Luis Advíncula celebra su gol en la final de la Libertadores 2023, el último vestigio de un Boca que ya no existe

Adiós a una era: Boca pierde a Advíncula y solo 4 ‘finalistas 2023’ quedan en el plantel

Fin de ciclo: La salida de Luis Advíncula deja a Boca con apenas cuatro jugadores de la final de la Libertadores 2023, un equipo que prometía y hoy es solo recuerdo.

Fue uno de los momentos más vibrantes de Boca Juniors en la última década, aunque el trofeo se escapó de sus manos. Hace solo dos años y dos meses, el club llegó a la final de la Copa Libertadores 2023, rompiendo una sequía de 11 temporadas sin pisar esa instancia. La ilusión fue masiva: más de 50.000 hinchas viajaron a Río de Janeiro, colmando las playas de Copacabana y las gradas del Maracanã en imágenes que dieron la vuelta al mundo. Pero el destino fue cruel: Fluminense, con la ventaja de jugar en casa, se impuso en tiempo suplementario. Aunque aquel equipo, dirigido por Jorge Almirón, no brillaba por su fútbol —su mayor arma era el Sergio Romero de los penales, héroe en tres rondas—, estuvo a un paso de la gloria y parecía marcar el inicio de una nueva era de protagonismo internacional para el Xeneize.

El plantel combinaba experiencia —con figuras como Romero, Marcos Rojo y Edinson Cavani— y juventud prometedora, como Valentín Barco, Cristian Medina y Ezequiel Fernández. Era la base ideal para los primeros meses de la gestión de Juan Román Riquelme, quien arrasó en las elecciones celebradas 43 días después de la dolorosa derrota en Brasil. Sin embargo, hoy ese equipo es casi un fantasma: con la rescisión de contrato de Luis Advíncula, anunciada este miércoles, solo cuatro jugadores de aquella final siguen en el club. El resto se esfumó entre salidas de ídolos, ciclos truncos y un carrusel de cinco técnicos en menos de dos años.

Advíncula celebra su gol contra Fluminense, con el que Boca forzó el alargue en aquella final de la Copa Libertadores; el equipo brasileño terminó ganando en esa porción del partido.Aníbal Greco – LA NACIÓN

El lateral peruano, de 35 años, fue clave en aquella Libertadores. Anotó cuatro goles decisivos: el que inició la remontada ante Pereira en la fase de grupos, el 1-0 frente a Colo Colo en Chile, el 2-0 contra Nacional de Uruguay en octavos y, sobre todo, el empate a uno en la final, a 18 minutos del final, que forzó la prórroga. Se ganó el cariño de la hinchada, pero su rendimiento decayó en 2024, en paralelo al declive del equipo. Tras un buen primer semestre bajo Diego Martínez, su año dio un giro drástico: en el minuto inicial del desquite contra Cruzeiro por la Sudamericana, una expulsión por llegada tarde dejó a Boca con diez hombres y selló su eliminación. Tres meses después, otra roja en la histórica derrota 3-4 ante Vélez por la Copa Argentina lo hundió aún más.

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Aunque comenzó el 2025 como titular, perdió el puesto frente a Juan Barinaga hasta el final de la era Gago. Con Miguel Russo, volvió a empezar de cero: jugó los tres partidos del Mundial de Clubes, pero luego quedó relegado tras el regreso de Barinaga. Este miércoles, Advíncula pasó por Ezeiza para despedirse. En las próximas horas, firmará con Alianza Lima, el club de sus amores y verdugo de Boca en el repechaje de la Libertadores 2025 —torneo en el que volverá a jugar en 2026—. Tenía contrato hasta diciembre de 2025, pero la falta de minutos y un motivo personal aceleraron su regreso a Perú tras 11 años en el exterior. Su salida frenó el traspaso de Lucas Blondel a Argentinos Juniors y dejó a Boca buscando opciones para el lateral derecho. Mientras, Marcelo Weigandt, tras su préstamo en Inter Miami, se entrena aparte con un preparador físico del club.

El peruano recobró la titularidad durante el Mundial de Clubes, pero luego perdió continuidad; “el recuerdo que más voy a llevarme es que la Bombonera te ovacione”, valoró en su despedida.MEGAN BRIGGS – GETTY IMAGES NORTH AMERICA

Cumplí el sueño de jugar en un club gigantesco como Boca. Pasé por todo: ser criticado, ser elogiado… Siempre di lo mejor. Soy humano, me equivoqué y lo acepté, pero me llevo un agradecimiento eterno. Lo que se vive aquí es impresionante, es una familia. Lo que más atesoraré es el cariño de la Bombonera“, confesó Advíncula en el Canal de Boca. Su legado queda en los goles, pero también en la frustración de un ciclo que no cuajó.

