lun. Jun 8th, 2026
Alexander Zverev llorando en la arcilla de Roland Garros 2025 tras ganar su primer Grand Slam tras 4h15m de final

Zverev rompe la maldición: campeón en Roland Garros tras 4h15m de épica

Historia escrita: Alexander Zverev borró años de frustración al levantar su primer Grand Slam en Roland Garros 2025, tras vencer a Flavio Cobolli en una final de infarto que duró 4 horas y 15 minutos.

El alemán de 29 años, segundo preclasificado en París, se convirtió en el primer campeón alemán de singles masculinos en Roland Garros en la Era Abierta (desde 1968). Además, rompió una sequía de 29 años sin títulos de Grand Slam para tenistas germanos: el último había sido Boris Becker en el Abierto de Australia 1996, cuando Zverev apenas tenía 2 años. La terre battue parisina fue testigo de su redención.

Alexander Zverev levantando el trofeo de Roland Garros 2025 con la pista Philippe-Chatrier de fondo
La emoción de Alexander Zverev tras concretar la victoria ante Flavio Cobolli en París Thibault Camus – AP

El triunfo adquiere mayor dimensión si se considera que Zverev llegó a esta final tras superar una lesión grave de tobillo en 2022 —durante su semifinal en este mismo torneo ante Rafael Nadal— que lo dejó fuera de las canchas por meses. También lo hace especial su condición de deportista con diabetes Tipo 1, un desafío que maneja con medicación y disciplina desde que lo reveló públicamente. Su victoria demuestra que la enfermedad no es límite para el alto rendimiento, algo que ya habían probado leyendas como el basquetbolista Adam Morrison o el futbolista Gary Mabbutt.

El contexto de un sueño postergado

Zverev cargó durante años con el estigma de ser “el mejor tenista sin un Grand Slam”. Había perdido sus tres finales anteriores de majors: US Open 2020 (ante Dominic Thiem), Roland Garros 2024 (frente a Carlos Alcaraz) y otra en París. Esta vez, sin la sombra de Alcaraz (lesionado) ni del N°1 Jannik Sinner (eliminado en segunda ronda por Cerúndolo), aprovechó una oportunidad dorada. Pero el camino no fue fácil: Cobolli, quien debutará en el Top 10 este lunes, lo empujó al límite con un tenis agresivo y cambios de ritmo.

El partido también fue un capítulo más en la compleja narrativa personal de Zverev. En los últimos años, su carrera se vio empañada por denuncias de violencia doméstica de exparejas y episodios de ira en cancha, como su descalificación en Acapulco 2022 por destruir una raqueta contra la silla del árbitro. Hoy, sin embargo, el tenis le dio un respiro: las lágrimas en el Bois de Boulogne fueron de alivio, no de dolor.

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Zverev llorando en la arcilla tras ganar el punto del campeonato
El afecto entre Alexander Zverev y Flavio Cobolli en la ceremonia de premiación de Roland GarrosEmma Da Silva – AP

Crónica de una batalla en cinco actos

Primer set: Dominio alemán (6-1)

Con el rockstar Lenny Kravitz entre el público, Zverev arrancó demoliendo. El primer game —un maratón de 13 puntos y 9 minutos— terminó con el quiebre al servicio de Cobolli. El italiano, inactivo desde las semifinales por la baja de su compatriota Matteo Arnaldi (enfermo), mostró nervios: 16 errores no forzados en el set. Zverev, implacable con el revés y sólido al saque (más del 70% de primeros servicios), cerró 6-1 en 35 minutos.

Flavio Cobolli gesticulando durante un punto clave del primer set
El saque de Alexander Zverev, uno de los puntos altos de la final THOMAS SAMSON – AFP

Segundo set: La reacción italiana (4-6)

Cobolli despertó. Tras salvar su saque en el cuarto game —celebrándolo con los brazos en alto—, incorporó drop-shots y devoluciones profundas. Zverev, vulnerable por primera vez, cometió dos dobles faltas y cedió su servicio en el séptimo game. El italiano, que este lunes será N°7 del mundo, cerró 6-4 con autoridad, equilibrando la final.

Zverev celebrando un quiebre con el puño cerrado en el tercer set
Flavio Cobolli jugando su primera final de Grand SlamThibault Camus – AP

Tercer set: El pulso de un campeón (6-4)

Cobolli mantuvo el nivel, pero Zverev recuperó su mejor versión. En el séptimo game, el alemán no cedió puntos al saque (4-3). Con Cobolli sirviendo 5-4 abajo, un error de derecha del italiano le dio el set a Zverev (6-4) tras 2h18m de juego. El alemán recuperaba la ventaja, pero el drama estaba lejos de terminar.

