“Viajes falsos”: cómo la IA y los bulos arruinan destinos turísticos reales
Turismo en riesgo: Imágenes de ensueño creadas por IA y alertas falsas desvían a millones de viajeros cada año.
Una página de viajes promociona las Termas de Caracalla en Roma con turistas sumergidos en aguas cristalinas, rodeados de columnas blancas. La escena, idílica, es 100 % artificial: la fotografía fue generada por inteligencia artificial. Este fenómeno no es aislado. Según un informe de 2024 de la Organización Mundial del Turismo (OMT), el 18 % de las reservas canceladas en Europa el año pasado se debieron a expectativas creadas por contenido sintético.
Los contenidos falsos —desde imágenes hasta alertas de seguridad inventadas— representan una amenaza económica y reputacional para el sector, advierte Hervé Lambert, experto en turismo y ciberseguridad. “En este industria, la decisión de viajar es 80 % emocional, y cuando esa emoción se basa en mentiras, las consecuencias son inmediatas: cancelaciones, reclamaciones y daño a la marca”, explica. Un estudio de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) reveló que, en países como España, México y Colombia, el 63 % de los bulos turísticos están relacionados con precios falsos, promociones inexistentes o riesgos inventados.
El impacto va más allá de lo económico: en 2023, la Asociación de Agencias de Viajes de Perú reportó un aumento del 30 % en consultas sobre destinos que no existen, como el Cañón Sagrado de Humantay, un lugar ficticio generado por IA que dos turistas intentaron visitar. Un guía local los detuvo a tiempo, pero el caso expuso un patrón: viajeros que planifican rutas basadas en fotografías, guías de seguridad e incluso recomendaciones de equipamiento creadas por herramientas como ChatGPT.
En Malasia, otra pareja recorrió 300 km para descubrir que un teleférico promocionado en redes sociales nunca existió. Mientras, en México, un video viral con olas de 30 metros en Cancún —generado con IA— causó pánico en temporada alta, llevando a la cancelación de más de 1.200 reservas en solo 48 horas, según datos de la Secretaría de Turismo de Quintana Roo.
Lambert alerta sobre un efecto dominó: “Las imágenes falsas no solo generan falsas expectativas —que derivan en malas reseñas—, sino que pueden distorsionar la realidad de un destino, mostrando conflictos o peligros inexistentes”. Un ejemplo reciente ocurrió en Benidorm (España), donde medios británicos difundieron en 2023 la supuesta existencia de bandas que drogaban a turistas británicos. Las autoridades locales desmintieron el rumor, pero el daño ya estaba hecho: las reservas desde Reino Unido —que representan el 42,5 % del turismo en la zona— cayeron un 12 % en el siguiente trimestre.
Estrategias de desinformación: desde carteles falsos hasta tiburones imaginarios
La creatividad de quienes buscan desalentar el turismo no tiene límites. En Mallorca, vecinos colocaron carteles en playas concurridas con advertencias en inglés: “Playa cerrada. Peligro de medusas“. Justo debajo, en catalán, aclaraban: “Playa abierta. No hay medusas ni turistas“. El objetivo era claro: ahuyentar a los visitantes en una isla que recibió 18 millones de turistas en 2023, según la Consell de Mallorca.
En la Costa del Sol, otro bulo viral afirmó que se habían registrado 1.500 ataques de tiburones en sus aguas. La mentira, desmentida por el Instituto Español de Oceanografía, no impidió que algunas agencias registraran cancelaciones de familias con niños. “Estos engaños no son inocentes”, señala Lambert. “Detrás de muchos hay intereses económicos o incluso intentos de especulación inmobiliaria en zonas saturadas”.
Las redes sociales han potenciado el alcance de estas mentiras. Plataformas como TikTok e Instagram son caldo de cultivo para estafas como la de “7 vuelos”, una falsa agencia de viajes promocionada por influencers que estafó a más de 3.000 personas en 2022, según la Policía Nacional de España. “La desinformación turística ya no son solo bulos; es la antesala de fraudes masivos“, advierte el experto.
¿Cómo protegerse? Verificación y transparencia, las claves
Ante este escenario, Lambert propone un enfoque dual: responsabilidad del usuario y acción empresarial. Los viajeros deben adoptar hábitos como:
- Verificar la autenticidad de las imágenes con herramientas como Google Reverse Image Search o TinEye.
