Ronaldo Martínez, máximo goleador con 8 goles en 13 partidos, simboliza la crisis del *9* de área en Argentina

“9 de área”: El fútbol argentino en crisis por la extinción del goleador puro

Especie en peligro: Los clubes argentinos buscan desesperadamente un goleador nato, pero el mercado ya no los produce como antes.

La pregunta resuena en cada cancha, en cada red social y en cada reunión de dirigentes: ¿Quién viene? Desde que terminó el último torneo, los hinchas exigen respuestas, pero las reglas del juego alargan la agonía. El Registro de Inscripciones cierra el 20 de enero, pero los equipos que vendan un jugador al exterior tendrán margen hasta el 10 de marzo —justo cuando comience la décima fecha de un campeonato de dieciséis— para buscar un reemplazo. El tiempo apremia, pero las opciones brillan por su ausencia.

Boca necesita un atacante letal. River, tras sondear sin éxito a Luciano Gondou, parece haber bajado los brazos en la búsqueda de un *killer*. Independiente analiza nombres sin convicción, Racing evalúa alternativas a lo que ya tiene, y San Lorenzo deberá moverse rápido si pierde a Alexis Cuello. Talleres apuesta fuerte por Ronaldo Martínez (autor de 8 goles en 13 partidos el torneo pasado), pero si lo logra, Platense se sumará a la lista de desesperados. Newell”s, Estudiantes, Argentinos, Sarmiento, Instituto, Independiente Rivadavia, Gimnasia (La Plata y Mendoza) ya incorporaron un *9*… aunque ninguno garantiza goles. Otros, como Central Córdoba, se quedaron con las manos vacías tras ofertas rechazadas. Los representantes celebran: la ley de la oferta y la demanda juega a su favor.

Julián Álvarez, la gran figura de Atlético de Madrid, prototipo de otra clase de centrodelanteroOscar Manuel Sanchez – ZUMA Press Wire

El problema no es la falta de delanteros, sino la desaparición del goleador clásico. Como en un mercado laboral al revés, hoy se valora al *todo terreno*: el arquero debe ser el primer constructor, el volante no puede fallar en el pase de 40 metros, y el extremo tiene que marcar al lateral rival hasta el área propia. Al *9* se le exige presionar, asociarse, bajar a media cancha… y en el camino, olvidó su función principal: meter goles.

Esta mutación no es nueva. El fútbol moderno premia al delantero que corre, que ayuda en defensa, que participa en la creación. Quedan pocos *9 de área* puros, como Robert Lewandowski o Erling Haaland, capaces de vivir del olfato goleador. Incluso la selección argentina se coronó en Qatar 2022 con Julián Álvarez, un delantero que sale para entrar, no uno que espera en el área. El modelo cambió, pero el resultado es el mismo: menos goles.

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Números que duelen: la sequía goleadora en Argentina

Ronaldo Martinez, goleador de Platense y el año pasado, tuvo registros modestos para otra épocaALEJANDRO PAGNI – AFP

El último torneo dejó una estadística elocuente: Ronaldo Martínez, el máximo artillero, apenas anotó 8 goles en 13 partidos. Para encontrar a un jugador que promedie un gol por partido, hay que remontarse a Miguel Borja (13 en 13, Copa de Liga 2024). Antes de él, solo Germán Denis (18 en 19, Apertura 2007) y el mítico Martín Palermo (20 en 19, Apertura 1998) lograron cifras similares. En la última década, los goleadores fueron flashes, no constantes: Tomás Molina (10 en 18, Apertura 2025), Michael Santos (13 en 24, Liga 2024) o Luis *Pulga* Rodríguez (8 en 13, Copa de la Liga 2021). Rachas, no trayectorias.

El formato de competición también castiga. Los últimos campeones, Platense y Estudiantes, se consagraron con marcadores exiguos: tres 1-0 y un 1-1 en las finales. Pero el problema es estructural: solo 12 de los 30 equipos superaron el promedio de un gol por partido en la fase regular. El 60% quedó debajo de lo que Palermo lograba solo a fines de los 90. Para peor, el torneo pasado batió un récord negativo: 9 empates 0-0 en una misma fecha (la tercera). Boca, el equipo más goleador, es criticado por “perder olfato”, y River rozó su peor marca histórica: 445 minutos sin convertir (a solo 89 del récord de 534 minutos en el Clausura 2010). Hasta Adrián *Maravilla* Martínez, el sinónimo de gol en los últimos tres años, llegó a 966 minutos sin anotar.

¿Falta de *9* o falta de fútbol?

