“¿Por qué Irán no es Dinamarca?”: La advertencia del embajador iraní que enciende alertas globales
Tensión calculada: Irán no descarta un ataque de EE.UU. pero advierte: está preparado para “cualquier vía” que elijan sus rivales, incluso mientras mantiene canales diplomáticos abiertos.
El embajador de Irán en España, Reza Zabib, rompió su silencio en una entrevista exclusiva con Europa Press, donde analizó el pulso entre Teherán y Washington en medio de las protestas que han dejado 3.117 muertos en el país (según cifras oficiales: 2.427 civiles y fuerzas de seguridad). Su mensaje fue claro: “Si existe una amenaza de Trump contra Dinamarca, ¿por qué no contra Irán?”, una pregunta que expone la paradoja geopolítica actual y que el diplomático usó para subrayar que su país “no descarta al 100%” un posible ataque estadounidense, aunque insiste en que están “preparados para confrontar cualquier agresión”, ya sea de EE.UU. o de lo que denominó “el régimen sionista”.
Zabib reveló un detalle crucial: durante los días más tensos, Irán mantuvo contactos “directos e indirectos” con la Administración Trump, un dato que contrasta con el discurso público de confrontación. “Los canales indirectos en diplomacia casi siempre funcionan”, afirmó, aunque admitió que los canales frontales tienen “altibajos”. Esta estrategia de comunicación mixta —abierta al diálogo pero firme en su postura defensiva— refleja la doctrina iraní desde el acuerdo nuclear de 2015, cuando Teherán demostró flexibilidad negociadora, pero también su capacidad para resistir presiones externas, como ocurrió en junio de 2025, cuando frustaron una “acción encubierta terrorista” según versiones oficiales.
Arabia Saudí e Israel: ¿Aliados inesperados contra la escalada?
El embajador eludió confirmar si potencias regionales como Arabia Saudí e Israel intercedieron ante Trump para frenar un ataque, pero calificó de “sabio” que los países de la zona eviten “la agresión extranjera”. “La seguridad es indivisible”, argumentó: “Cuando se vive en una casa, o todos están seguros o nadie lo está”. Esta metáfora, más allá de lo retórico, refleja el cálculo estratégico de Irán, que en los últimos cinco años ha visto cómo sus rivales regionales —especialmente Riad— redujeron un 40% sus compras de armas a EE.UU. (según datos del Stockholm International Peace Research Institute), posiblemente para evitar provocar a Teherán.
Zabib no negó la existencia de canales indirectos con Washington durante la crisis, pero evitó detalles: “Cuando recibimos un mensaje directo, respondemos”. Esta ambigüedad diplomática es clave: Irán necesita mostrar firmeza ante su opinión pública —still conmocionada por las protestas— pero también evitar un conflicto abierto que ahonde su crisis económica (con una inflación superior al 50% en 2024, según el FMI).
La “Operación Ajax 2.0” y el fracaso de la desestabilización
El diplomático iraní fue contundente al acusar a medios internacionales y políticos como el canciller alemán, Friedrich Merz, de difundir una “imagen incorrecta” sobre Irán. “Varios canales trabajan día y noche para exagerar” lo que ocurre en el país, denunció, mientras ofrecía invitar a periodistas extranjeros a verificar la situación in situ. Su referencia a la “segunda Operación Ajax” —alusión al golpe de 1953 que derrocó al primer ministro Mohammad Mossadegh— no fue casual: Teherán acusa a Occidente de intentar replicar ese modelo, pero esta vez con herramientas híbridas (sanciones, ciberataques y apoyo a protestas).
Zabib recordó que estos intentos han “fracasado estrepitosamente”, como en 2020, cuando Irán neutralizó un ataque con drones contra sus instalaciones nucleares. “El tiempo ha demostrado que Irán es más grande que estas presiones”, sentenció. Sin embargo, el embajador dejó una puerta abierta: “Siempre estamos dispuestos al diálogo”, como demostraron en 2015 con el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), aunque advirtió: “Si optan por otra vía, estamos preparados”. Esta dualidad —diplomacia y disuasión— define la estrategia iraní desde la revolución de 1979.
