Mapa estratégico de Groenlandia con rutas marítimas y bases militares resaltadas por su valor geopolítico en el Ártico

“Groenlandia no se vende”: Trump amenaza con anexión forzosa y desata crisis diplomática

Amenaza territorial: EE.UU. presiona a Dinamarca por Groenlandia con un ultimátum que revive tensiones de la Guerra Fría.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, escaló este viernes su disputa por Groenlandia al asegurar que su Gobierno tomará medidas —”por las buenas o por las malas”— para controlar el territorio autónomo danés. Las declaraciones, realizadas durante un encuentro con ejecutivos petroleros en la Casa Blanca, citan “motivos de seguridad nacional” para justificar una posible anexión, advirtiendo que, de no actuar, Rusia o China “se apoderarían” de la isla estratégica.

No vamos a tener a Rusia ni a China como vecinos. Me gustaría llegar a un acuerdo… pero si no lo hacemos por las buenas, lo haremos por las malas“, declaró Trump, quien, pese a afirmar ser “fan de Dinamarca”, rechazó la soberanía danesa sobre Groenlandia. El mandatario insistió en que “cuando la poseemos, la defendemos”, diferenciando entre un arrendamiento y una posesión plena. Este enfoque recuerda a la Doctrina Monroe (1823), que históricamente justificó intervenciones estadounidenses en América bajo el lema “América para los americanos”.

Las palabras de Trump provocaron una respuesta inmediata de los líderes groenlandeses, incluido el primer ministro Jens Frederik Nielsen. En un comunicado conjunto, calificaron de “desprecio” la actitud de Washington y reafirmaron su identidad: “No queremos ser estadounidenses ni daneses, queremos ser groenlandeses“. El texto subraya que Groenlandia —con 56,000 habitantes y un gobierno autónomo desde 2009— se rige por el Derecho Internacional y su propia ley de autogobierno.

Groenlandia: ¿Por qué es tan codiciada?

La isla, la más grande del mundo con 2.1 millones de km² (80% cubiertos de hielo), es clave por:

  • Recursos naturales: Alberga el 10% del agua dulce global y reservas de uranio, petróleo y gas aún sin explotar.
  • Ubicación estratégica: Entre el Ártico y el Atlántico, es vital para rutas comerciales y bases militares. Durante la Guerra Fría, EE.UU. ya operó la Base Aérea de Thule (1951), usada para misiles nucleares.
  • Cambio climático: El deshielo está abriendo nuevas rutas navieras, como la Ruta del Mar del Norte, que reduciría en un 40% el tiempo de viaje entre Europa y Asia.
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En 2019, Trump ya intentó comprar Groenlandia, oferta rechazada por Dinamarca. Ahora, su tono belicoso revive temores de una nueva carrera por el Ártico, donde Rusia y China también han incrementado su presencia militar y económica.

Reacción internacional: entre el silencio y la condena

Mientras la OTAN —de la que tanto EE.UU. como Dinamarca son miembros— guardó silencio, la Unión Europea recordó que Groenlandia es un “territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca”, amparado por tratados internacionales. Expertos en derecho internacional, como la profesora María O\’Sullivan de la Universidad de Londres, advierten que cualquier anexión forzosa violaría el Artículo 2 de la Carta de la ONU, que prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial de un Estado.

El historiador Klaus Dodds, autor de “The Arctic: What Everyone Needs to Know“, señala que las declaraciones de Trump “reflejan una mentalidad del siglo XIX, donde las potencias dividían el mundo como un tablero de ajedrez. Pero Groenlandia no es una colonia: tiene voz propia“.

¿Qué sigue? Los líderes groenlandeses exigieron un debate urgente en su Parlamento (Inatsisartut) y un diálogo “estrecho e intenso” con aliados, sin interferencias externas. Mientras, en Copenhague, el Gobierno danés convocó al embajador estadounidense para expresar su “profunda preocupación“.

La pregunta ahora es inevitable: ¿Estamos ante el primer movimiento de una nueva guerra fría por el Ártico? O, como advirtió Nielsen: “El futuro de Groenlandia lo decidiremos nosotros, no con presiones, sino con el tiempo y la sabiduría que merece nuestro pueblo“.