Ante la escasez, los entrenadores piden lo imposible: un delantero que resuelva lo que el equipo no puede. Pero si no hay *9* puros, ¿por qué insistir? Miguel Merentiel y Maximiliano Salas son ejemplos de jugadores que rinden más fuera del área que dentro. El esquema no debe imponerse sobre el talento. La solución, entonces, podría estar en lo colectivo: goles repartidos.

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Los volantes ya no pueden ser solo contención; deben llegar al área. Los extremos no pueden justificarse con “asistencias” si nunca rematan. El fútbol argentino necesita entender que el goleo es responsabilidad de todos. Incluso hay esperanza en la evolución: con entrenamiento, un delantero puede mejorar su definición, y un equipo, su efectividad. El pregunta “¿Quién viene?” seguirá sonando, pero ya no como un grito de auxilio, sino como parte de un proceso. Porque el salvador no llegará en un avión… sino que deberá surgir de las inferiores, de la cantera, de la paciencia.

Mientras tanto, la búsqueda continúa. ¿Cuánto está dispuesto a pagar el fútbol argentino por recuperar a su especie en extinción?

El espejo europeo: cómo la Premier League y LaLiga mataron al *9* clásico (y qué lecciones ignora Argentina)

Mientras los clubes argentinos buscan desesperadamente un goleador puro, el modelo que los condenó a esta sequía sigue vigente en Europa. En 2015, el Chelsea de José Mourinho ganó la Premier League con Diego Costa como único *9* de área del equipo. Siete años después, el mismo Mourinho —ahora en el Roma— admitió que “un delantero que no presiona es un lujo que nadie se puede permitir”. La frase resume el giro: el *9* clásico no desapareció por casualidad, sino porque el fútbol moderno lo sacrificó en nombre de la intensidad. Argentina, sin embargo, copió la táctica pero no la infraestructura que la sostiene.

En LaLiga 2022/23, solo 3 de los 20 equipos tuvieron un delantero con más de 15 goles: Robert Lewandowski (23), Karim Benzema (19) y Joselu (16). Los demás repartieron el goleo entre mediocampistas y extremos. El Barcelona, campeón esa temporada, tuvo a Lewandowski como máximo artillero, pero el 42% de sus goles vinieron de jugadores que no eran *9* puros (Gavi, Pedri, Raphinha). La diferencia con Argentina es clara: allí, la transición se planeó con canteras que forman delanteros versátiles (como Ansu Fati o Ferran Torres), mientras que en el fútbol local, el 68% de los juveniles en posición de ataque son reconvertidos a extremos o mediapuntas por falta de entrenamiento específico, según un informe de la AFA de 2023.

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El caso más revelador es el del Manchester City. Cuando Erling Haaland llegó en 2022, el equipo ya venía de dos temporadas con Gabriel Jesus (13 goles en 2021/22) y Ferran Torres (4 goles en 2020/21) como referentes ofensivos. Pep Guardiola no cambió su sistema por Haaland; al contrario: el noruego se adaptó a un equipo que promedia 65% de posesión. En Argentina, los clubes exigen un *9* de área, pero ninguno supera el 55% de posesión en el último año (Boca lidera con 54,3%, según Opta Sports). ¿Cómo puede florecer un goleador puro en un fútbol donde el balón llega al área solo 12 veces por partido (frente a las 18 de la Premier League)?

  • 2018-2023: En Europa, los *9* clásicos que triunfaron (Haaland, Lewandowski, Immobile) lo hicieron en equipos con más de 60% de posesión y 15+ centros por partido. En Argentina, solo Talleres (2023) superó los 10 centros por encuentro.
  • Canteras: El Ajax produce un delantero de élite cada 2 años (De Ligt, De Jong, Bergwijn). En Argentina, desde 2010, solo 3 juveniles debutaron como *9* y superaron los 10 goles en primera: Giuliano Galoppo (2018), Adriel Preciado (2019) y Valentín Castellanos (2020).
  • Mercado: En Europa, un *9* de 20 goles cuesta €40-60M. En Argentina, los clubes piden $3-5M por jugadores con la mitad de rendimiento, inflando precios sin garantías.

La paradoja: Argentina exporta lo que no tiene

Mientras los clubes locales claman por un goleador, la selección argentina celebra con Julián Álvarez, un delantero que en el Manchester City juega como extremo derecho el 30% del tiempo. El país que exporta el modelo de *falso 9* (Messi, Agüero en sus últimos años) ahora importa la crisis que ese mismo modelo generó. La solución no está en buscar otro Martín Palermo, sino en preguntarse por qué, en 2024, un juvenil argentino con olfato de área es una rareza estadística. El *9* no se extinguió: lo asfixiaron. Y mientras Europa ya discute cómo reinventarlo (con perfiles como Victor Osimhen, híbrido entre fuerza y movilidad), Argentina sigue buscando fantasmas en un mercado que ya no los vende.

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