¡Groenlandia en jaque! Dinamarca activa decreto de 1952 ante amenaza de EE.UU., Rusia y China
Punto de ignición: Un decreto de la Guerra Fría obliga a Dinamarca a defender Groenlandia con “fuerza inmediata”, mientras potencias rivales aceleran su avance en el Ártico.
El Ejército danés está legalmente obligado a responder con contundencia militar a cualquier “ataque armado” contra su territorio, incluyendo Groenlandia, la isla ártica que el expresidente de EE.UU., Donald Trump, intentó comprar en 2019 por US$600 millones —una oferta rechazada como “absurda” por Copenhague. La norma, vigente desde 1952 y diseñada durante la Guerra Fría (1947-1991), adquiere ahora urgencia crítica: Rusia y China han multiplicado su presencia en la zona, mientras la OTAN despliega sistemas de misiles en la base aérea de Thule, operada por EE.UU. desde 1951. ¿Podría Groenlandia convertirse en el detonante de un conflicto global? Las tensiones escalan tras los recientes ejercicios rusos con misiles hipersónicos, capaces de alcanzar objetivos en menos de 10 minutos.
Groenlandia: de colonia a territorio codiciado por tres superpotencias
La isla, que dejó de ser colonia danesa en 1953 y obtuvo autonomía avanzada en 2009, sigue bajo control de Copenhague en defensa y política exterior. Este estatus la sitúa en el centro de una guerra silenciosa: mientras Dinamarca refuerza su presencia militar con ejercicios conjuntos —participan Suecia, Noruega, Alemania y Francia—, EE.UU., Rusia y China despliegan estrategias paralelas para dominar la región. La base de Thule, clave para la OTAN, alberga el radar más avanzado del mundo, con alcance de 4.800 km para detectar misiles balísticos. Rusia, por su parte, ha reactivado 7 bases árticas abandonadas desde 2014, y China invierte US$1.200 millones anuales en su “Ruta de la Seda Polar”, que incluye minería en Groenlandia.
El decreto de 1952 autoriza a las fuerzas danesas a actuar “sin esperar órdenes políticas”, incluso si se cortan las comunicaciones —un escenario plausible en el Ártico, donde las tormentas pueden aislar la isla durante semanas. Pero el verdadero riesgo no es una invasión: es una guerra económica y de influencia. China ya controla el 90% de las tierras raras globales y ha ofrecido financiar el 30% de los proyectos mineros groenlandeses, según el Instituto Ártico de Noruega. Mientras, Rusia despliega el rompehielos nuclear Arktika, capaz de mantener rutas comerciales abiertas 11 meses al año gracias al deshielo acelerado (el Ártico pierde un 13% de su hielo por década, según la NASA).
Recursos estratégicos: el agua, el uranio y las rutas que todos quieren controlar
Groenlandia alberga el 10% del agua dulce del planeta en su capa de hielo, además de reservas sin explotar de uranio, tierras raras y petróleo. Estos recursos —esenciales para tecnologías verdes y armamento— explican por qué tres superpotencias compiten por la isla:
- EE.UU.: Mantiene la base de Thule (desde 1951) y presiona a Dinamarca para “revisar” acuerdos de defensa. En 2019, Trump amenazó con sanciones económicas si Copenhague no cedía en temas árticos, según un cable del Departamento de Estado filtrado a Politico.
- Rusia: Ha probado misiles hipersónicos Zircon en el Ártico (velocidad Mach 9) y reabrió la base de Nagurskoye, a 1.600 km del Polo Norte.
- China: Financia el puerto de Nuuk (capital groenlandesa) y negocia contratos mineros con la empresa local Greenland Minerals, que explota tierras raras en Kvanefjeld.
El decreto de 1952 no cubre amenazas no militares, como la compra de infraestructuras críticas por parte de China. Para frenarlo, Dinamarca aprobó en 2023 una ley que prohíbe a empresas extranjeras adquirir más del 25% de proyectos estratégicos en Groenlandia. ¿Será suficiente? El precedente de Sri Lanka —donde China tomó el control del puerto de Hambantota en 2017 tras una “deuda impagable”— alerta sobre los riesgos.
1946 vs. 2024: Cuando EE.UU. ya intentó comprar Groenlandia (y Dinamarca dijo no)
El decreto que hoy enciende alarmas tiene un antecedente clave: en 1946, el presidente Harry S. Truman ofreció a Dinamarca 100 millones de dólares (equivalente a 1.400 millones hoy) por Groenlandia. Copenhague rechazó la oferta sin negociación, igual que haría 73 años después con Trump. Los documentos desclasificados por el Archivo Nacional de EE.UU. en 2005 revelan que el interés de Washington no eran los recursos —entonces desconocidos—, sino la ubicación estratégica: Groenlandia era (y sigue siendo) la ruta más corta para un ataque con bombarderos desde el Atlántico hacia la URSS.
