Donald Trump y Friedrich Merz en imagen de tensión diplomática por tropas en Alemania y crisis con Irán

Trump vs. Merz: tensiones por Ucrania e Irán escalan sin freno

Choque diplomático: El presidente de EE.UU. arremete contra Alemania por su postura en Ucrania e Irán, amenazando con reducir tropas en suelo alemán.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intensificó este jueves su ofensiva verbal contra el canciller alemán, Friedrich Merz, exigole que redirija sus esfuerzos hacia “poner fin a la guerra en Ucrania” y deje de “interferir” en las acciones de Washington para “neutralizar la amenaza nuclear iraní”. Las declaraciones, difundidas a través de redes sociales, llegan en un momento de máxima tensión entre ambas potencias, con el telón de fondo de la ofensiva conjunta EE.UU.-Israel contra Irán iniciada en febrero de 2025.

Trump no dudó en tachar a Merz de “totalmente inútil” en los intentos por frenar la invasión rusa, mientras le instaba a “arreglar su propio país”, especialmente en dos frentes críticos: la crisis migratoria —que en 2024 batió récords con 320.000 solicitudes de asilo— y la dependencia energética, aún vulnerable tras el corte del gas ruso en 2022. “Debería invertir ese tiempo en solucionar sus problemas internos en lugar de entorpecer a quienes trabajamos por un mundo más seguro, Alemania incluida”, sentenció.

La escalada verbal coincide con un comunicado de la Casa Blanca que reafirma su postura: “Irán nunca obtendrá armas nucleares mientras Trump esté en el cargo”. Esta garantía, sin embargo, contrasta con los informes de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), que en su último reporte —publicado en enero de 2025— advirtió que Teherán ya enriquece uranio al 84%, un nivel peligrosamente cercano al grado militar (90%).

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Como represalia por las críticas de Merz —quien cuestionó la “falta de una estrategia clara” en los ataques a Irán—, Trump insinuó la posibilidad de reducir las tropas estadounidenses en Alemania, una amenaza que ya materializó parcialmente durante su primer mandato (2017-2021), cuando retiró 12.000 soldados de la base de Ramstein. Esta medida, de repetirse, afectaría a las 35.000 tropas actualmente desplegadas, clave para la disuasión de la OTAN en Europa del Este.

Merz, por su parte, intentó suavizar el conflicto al asegurar que su relación personal con Trump sigue “como siempre”. No obstante, el canciller alemán enfrenta presión interna: su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), perdió 5 puntos en las encuestas tras conocerse su postura sobre Irán, mientras la oposición le acusa de “debilitar la alianza transatlántica” en un momento crítico.

El cruce de declaraciones se produce cuando Europa celebra el 75º aniversario de la OTAN (abril de 2025), una alianza que Trump ha calificado repetidamente de “obsoleta” si sus miembros no aumentan su gasto en defensa al 2% del PIB. Alemania, con un presupuesto militar del 1,5% en 2024, está entre los países en la mira. ¿Podrá Merz equilibrar las demandas de Washington con los intereses europeos sin fracturar la OTAN?

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El precedente de 2020: cuando Trump ya usó la retirada de tropas como arma política contra Alemania

La amenaza de Donald Trump de reducir las tropas estadounidenses en Alemania no es nueva, pero esta vez llega en un contexto geopolítico aún más explosivo. En julio de 2020, el entonces presidente anunció la retirada de 11.900 soldados (casi un tercio de las fuerzas desplegadas) de bases como Ramstein y Spangdahlem, acusando a Berlín de no cumplir con sus compromisos de gasto en defensa dentro de la OTAN. La medida, ejecutada en plena pandemia y con tensiones por el gasoducto Nord Stream 2, dejó al descubierto la vulnerabilidad alemana: el 60% de su gas dependía de Rusia en ese momento, según datos de la Agencia Federal de Redes (BNetzA).

El paralelo con 2025 es inquietante. Entonces, como ahora, Trump vinculó la presencia militar estadounidense a exigencias económicas: Berlín debía elevar su gasto en defensa al 2% del PIB (en 2020 estaba en 1,4%, casi idéntico al 1,5% actual). La diferencia clave radica en el escenario de seguridad: hoy, la guerra en Ucrania ha disparado la demanda de armamento alemán, con pedidos de leopardos 2 y sistemas antiaéreos que superan en un 40% los niveles de 2022, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS). Además, la AIEA advierte que Irán podría producir material para un arma nuclear en menos de dos semanas si enriquece uranio al 90%, un plazo que en 2020 se estimaba en tres meses.

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La estrategia de Trump en 2020 tuvo un costo político para Alemania: el entonces canciller Angela Merkel vio caer su popularidad un 8% en dos meses, según encuestas de ARD-DeutschlandTrend, mientras el 62% de los alemanes consideraba que la relación con EE.UU. se había deteriorado, según Pew Research Center. Hoy, Friedrich Merz enfrenta un desafío similar, pero con un margen de maniobra más estrecho: la CDU ya perdió 5 puntos en intención de voto, y el 58% de los votantes desaprueba su manejo de la crisis con Irán, según Infratest dimap.

¿Un jaque mate a la OTAN o un farol calculado?

Trump sabe que Alemania no puede permitirse otra reducción de tropas: las bases estadounidenses en su territorio son nodos críticos para el transporte de armas a Ucrania (el 70% pasa por Ramstein) y para la inteligencia de la OTAN en Europa del Este. Pero Merz tampoco puede ceder en Irán sin fracturar la Unión Europea, donde países como Francia y Suecia ya han criticado su alineamiento con Washington. La pregunta no es si Trump cumplirá su amenaza, sino cuánto está dispuesto a pagar Merz por evitarlo—y si Europa, dividida, podrá responder.

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