Briatore admite el “problema del coche” en Alpine: “Colapinto no es la prioridad”
Cruda realidad: Flavio Briatore, asesor de Alpine, dejó claro que el A526 es el talón de Aquiles del equipo en Mónaco, minimizando el papel de los pilotos.
El Gran Premio de Mónaco, sexta ronda del Mundial de Fórmula 1 2024, arrancó con un diagnóstico contundente. Antes de que Pierre Gasly y el argentino Franco Colapinto pisaran el asfalto del circuito callejero —el más icónico y exigente del calendario—, Briatore ya anticipaba problemas. La reunión previa en el Yacht Club de Montecarlo, con datos técnicos sobre la mesa, no logró ocultar la cruda verdad: el coche no responde.
Un viernes de contrastes en el Principado
La jornada arrancó con la llegada de los Alpine al paddock en lancha, surcando aguas cristalinas gracias al sistema de filtros que mantiene limpio el puerto, incluso con más de 300 yates atracados. Mientras los delfines —habituales en la zona— huían del ruido, Gasly y Colapinto se preparaban para un día que terminaría con una diferencia abismal: el francés cerró 10º (a 1.471s de Lewis Hamilton, líder con Ferrari), y el argentino 15º (a 1.732s), superado incluso por rivales directos como los Audi de Nico Hülkenberg o el Haas de Oliver Bearman.

El circuito de 3.337 km y 18 curvas, donde cada milésima cuenta, expuso sin piedad las carencias del A526: bloqueo de frenos y falta de adherencia en el eje delantero, errores fatales en un trazado donde el más mínimo desliz se paga con segundos o contra el muro. En Canadá, hace solo dos semanas, Colapinto había quedado a 1.119s del poleman (George Russell, Mercedes). La regresión en Mónaco —0.6s más lento en un circuito un 30% más corto— es una señal de alarma.
Colapinto: entre el muro y la esperanza
El momento más crítico llegó en la FP2, cuando el argentino perdió el control en la frenada a Sainte Dévote (curva 1), bloqueó las ruedas delanteras y terminó abrazando el muro exterior. “¡Qué besito! ¡Lo abracé, b…! Por suerte no se rompió nada”, bromeó después con Juan Fossaroli (ESPN), antes de reconocer el problema de fondo: “El auto nos costó mucho más que en otras carreras. No se siente consistente… Bloqueo mucho, y en un circuito así eso te quita confianza para frenar fuerte”.
Su error, sin embargo, no fue el único incidente del día. Una bandera roja en la FP1, provocada por el accidente de Isack Hadjar (Red Bull), paralizó la sesión y acortó el tiempo de trabajo para los equipos. Mientras, en la cima de la clasificación, Hamilton (Ferrari) lideraba con 111/1000 de ventaja sobre su compañero Charles Leclerc —local y favorito del público—, y Max Verstappen (Red Bull) cerraba el podio virtual a 379/1000. Para Alpine, la brecha es un abismo: Gasly quedó a 1.4s del británico, y Colapinto, a 1.7s.
Rivales que avanzan
El panorama se complica al ver que equipos como Williams (con Carlos Sainz y Alex Albon), Racing Bulls (Arvid Lindblad), e incluso el otro Audi de Gabriel Bortoleto superaron a los Alpine en tiempos. Todos ellos habían quedado atrás en Canadá, pero en Mónaco —donde la aerodinámica y la precisión son clave— aprovecharon los fallos del A526. “No fue un gran día, pero ojalá el trabajo de esta noche sirva para mejorar mañana”, confesó Colapinto, consciente de que la qualy del sábado será una batalla contra el reloj… y contra los límites de su monoplaza.
Briatore, con su estilo directo, lo resumió sin filtros: “El problema que tenemos es el coche. El piloto es el último detalle”. Una frase que deja en evidencia la prioridad del equipo de Enstone (Reino Unido) de cara a la sesión decisiva.
¿Podrá Alpine dar un giro radical en 24 horas, o el GP de Mónaco se convertirá en otro capítulo de su crisis técnica?
Alpine y su historial de altibajos en Mónaco: ¿un patrón repetido?
El diagnóstico de Flavio Briatore sobre el A526 en Mónaco no es un caso aislado en la historia reciente del equipo. El circuito callejero, conocido por exponer las debilidades técnicas de los monoplazas, ya había sido escenario de frustraciones similares para Alpine en ediciones anteriores.
En 2022, el equipo francés llegó al Principado con el A522, un coche que, pese a mostrar destellos de competitividad en circuitos como Barcelona o Silverstone, se desplomó en Mónaco: Fernando Alonso (entonces piloto del equipo) quedó 12º en la clasificación, a más de 1.3s de la pole, mientras su compañero Esteban Ocon ni siquiera logró pasar a la Q2. La falta de adherencia en curvas lentas y los problemas de equilibrio —idénticos a los que ahora sufren Gasly y Colapinto— fueron la tónica. Ese año, el equipo terminó la carrera sin puntos, un resultado que se repetiría en 2023 con el A523, cuando Ocon y Pierre Gasly finalizaron 14º y 15º, respectivamente.
El patrón es claro: Alpine ha luchado sistemáticamente en Mónaco desde su regreso a la F1 en 2021. La excepción fue 2021, cuando Alonso logró un 9º puesto en carrera (aunque partió 13º), pero incluso entonces, el equipo admitió que el resultado se debió más a la pericia del piloto que al rendimiento del coche. La pregunta ahora es si el A526 —criticado por su inestabilidad en frenada y falta de carga aerodinámica en baja velocidad— podrá romper esta mala racha en un circuito donde el margen de error es cero.
El reloj corre en contra
Con solo 24 horas para corregir fallos que, según los antecedentes, parecen estructurales, Alpine enfrenta una disyuntiva: ¿priorizar soluciones a corto plazo para salvar los muebles en Mónaco o asumir que este GP será otro sacrificio en aras de un desarrollo futuro? La historia sugiere que, en el Principado, los equipos que no llegan con un coche competitivo rara vez logran dar la vuelta a la situación. Briatore lo sabe: en 2006, cuando dirigía Renault (predecesor de Alpine), su equipo dominó en Mónaco con Alonso gracias a un coche —el R26— diseñado específicamente para circuitos de alta exigencia aerodinámica. La lección entonces fue clara: en Mónaco, el talento del piloto solo compensa hasta cierto punto.