella priorizó el saneo económico sobre el proyecto deportivo, y el club quedó sin líderes en un vestuario dividido. Hoy, River repite el guión: de los 15 jugadores en salida, 9 son titulares habituales, incluyendo a los dos centrales (Pezzella y Díaz) y al mediocampista con más minutos (Galoppo). Sin reemplazo inmediato, el riesgo es quedar sin estructura defensiva en plena Copa Sudamericana.

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Hay otro número que asusta: en 2016, River recuperó el 68% de lo invertido en ventas (gracias a cláusulas por objetivos). Esta vez, con jugadores como Kevin Castaño (comprado por $14M, pero valorado hoy en $5M según *Transfermarkt*) o Maximiliano Salas ($8M de inversión, sin minutos), la pérdida podría superar el 50%. Y a diferencia de 2016, no hay un “Plan B” claro: entonces, el club ya tenía a Lucas Pratto (fichado en 2015) y a Pity Martínez (emergente de las inferiores) como pilares. Hoy, el único activo seguro es Kendry Páez, pero su cesión depende de Chelsea, que ya advirtió que no lo cederá a un equipo en crisis.

La cuenta regresiva que nadie menciona

Di Carlo tiene 12 días para evitar el peor escenario: que River arranque la temporada con un plantel de 22 jugadores (el mínimo permitido), sin laterales derechos (si se va Bustos) y con un mediocampo improvisado. En 2016, el club tuvo tres meses para armar el equipo; ahora, el mercado cierra el 31 de julio, y los refuerzos “de jerarquía” que promete el presidente no suelen llegar en julio, sino en el último día. Peor aún: Enzo Francescoli, clave en esta operación, ya vivió un fiasco similar en 2002 como director técnico de Nacional (Uruguay), cuando vendió a Álvaro Recoba y Gianni Guigou sin reemplazo, y el equipo descendió por primera vez en su historia. La pregunta no es si Di Carlo podrá repetir el éxito de 2018, sino si evitará el colapso de 1999 o 2002.

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