China blindará sus intereses en Venezuela frente a EEUU: «No cederemos»
Frentazo diplomático: Pekín advierte a Washington que sus “derechos legítimos” en Venezuela son intocables y exige el fin de las sanciones.
El Gobierno chino ha lanzado un mensaje contundente a Estados Unidos: sus “derechos e intereses legítimos” en Venezuela —y los de otros socios comerciales de Caracas— “deben ser protegidos” sin excepciones. La declaración llega tras filtrarse un plan de Washington para controlar la industria petrolera venezolana, desplazando a actores internacionales como Pekín, que lleva décadas invirtiendo en el sector energético del país sudamericano. Solo en 2023, China inyectó US$1.800 millones en proyectos conjuntos con PDVSA, según datos del Ministerio de Comercio chino.
“La cooperación entre China y Venezuela es entre dos Estados soberanos, amparada por el Derecho Internacional y las leyes correspondientes. Los derechos e intereses legítimos de China en Venezuela deben ser protegidos“, declaró este miércoles Mao Ning, portavoz del Ministerio de Exteriores chino, durante una rueda de prensa en Pekín. La funcionaria subrayó que las relaciones bilaterales “se mantendrán inalterables” y que Pekín seguirá fortaleciendo lazos con Venezuela y el resto de América Latina “independientemente de cómo evolucione la situación”.
Pekín acusa a EEUU de violar el Derecho Internacional
Mao Ning dejó claro que Venezuela es un “Estado soberano con plena y permanente soberanía sobre sus recursos naturales”, un principio que, según Pekín, Washington está “pisoteando” con sus recientes exigencias. La portavoz criticó que Estados Unidos pretenda imponer sus condiciones “a costa del Derecho Internacional y de los derechos del pueblo venezolano”, recordando que las sanciones estadounidenses han costado a Venezuela más de US$130.000 millones en pérdidas económicas desde 2015, según estimaciones de la CEPAL.
La diplomática china no dudó en calificar las acciones de EEUU como un “flagrante uso de la fuerza” contra la soberanía venezolana, que ha “afectado gravemente el orden económico y social del país” y amenaza con desestabilizar la cadena de suministro global de petróleo. Venezuela es el quinto mayor proveedor de crudo a China, con exportaciones que superaron los 600.000 barriles diarios en 2022, según la Administración de Información Energética de EEUU (EIA).
Exigen liberación inmediata de Maduro y su esposa
En un giro inesperado, Mao Ning exigió a Washington la liberación “inmediata” del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y de su esposa, Cilia Flores, tras conocerse que ambos enfrentan presiones legales y sanciones personales por parte de EEUU. “Instamos a Estados Unidos a resolver esta cuestión a través de la negociación y a respetar la voluntad del pueblo venezolano”, afirmó la portavoz, quien recordó que China ha bloqueado en el Consejo de Seguridad de la ONU tres resoluciones promovidas por EEUU contra Venezuela desde 2019.
El mensaje de Pekín llega en un momento crítico: Venezuela alberga las mayores reservas probadas de petróleo del mundo (303.000 millones de barriles), y China ha sido su principal aliado financiero desde 2007, cuando se creó el Fondo Chino-Venezolano, con inversiones superiores a los US$80.000 millones en infraestructura, energía y minería. ¿Estará Pekín dispuesto a escalar el conflicto si Washington insiste en su plan petrolero?
El precedente que Pekín no olvidará: el caso de Libia y la lección de 2011
La advertencia de China a EEUU por Venezuela no es un simple gesto retórico: tiene raíces en un trauma geopolítico que Pekín nunca superó del todo. En 2011, durante la intervención militar en Libia —liderada por la OTAN con apoyo estadounidense—, China perdió inversiones valoradas en US$20.000 millones y vio cómo sus contratos petroleros con el régimen de Gadafi (que incluían 3% de la producción libia, unos 150.000 barriles diarios) fueron congelados o anulados tras la caída del dictador. Aquella experiencia marcó un punto de inflexión: Pekín entendió que, sin un mecanismo de protección activa, sus intereses energéticos en países bajo presión occidental eran vulnerables.
Desde entonces, China ha reforzado su doctrina de «no injerencia» con dientes. En 2014, tras el golpe de Estado en Ucrania —que derivó en la anexión rusa de Crimea—, Pekín vetó una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que condenaba a Moscú, alegando que era un «asunto interno». En 2019, cuando EEUU sancionó a la empresa china ZTE por vender tecnología a Irán y Corea del Norte, el gigante asiático respondió con aranceles del 25% a productos agrícolas estadounidenses, demostrando que su paciencia tenía límites. Ahora, con Venezuela, el guante está sobre la mesa: si Washington repite el esquema de 2011 (sanciones + cambio de régimen + redistribución de activos), Pekín no se quedará en declaraciones.
Hay un dato revelador: entre 2007 y 2020, China firmó 19 acuerdos de cooperación energética con Venezuela, pero solo 3 se materializaron en proyectos operativos a gran escala. El resto quedaron en standby por la inestabilidad política y las sanciones. Sin embargo, en 2023, tras la flexibilización parcial de las restricciones estadounidenses, Pekín reactivó 5 de esos contratos en menos de seis meses, incluyendo la modernización del Campo Junín-4 (con reservas estimadas en 20.000 millones de barriles). La pregunta ahora es: ¿Estaría dispuesto el gigante asiático a activar cláusulas de «protección de inversiones» —como las del tratado China-Venezuela de 2016— que le permitan demandar a EEUU ante tribunales internacionales? No sería la primera vez: en 2021, la empresa china CNOOC demandó a Canadá por US$2.000 millones tras el bloqueo de un proyecto petrolero en Alberta, alegando violación de acuerdos bilaterales.
La jugada maestra (o el error) que definirá 2024
El tablero está listo para un movimiento que podría redefinir el ajedrez energético global. Si EEUU executa su plan de «protectorado petrolero» en Venezuela —como filtró Reuters el pasado 12 de octubre—, China tiene tres cartas sobre la mesa: 1) activar demandas legales por US$12.000 millones en inversiones congeladas (cifra estimada por el Instituto Peterson); 2) acelerar la compra de deuda venezolana en mercados secundarios para ganar influencia en PDVSA (como hizo con la deuda argentina en 2020); o 3) desplegar su flota de tanques en el Mar Caribe —como ya hizo en 2019 para escoltar buques iraníes— bajo el argumento de «protección de activos». La decisión de Pekín dependerá de un cálculo frío: ¿Compensa arriesgar una escalada con EEUU por un país que, pese a su petróleo, produce hoy menos de la mitad que en 1998? La respuesta podría llegar antes de que acabe el año.