Soldados estadounidenses en Caracas durante el operativo que capturó a Nicolás Maduro, con el USS Iwo Jima al fondo

EEUU toma el control de Venezuela: Trump anuncia transición forzada tras captura de Maduro

Operación relámpago: Trump confirma el asalto a Caracas y la detención de Maduro en un movimiento sin precedentes.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este sábado que su país “se hará cargo” de Venezuela hasta que se concrete una transición política, tras la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en un operativo militar ejecutado en la madrugada. Según Trump, el asalto se centró en lo que describió como “la fortaleza de Maduro en el corazón de Caracas“, acompañado de bombardeos selectivos en la capital y sus alrededores. La operación, que no registró bajas entre las fuerzas estadounidenses, marca un punto de inflexión histórico en la intervención directa de Washington en la crisis venezolana.

Ya hemos llegado, pero nos quedaremos hasta que se produzca la transición adecuada. Nos vamos a hacer cargo, en esencia, para que la transición sea posible”, declaró Trump en una rueda de prensa junto al secretario de Defensa, Pete Hegseth; el secretario de Estado, Marco Rubio; y el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine. El mandatario subrayó que la operación buscaba “restaurar el orden” en un país que, según su gobierno, ha sido “secuestrado por una dictadura criminal“.

Trump pintó un futuro para Venezuela liderado por “enormes compañías petroleras estadounidenses“, que invertirían “miles de millones de dólares” para reparar la “infraestructura petrolera colapsada“. “Arreglarán lo que está muy dañado y comenzarán a generar riqueza para el país”, afirmó, en un guiño a los intereses económicos que subyacen a la intervención. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo (303.800 millones de barriles según la OPEP en 2023), un recurso clave para la estrategia energética de EEUU en medio de tensiones globales con otros productores como Rusia e Irán.

El presidente estadounidense recordó que Maduro enfrenta cargos en su país por narcotráfico y terrorismo, y confirmó que tanto él como Flores serán trasladados a Nueva York desde el portaaviones USS Iwo Jima, donde se encuentran detenidos. “Allí se enfrentarán a todo el poder de la justicia estadounidense“, advirtió. Maduro, según Trump, no solo era un “dictador ilegítimo“, sino también el “capo de una red criminal” responsable de inundar EEUU con “drogas letales” y de desplegar grupos como el Tren de Aragua —una banda carcelaria venezolana vinculada a masacres en Chile, Perú y Ecuador— para “aterrorizar comunidades estadounidenses“.

El Tren de Aragua, surgido en 2014 dentro de las cárceles venezolanas, ha sido señalado por el FBI como una de las organizaciones criminales de más rápido crecimiento en América, con operaciones confirmadas en al menos 12 estados de EEUU desde 2022. Su expansión coincide con la crisis migratoria venezolana, que ha llevado a más de 7,7 millones de personas a huir del país desde 2015, según ACNUR.

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Trump también acusó al gobierno de Maduro de “robar miles de millones de dólares” en activos y petróleo estadounidenses, calificándolo como “uno de los mayores robos en la historia de EEUU“. Sin embargo, no detalló cómo se recuperarán esos fondos ni qué mecanismos legales se usarán para devolverlos. Desde 2019, EEUU ha impuesto sanciones a PDVSA, la estatal petrolera venezolana, bloqueando unos US$7.000 millones en activos, según estimaciones del Departamento del Tesoro.

¿Transición militar o gobierno interino?

El mandatario evitó confirmar si la “transición” incluirá un despliegue permanente de tropas en Venezuela, aunque dejó claro que no descarta ninguna opción: “A nosotros no nos da miedo desplegar tropas. Anoche lo hicimos, y lo haremos de nuevo si es necesario”. Sus palabras sugieren un escenario de ocupación prolongada, similar a los modelos aplicados en Irak (2003) y Afganistán (2001), donde las fuerzas estadounidenses permanecieron durante 8 y 20 años, respectivamente.

Trump tampoco mencionó explícitamente a los líderes opositores María Corina Machado (premio Nobel de la Paz 2023) o Edmundo González como posibles reemplazos de Maduro. En cambio, habló de un “grupo de personas” —incluyendo “gente fantástica del Ejército“— que administraría Venezuela “hasta que pueda funcionar“. Esta ambigüedad refleja las divisiones internas en la oposición venezolana, donde Machado, pese a su reconocimiento internacional, enfrenta resistencia de sectores militares y civiles que desconfían de su liderazgo.

Machado ganó las primarias opositoras de 2023 con el 92% de los votos, pero su popularidad ha caído en los últimos meses: una encuesta de Datanálisis en abril de 2024 mostró que solo el 43% de los venezolanos la apoyaría en unas elecciones libres, frente al 68% en 2022. Trump, consciente de este declive, cuestionó su capacidad para liderar: “Es una mujer muy agradable, pero no cuenta con el respeto del país“.

En contraste, el mandatario no descartó a la actual vicepresidenta, Delcy Rodríguez, pese a su vinculación con Maduro. “La eligió él, pero ya veremos“, dijo, destacando que Rodríguez mantuvo “conversaciones constructivas” con Rubio durante las fallidas negociaciones de 2023. Rodríguez, ex canciller y hermana del poderoso Diosdado Cabello, es considerada una figura clave en el chavismo, con influencia en las Fuerzas Armadas y en el aparato judicial.

