Retrato de Nayib Bukele con expresión autoritaria y fondo de cárcel salvadoreña bajo régimen de excepción

“Bukele sin frenos: el dictador que aún no muestra su peor cara”

Advertencia desde el exilio: El periodista que destapó los pactos de Bukele con las pandillas asegura que El Salvador aún no ha visto su versión más violenta.

El periodista salvadoreño Óscar Martínez, exiliado en México tras revelar los acuerdos secretos entre el presidente Nayib Bukele y las pandillas, advierte que el mandatario —a quien define como un “dictador con una idea mesiánica de sí mismo”“versión más violenta”. “Todavía tenemos que ver qué hará cuando se vuelva impopular, que es lo que todo dictador teme”, señala el redactor jefe de El Faro, medio que publicó Bukele, el rey desnudo (Anagrama, 2024), un perfil crítico sobre su ascenso al poder.

Bukele se autoproclama “herramienta de Dios” con declaraciones como la del 7 de febrero de 2020, cuando irrumpió en la Asamblea Legislativa escoltado por militares para exigir un presupuesto de US$109 millones contra las pandillas. Tras no lograr los votos, se arrodilló en el estrado presidencial y anunció: “Voy a hablar con Dios”, recibiendo una “respuesta inmediata”. Este episodio, según Martínez, revela su “proyecto personal” por encima de cualquier ideología: “No quiere convertir el mundo; cree que él es quien debe convertirlo”.

El Salvador, asfixiado por décadas de violencia y desigualdad, ha aceptado este autoritarismo a cambio de “soluciones rápidas”. 1 de cada 57 salvadoreños —más de 90.000 personasCristosal (2024). “Gente sin tatuajes ni antecedentes pudriéndose en cárceles de tortura”, denuncia Martínez, quien añade: “Miles que antes sufrían bajo las pandillas, ahora lo hacen bajo Bukele”.

Del pacto con pandillas al régimen de excepción

Martínez detalla cómo Bukele negoció con las pandillas desde sus inicios en política. En 2014, como candidato del FMLN, su partido pagó a estos grupos para intimidar a votantes rivales en San Salvador. Ganó la alcaldía por 6.000 votos —”posiblemente no hubiera llegado sin las pandillas”, afirma—. Como alcalde, mantuvo la alianza, previendo su utilidad futura. En 2019, las pandillas le ayudaron a ganar la presidencia, y en 2021, a controlar la Asamblea. “Bukele cumplía”, dicen pandilleros entrevistados por El Faro.

El quiebre llegó en marzo de 2022, cuando la Mara Salvatrucha asesinó a 87 personas en un fin de semana —la mayor masacre desde la guerra civil (1980-1992). Bukele canceló el pacto e impuso el régimen de excepción, que ha dejado 2.000 muertes bajo custodia policial desde entonces, según Human Rights Watch. “El pacto terminó como previsiblemente iba a terminar”, sentencia Martínez.

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Periodismo en la mira: 70% de los críticos, exiliados

La diferencia entre la persecución de las pandillas y la de Bukele es “el poder absoluto del Estado”. “Si Bukele quiere que vayas preso, vas preso, y vas a cárceles de tortura”, advierte Martínez, quien calcula que “el 70% del periodismo independiente” ha huido del país. Él mismo salió en mayo de 2025 tras publicar testimonios de pandilleros que confirmaban pagos millonarios de Bukele a cambio de apoyo electoral.

“Con Bukele no hay salida: controla jueces, fiscales y la Corte Suprema. La Fiscalía no arma casos; los jueces no evalúan pruebas“, explica. Antes, grupos policiales corruptos podían amenazar a periodistas, pero ahora “toda la institución obedece al presidente”. “Cuando ordena perseguirte, no hay escapatoria”, insiste.

Complicidad internacional y el futuro de un “modelo no exportable”

Martínez critica la “pusilanimidad” de la comunidad internacional. “El rey Felipe VI aplaudió su toma de posesión en 2024, pese a que Bukele violó 4 artículos constitucionales para reelegirse”, recuerda. Aunque el “buquelismo” inspira a líderes globales, el periodista duda que prospere fuera de El Salvador: “Es un modelo ligado a nuestra historia de violencia extrema”.

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Sobre el futuro, Bukele ha dicho que consultará con “Dios y su esposa” si sigue otros 10 años en el poder —tras reformar la Constitución para permitir reelecciones indefinidas—. Martínez no descarta que “le herede el poder a un hermano”: “No veo a Bukele cediéndoselo a alguien que no lleve su apellido”.

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El precedente ignorado: cómo el caso de Alberto Fujimori anticipa el futuro de Bukele

Mientras Nayib Bukele consolida su poder con tácticas que recuerdan a los autócratas latinoamericanos de los 90, un paralelo histórico —sistemáticamente obviado por sus seguidores— revela el posible desenlace de su régimen: el caso de Alberto Fujimori en Perú. Como Bukele, Fujimori llegó al poder en 1990 con un discurso de mano dura contra el terrorismo (Sendero Luminoso), implementó un autogolpe en 1992 para disolver el Congreso, y usó las fuerzas armadas para perseguir a opositores bajo el pretexto de restaurar el orden. Su popularidad inicial (superior al 80% en 1993) se desplomó cuando la violencia estatal y la corrupción salieron a la luz. Hoy, Fujimori cumple una condena de 25 años por crímenes de lesa humanidad.

Bukele repite el guion, pero con dos diferencias clave que podrían acelerar su caída: 1) la velocidad de su autoritarismo —Fujimori tardó 5 años en cerrar el Congreso; Bukele lo hizo en 24 horas en 2020— y 2) la dependencia de un único pilar: la percepción de seguridad. En Perú, la economía creció un 5% anual durante el fujimorato, lo que mitigó el descontento. En El Salvador, el PIB per cápita ($4,600 en 2023) sigue estancado, y el 78% de la población vive con menos de $10 al día (datos del Banco Mundial). Cuando la represión no logre ocultar la crisis económica —como ocurrió con Fujimori tras la recesión de 1998-1999—, el respaldo social podría evaporarse en meses.

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Otros detalles inquietantes conectan ambos casos:

  • Uso de inteligencias paralelas: Fujimori creó el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), que espiaba a periodistas y jueces. Bukele tiene a la Dirección General de Centros Penales, acusada de torturar presos políticos bajo el régimen de excepción.
  • Reelecciones fraudulentas: Fujimori modificó la Constitución en 1993 para postularse nuevamente; Bukele hizo lo propio en 2021, con una Corte Suprema alineada.
  • Caída por traición interna: El fin de Fujimori llegó cuando su jefe de inteligencia, Vladimiro Montesinos, filtró videos de sobornos. En El Salvador, El Faro ya ha publicado grabaciones de pandilleros confirmando pagos de Bukele: ¿quién será el próximo en hablar?

La cuenta regresiva: ¿2026 como el 2000 salvadoreño?

Fujimori huyó a Japón en noviembre de 2000, tras perder apoyo militar y enfrentar protestas masivas. Bukele, que en 2024 eliminó la inmunidad parlamentaria para juzgar a diputados opositores, podría enfrentar un punto de quiebre similar si la economía colapsa o si —como advierte Óscar Martínez— las pandillas, ahora marginadas, deciden revelar todo lo que saben. La pregunta no es si habrá un 2000 salvadoreño, sino cuándo. Y a diferencia de Perú, donde la transición democrática tardó una década, en El Salvador no hay instituciones que garanticen un final pacífico.

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