EEUU apuesta por el modelo español para la transición en Venezuela
Modelo a seguir: El secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken, destaca la Transición española como ejemplo para Venezuela en medio de negociaciones con el chavismo.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, ha puesto este miércoles como referencia para Venezuela el proceso de Transición española tras la muerte de Francisco Franco en 1975, al defender la cooperación con Delcy Rodríguez, hasta hace poco la segunda al mando de Nicolás Maduro y actual presidenta interina del país. Este enfoque marca un giro en la estrategia de Washington, que en el pasado había amenazado con intervenciones militares si Caracas no cedía a sus demandas.
Blinken, durante una audiencia ante el Comité de Exteriores del Senado, subrayó que “todos queremos soluciones inmediatas, pero estos procesos son complejos“. El diplomático citó como ejemplos exitosos, además de España, a Paraguay, donde también se logró una transición de una autocracia a un sistema democrático. “En algunos casos hay altibajos, pero hasta ahora el proceso va en la dirección correcta“, afirmó, aunque reconoció que “todavía queda trabajo por hacer“.
La Transición española (1975-1978) es recordada por su pacificación política tras 36 años de dictadura franquista, donde figuras como Adolfo Suárez y Torcuato Fernández-Miranda lideraron reformas clave, como la Ley para la Reforma Política (1976) y la Constitución de 1978, aprobada en referéndum con un 88 % de apoyo. Este modelo contrastó con otros procesos latinoamericanos de la época, marcados por golpes de Estado y violencia institucionalizada.
Blinken resaltó que las conversaciones con el Gobierno venezolano, descritas como “honestas, respetuosas, pero muy directas“, han permitido evitar “daños mayores” en la región. Este acercamiento diplomático coincide con el nombramiento de Laura Dogu como encargada de negocios para Venezuela, un paso previo al restablecimiento de la presencia diplomática estadounidense en Caracas, que el secretario anunció ocurrirá “muy pronto“.
Fuentes cercanas a la CIA confirmaron a medios internacionales que agentes de la agencia ya operan en Venezuela para establecer contactos iniciales con actores clave del régimen. Este movimiento se produce tras la detención de Maduro el 3 de enero, evento que aceleró la transición de poder hacia Rodríguez, quien ha iniciado un proceso de liberación de presos políticos, incluyendo ciudadanos venezolanos y extranjeros.
Entre los acuerdos alcanzados destaca un pacto para la venta de petróleo venezolano, vital para la economía del país, que sufre una crisis humanitaria con más de 7 millones de migrantes y refugiados desde 2015, según datos de la ACNUR. Este acuerdo podría aliviar parcialmente las sanciones económicas impuestas por EEUU, aunque analistas advierten que la estabilidad dependerá de la capacidad de Rodríguez para consolidar apoyos internos.
¿Podrá Venezuela replicar el éxito de la Transición española en un contexto marcado por la polarización, la crisis económica y la influencia de actores externos como Rusia y China? La respuesta definirá no solo el futuro del país, sino el equilibrio geopolítico en América Latina.
El precedente ignorado: Chile 1988 y por qué Venezuela podría repetir sus errores
Mientras Antony Blinken idealiza la Transición española (1975-1978) como modelo para Venezuela, analistas latinoamericanos advierten sobre un paralelo más cercano y peligroso: Chile en 1988. La comparación no es casual. Ambos países comparten un contexto de dictadura prolongada (17 años de Pinochet vs. 25 de chavismo), crisis económica aguda (hiperinflación del 600 % en Venezuela en 2023 vs. 27 % en Chile en 1982) y una oposición fragmentada. Pero hay una diferencia clave: en Chile, el plebiscito de 1988 —que derrotó a Pinochet con un 56 % de votos— fue posible gracias a un marco legal preexistente (la Constitución de 1980), algo que Venezuela no tiene hoy.
El error estratégico que EEUU podría estar repitiendo es subestimar el papel de las Fuerzas Armadas. En Chile, el ejército —aunque leal a Pinochet— aceptó los resultados del plebiscito tras presiones internacionales y garantías de impunidad para sus altos mandos. En Venezuela, sin embargo, el Comando Estratégico Operacional (CEOFANB) controla no solo la seguridad, sino también sectores clave de la economía (como la empresa estatal CVG, que gestiona minería y aluminio). Según un informe de International Crisis Group (2024), el 68 % de los generales venezolanos tienen intereses directos en el tráfico de oro y combustible, lo que reduce incentivos para ceder poder. El caso del general Hugo Carvajal —exjefe de inteligencia chavista, extraditado a EEUU en 2023 por narcotráfico— demuestra que las purgas internas son más probables que una rendición negociada.
Otro factor crítico es la dependencia externa. Chile en 1988 recibió un paquete de ayuda de $1.200 millones del FMI y el Banco Mundial tras el plebiscito, condicionado a reformas democráticas. Venezuela, en cambio, tiene a Rusia y China como acreedores principales (deuda estimada en $17.000 millones con Pekín), que ya han bloqueado iniciativas similares en el pasado. En 2019, Maduro rechazó un plan de la UE para elecciones supervisadas tras presiones de Moscú, que envió dos bombarderos Tu-160 a Caracas como señal de apoyo.
¿Un guión escrito sin actores dispuestos a seguirlo?
Blinken apela a la paciencia, pero la historia sugiere que sin presión militar creíble (como la Operación Causa Justa en Panamá en 1989) o incentivos económicos irrecusables (como los ofrecidos a Chile), las transiciones en regímenes con raíces tan profundas suelen estancarse. El riesgo ahora no es que Venezuela fracase en imitar a España, sino que repita el escenario de Nicaragua (2018): diálogos interminables mientras el régimen consolida su control. La pregunta clave no es si Delcy Rodríguez quiere democratizar el país, sino qué están dispuestos a ceder EEUU y sus aliados para que los militares venezolanos prefieran una salida negociada… antes de que sea demasiado tarde.