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Advertencia a los leales de Maduro

Trump lanzó un mensaje directo a los pilares del régimen: los ministros de Interior (Diosdado Cabello) y Defensa (Vladimir Padrino). “Estamos listos para un segundo ataque, mucho mayor, si es necesario”, advirtió. Cabello, conocido como el “número dos” del chavismo, está sancionado por EEUU desde 2018 por narcotráfico, mientras que Padrino, jefe militar, ha sido acusado de corrupción y represión. Ambos controlan las milicias armadas (colectivos) y las divisiones clave del Ejército, con unos 200.000 efectivos activos, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS).

El presidente estadounidense evitó dar plazos para la transición, aunque reconoció que la reconstrucción de Venezuela será lenta: “Su infraestructura está podrida. Vamos a reconstruirla entera, pero eso lleva tiempo”. La hiperinflación en Venezuela superó el 36.000% en 2023, según el FMI, y el 90% de la población vive en pobreza, con cortes eléctricos que superan las 100 horas al mes en algunas regiones.

Trump cerró su intervención reafirmando su doctrina para América Latina: “El dominio americano en el hemisferio occidental jamás volverá a quedar en entredicho“. Esta declaración evoca la Doctrina Monroe (1823), que justificó la intervención de EEUU en la región durante el siglo XX, desde la invasión a Panamá (1989) hasta el apoyo a golpes de Estado en Chile (1973) y Guatemala (1954).

¿Podrá EEUU evitar el caos que siguió a sus intervenciones en Irak y Libia, donde la caída de los regímenes desató guerras civiles que duraron más de una década?

El precedente de Panamá 1989: ¿Repetirá EEUU el guión de ocupación y transición fallida?

La operación en Venezuela evoca el modelo de invasión relámpago + captura del líder aplicado por EEUU en Panamá en diciembre de 1989, cuando 27.000 soldados estadounidenses derrocaron al general Manuel Noriega en la Operación Causa Justa. Como Maduro, Noriega enfrentaba cargos por narcotráfico (fue condenado en EEUU en 1992) y era acusado de reprimir disidentes y manipular elecciones. Pero la transición panameña —que prometía democracia y estabilidad— dejó lecciones amargas: 20 años de influencia militar estadounidense, una economía dolarizada impuesta (ley 9 de 1998) y una corrupción endémica que persiste hoy, con Panamá en el top 10 de paraísos fiscales según el Índice de Secreto Financiero 2024.

El paralelo es inquietante: en Panamá, EEUU instaló un gobierno interino liderado por Guillermo Endara (un opositor con solo 22% de apoyo popular en 1989, según Gallup), quien gobernó bajo tutela de la Fuerza de Tarea Conjunta Bravo (estacionada en la base de Howard hasta 1999). La promesa de reconstrucción quedó en US$2.000 millones invertidos (ajustados a inflación, US$4.500 millones hoy), pero el PIB per cápita de Panamá solo recuperó niveles preinvasión en 2006. Mientras, la pobreza extrema pasó del 28% en 1990 al 40% en 1995, según el Banco Mundial. Venezuela, con una economía 7 veces más grande que la panameña de 1989 (US$92.000 millones vs. US$13.000 millones en PIB nominal), enfrenta riesgos exponenciales: su deuda externa supera los US$150.000 millones, y el colapso de PDVSA (cuya producción cayó un 80% desde 2015) requiere una inversión inicial de US$50.000 millones solo para estabilizar pozos y refinerías, según la Agencia Internacional de Energía (IEA).

Otros datos clave del caso panameño que podrían repetirse:

  • Purgas militares selectivas: EEUU disolvió las Fuerzas de Defensa de Panamá (15.000 efectivos) pero mantuvo a 3.000 oficiales en cargos administrativos, muchos vinculados a Noriega. En Venezuela, el Alto Mando Militar (uns 800 generales) tiene activos en 280 empresas, según Transparencia Internacional.
  • Resistencia armada residual: Tras la invasión, el Batallón de la Dignidad (leal a Noriega) lanzó ataques hasta 1994. En Venezuela, los colectivos armados (120.000 miembros, según Insight Crime) podrían replicar este modelo.
  • Legitimidad internacional cuestionada: La ONU condenó la invasión a Panamá con 75 votos a favor (vs. 20 en contra, incluyendo EEUU e Israel). Hoy, Rusia, China, Irán y Cuba ya han tachado la operación en Venezuela de ‘violación flagrante del derecho internacional‘.
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¿Ocupación express o un nuevo Afganistán?

Trump ha prometido una transición ‘rápida y eficiente‘, pero el histórico de EEUU sugiere lo contrario: en Afganistán (2001-2021), el costo de la ocupación superó los US$2,3 billones, con 2.400 soldados muertos y un gobierno colapsado en 11 días tras la retirada. Venezuela, con 32 millones de habitantes (vs. 38 millones en Afganistán en 2001) y una diáspora de 7,7 millones (equivalente al 24% de su población), plantea un desafío demográfico único. La pregunta clave no es si EEUU puede controlar Venezuela, sino si quiere pagar el precio: en Panamá, el costo político interno le pasó factura a George H.W. Bush, quien perdió las elecciones de 1992 en parte por el desgaste de la intervención. Trump, en plena campaña por la reelección, apuesta a que esta vez el guión será distinto.

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