Sede de la OEA en Washington con banderas de América durante reunión de emergencia por Venezuela y captura de Maduro

“Captura relámpago”: OEA convoca reunión de emergencia tras operación de EEUU en Venezuela

Movimiento sin precedentes: La OEA activa su Consejo Permanente en 48 horas para analizar la detención de Maduro en Caracas por fuerzas estadounidenses.

La Organización de Estados Americanos (OEA) ha confirmado este domingo la reunión extraordinaria de su Consejo Permanente para el martes 6 de enero a las 10:00 (hora EST), equivalente a las 16:00 en España y las 15:00 en Caracas. El encuentro, que se desarrollará en el salón Simón Bolívar de la sede en Washington, buscará evaluar los “acontecimientos recientes en Venezuela” tras la operación militar estadounidense que resultó en la captura del presidente Nicolás Maduro.

La convocatoria fue formalizada por el embajador Luis Ernesto Vargas, actual presidente del Consejo Permanente y representante de Colombia, país que ha mantenido una posición crítica hacia el gobierno venezolano en los últimos años. Este es el tercer llamado de emergencia que la OEA realiza sobre Venezuela en menos de dos años, tras las crisis electorales de 2023 y las acusaciones de violaciones a derechos humanos documentadas en 2024.

El gobierno colombiano, que asumió la presidencia rotatoria del Consejo en diciembre, ha sido uno de los más activos en denunciar la situación venezolana ante organismos internacionales. En 2023, Bogotá presentó ante la Corte Penal Internacional (CPI) un informe con 128 casos de presuntas ejecuciones extrajudiciales vinculadas a fuerzas de seguridad venezolanas, lo que elevó las tensiones diplomáticas entre ambos países.

La reunión del martes podría definir acciones concretas, como la activación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), un mecanismo de defensa colectiva invocado por última vez en 2019 durante la crisis migratoria venezolana. ¿Podría esta detención desencadenar una respuesta militar coordinada en la región?

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Mientras tanto, fuentes diplomáticas señalan que al menos siete países miembros —entre ellos Brasil, Argentina y Perú— han solicitado incluir en el temario una discusión sobre el “respeto a la soberanía territorial”, en clara referencia a la intervención estadounidense. La última vez que la OEA debatió una intervención extranjera en América Latina fue en 1989, durante la invasión de Panamá.

El desarrollo de los hechos ha generado reacciones divididas: mientras la Administración Biden justificó la operación como una “acción contra el narcotráfico y la corrupción”, gobiernos como los de México y Bolivia la calificaron de “violación flagrante del derecho internacional”. ¿Estamos ante un nuevo capítulo de intervencionismo en Latinoamérica o una medida excepcional contra un régimen acusado de crímenes?

El precedente de Panamá 1989: ¿Qué pasó la última vez que la OEA debatió una intervención militar en la región?

La mención en el artículo a la invasión de Panamá en 1989 como último caso de debate en la OEA sobre una intervención extranjera no es casual: aquel episodio marcó un antes y después en la doctrina de no intervención en América Latina, y sus ecos resuenan hoy con fuerza. La operación “Causa Justa”, lanzada por EE.UU. el 20 de diciembre de 1989 con 27.000 soldados, derivó en la captura del general Manuel Noriega —acusado de narcotráfico y blanqueo de capitales— y dejó un saldo oficial de 202 civiles muertos (aunque organizaciones como Human Rights Watch elevaron la cifra a más de 300). La OEA, entonces liderada por el secretario general João Clemente Baena Soares, condenó la invasión con 20 votos a favor, 1 en contra (EE.UU.) y 2 abstenciones, pero no logró activar el TIAR.

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El paralelo con Venezuela 2025 es inevitable: ambos casos involucran a un líder latinoamericano acusado por Washington de narcotráfico y corrupción (Noriega fue condenado en 1992 a 40 años de prisión; Maduro tiene una recompensa de $15 millones por la DEA desde 2020). Sin embargo, hay una diferencia clave: en 1989, la OEA no suspendió a Panamá del organismo, mientras que Venezuela ya fue suspendida en 2017 por “ruptura del orden democrático”, lo que podría facilitar una respuesta más contundente esta vez. Además, en 1989 la región estaba dividida entre gobiernos proestadounidenses (como el de Carlos Andrés Pérez en Venezuela, que apoyó la invasión) y críticos (como el de Alan García en Perú). Hoy, la fractura es más profunda: 7 de los 14 países que reconocieron a Juan Guaidó como presidente interino en 2019 —incluidos Colombia y Brasil— podrían alinearse con EE.UU., mientras que México, Bolivia y los caribeños (que dependen de petróleo venezolano) se oponen.

Otro dato revelador: tras la invasión de Panamá, la OEA creó en 1991 la Unidad para la Promoción de la Democracia, un órgano que hoy tiene a Venezuela como su “caso emblemático”. Según documentos desclasificados del Archivo de Seguridad Nacional de EE.UU., la operación contra Noriega se planeó durante 18 meses, con inteligencia compartida por Colombia y Reino Unido. En el caso de Maduro, las acusaciones por narcotráfico se remontan a 2015 (con el “Cártel de los Soles”), pero la planificación de su captura habría acelerado tras el informe de la ONU de marzo de 2024, que vinculó a su círculo con el envío de 25 toneladas de cocaína a Europa entre 2020 y 2023.

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¿Hacia un TIAR activado o un nuevo fracaso colectivo?

El martes, la OEA no solo debatirá soberanía, sino la credibilidad de su propio mecanismo de defensa. El TIAR, invocado por última vez en 2019 (sin resultados tangibles), requiere 2/3 de los votos para acciones concretas. Con Antigua y Barbuda (actual presidente pro témpore de la CELAC) y San Vicente y las Granadinas (que mantiene lazos con Maduro) en el Consejo, la votación será reñida. Si el organismo no logra consenso, como en 1989, quedará expuesto como un foro de retórica sin dientes —justo cuando la región enfrenta su mayor crisis geopolítica desde la Guerra Fría. La pregunta no es si habrá división, sino si esta vez la división paralizará o catalizará una respuesta.

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