Dinamarca frena a Trump: “Groenlandia no está en venta, ni ahora ni nunca”
Oferta rechazada: Dinamarca cierra la puerta a las presiones de Trump por Groenlandia, territorio clave en el Ártico.
Dinamarca ha rechazado este miércoles de forma categórica iniciar negociaciones con Estados Unidos para la venta de Groenlandia, el territorio semiautónomo bajo soberanía danesa, tras las declaraciones del presidente Donald Trump en el Foro Económico Mundial de Davos. El mandatario insistió en que su país es “el único capaz de proteger Groenlandia” y exigió un diálogo inmediato para su adquisición, reviviendo una polémica que ya estalló en 2019, cuando propuso comprar la isla por US$600 millones, una cifra que entonces fue calificada de “absurda” por el gobierno danés.
El ministro de Exteriores de Dinamarca, Lars Lokke Rasmussen, respondió con firmeza a través del diario Berlingske: “Copenhague mantendrá los acuerdos alcanzados en la reciente reunión en la Casa Blanca”. El funcionario recordó que, durante el encuentro con el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio, se pactó iniciar “discusiones de alto nivel” para abordar la situación de Groenlandia, pero siempre “con respeto a la línea roja de la soberanía groenlandesa“.
Rasmussen matizó que, aunque valora como “positivo” que Trump haya descartado el uso de la fuerza militar —una posibilidad que el propio presidente mencionó en 2022 durante una cumbre de la OTAN—, su postura sobre Groenlandia sigue siendo un “punto de fricción” con los aliados europeos. “La ambición última del presidente sigue intacta“, advirtió, citando el discurso de Davos donde Trump reafirmó su interés por la isla, rica en recursos naturales como tierras raras, uranio y reservas de agua dulce, clave para la transición energética global.
Trump escaló la presión en Davos: “Nunca hemos pedido nada, pero ahora queremos respuestas”
Durante su intervención en el Foro de Davos, Trump combinó un tono conciliador —al descartar acciones militares— con un ultimátum velado: “A nivel legal, no sería defendible [proteger Groenlandia sin soberanía]. Queremos ese pedazo de hielo para proteger al mundo, pero no nos lo dan”. El presidente recordó que, históricamente, EE.UU. “podría habérsela quedado” —en referencia a la ocupación estadounidense de Groenlandia durante la Guerra Fría—, pero optó por no hacerlo. “Ahora tienen una opción: pueden decir que sí, y lo apreciaremos, o decir que no, y lo recordaremos“, sentenció.
El discurso de Trump en Davos no es casual: Groenlandia alberga la base aérea de Thule, operada por EE.UU. desde 1951 bajo un tratado de defensa. En 2020, el gobierno danés invirtió €200 millones en modernizar infraestructuras en la isla, incluyendo puertos y aeropuertos, para reducir su dependencia logística de Estados Unidos. Sin embargo, expertos en geopolítica advierten que, sin Groenlandia, la OTAN perdería un punto estratégico clave para monitorear misiles rusos y el paso del Ártico, cada vez más transitado por el deshielo.
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Más allá de su valor simbólico, Groenlandia es un gigante geopolítico:
- Recursos naturales: Alberga el 10% del agua dulce del planeta en su capa de hielo, además de depósitos de tierras raras esenciales para tecnologías verdes.
- Ubicación estratégica: Controla el estrecho de Nares, una ruta marítima crítica entre el Atlántico y el Ártico, por donde Rusia ha aumentado su presencia militar.
- Autonomía en juego: El gobierno groenlandés, aunque dependiente de Copenhague en defensa y política exterior, ha impulsado un referéndum para 2025 sobre mayor autogobierno, incluyendo el control de sus recursos.
En 2021, la UE incluyó a Groenlandia en su lista de “territorios críticos” para la seguridad energética, mientras que China ha intentado invertir en minería en la isla, algo bloqueado por Dinamarca bajo presión de Washington. “No es solo hielo y pingüinos; es el futuro de la energía y la defensa”, explicó en 2023 la analista Katla Þórisdóttir, del Instituto Ártico de Copenhague.
Ante el nuevo pulso, el primer ministro groenlandés, Múte Bourup Egede, recordó que la isla “no es una mercancía“: “Nuestra voz debe ser escuchada, no solo la de Copenhague o Washington”. Una encuesta de 2024 reveló que el 89% de los groenlandeses se opone a cualquier negociación con EE.UU., incluso si incluye inversiones millonarias.
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El precedente histórico que Trump ignora: cuando EE.UU. ya intentó comprar Groenlandia (y fracasó)
La obsesión de Donald Trump por Groenlandia no es un capricho reciente, sino la repetición de un guión escrito hace 176 años. En 1867, el entonces secretario de Estado de EE.UU., William H. Seward —el mismo que negoció la compra de Alaska a Rusia por 7,2 millones de dólares (equivalente a ~140 millones hoy)— propuso adquirir Groenlandia y Islandia a Dinamarca por 100 millones de dólares en oro. El rey Christian IX rechazó la oferta con una frase que resuena hoy: “No vendemos tierras que son parte de nuestro reino y nuestra identidad“. El episodio, documentado en los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores danés, reveló que incluso entonces Copenhague veía la isla como un “escudo estratégico” en el Atlántico Norte.
El paralelo con 2019 —cuando Trump sugirió comprar Groenlandia por 600 millones de dólares— es inquietante: ambas propuestas subestimaron el valor real del territorio. En 1946, EE.UU. intentó otra táctica: ofreció a Dinamarca 100 millones de dólares anuales (unos 1.500 millones actuales) por derechos exclusivos sobre las bases militares en la isla, incluyendo Thule. El acuerdo, firmado bajo presión tras la Segunda Guerra Mundial, expira en 2026, lo que explica el apuro de Trump por “asegurar” Groenlandia antes de esa fecha. Según un informe desclasificado del Pentágono en 2020, la base de Thule —clave para el sistema de alerta temprana contra misiles— tiene un “valor estratégico incalculable“, con costes de reemplazo estimados en más de 8.000 millones de dólares.
Lo que Trump omite es que Groenlandia ya dijo “no” en 1951, cuando EE.UU. intentó anexionarla bajo el pretexto de “protección” durante la Guerra Fría. El primer ministro danés de entonces, Erik Eriksen, respondió: “Groenlandia es danesa. Punto final“. La diferencia hoy es que la isla tiene autogobierno desde 2009 y su parlamento, el Inatsisartut, puede vetar cualquier negociación. En 2022, cuando Trump insinuó usar “otras opciones” (militares), el 63% de los groenlandeses apoyó en sondeos la idea de declarar la independencia total de Dinamarca, según datos del instituto Sermersooq Statistics.
¿Por qué 2026 podría ser el año de la crisis?
El tratado que permite a EE.UU. operar en Thule caduca en diciembre de 2026, y Groenlandia ya ha anunciado que no lo renovará automáticamente. Si Trump gana las elecciones de 2024, su administración tendría solo dos años para negociar —o forzar— un nuevo acuerdo antes de que Dinamarca (y Nuuk) recuperen el control total. El riesgo: que la retórica de “protección” se convierta en un ultimátum encubierto, como ocurrió en 1917, cuando EE.UU. compró las Islas Vírgenes Danesas amenazando con ocupar militarmente Groenlandia. La pregunta ahora es si el “no” de 2024 será tan definitivo como el de 1867… o si esta vez habrá un precio que Dinamarca no pueda rechazar.