Documento oficial firmado por Trump con sello presidencial reclasificando la marihuana a Lista III sobre mesa con banderas de EE.UU.

Trump rompe décadas de política antidroga: marihuana en la Lista III

Cambio histórico: Trump firma orden que reclasifica el cannabis, el mayor giro en política de drogas de EE.UU. desde los años 70.

El presidente Donald Trump firmó este jueves una orden ejecutiva que redefine el estatus legal del cannabis en Estados Unidos, moviéndolo de la Lista I (drogas sin uso médico aceptado) a la Lista III, donde se ubican sustancias como la ketamina y el Tylenol con codeína. La medida, calificada como “el cambio más profundo en décadas” por analistas de la Brookings Institution, no legaliza la marihuana a nivel federal, pero abre la puerta a investigaciones científicas sin las restricciones actuales.

La reclasificación, que entrará en vigor en 90 días, permitirá a los dispensarios autorizados por los estados acceder a deducciones fiscales antes vedadas. Según la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO), esto podría inyectar US$12.000 millones anuales a la economía del cannabis para 2026, un sector que ya emplea a más de 428.000 personas en el país, según datos de Leafly.

El CBD entra a Medicaid: acceso gratuito para miles

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La orden también instruye a la Casa Blanca a colaborar con el Congreso para integrar el cannabidiol (CBD) en el programa de salud Medicaid, beneficiando a pacientes con condiciones como epilepsia refractaria o esclerosis múltiple. Un funcionario anónimo reveló que el programa piloto comenzará en 5 estados (Colorado, California, Oregon, Washington y Michigan) antes de expandirse. El CBD ya había sido aprobado por la FDA en 2018 para tratar dos formas raras de epilepsia bajo el nombre comercial Epidiolex.

Esta medida llega en un contexto donde 38 estados ya permiten el uso médico del cannabis y 24 su consumo recreativo. Sin embargo, la contradicción con la ley federal había generado un vacío legal: desde 2014, el Congreso bloqueó fondos para que la DEA persiguiera a dispensarios que operan bajo leyes estatales, creando un “mercado gris” valorado en US$30.000 millones en 2023.

Resistencia republicana y divisiones internas

La decisión de Trump ha generado una fractura en el Partido Republicano. Un grupo de 22 senadores, liderados por Mitch McConnell (Kentucky), envió una carta al presidente advirtiendo que la medida “socavará la productividad laboral” y citando estudios de los NIH que vinculan el consumo de cannabis con un 17% más de riesgo de trastornos psicóticos en adolescentes. “Normalizar el cannabis enviará el mensaje equivocado a nuestros jóvenes“, declaró el senador Lindsey Graham (Carolina del Sur) en Fox News.

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Oposición

En contraste, 14 gobernadores republicanos —incluyendo a Ron DeSantis (Florida) y Glenn Youngkin (Virginia)— apoyaron la reclasificación en una declaración conjunta, argumentando que “los estados deben tener soberanía para regular el cannabis sin la interferencia federal”. La división refleja un cambio generacional: mientras el 72% de los republicanos mayores de 65 años se opone a la legalización, el 58% de los menores de 40 la respalda, según Pew Research.

De Biden a Trump: una política con giros inesperados

La medida de Trump llega después de que su predecesor, Joe Biden, iniciara un proceso similar en abril de 2024, cuando la DEA propuso reclasificar el cannabis. Sin embargo, el proceso se estancó por objeciones de la Oficina de Administración y Presupuesto, que exigía más estudios sobre su impacto en la conducción bajo efectos (responsable del 12% de los accidentes fatales en Colorado, según la NHTSA).

Trump, quien en 2018 calificó la legalización como “un error”, cambió su postura durante la campaña presidencial. En Truth Social, escribió en 2023: “Es hora de terminar con el encarcelamiento masivo por marihuana. Estados como Oklahoma y Alabama han demostrado que la regulación inteligente reduce el mercado negro en un 40%.”

La orden también ordena revisar los registros de 3.000 presos federales condenados por delitos no violentos relacionados con cannabis, una promesa que Trump había hecho en su mitin de Las Vegas en junio de 2023, donde recibió ovaciones al mencionar el caso de Weldon Angelos, condenado a 55 años por vender marihuana (su sentencia fue conmutada en 2020).

¿Qué sigue? Tres efectos inmediatos

1. Investigación médica: Universidades como Johns Hopkins y UCLA ya anunciaron estudios sobre el cannabis para tratar TEPT en veteranos y dolor crónico, áreas donde los opioides han generado una crisis con 100.000 muertes anuales.

2. Mercado bursátil: Acciones de empresas como Canopy Growth y Tilray subieron un 22% en premercado tras el anuncio. Analistas de Goldman Sachs proyectan que el sector podría superar los US$50.000 millones en 2025.

