Galápagos gana premio mundial por turismo que regenera su biodiversidad
Modelo único: El archipiélago que inspiró a Darwin recibe ahora el mayor reconocimiento global por unir conservación y turismo con impacto social.
El Parque Nacional Galápagos ha sido distinguido con el premio “Regenerative Conservation of the Year 2025”, un galardón que lo consagra como referente mundial en turismo sostenible. La distinción, otorgada por Regenerative Travel —organización líder en certificaciones de impacto positivo—, fue anunciada oficialmente por el Ministerio de Ambiente y Energía de Ecuador el 5 de enero de 2026. Este reconocimiento no solo celebra la protección de un ecosistema único, sino su capacidad para transformar la visita turística en una fuerza regenerativa para comunidades y especies.
The New York Times ya había posicionado a Galápagos como el segundo destino imprescindible para 2025, pero este premio subraya algo más profundo: aquí el turismo no es un riesgo para la biodiversidad, sino un aliado. Según el jurado, el modelo del parque demuestra que es posible equilibrar la afluencia de visitantes con la preservación de especies endémicas, muchas de ellas en peligro crítico, como el pingüino de Galápagos (del que quedan menos de 2.000 ejemplares) o la iguana terrestre de Santa Fe.

“Galápagos es la prueba de que la acción pública puede proteger el patrimonio natural sin sacrificar el bienestar humano”, declaró Inés Manzano, ministra de Ambiente y Energía. Sus palabras resuenan con fuerza en un archipiélago donde el 68% de los ingresos económicos dependen directamente del turismo, según datos de la Cámara de Turismo de Galápagos (2024). El desafío ahora es escalar este modelo a otros destinos ecuatorianos, como la Reserva de Biosfera Yasuní, que enfrenta presiones similares por la explotación petrolera.
El archipiélago, formado por 13 islas mayores y 107 islotes, sigue siendo un laboratorio vivo 187 años después de que Charles Darwin pisara sus playas. Hoy, sus 146.000 habitantes (Censo 2022) conviven con especies que no existen en ningún otro lugar del planeta, como el cormorán no volador o la tortuga gigante de Fernandina, redescubierta en 2019 tras considerarse extinta. Sin embargo, el aumento del tráfico marítimo (un 30% más de barcos desde 2020) y el cambio climático —que ha elevado la temperatura del mar en 1,2°C en la última década— ponen a prueba este frágil equilibrio.
¿Podrá Galápagos mantener su liderazgo en conservación mientras el mundo mira sus playas como el próximo ‘hotspot’ del turismo de lujo?
El precedente que inspiró a Galápagos: cómo Costa Rica escaló su modelo de turismo regenerativo (y sus números)
Mientras el mundo celebra el premio a Galápagos, pocos recuerdan que este éxito tiene un espejo en Costa Rica, el primer país en demostrar que la conservación puede ser rentable. En 1997, cuando el gobierno costarricense implementó el ‘Impuesto de Turismo Sostenible’ (un 3.5% sobre cada reserva hotelera), los críticos auguraban un desastre económico. Hoy, ese fondo ha recaudado más de $480 millones, financiando la protección del 26% del territorio nacional (el porcentaje más alto de América Latina) y reduciendo la deforestación del 73% en 1983 al 33% en 2020, según datos del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
El paralelo con Galápagos es innegable: ambos modelos exigen participación comunitaria obligatoria y reinvierten los ingresos del turismo en la misma biodiversidad que atrae a los visitantes. En Costa Rica, el Parque Nacional Corcovado —comparado con Galápagos por su megadiversidad— logró aumentar un 200% las poblaciones de jaguar en dos décadas gracias a un sistema de guías locales certificados (similar al código de conducta galapagueño). Pero hay una diferencia clave: mientras Costa Rica tardó 15 años en ver resultados tangibles, Galápagos ha acelerado el proceso con tecnología de monitoreo en tiempo real. Desde 2021, sensores en las islas Santa Cruz e Isabela (desarrollados con la Universidad de Stanford) alertan sobre especies invasoras con un 92% de precisión, reduciendo el tiempo de respuesta de días a horas.
Sin embargo, el caso costarricense también advierte sobre los riesgos. En 2018, el auge del ‘ecoturismo de masas’ en la zona de Monteverde llevó a que el 58% de los senderos sufrieran erosión severa, obligando a cerrar áreas durante dos años. Galápagos, con un límite actual de 245.000 visitantes anuales (fijado en 2019), podría enfrentar un dilema similar si no ajusta su capacidad de carga. La Organización Mundial del Turismo (OMT) ya ha señalado que destinos como Bhután (que cobra una ‘tarifa de sostenibilidad’ de $200 diarios) o Palau (con un ‘juramento ecológico’ obligatorio para turistas) están probando fórmulas más radicales para evitar la sobreexplotación.
¿Podrá Ecuador exportar el modelo sin repetir los errores de otros?
El premio a Galápagos llega en un momento crítico: el gobierno ecuatoriano negocia con tres cadenas hoteleras internacionales (entre ellas Six Senses y Explora) para abrir nuevos lodges en 2027, justo cuando la Convención sobre Diversidad Biológica (COP16) exigirá informes de impacto obligatorios. Si Costa Rica tardó dos décadas en equilibrar conservación y crecimiento, el archipiélago —con un ecosistema 10 veces más frágil— no tiene ese margen. La pregunta no es si el modelo funciona, sino a qué velocidad puede replicarse sin fracturarse.