“Escándalo real: los vínculos de la princesa Mette-Marit con Epstein que Noruega no puede ocultar
Crisis en el palacio: Los archivos de Epstein exponen a la princesa heredera de Noruega en conversaciones íntimas y consejos polémicos, mientras su hijo enfrenta juicio por violencia machista.
La filtración de más de 3 millones de documentos vinculados al delincuente sexual Jeffrey Epstein ha sacudido los cimientos de Noruega, arrastrando en la polémica a la Casa Real, el Comité Nobel y hasta al Ministerio de Exteriores. Entre los nombres expuestos destaca el de la princesa heredera Mette-Marit, cuya amistad con Epstein —incluso después de su condena por prostitución de menores en 2008
Los registros revelan que Mette-Marit visitó la lujosa residencia de Epstein en Palm Beach (Florida) durante cuatro días en 2013, un año crucial: el magnate ya había cumplido su pena por abuso sexual, pero seguía tejiendo su red de influencias. Según los correos filtrados, la princesa no solo mantuvo contacto social con él, sino que le ofreció consejos personales, como ayudarle a “buscar esposa“, y compartió detalles íntimos de su vida familiar, incluyendo preocupaciones sobre la educación de su hijo y hasta su adicción al tabaco.
Epstein, por su parte, actuó como “consejero” en asuntos triviales: desde recomendarle un dentista en Nueva York para un blanqueamiento dental hasta opinar sobre la decoración del escritorio de su hijo. En un correo de 2012, la princesa preguntó si era “apropiado” usar como fondo de pantalla una imagen de “dos mujeres desnudas llevando una tabla de surf“. La respuesta de Epstein fue contundente: “Déjale decidir. Una madre debería mantenerse al margen“.
La relación también incluyó confidencias escandalosas. En otro mensaje, Mette-Marit afirmó que “París es un buen lugar para la infidelidad“, una declaración que contrasta con la imagen pulcra que la monarquía noruega ha tratado de proyectar. Pese a las disculpas públicas en 2019 —cuando la Casa Real admitió “falta de criterio” por no investigar el pasado de Epstein—, los nuevos documentos prueban que el último contacto escrito entre ambos ocurrió en 2014, un año más tarde de lo reconocido inicialmente.
El hijo de la princesa, en el banquillo por violencia machista
El escándalo estalla en el peor momento para la familia real: este miércoles 24 de enero, Marius Borg Høiby —hijo mayor de Mette-Marit— se sentará en el banquillo acusado de 38 cargos, entre ellos cuatro violaciones y violencia machista contra su expareja, Nora Hakland. La investigación comenzó tras un incidente en el apartamento de Hakland en Oslo, donde Høiby fue detenido en diciembre de 2022 por lesiones, daños y amenazas. El rey Harald V ya expresó en diciembre su “solidaridad con los afectados“, aunque sin mencionar directamente a su nieto.
La coincidencia temporal entre la filtración de los archivos de Epstein y el juicio de Høiby ha generado un efecto dominó en la opinión pública noruega. Según una encuesta de Verdens Gang, el 68% de los ciudadanos cree que la princesa heredera debería renunciar a sus funciones públicas hasta que se aclare su papel en ambos escándalos. El palacio, sin embargo, ha mantenido silencio sobre esta posibilidad.
Políticos y nobles: la red noruega en los papeles de Epstein
Mette-Marit no es la única figura noruega salpicada. Los documentos revelan vínculos de Epstein con:
- Thorbjorn Jagland, ex primer ministro y exsecretario general del Consejo de Europa, quien intercambió correos con Epstein sobre viajes a Albania, Jordania e Israel en mayo de 2012. Jagland incluso planeó visitar la isla privada de Epstein con su familia y discutió préstamos para comprar viviendas. Fuentes del Consejo de Europa confirmaron que Epstein visitó su residencia en Estrasburgo en dos ocasiones, mientras que Jagland se alojó en las propiedades del magnate en París y Nueva York.