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3. Conflicto con la ONU: La reclasificación choca con los tratados internacionales de control de drogas, como la Convención Única de 1961, que clasifica el cannabis como sustancia peligrosa. La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) ya emitirá un informe en marzo de 2025 sobre posibles sanciones a EE.UU.

Mientras los dispensarios celebran y los opositores preparan demandas, una pregunta queda en el aire: ¿Estados Unidos está listo para regular el cannabis como lo hace con el alcohol, o este cambio abrirá una nueva era de conflictos legales y sanitarios?

El precedente de Nixon y la guerra contra las drogas: cómo la Lista I nació por política, no por ciencia

La reclasificación del cannabis a la Lista III no solo es un giro en la política actual, sino el desmantelamiento de un legado que se remonta a 1970, cuando el presidente Richard Nixon firmó la Ley de Sustancias Controladas y colocó la marihuana en la categoría más restrictiva. Lo que pocos recuerdan es que esta decisión no estuvo basada en evidencia científica, sino en una estrategia política para criminalizar a grupos opositores. Según archivos desclasificados de la Biblioteca Presidencial Nixon y declaraciones de su asesor doméstico, John Ehrlichman, el objetivo era asociar el cannabis con la contracultura y las minorías: *«Sabíamos que no podíamos prohibir ser negro, pero podíamos criminalizar lo que asociábamos con ellos: la marihuana y el jazz»*, confesó Ehrlichman en una entrevista de 1994 con el periodista Dan Baum, publicada en Harper’s Magazine.

El informe Shafer Commission, encargado por Nixon en 1972 para evaluar el cannabis, concluyó que *«la marihuana no era una droga de alta peligrosidad y no justificaba su inclusión en la Lista I»*. Sin embargo, Nixon ignoró las recomendaciones. Desde entonces, 28 millones de estadounidenses han sido arrestados por delitos relacionados con cannabis, según datos del ACLU, con un impacto desproporcionado en comunidades afroamericanas: son 3.6 veces más propensas a ser detenidas que los blancos, a pesar de tasas de consumo similares. La reclasificación de Trump, aunque limitada, es la primera grieta en un sistema diseñado para perpetuar la desigualdad racial bajo el disfraz de la “guerra contra las drogas”.

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Otro dato clave: en 1986, la DEA rechazó una petición para reclasificar el cannabis, argumentando que *«no tenía uso médico aceptado»*. Sin embargo, ese mismo año, la FDA aprobó el Marinol (dronabinol), un fármaco sintético basado en THC —el principal componente psicoactivo de la marihuana— para tratar náuseas en pacientes con quimioterapia. La hipocresía era evidente: mientras el gobierno federal negaba los beneficios médicos de la planta, aprobaba (y patentaba) sus componentes aislados. Esta contradicción se mantuvo durante décadas, hasta que en 2018 la FDA aprobó el Epidiolex (CBD), el primer medicamento derivado directamente del cannabis.

Año Evento Impacto en la política de cannabis
1970 Nixon firma la Ley de Sustancias Controladas; cannabis en Lista I. Criminalización masiva. El informe Shafer (1972) recomienda su reclasificación, pero es ignorado.
1986 DEA rechaza reclasificar cannabis; FDA aprueba Marinol (THC sintético). Doble estándar: se niegan beneficios de la planta, pero se patentan sus componentes.
2018 FDA aprueba Epidiolex (CBD) para epilepsia; Trump firma Farm Bill legalizando hemp. Primera grieta federal: reconocimiento médico limitado, pero sin cambiar su estatus en la Lista I.
2024 Trump reclasifica cannabis a Lista III; ordena revisión de condenas federales. Primer cambio estructural en 54 años. Conflicto con tratados de la ONU y resistencia republicana.

¿Reparación histórica o maniobra electoral?

La medida de Trump llega en un momento crítico: el 68% de los estadounidenses apoya la legalización total, según Gallup, y estados como Nueva York y Illinois han usado los ingresos del cannabis para financiar programas de justicia reparativa. Sin embargo, la reclasificación a la Lista III —que sigue penalizando su uso recreativo— deja preguntas abiertas: ¿Es un paso hacia la legalización o un intento de cooptar el tema antes de las elecciones? Los antecedentes sugieren cautela: en 2016, Trump declaró que la legalización era *«un experimento fallido»*, pero en 2023, su campaña recibió US$1.2 millones en donaciones de lobbistas del cannabis, según OpenSecrets. La paradoja es clara: el mismo partido que por décadas usó el cannabis como arma política ahora podría beneficiarse económicamente de su regulación. La pregunta no es si este cambio es histórico, sino quién se beneficiará realmente de él.

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