Mapa de EE.UU. con iconos de robótica, chips y servidores destacando la inversión de OpenAI en tecnología local

“OpenAI acelera: EE.UU. será su fábrica de IA, robótica y servidores con billones en juego”

Gigante en movimiento: OpenAI lanza una ofensiva sin precedentes para dominar desde el silicio hasta los robots, con una apuesta que redefinirá la geopolítica tecnológica.

OpenAI ha activado una búsqueda urgente de socios industriales en Estados Unidos para blindar su cadena de suministro de hardware, un movimiento clave en su expansión hacia dispositivos de consumo, robótica avanzada y centros de datos de nueva generación. La compañía, creadora de ChatGPT, envió una solicitud de propuestas (RFP) a fabricantes locales que produzcan componentes críticos: desde silicio de alta pureza hasta motores de precisión, materiales de embalaje especializado y sistemas de refrigeración líquida para servidores, según documentos obtenidos por Bloomberg. Aunque el plazo y el presupuesto exactos no se han revelado, fuentes cercanas al proceso estiman que la escala superará cualquier inversión previa en infraestructura de IA.

La noticia disparó inmediatamente las acciones de empresas vinculadas. Symbotic Inc. (SYM), especializada en robótica y automatización de almacenes, registró un salto del 5,2% el jueves, cerrando en US$71,55, su mayor alza intradiaria desde marzo. El efecto dominó también alcanzó a proveedores de semiconductores y soluciones de enfriamiento, en un mercado que ya anticipa contratos millonarios.

Billones en juego: centros de datos y la obsesión por el “made in USA”

OpenAI ha sido explícita: su meta es destinar “billones de dólares” a la expansión de centros de datos en los próximos años, una inversión que considera “directamente proporcional a su capacidad de generar ingresos”. La compañía ya dio los primeros pasos estratégicos:

  • Adquirió una startup de dispositivos de IA cofundada por Jony Ive, exdiseñador estrella de Apple, señal clara de su entrada al mercado de hardware de consumo.
  • Firmó en noviembre de 2023 un acuerdo con Foxconn (Hon Hai Precision Industry Co.) para codiseñar y fabricar servidores en EE.UU., garantizando autonomía en la producción de racks.
  • Reactivo el proyecto Stargate, un plan para construir infraestructura de IA en territorio estadounidense con un presupuesto estimado de US$500.000 millones, alineado con la política de reindustrialización impulsada durante la administración Trump y continuada por Biden.

Chris Lehane, director ejecutivo de asuntos globales de OpenAI, lo dejó claro en entrevista exclusiva: “La IA no es solo software; es el catalizador para traer de vuelta la manufactura a Estados Unidos. Sin cadenas de suministro locales, no habrá soberanía tecnológica”. La declaración resonó en Washington, donde el gobierno ya analiza incentivos fiscales para acelerar el proceso.

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El mapa de proveedores actuales de OpenAI revela una dependencia crítica de Asia: el 68% de sus componentes de hardware provienen de China, Taiwán y Corea del Sur, según un informe de 2023 de la consultora Gartner. La nueva estrategia busca reducir ese porcentaje al 30% para 2027.

Robótica: la carrera contra China y el “cerebro” de las máquinas

El interés de OpenAI en robótica va más allá de la automatización industrial. Lehane advirtió que la industria “florecerá más rápido de lo que el mercado anticipa”, con un enfoque en sistemas autónomos impulsados por IA generativa. Mientras China domina la producción de hardware robótico (con empresas como DJI y UBTECH controlando el 45% del mercado global), OpenAI apuesta por liderar el desarrollo de “cerebros” de IA que den a los robots capacidades cognitivas avanzadas.

Un ejemplo concreto: en abril de 2024, la compañía presentó un prototipo de robot doméstico con visión por IA capaz de realizar tareas complejas como cocinar o reparar electrodomésticos, usando modelos de lenguaje para interpretar órdenes ambiguas. El proyecto, aún en fase experimental, requiere motores de alta precisión y sensores táctiles que actualmente solo se fabrican en Alemania y Japón.

La Alianza por la Innovación en Robótica (AIR), un think tank con sede en Silicon Valley, proyecta que el mercado de robots con IA alcanzará los US$260.000 millones para 2030, con un crecimiento anual del 22%. OpenAI quiere capturar al menos el 15% de ese pastel, según filtraciones internas.

El desafío térmico: enfriar la próxima generación de chips

Uno de los puntos críticos de la RFP es la refrigeración de centros de datos. Los chips de IA actuales, como los H100 de Nvidia, consumen hasta 700 vatios por unidad, generando un calor que requiere sistemas de enfriamiento líquido avanzados. Sin embargo, la próxima generación —anunciada por Jensen Huang, CEO de Nvidia, la semana pasada— promete “eliminar la necesidad de equipos tradicionales” gracias a diseños que integran la refrigeración directamente en el silicio.

Esta innovación ya afectó al mercado: las acciones de CoolIT Systems y Asetek, líderes en soluciones de enfriamiento, cayeron un 8% y 12% respectivamente tras el anuncio. OpenAI, no obstante, no descarta invertir en ambos frentes: chips aut-refrigerados y sistemas externos de respaldo, según una fuente cercana a su división de hardware.