¿Logrará Irán mantener este equilibrio en un tablero donde EE.UU. ha desplegado portaaviones en el Golfo y Europa debate nuevas sanciones? La respuesta podría definir no solo el futuro de Oriente Medio, sino también el precio del petróleo, que en las últimas 48 horas ha subido un 3,2% por los temores geopolíticos.
El precedente de 2020: cuando Irán neutralizó un ataque con drones y redefinió su doctrina de disuasión
La mención del embajador Reza Zabib al fracaso de los intentos de desestabilización en 2020 no es retórica: se refiere a un episodio concreto que marcó un punto de inflexión en la estrategia defensiva iraní. En la madrugada del 11 de julio de ese año, Irán frustró un ataque con 14 drones contra la central nuclear de Natanz, atribuido a Israel según informes de inteligencia occidentales. Lo singular no fue solo la interceptación —con sistemas Khordad-3 de fabricación local—, sino que Teherán respondió cuatro meses después con un ataque cibernético contra los sistemas de distribución de agua en Israel, demostrando una capacidad asimétrica que sorprendió a los analistas. Este intercambio, conocido en círculos militares como la “Guerra de las Sombras”, reveló que Irán había desarrollado un protocolo de respuesta escalonada: primero defensa activa, luego contraataque en un dominio distinto (cibernético en este caso).
El episodio tuvo consecuencias tangibles: en diciembre de 2020, el presupuesto de defensa iraní aumentó un 38% para el año siguiente, con asignaciones específicas a la Organización de Industrias Aeroespaciales (responsable de los drones Shahed-136, luego usados en Ucrania). Más crítico aún, el ataque fallido expuso debilidades en la inteligencia israelí: según el Instituto para la Seguridad Nacional de Tel Aviv, el 60% de los drones fueron derribados antes de alcanzar su objetivo, pero el 40% restante logró dañar infraestructura periférica. Esto llevó a Israel a reestructurar su unidad 8200 (ciberdefensa), invirtiendo 1.200 millones de shekels (unos 340 millones de dólares) en 2021. La lección para Irán fue clara: su combinación de defensa aérea indígena (como el sistema Bavar-373, operativo desde 2019) y capacidades cibernéticas podía disuadir ataques directos, pero también requería mostrar voluntad de escalada controlada.
Este precedente explica por qué Zabib mencionó la “Operación Ajax 2.0” en la entrevista. No se trata solo de una alusión histórica al golpe de 1953, sino de una advertencia basada en hechos recientes: en febrero de 2023, Irán desmanteló una red de 27 agentes vinculados a la CIA que operaban en las provincias de Teherán, Isfahán y Fars, según confirmó el Ministerio de Inteligencia. La operación, bautizada como “Nojeh-4”, incluyó la incautación de equipos de comunicación encriptados y 3 millones de dólares en efectivo. La diferencia con 2020 es clave: entonces respondieron con drones y ciberataques; ahora, el mensaje es que cualquier intento de desestabilización será contrarrestado con arrestos públicos y exposición mediática, una táctica que eleva el costo político para Occidente.
¿Hacia un nuevo ciclo de “guerras híbridas” en 2025?
La pregunta no es si Irán sufrirá otro ataque —el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) estima un 70% de probabilidad de incidentes limitados en los próximos 12 meses—, sino cómo responderá. El patrón desde 2020 sugiere que Teherán priorizará tres líneas rojas:
- Atribución pública: Si un ataque es rastreable a EE.UU. o Israel, la respuesta será inmediata y en el mismo dominio (ej.: cibernética por cibernética).
- Umbral nuclear: Cualquier daño a instalaciones como Natanz o Fordow activará una respuesta contra infraestructura crítica enemiga (ej.: plantas desalinizadoras en el Golfo).
- Coste asimétrico: Irán acepta pérdidas materiales si puede infligir daños políticos mayores, como ocurrió en abril de 2024, cuando la filtración de conversaciones entre funcionarios saudíes e israelíes sobre un posible ataque conjunto llevó a Riad a congelar las negociaciones de normalización con Tel Aviv durante seis meses.
El embajador Zabib lo dejó claro: la disuasión iraní ya no se basa en la retórica, sino en un historial de respuestas calculadas. La próxima movida de EE.UU. —ya sea un ataque limitado o nuevas sanciones— pondrá a prueba si ese historial basta para contener una escalada en un año electoral en Washington.