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De los 23 jugadores que rozaron la gloria en el Maracanã, solo cuatro siguen: Nicolás Figal, Miguel Merentiel, Edinson Cavani y Javier García, este último un símbolo de resistencia. García, que renovó su contrato pese a cumplir 39 años en enero, no es titular desde octubre de 2023 —hace más de 800 días—. Entre las bajas, se fueron 15 futbolistas: Romero, Valentini, Fabra, Medina, Pol y Equi Fernández, Barco, Benedetto, Langoni, Taborda, Saracchi, Roncaglia, González y Campuzano. Ocho se marcharon libres (Romero, Advíncula, Valentini, Fabra, Pol Fernández, Benedetto, Roncaglia y González), cinco fueron vendidos (Medina, Equi Fernández, Barco, Langoni y Campuzano) y dos siguen a préstamo (Saracchi en Celtic y Taborda en Panathinaikos).

En concepto de ventas, Boca recaudó cerca de US$53 millones, pero el dinero no se tradujo en refuerzos efectivos. La mayoría de las incorporaciones no rindieron, y el equipo acumula dos años sin títulos —el último fue la Supercopa Argentina 2022, disputada en marzo de 2023, ocho meses antes de la final en Brasil—. Entre quienes jugaron solo la fase de grupos, casi nadie queda: Martín Payero, Norberto Briasco, Esteban Rolón y Agustín Sandez ya no están, y Alan Varela, presente hasta octavos, fue vendido a Porto. El único superviviente parcial es Exequiel Zeballos, quien se lesionó antes de la final, recuperó su nivel a fines de 2025 tras un largo ostracismo.

Ciento sesenta y nueve partidos, seis goles y cuatro títulos de campeón cuenta el paso de cuatro años y medio de Luis Advíncula por Boca. Prensa Boca

Desde aquella caída 2-1 ante Fluminense, Boca tuvo cinco técnicos: Diego Martínez, Fernando Gago, Mariano Herrón, Miguel Russo y Claudio Ubeda. El equipo atraviesa su peor racha en años, sin trofeos y con un plantel que ya no refleja aquel sueño de 2023. ¿Podrá Riquelme reconstruir un equipo a la altura de esa final, o el ciclo glorioso quedó atrás para siempre?

El fantasma de 2018: cuando Boca perdió a su columna vertebral en menos de un año

La hemorragia de figuras que sufre Boca hoy no es nueva: tiene un precedente doloroso y reciente. Entre 2018 y 2019, el club vivió una diáspora aún más acelerada tras otra final de Libertadores perdida —la del 9 de diciembre de 2018 ante River (1-3 en el Santiago Bernabéu, tras el 2-2 en la Bombonera)—. En solo 12 meses, se fueron 11 de los 14 futbolistas que arrancaron ese partido, incluyendo a Pablo Pérez, Darío Benedetto (máximo goleador del torneo con 9 tantos), Ramón Ábila y el ídolo Fernando Gago. El paralelo con 2023 es inquietante: en ambos casos, la derrota en la final desencadenó una reconstrucción fallida que dejó al equipo en tierra de nadie.

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El dato más crudo es el económico. En 2019, Boca recaudó US$62 millones por ventas (Benedetto a Olympique de Marsella por €14M, Gago a Vélez, Ábila a Minnesota United), pero el reemplazo fue desastroso: de los 17 refuerzos que llegaron entre 2019 y 2020, solo Carlos Tévez —en su segunda etapa— y Jorman Campuzano dejaron huella. El resto, como Jan Hurtado (€8M) o Mauro Zárate (libre), fueron fracasos sonados. Hoy, la historia se repite: de los US$53M obtenidos por las salidas post-2023, solo Kevin Zenón (comprado por €3.5M a Talleres) parece consolidarse, mientras fichajes como Lucas Janson (€2.8M) o Óscar Romero (libre) ya no están en el club.

Hay otro patrón recurrente: la fuga de juveniles prometedores. En 2019, Boca perdió a Nahuel Molina (vendido a Udinese por €2.5M tras ser figura en la Libertadores 2018) y a Cristian Pavón (cedido al LA Galaxy con opción de compra no ejercida). Hoy, la historia se repite con Valentín Barco (vendido a Brighton por US$9M) y Ezequiel Fernández (a Boca no le quedó ni un centavo de su traspaso al Crystal Palace por €10.5M, ya que el 50% del pase pertenecía a Defensores de Belgrano). La diferencia es que, en 2018, el club aún tenía a Romero y Tévez para sostener el proyecto; ahora, ni siquiera Cavani (37 años) garantiza rendimiento.

¿Un error de diseño o una maldición de las finales?

Boca lleva tres finales de Libertadores perdidas en siete años (2018, 2021 y 2023), y en cada una, el plantel se desarmó como un castillo de naipes. Pero hay un agravante en 2025: esta vez, el club no solo perdió a sus estrellas, sino también el pulso del mercado. Mientras en 2019 aún podía vender a Benedetto por cifras récord para el fútbol argentino, hoy los únicos activos valiosos —como Merentiel o Figal— tienen cláusulas de rescisión bajas (US$6M y US$4M, respectivamente) o contratos que vencen en diciembre. Si Riquelme no actúa rápido, Boca podría quedar sin ni siquiera jugadores vendibles para financiar una reconstrucción. La pregunta no es si habrá otro ciclo glorioso, sino si el club evitará convertirse en un feeder team para Europa y la MLS.

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