Cuando Dinamarca dijo no en 1946, EE.UU. presionó para instalar la base de Thule en 1951, bajo el pretexto de “defensa conjunta”. Hoy, esa base alberga el sistema de alerta temprana de la OTAN, capaz de rastrear misiles desde Rusia, Irán o Corea del Norte. El paralelo con 2019 es inquietante: Trump no solo repitió la oferta de compra, sino que amenazó con sanciones si Dinamarca no cedía en otros asuntos árticos. La diferencia ahora es que Copenhague enfrenta un triángulo de poderes:
| Actor | Estrategia en Groenlandia | Recurso clave |
|---|---|---|
| EE.UU. | Base de Thule + presión diplomática | Radar de misiles (OTAN) |
| Rusia | Bases militares + rompehielos nucleares | Rutas comerciales árticas |
| China | Inversión en minería y puertos | Tierras raras (90% global) |
¿Groenlandia, el “Cuba del Ártico”?
El riesgo no es una invasión directa, sino un conflicto por proxy: que Pekín o Moscú usen a empresas locales o partidos proindependencia para erosionar la soberanía danesa. Groenlandia celebra elecciones autonómicas en abril de 2025, y el partido Siumut —favorito en las encuestas— ya ha pedido “revisar los acuerdos con Dinamarca” para “explorar alianzas alternativas”. Si Copenhague activa el decreto de 1952 contra una amenaza no militar (como una adquisición china de puertos), el Ártico podría vivir su primera crisis de soberanía del siglo XXI.
Con tres actores nucleares (EE.UU., Rusia, China) compitiendo por una isla de 56.000 habitantes pero recursos incalculables, la pregunta urgente no es si habrá conflicto, sino cuándo y bajo qué pretexto. El decreto de 1952 fue escrito para una Guerra Fría de dos bandos. Hoy, Groenlandia es un tablero de ajedrez con tres jugadores —y solo una regla clara: el primero en mover ficha gana.
El precedente de Svalbard: cómo Noruega evitó (y perdió) el control de su Ártico frente a Rusia y China
Mientras Dinamarca activa un decreto de 1952 para blindar Groenlandia, el archipiélago noruego de Svalbard —a solo 1.300 km del Polo Norte1920 (Tratado de París), el acuerdo obliga a permitir la actividad económica de 46 países firmantes, incluyendo a Rusia y China. El resultado: hoy, Moscú opera la única mina de carbón rentable del archipiélago (en Barenzburgo), mientras Pekín construye su primera estación de investigación ártica (inaugurada en 2004) y planea un puerto de aguas profundas para 2026.
El caso de Svalbard revela dos tácticas que ya se replican en Groenlandia: 1) la compra silenciosa de infraestructuras y 2) el uso de empresas pantallas. En 2016, una compañía china con vínculos al Estado (China Communications Construction Company) adquirió el 51% del puerto de Longyearbyen, la capital de Svalbard, por €12 millones. Aunque Noruega bloqueó la operación alegando “seguridad nacional”, el gobierno tuvo que compensar a los inversores locales con €20 millones para evitar demandas. Hoy, el 30% de los científicos en Svalbard son chinos, según el Instituto Polar Noruego, y Rusia mantiene una base con 500 habitantes permanentes —más que la población local noruega en algunas épocas del año.
Groenlandia enfrenta riesgos similares, pero con un agravante: el 80% de su presupuesto depende de subsidios daneses (unos €500 millones anuales). Si Copenhague aplica el decreto de 1952 para frenar inversiones extranjeras, podría acelerar las demandas independentistas. El partido Naleraq —que ganó el 22% de los votos en las últimas elecciones— ya ha propuesto un referéndum de independencia para 2030 y aboga por “diversificar alianzas”, código para acercarse a Pekín. China ya financia el 40% de los proyectos de tierras raras en Kvanefjeld, según un informe de la Universidad de Copenhague (2023), y ofrece “paquetes de infraestructura” a cambio de concesiones mineras.
2025: el año en que Groenlandia podría elegir entre la OTAN y Pekín
Las elecciones autonómicas de abril de 2025 serán la primera prueba de fuego. Si los partidos proindependencia (como Siumut o Naleraq) suman mayoría, Dinamarca podría verse forzada a negociar un nuevo estatus para Groenlandia —y ahí entrarán en juego las ofertas de China. Pekín ya ha usado esta estrategia en Kiribati (2019) y las Islas Salomón (2022), donde prometió inversiones por US$8.000 millones a cambio de romper relaciones con Taiwán. En Groenlandia, el premio es mayor: control sobre el 25% de las reservas globales de tierras raras y una base logística para dominar el Pasaje del Noreste, la ruta comercial que Rusia quiere abrir con rompehielos nucleares. El decreto de 1952 no sirve para esto: fue escrito para repeler tanques, no para frenar contratos mineros firmados por un gobierno autonómico con ambiciones soberanistas.