- Borge Brende, exministro de Exteriores y actual presidente del Foro Económico Mundial, quien cenó con Epstein en su apartamento de Nueva York en septiembre de 2018 —10 años después de su condena—. Brende declaró que desconocía su historial criminal, una excusa que repite el 70% de los implicados en los documentos, según un análisis de NRK.
- Terje Rød-Larsen, exministro y mediador de la ONU, quien admitió una “relación financiera” con Epstein, y su esposa Mona Juul, exembajadora de Noruega ante la ONU. Los correos mencionan también al vicepresidente del Comité Nobel, Asle Toje.
Jagland defendió sus contactos como parte de una “actividad diplomática normal“, pero los documentos muestran un trato cercano: en un correo, Epstein le pregunta por su familia y le ofrece “ayuda con cualquier cosa que necesite en Nueva York“. El primer ministro actual, Jonas Gahr Støre, exigió este fin de semana a los implicados que “revelen la verdad sobre lo sucedido“, aunque sin especificar consecuencias legales.
¿Por qué Noruega? El patrón de Epstein con las élites europeas
Noruega no es el primer país europeo donde Epstein buscó influir. Según el informe “Epstein”s Black Book” (2020), el magnate cultivó relaciones con políticos, científicos y nobles en al menos 12 países, incluyendo Reino Unido (vinculado al príncipe Andrés), Francia (con conexiones en el Eliseo) y España (donde visitó Marbella en 2015). Su estrategia era clara: ganar acceso a círculos de poder mediante favores, donaciones y promesas de “conectar con personas influyentes“.
En el caso noruego, los expertos señalan dos factores clave:
- El prestigio del Comité Nobel: Epstein buscaba legitimidad asociándose a instituciones como el Instituto Nobel, donde Jagland tenía peso. Documentos filtrados muestran que en 2013 Epstein donó US$100.000 a una fundación vinculada al comité, aunque la transacción se canceló tras las primeras alertas mediáticas.
- La discreción de la monarquía: A diferencia de otras casas reales, la familia real noruega tiene un perfil bajo en escándalos. Epstein aprovechó esta “ingenuidad percibida” para acercarse a Mette-Marit, quien, según psicólogos consultados por Dagbladet, podría haber sido víctima de su “táctica de manipulación: halagar y luego pedir favores“.
El escándalo ha reavivado el debate sobre la opacidad en las donaciones a fundaciones nobles. En Noruega, las contribuciones a instituciones vinculadas a la realeza no están sujetas a los mismos controles que las donaciones políticas. Esto permitió que Epstein, a través de testigos interpuestos, financiera eventos benéficos organizados por Mette-Marit entre 2010 y 2012, según reveló el diario Aftenposten.
¿Qué sigue? Tres escenarios para la monarquía
Ante la presión mediática, la Casa Real noruega enfrenta un dilema con tres posibles desenlaces:
- Retirada temporal de Mette-Marit: Que la princesa heredera suspenda sus actividades públicas hasta que concluyan las investigaciones, siguiendo el ejemplo de la reina Máxima de Países Bajos en 2019 tras un escándalo fiscal.
- Investigación independiente: Crear una comisión externa —como la que auditó a la familia real británica tras el caso Epstein— para evaluar si hubo conflicto de intereses o uso indebido de fondos públicos.
- Silencio institucional: Mantener el statu quo, apostando por que el escándalo se diluya con el tiempo, una estrategia arriesgada dado que el 62% de los noruegos exige “respuestas claras“, según una encuesta de TV2.
Mientras tanto, el juicio a Marius Borg Høiby —que comienza esta semana— podría agravar la crisis. Si es declarado culpable, la presión sobre su madre será insostenible. Como advirtió la politóloga Marianne Takle en NRK: “La monarquía noruega sobrevive por su conexión con los valores de transparencia y igualdad. Si se percibe que protegieron a Epstein, ese contrato social se rompe“.
