Will Smith junto a indígenas waorani sosteniendo una anaconda verde gigante de 6 metros en la Amazonía ecuatoriana

“Monstruo verde”: Will Smith graba el hallazgo histórico de una anaconda gigante en Ecuador

Descubrimiento épico: La serie de Will Smith captura el instante en que científicos y la comunidad waorani revelaron al mundo una anaconda de proporciones récord.

La serie documental “De Polo a Polo”, protagonizada por Will Smith y su equipo, expuso el momento exacto en que se confirmó el avistamiento de una nueva especie de anaconda en la Amazonía ecuatoriana. El hallazgo, posible gracias a la colaboración con indígenas de la comunidad waorani, marcó un hito para la herpetología moderna.

“Es gigante”, exclamó Smith mientras miembros de la comunidad sostenían a la imponente anaconda verde del norte (eunectes akayima), permitiendo que investigadores y el equipo de producción documentaran sus características. El espécimen, con un tamaño que supera los 6 metros en ejemplares adultos, dejó atónitos incluso a los expertos.

Aunque el descubrimiento se dio a conocer públicamente en febrero de 2024 —casi dos años antes del estreno del episodio—, su impacto resuena hoy con mayor fuerza. La revista National Geographic fue la primera en divulgar los detalles del estudio, liderado por un equipo internacional de científicos especializados en ofidios sudamericanos.

Entre ellos destacó el toxicólogo australiano Bryan Fry, catedrático de la Universidad de Queensland y reconocido por sus investigaciones sobre venenos de serpientes. Fry llegó en 2022 a la comunidad waorani de Bameno, tras una invitación del líder indígena Penti Baihua, cuya comunidad ha sido guardiana ancestral de estos territorios amazónicos.

El estudio, publicado en la revista Diversity, reveló que tras analizar muestras genéticas de cuatro especies de anacondas en nueve países, se confirmó que este ejemplar pertenecía a una especie distinta: la anaconda verde del norte, separada genéticamente de su pariente más conocida, la anaconda verde del sur (eunectes murinus).

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Este hallazgo no solo redefine la clasificación taxonómica, sino que subraya un problema crítico: el 70% de la biodiversidad amazónica sigue sin documentarse, según estimaciones de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza). La falta de registros dificulta diseñar estrategias de conservación efectivas, especialmente en regiones donde la deforestación avanza a un ritmo del 10% anual en algunas zonas.

La comunidad waorani, que ha convivido con estas serpientes durante generaciones, jugó un papel clave. Su conocimiento tradicional permitió localizar ejemplares en áreas inaccesibles para los científicos. “Para nosotros, la anaconda es un símbolo de protección del territorio”, declaró Baihua en 2023 durante un foro sobre biodiversidad en Quito.

El episodio de Smith también muestra el contraste entre el asombro occidental y la familiaridad indígena con estos gigantes. Mientras el actor reaccionaba con sorpresa —incluso con expresiones como “Fucking hell, that is 1 big motherfucking snake”

¿Qué otros secretos esconde aún la Amazonía, si una serpiente de este tamaño pasó décadas sin ser identificada por la ciencia? La respuesta podría estar en las comunidades que, como los waorani, han sido sus custodios silenciosos.

El precedente que lo cambió todo: la anaconda de 2016 y su impacto en la ciencia

El hallazgo de la eunectes akayima no es el primero que sacude a la herpetología en menos de una década. En julio de 2016, un equipo liderado por el biólogo Jesús Rivas —especialista en anacondas de la Universidad de Nueva Orleans— documentó en la Amazonía venezolana un ejemplar de anaconda verde del sur (eunectes murinus) que medía 6.3 metros y pesaba 97.5 kg, batiendo récords conocidos hasta entonces. Aquella serpiente, apodada ‘Matilda’, fue capturada en el río Orinoco tras 10 días de búsqueda con tecnología de rastreo por radio, y su estudio reveló que las anacondas podían alcanzar tamaños un 30% mayores de lo estimado.

Lo revolucionario del caso de Matilda no fue solo su tamaño, sino que su análisis genético demostró por primera vez que las anacondas del Orinoco y las del Amazonas brasileño tenían diferencias cromosómicas significativas, aunque se las clasificara como la misma especie. Este hallazgo, publicado en PLOS ONE en 2017, sentó las bases para cuestionar la taxonomía tradicional y aceleró la búsqueda de especies no registradas. Fry mismo citó este estudio en 2022 como inspiración para su expedición con los waorani, según declaraciones a Science: *«Si Matilda nos mostró que subestimábamos su diversidad genética, ¿qué más estamos perdiendo en zonas inexploradas?*».

El paralelo entre ambos descubrimientos va más allá: en 2016, los científicos dependieron de guías piaroas —etnia venezolana— para localizar a Matilda, al igual que los waorani fueron clave en 2022. Sin embargo, mientras el hallazgo de Matilda generó un aumento del 40% en solicitudes de permisos científicos para estudiar ofidios en Venezuela (según datos del Ministerio de Ecosocialismo), el caso de akayima ha tenido un efecto distinto: por primera vez, una comunidad indígena co-firmó la publicación científica (Diversity, 2024) como autora, estableciendo un precedente en soberanía intelectual.

¿Un patrón oculto en la Amazonía?

Tres especies de anaconda en ocho años (akayima en 2024, una subespecie de murinus en el Orinoco en 2019, y el redescubrimiento de la anaconda amarilla (eunectes notaeus) en Paraguay en 2020) sugieren que la Amazonía podría albergar un ‘cinturón de gigantes’ aún no mapeado. Los waorani afirman haber avistado ejemplares de más de 7 metros en zonas prohibidas para extraños. La pregunta ya no es si existen, sino cuándo la ciencia —con o sin cámaras de Will Smith— podrá alcanzarlos antes de que la deforestación los borre.

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