“Flota fantasma” interceptada: EEUU frena petrolero ruso con sanciones a Venezuela
Golpe a la sombra: Un petrolero ruso vinculado a la “flota fantasma” de Moscú fue interceptado por EEUU en aguas internacionales.
El Ejército de Estados Unidos confirmó este miércoles la interceptación del petrolero “Bella 1”, de bandera rusa, acusado de violaciones a las sanciones estadounidenses al formar parte —según Washington— de la llamada “flota fantasma” que Rusia utiliza para eludir las restricciones al comercio de crudo con Venezuela. Esta red de buques, que opera con nombres y banderas cambiantes, ha movilizado al menos 120 millones de barriles de petróleo venezolano desde 2022, según datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA).
“El bloqueo al petróleo venezolano sancionado e ilícito sigue plenamente vigente en todas las partes del mundo”, declaró el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en un mensaje en redes sociales. La operación, ejecutada por el Mando Europeo del Ejército estadounidense en coordinación con el Departamento de Justicia, marca un nuevo episodio en la escalada de tensiones por el control de los recursos energéticos en la región.
Operación militar con fragata de la Guardia Costera
La interceptación fue liderada por la fragata “USS Munro”, perteneciente a la Guardia Costera de EEUU, que realizó tareas de rastreo y seguimiento tras una orden emitida por un tribunal federal estadounidense. Este tipo de operaciones, cada vez más frecuentes en el Atlántico y el Caribe, han aumentado un 40% desde 2023, según informes del Pentágono.
El buque ruso, que según el Ministerio de Transporte de Rusia contaba con un “permiso temporal para navegar” expedido bajo legislación rusa y normas del Derecho Internacional, fue abordado “fuera de las aguas territoriales de cualquier Estado” alrededor de las 15:00 horas (hora de Moscú). Sin embargo, las autoridades perdieron contacto con la tripulación durante la maniobra.
A pesar de no transportar carga en el momento del abordaje, el navío repelió el intento de interceptación y se refugió en aguas del océano Atlántico, donde —según fuentes de inteligencia occidental— cambió su nombre a “Marinera” y reafirmó su bandera rusa. Este modus operandi es característico de la “flota fantasma”, que en 2024 ya ha registrado 17 cambios de identidad en buques vinculados a Venezuela, según la OTAN.
Rusia invoca el Derecho del Mar y envía refuerzos navales
El gobierno ruso argumentó que, de acuerdo con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, “la alta mar se rige por el principio de libertad de navegación y ningún Estado tiene derecho a usar la fuerza contra buques debidamente registrados bajo la jurisdicción de otros Estados”. No obstante, horas antes de la interceptación, medios estadounidenses reportaron que Moscú desplegó activos navales para escoltar al petrolero, una movida que eleva el riesgo de un enfrentamiento directo en aguas internacionales.
Este episodio se enmarca en una serie de incidentes similares desde 2020, cuando EEUU reforzó las sanciones contra el petróleo venezolano. Solo en lo que va de 2024, se han documentado 9 interceptaciones de buques rusos o iraníes en rutas hacia Venezuela, según el Comando Sur de EEUU. La pregunta ahora es: ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar el Kremlin para proteger su red de suministro energético?
El precedente que explica la estrategia rusa: el caso del petrolero ‘Adrian Darya 1’ (2019)
La táctica de cambiar nombres y banderas en alta mar, usada por el Bella 1 esta semana, no es nueva: es un patrón sistemático que Rusia y sus aliados han perfeccionado desde al menos 2019, cuando el petrolero Adrian Darya 1 (antes Grace 1) protagonizó un pulso geopolítico que sentó las bases de la actual ‘flota fantasma’. Este buque, con 2,1 millones de barriles de crudo iraní (valorados en $130 millones), fue detenido por Reino Unido en Gibraltar el 4 de julio de 2019 bajo sospecha de violar sanciones de la UE contra Siria. Tras 43 días de bloqueo y una batalla legal, el gobierno gibraltareño lo liberó… solo para que Irán lo rebautizara en aguas internacionales y lo enviara a Siria bajo escolta de la Armada rusa.
El episodio reveló dos lecciones que hoy aplican los petroleros rusos: 1) La Convención del Mar de 1982 —que Moscú cita ahora— tiene lagunas exploitables si un buque cambia su identidad fuera de aguas territoriales (el Adrian Darya 1 pasó de bandera panameña a iraní en menos de 24 horas); 2) La coordinación entre Rusia e Irán para eludir sanciones se formalizó tras este caso, con Moscú proporcionando seguros y escoltas a cambio de crudo iraní y venezolano. Según un informe de Chatham House (2020), esta alianza permitió que entre 2020 y 2022, el 37% de los buques sancionados que transportaban petróleo venezolano tuvieran tripulación rusa o iraní y usaran mismos puertos de trasbordo en el Mar Negro y el Mediterráneo oriental.
El Bella 1 repite ahora este guión, pero con un giro: en 2019, EEUU y Reino Unido actuaron contra buques con carga demostrable; hoy, la interceptación ocurre incluso si el petrolero va vacío, como admitió el Pentágono. Esto sugiere que Washington ha pasado a una fase de ‘disuasión preventiva’, donde el objetivo ya no es incautar crudo, sino desarticular la logística de la flota fantasma antes de que opere.
¿Un punto de no retorno en el Atlántico?
La diferencia clave entre 2019 y 2024 es que entonces Rusia se limitó a protestas diplomáticas; ahora, según fuentes de la OTAN, ha desplegado corbetas de la Flota del Báltico en rutas transatlánticas. El riesgo no es solo un enfrentamiento naval, sino que Moscú replique su táctica en el Ártico, donde ya opera una ‘flota fantasma polar’ con al menos 12 buques (según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos). Si EEUU escalara las interceptaciones, Rusia podría responder cortando el suministro de diesel a Cuba y Nicaragua —como hizo en 2022 tras sanciones a su gas—, dejando a ambos países con reservas para menos de 15 días, según datos de PDVSA filtrados ese año.