El Departamento de Energía de EE.UU. estimó en 2023 que los centros de datos consumirán el 9% de la electricidad del país para 2030, un salto desde el 4% actual. OpenAI busca socios que desarrollen soluciones de enfriamiento con huella de carbono cero, un requisito no negociable en su RFP.

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¿Por qué ahora? La presión geopolítica y la guerra por los chips

La ofensiva de OpenAI no es casual. Tres factores aceleran su estrategia:

  1. La Ley CHIPS de EE.UU. (2022), que destina US$52.000 millones a subsidios para fabricantes de semiconductores locales, pero exige que las empresas beneficiarias prioricen proveedores nacionales.
  2. Las restricciones de exportación a China impuestas por la administración Biden, que limitan el acceso de empresas como Huawei y SMIC a tecnología avanzada de IA.
  3. El avance de China en robótica industrial: en 2023, el país instaló 520.000 robots, el 50% del total global, según la Federación Internacional de Robótica (IFR).

“Quien controle la cadena de suministro de IA controlará la economía del siglo XXI”, declaró en 2023 Eric Schmidt, exCEO de Google y asesor del Pentágono. OpenAI parece haber tomado nota.

¿Logrará OpenAI lo que ni Tesla ni Apple consiguieron: fabricar en EE.UU. a escala masiva sin depender de Asia? La respuesta definirá no solo el futuro de la IA, sino el equilibrio de poder tecnológico global.

El precedente que OpenAI quiere superar: cómo Tesla y Foxconn fracasaron en la relocalización masiva

La ambición de OpenAI por fabricar *todo* en EE.UU. choca con un historial de intentos fallidos en la industria tecnológica. Ni siquiera Elon Musk —con su obsesión por la verticalización— logró reducir la dependencia asiática más allá del 25% en la producción de Tesla, pese a invertir US$6.000 millones en la *Gigafactory* de Nevada entre 2016 y 2022. El problema no fue la capacidad, sino los costos ocultos: según un informe de *The Information* (2023), fabricar baterías en EE.UU. resultaba un 37% más caro que en China, incluso con subsidios de la Ley CHIPS. OpenAI enfrenta el mismo dilema con componentes como los motores de precisión para robótica, donde el 90% de la producción global está en manos de Nidec (Japón) y Zhaowei Machinery (China).

El caso de Foxconn —ahora socio clave de OpenAI— es aún más revelador. En 2017, la empresa prometió construir una fábrica de US$10.000 millones en Wisconsin para ensamblar pantallas LCD, un proyecto que el entonces presidente Donald Trump celebró como “el regreso de la manufactura americana”. Cinco años después, el complejo operaba al 3% de su capacidad, con solo 1.000 empleados en lugar de los 13.000 prometidos, y Foxconn terminó pagando US$80 millones en multas por incumplimiento. La razón: la falta de proveedores locales de componentes críticos, como los *backlights* para pantallas, que seguían importándose de Corea del Sur. OpenAI repite ahora el mismo esquema con Foxconn, pero en un sector —la IA— donde la dependencia de Asia es aún mayor: el 85% de los chips avanzados se fabrican en TSMC (Taiwán), y el silicio de alta pureza (esencial para servidores) proviene en un 70% de Shin-Etsu Chemical (Japón).

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La única excepción parcial es Apple, que logró relocalizar el 12% de su producción de iPhones en India entre 2020 y 2024. Pero incluso en ese caso, el costo por unidad aumentó un 20%, según datos de *Counterpoint Research*, y la calidad inicial fue tan baja que Apple tuvo que reemplazar el 30% de los componentes en los primeros lotes. OpenAI apuesta por evitar este destino con una estrategia dual: adquirir startups de hardware (como la de Jony Ive) para controlar el diseño, y presionar a Washington para que flexibilice normas de importación *solo* para componentes sin alternativas locales, como los sensores táctiles de Infineon (Alemania).

La apuesta arriesgada: ¿puede OpenAI donde otros fracasaron?

El cronograma de OpenAI es agresivo: reducir la dependencia asiática del 68% al 30% en solo 3 años implicaría multiplicar por cinco la capacidad de proveedores estadounidenses en sectores donde hoy no existen. La compañía confía en dos ventajas que Tesla o Foxconn no tenían: el poder de compra de la IA (los centros de datos consumen 10 veces más silicio que la electrónica tradicional) y el respaldo geopolítico de un gobierno dispuesto a subsidiar la soberanía tecnológica. Pero hay un riesgo oculto: si los costos se disparan como en los casos anteriores, OpenAI podría verse obligada a repetir el modelo de Apple en India—fabricar *parcialmente* en EE.UU. para cumplir con las normas, pero mantener el *core* de la producción en Asia— o peor aún, quedarse sin socios locales cuando estos descubran que no pueden competir en precio ni escala. La primera señal llegará en 2025, cuando venza el plazo para que los proveedores respondan a la RFP: si menos del 40% de los componentes críticos tienen ofertas viables, el proyecto Stargate podría convertirse en otro *elefante blanco* tecnológico.

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