El precedente histórico: cuando EE.UU. ya intentó comprar Groenlandia (y fracasó)

La obsesión de Trump por Groenlandia no es un capricho aislado, sino el último episodio de un interés estadounidense que se remonta a 1867, cuando el secretario de Estado William H. Seward —el mismo que negoció la compra de Alaska a Rusia— exploró la posibilidad de adquirir la isla. Pero fue en 1946 cuando Washington hizo su oferta más seria: 100 millones de dólares (equivalente a unos 1.400 millones actuales) por Groenlandia, una suma que Dinamarca rechazó rotundamente. El contexto era clave: tras la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. buscaba consolidar su influencia en el Ártico frente a la URSS, y Groenlandia, con su posición estratégica, era el premio. La negativa danesa llevó a un acuerdo alternativo en 1951: el Tratado de Defensa de Groenlandia, que permitió a EE.UU. establecer la Base Aérea de Thule (hoy Base Aérea de Pituffik) a cambio de proteger la isla. El detalle menos conocido es que, durante la construcción, EE.UU. desalojó a 134 inuit de su pueblo natal, Pituffik, prometiéndoles que podrían regresar en semanas. 70 años después, siguen sin hacerlo.

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El paralelo con la actual crisis es inquietante. En 2019, cuando Trump propuso comprar Groenlandia por 600 millones de dólares (una cifra irrisoria para Dinamarca, que invierte anualmente unos 500 millones en subsidios a la isla), el primer ministro danés, Mette Frederiksen, lo calificó de “absurdo“. Pero esta vez, el tono ha escalado: la mención a una “anexión por las malas” evoca el Artículo 73 de la Carta de la ONU, que obliga a las potencias a promover la autodeterminación de los territorios no autónomos. Groenlandia, aunque autónoma desde 2009, sigue bajo la corona danesa en asuntos de defensa y política exterior. La ironía es que, según sondeos de 2022, solo el 18% de los groenlandeses apoyaría la independencia total, mientras que un 37% preferiría mantener el estatus actual. La amenaza de Trump, lejos de debilitar la soberanía danesa, podría acelerar lo que más teme: que Groenlandia busque la plena independencia para unirse a la ONU como Estado observador, siguiendo el modelo de Palestina.

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Año Acción de EE.UU. Respuesta de Dinamarca/Groenlandia Contexto geopolítico
1946 Oferta de 100 millones de dólares por Groenlandia. Rechazo rotundo. Dinamarca priorizó su integridad territorial post-SGM. Inicio de la Guerra Fría; EE.UU. buscaba contener a la URSS en el Ártico.
1951 Firma del Tratado de Defensa e instalación de la Base de Thule. Aceptación a cambio de protección militar, pero con desalojo forzoso de población inuit. Carrera armamentística nuclear; Thule fue clave para el sistema de alerta temprana.
2019 Trump propone comprar Groenlandia por 600 millones de dólares. Groenlandia no está en venta“, respondió la primera ministra Mette Frederiksen. Tensiones comerciales con China; EE.UU. buscaba contrarrestar inversiones chinas en el Ártico.
2024 Amenaza de “anexión por las malas” y referencia a “seguridad nacional”. Groenlandia convoca debate urgente en su Parlamento; Dinamarca llama a consultas al embajador estadounidense. Guerra en Ucrania; Rusia y China expanden su presencia militar en el Ártico (bases, rompehielos, rutas comerciales).

¿Un error estratégico o un farol calculado?

La pregunta que pocos se atreven a formular es si Trump está sobrevalorando su mano. Groenlandia no es un territorio en disputa como Crimea o Taiwán: tiene un gobierno autónomo reconocido, una identidad cultural fuerte y, sobre todo, no hay división interna que justifique una intervención. Más allá del ruido, el verdadero riesgo para EE.UU. es que su presión acelere lo que más teme: que Groenlandia, hoy dependiente de los subsidios daneses (que representan el 20% de su PIB), busque alternativas. China ya ha mostrado interés en invertir en minería —el proyecto Kvanefjeld, con reservas de tierras raras y uranio, atrajo a empresas chinas antes de ser bloqueado en 2021 por razones ambientales—. Si Pekín ofrece financiamiento sin condiciones, Copenhague podría perder influencia… y Washington, cualquier esperanza de control. La jugada de Trump, lejos de ser un bluff, podría ser el primer movimiento en falso de una partida que aún no ha comenzado.

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