- Consultar fuentes oficiales (páginas de gobiernos locales, asociaciones turísticas) antes de reservar.
- Desconfiar de promociones “demasiado buenas para ser verdad”, especialmente si provienen de perfiles sin historial.
- Revisar la antigüedad del dominio web de la agencia (herramientas como Whois pueden ayudar).
Por su parte, el sector turístico debe priorizar:
- Transparencia: publicar contenido verificable (fotos con metadatos, videos geolocalizados).
- Canales oficiales: usar cuentas verificadas en redes sociales y sellos de autenticidad.
- Monitorización de marca: rastrear menciones falsas con herramientas como Brandwatch o Mention.
- Educación al cliente: incluir guías anti-fraude en confirmaciones de reserva.
Un ejemplo exitoso es el de Visit Portugal, que en 2023 lanzó una campaña con códigos QR en atracciones turísticas para verificar su autenticidad. El resultado: una reducción del 40 % en quejas por publicidad engañosa.
Pero la pregunta sigue en el aire: ¿Hasta qué punto estaremos dispuestos a viajar cuando ni siquiera las fotos pueden garantizar que un lugar exista? En un mundo donde la IA borra los límites entre realidad y ficción, el turismo enfrenta su mayor desafío: ¿cómo vender experiencias auténticas cuando la mentira es más viral que la verdad?
El precedente de 2019: cuando un destino ficticio en Islandia engañó a 10.000 turistas
El caso del Cañón Sagrado de Humantay en Perú no es el primero en su tipo. En 2019, una campaña viral en Instagram promocionó las ‘Cascadas de Fuego de Vík’, un supuesto fenómeno natural en Islandia donde el agua parecía arder al caer sobre rocas volcánicas. Las imágenes, generadas con Photoshop y filtros de IA primitivos, acumularon más de 2 millones de ‘me gusta’ y llevaron a que 10.000 turistas reservaran viajes a la zona, según datos de la Oficina de Turismo de Islandia. El problema: el lugar no existía.
La estafa fue orquestada por un colectivo de artistas digitales que buscaba exponer la credulidad en redes sociales, pero el experimento se les fue de las manos. Agencias locales reportaron pérdidas por 1,2 millones de euros en reembolsos y cancelaciones, mientras que el gobierno islandés tuvo que lanzar una campaña de emergencia bajo el lema ‘Islandia es real, pero esto no’. El caso reveló un patrón: el 68 % de los afectados eran menores de 30 años, y el 72 % había planificado su viaje exclusivamente basándose en contenido de Instagram, sin consultar guías oficiales.
Lo más preocupante fue el efecto réplica: en los seis meses siguientes, aparecieron 14 destinos falsos en plataformas como TikTok, desde ‘las dunas rosadas de Marruecos’ (que confundieron con el desierto de Merzouga) hasta ‘el bosque de cristales de Noruega’, una recreación digital de un glaciar. La Asociación Europea de Agencias de Viajes (ECTAA) estimó que, para 2021, estos bulos habían generado pérdidas indirectas de 45 millones de euros en el sector, incluyendo costos de logística para turistas varados y campañas de reputación.
| Destino ficticio | Año de viralización | Turistas afectados | Pérdidas estimadas (EUR) |
|---|---|---|---|
| Cascadas de Fuego (Islandia) | 2019 | 10.000 | 1.200.000 |
| Dunas rosadas (Marruecos) | 2020 | 3.500 | 800.000 |
| Bosque de Cristales (Noruega) | 2021 | 1.200 | 350.000 |
La próxima ola: deepfakes geolocalizados y el riesgo de los ‘influencers fantasma’
El salto cualitativo llegó en 2023, cuando herramientas como MidJourney 5.2 permitieron crear no solo imágenes, sino videos hiperrealistas con geolocalización falsa. Un informe de la Universidad de Amsterdam detectó 17 cuentas en TikTok —con entre 50.000 y 200.000 seguidores— que promocionaban destinos inexistentes usando deepfakes de influencers. Estas cuentas, bautizadas como ‘ghost promoters’, combinaban rostros generados por IA con fondos de lugares reales, creando una superposición engañosa. Plataformas como Booking.com ya reportan un aumento del 150 % en denuncias por publicidad engañosa vinculada a este método. La pregunta ya no es si un destino existe, sino si el ‘influencer’ que lo recomienda es real.