Cuarto set: El fantasma de 2024 (6-7)

Zverev recordó su colapso en la final del año pasado, cuando perdió ante Alcaraz tras ir ganando 2-1 en sets. Esta vez, Cobolli lo quebró al inicio (1-0) y se adelantó 2-0. El alemán, tocándose la pierna izquierda (señal de fatiga), recuperó el quiebre (3-3), pero volvió a ceder. En el tie-break, Zverev tuvo ventaja 3-1, pero Cobolli remontó con un drop-shot mágico y un smash fallido del alemán. El italiano cerró 7-5, forzando el quinto set.

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Cobolli ejecutando un drop-shot en el cuarto set con Zverev al fondo
Flavio Cobolli en acción ante Alexander Zverev en la final de París JULIEN DE ROSA – AFP

Quinto set: Redención en París (6-1)

Cobolli, agotado, perdió su saque en el primer game. Zverev, con 3-0 de ventaja, parecía encaminado, pero los nervios lo traicionaron: otorgó tres break-points. Sin embargo, el italiano no pudo capitalizarlos. El alemán quebró nuevamente (4-0) y, aunque Cobolli salvó el honor (4-1), el final era inevitable. Un último error del italiano selló el 6-1, coronando a Zverev como campeón.

Zverev llorando en la arcilla tras ganar el punto del campeonato
El afecto entre Alexander Zverev y Flavio Cobolli en la ceremonia de premiación de Roland GarrosEmma Da Silva – AP

Lo mejor del partido

El punto más recordado será el drop-shot de Cobolli en el tie-break del cuarto set, un golpe de audacia que revivió sus esperanzas. Pero la imagen definitiva fue Zverev en el suelo, llorando sobre la arcilla que tanto le había negado. “Después de todo lo que pasé, esto es increíble”, declaró entre lágrimas. ¿Podrá este título ser el inicio de una nueva era para el tenis alemán?

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La maldición alemana en los Grand Slams: de Becker a Zverev

El triunfo de Alexander Zverev en Roland Garros 2025 no solo es un logro personal, sino el fin de una sequía histórica para el tenis alemán en torneos majors. Desde que Boris Becker conquistara su último Grand Slam en el Abierto de Australia 1996, ningún tenista germano había alzado un trofeo de esta magnitud en individuales masculinos. La espera de 29 años supera incluso la racha anterior, cuando entre el título de Becker en Wimbledon 1989 y su siguiente victoria en Melbourne transcurrieron 7 años.

El contexto es aún más revelador si se compara con la era dorada alemana de los 80 y 90. Becker, con 6 Grand Slams (3 Wimbledon, 2 Abiertos de Australia, 1 US Open), y Michael Stich —campeón en Wimbledon 1991— dominaron el circuito. Sin embargo, tras la retirada de Stich en 1997, el tenis alemán entró en un declive del que solo Zverev, con su medalla de oro en Tokio 2020 y ahora este título, ha logrado sacarlo. La terre battue parisina, donde Becker nunca pasó de semifinales, se convirtió en el escenario inesperado de esta redención colectiva.

Zverev también rompe otro patrón: el de los tenistas que, como él, llegaron a múltiples finales de Grand Slam sin coronarse. Casos como los de Andy Murray (4 finales perdidas antes de ganar su primer major en el US Open 2012) o Marin Čilić (3 finales fallidas antes del US Open 2014) demuestran que el peso psicológico de ser etiquetado como “el mejor sin un título” puede ser abrumador. La diferencia es que Zverev lo logró en el torneo más exigente físicamente: Roland Garros, donde la duración promedio de los partidos (superior a 3 horas en rondas avanzadas) y la superficie castigan cualquier debilidad mental o física.

¿El inicio de una nueva era?

Con este triunfo, Zverev no solo escribe su nombre en la historia del tenis, sino que reabre una pregunta clave: ¿puede Alemania recuperar el protagonismo que tuvo en las décadas de 1980 y 1990? El país, que hoy cuenta con cuatro tenistas en el Top 50 (incluyendo al joven Dominik Koepfer), tiene ahora un líder claro. Pero el desafío es mantener la consistencia: Becker ganó su primer Wimbledon a los 17 años y dominó durante una década; Zverev, con 29 años, llega tarde a la fiesta. Su capacidad para gestionar el éxito —y los polémicos episodios fuera de la cancha— determinará si este título es el inicio de una dinastía o un destello aislado en la arcilla parisina.

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