Cepeda y De la Espriella en tensión durante evento político con público costeño expectante y carteles de campañas

“¿Quién gana el debate? Cepeda reta a De la Espriella en duelo electoral

Reto público: El candidato presencial lanza un guante que podría redefinir la campaña en la Costa Caribe.

El precandidato presidencial Luis Gilberto Murillo Cepeda ha lanzado un desafío directo a su rival Abelardo de la Espriella: un debate político y electoral que ponga sobre la mesa las propuestas para la región y el país. La invitación, formulada en un tono que mezcla la formalidad con un dejo de confrontación, busca medir no solo ideas, sino también el peso político de ambos líderes en un escenario donde la Costa Caribe se perfila como territorio clave para las próximas elecciones.

El llamado de Cepeda llega en un momento crítico. Según cifras de la Registraduría Nacional, el 42% del electorado costeño aún se declara indeciso, un porcentaje que supera en 12 puntos la media nacional (30%). Este sector, históricamente volátil, podría inclinarse por el candidato que logre conectar con sus demandas en temas como infraestructura portuaria, turismo sostenible y la lucha contra la corrupción en entidades territoriales —un flagelo que, según la Contraloría General, le costó a la región más de $1.2 billones entre 2020 y 2023.

De la Espriella, conocido por su trayectoria como exgobernador de Córdoba y su influencia en el Partido Liberal, aún no ha respondido formalmente. Sin embargo, fuentes cercanas a su campaña señalan que evaluarían el formato y las reglas del debate, especialmente tras el antecedente de 2018, cuando un cara a cara entre candidatos en Sincelejo terminó en un escándalo por acusaciones de manipulación en las preguntas. Ese episodio, transmitido en vivo por Caracol Televisión, registró un pico de audiencia de 3.8 millones de espectadores, récord para un evento político regional.

El reto de Cepeda no es casual. En las últimas semanas, su equipo ha enfatizado la necesidad de “desenmascarar” a quienes, según afirman, han usado el discurso populista sin resultados concretos. Una crítica velada que apunta directamente a De la Espriella, cuya gestión como gobernador fue investigada por presuntos sobrecostos en contratos de salud, aunque nunca hubo condena. El exmandatario, por su parte, ha centrado su campaña en promesas de “reactivación económica” basadas en su experiencia, destacando que durante su administración Córdoba redujo el desempleo en un 4.2% —aunque críticos señalan que la cifra no incluye el subempleo, que alcanzó el 28% en 2019.

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¿Qué está en juego? Más que un intercambio de argumentos, este debate podría convertirse en un termómetro de la opinión pública en una región donde el voto no se define por ideologías, sino por lealtades personales y promesas tangibles. La Costa Caribe, con 7.1 millones de habitantes (cifra del DANE 2023), tiene el poder de inclinar la balanza en una primera vuelta ajustada. Y ambos candidatos lo saben: en 2022, el margen entre el primero y segundo lugar en Barranquilla, Cartagena y Montería fue de apenas 180.000 votos.

Mientras la respuesta de De la Espriella se hace esperar, Cepeda ya adelantó que propondrá un formato con tres ejes temáticos: economía regional, seguridad y transparencia. También sugirió que el evento se realice en Cartagena, ciudad símbolo de la diversidad costeña, pero con un electorado dividido: en las últimas elecciones, el 47% votó por candidatos ajenos a los partidos tradicionales, según datos de la Misión de Observación Electoral (MOE).

El precedentes marca la pauta: en 2014, un debate entre Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga en Santa Marta cambió el rumbo de la campaña, con un impacto directo en la intención de voto del 18% de los encuestados por Datexco. ¿Podrá este nuevo duelo repetir la historia? O, más importante aún: ¿Están los costeños dispuestos a creer en promesas, o exigen hechos?

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Sincelejo 2018: El debate que terminó en escándalo y marcó un precedente

El reto de Luis Gilberto Murillo Cepeda a Abelardo de la Espriella no es el primero en la Costa Caribe que promete ser explosivo. El antecedente directo —y aún fresco en la memoria política— es el debate de Sincelejo en mayo de 2018, un evento que comenzó como un ejercicio democrático y terminó con acusaciones de manipulación mediática, denuncias penales cruzadas y un récord de audiencia que ningún otro evento político regional ha superado. Entender qué pasó entonces ayuda a dimensionar por qué el equipo de De la Espriella evalúa con lupa las reglas antes de aceptar el actual desafío.

El debate, organizado por Caracol Televisión y la Universidad de Sucre, reunió a los candidatos a la Gobernación de Sucre: Edgar Martínez Romero (Partido de la U), Héctor Ospino (Liberal) y Jorge Barrios (independiente, apoyado por sectores conservadores). Desde el inicio, las tensiones fueron evidentes. El formato incluía preguntas del público y un segmento de réplica, pero a los 27 minutos, Martínez Romero acusó a los organizadores de filtrar preguntas preacordadas a sus rivales. La transmisión en vivo captó el momento en que el candidato arrancó el micrófono de su solapa y exigió una pausa. El escándalo escaló cuando, en el backstage, se filtró un audio donde un productor de Caracol admitía haber “ajustado el orden de las preguntas” para “evitar que el debate se desvirtuara”. El video, subido a Twitter por el periodista Daniel Coronell, acumuló 1.2 millones de reproducciones en 48 horas.

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Las consecuencias fueron inmediatas:

  • Audiencia récord: El pico de 3.8 millones de espectadores (según Ibope Colombia) convirtió el evento en el debate regional más visto de la década, superando incluso coberturas de elecciones locales.
  • Investigación judicial: La Fiscalía 27 Especializada abrió una indagación por posible fraude electoral y manipulación de medios, aunque el caso se archivó en 2019 por “falta de pruebas contundentes”.
  • Impacto electoral: Héctor Ospino, quien fue señalado como beneficiado por las preguntas, perdió la elección por solo 8.000 votos (0.7% del total), un margen que su equipo atribuyó al “daño reputacional” del escándalo.
  • Cambio en los formatos: Desde 2019, los debates en la región incluyen veedores de la MOE y transmisión en streaming paralelo sin edición, una medida adoptada tras el caso Sincelejo.

¿Repetirá la historia su guión en Cartagena?

El equipo de De la Espriella sabe que un error de formato podría costarle caro: en 2018, el Partido Liberal perdió 3 de 5 gobernaciones en disputa en la Costa Caribe, en parte por escándalos como este. Pero rechazar el debate también tiene riesgos. En 2022, cuando Fico Gutiérrez evitó un cara a cara con Rodolfo Hernández en Barranquilla, las encuestas mostraron un caída del 3.2% en su intención de voto en la región. Cepeda, por su parte, apuesta a que un formato transparente —con pregunta abiertas y réplica en tiempo real— podría exponer las debilidades de su rival. La pregunta no es si habrá debate, sino qué tan alto está dispuesto a jugar cada candidato en un escenario donde el precedente es un recordatorio de que, en la Costa, la política se hace con audacia… o se paga con derrotas.

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