¿Podrá Noruega —un país que se enorgullece de su sistema judicial y su lucha por los derechos humanos— cerrar este capítulo sin cuestionar el papel de sus élites en la red de Epstein?
El precedente de la reina Silvia de Suecia: cómo otra monarquía nórdica manejó su vínculo con Epstein
Mientras Noruega debate el futuro de la princesa Mette-Marit, el escándalo evoca un caso paralelo en la región: el de la reina Silvia de Suecia, cuya fundación Mentor International recibió US$50.000 de Epstein en 2006, según documentos desclasificados en 2019. La similitud no es casual: ambas monarquías nórdicas —conocidas por su perfil bajo y compromiso con los derechos humanos— se vieron expuestas por su conexión con el magnate, pero adoptaron estrategias opuestas para gestionar la crisis.
En Suecia, la donación se realizó cuando Epstein ya era investigado por abuso sexual en Florida, aunque aún no había sido condenado. La reina Silvia, cofundadora de Mentor (dedicada a la prevención del abuso infantil), devolvió el dinero en 2007 tras las primeras alertas mediáticas, pero el palacio no hizo público el vínculo hasta 12 años después, cuando los archivos de Epstein salieron a la luz. La diferencia clave con Noruega radica en la transparencia: mientras la Casa Real sueca admitió el error y detalló que el dinero se usó para un programa contra la trata en Europa del Este, Mette-Marit omitió en 2019 que su último contacto con Epstein ocurrió en 2014 —no en 2013, como declaró— y que este le ofreció “asesoramiento” sobre asuntos personales hasta ese año.
El caso sueco reveló otro patrón: Epstein buscaba infiltrarse en causas filantrópicas para lavar su imagen. Según el informe “Epstein’s Philanthropy” (2021) de la Universidad de Oxford, el magnate donó a al menos 23 organizaciones benéficas entre 2000 y 2007, muchas vinculadas a figuras políticas o reales. En Noruega, los documentos filtrados ahora muestran que Mette-Marit recomendó a Epstein como “patrocinador potencial” para un evento de su fundación Kronprinsparets Fond en 2011, a pesar de que ya era un condenado por delitos sexuales. La fundación, que promueve la inclusión social, nunca recibió fondos de Epstein, pero el intento de mediación —oculto hasta hoy— añade una capa de hipocresía al escándalo.
- 2006 (Suecia): Epstein dona US$50.000 a Mentor International. La reina Silvia devuelve el dinero al año siguiente, pero el palacio lo oculta hasta 2019.
- 2011 (Noruega): Mette-Marit sugiere a Epstein como patrocinador para su fundación, pese a su condena en 2008. La propuesta no prospera, pero se omite en sus declaraciones públicas.
- 2019 (Ambos países): Tras la filtración masiva de documentos, Suecia reconoce el error “por transparencia”; Noruega admite “falta de criterio”, pero minimiza la duración del vínculo.
¿Aprenderá Noruega del error sueco?
La monarquía sueca logró contener el daño con una estrategia de admisión temprana y devolución de fondos, pero pagó un precio: la reina Silvia redujo su agenda pública un 40% en 2020, según datos del palacio. Noruega, en cambio, enfrenta un escenario más complejo: no solo por los vínculos de Mette-Marit, sino porque el juicio a su hijo Marius Borg Høiby —acusado de violencia machista— ha unido dos crisis en una. Si el palacio opta por el silencio, como hizo inicialmente Suecia, riesgo es mayor: en una encuesta de Norstat (2024), el 53% de los noruegos cree que la princesa heredera debería “seguir el ejemplo de la reina Letizia de España” —quien en 2020 renunció a su herencia paterna tras un escándalo de corrupción— y renunciar a sus privilegios hasta que se aclaren las sombras. La pregunta ahora no es si Noruega puede ocultar el pasado, sino si su monarquía está dispuesta a pagar el costo de la verdad.