Néstor Lorenzo: De Bilardo a Messi, el viaje de un líder al Mundial 2026
Legado en juego: El hombre que debutó con Maradona y ahora dirige a Colombia hacia su mejor Mundial.
El 14 de julio de 1988, en Sídney, la Argentina de Carlos Bilardo sufrió una histórica goleada (4-1) ante Australia, pero ese partido marcó el inicio de dos leyendas: Néstor Lorenzo (22 años) y Diego Simeone (18), ambos debutantes. “Estábamos en la misma habitación, destrozados por la derrota —recuerda Lorenzo—. A las 2:30 AM, Bilardo irrumpió para felicitarnos. Al Cholo le dijo: *”Te equivocaste, pero la pediste siempre. Así te quiero, pibe”*”. Esa noche, el técnico sembró en ellos una filosofía que definiría sus carreras: la obsesión por la superación. “Los medios nos destruyeron, pero Bilardo nos defendió: *”Puedo contar con Simeone, con Lorenzo…”* —evoca—. Eso, para un joven, es un espaldarazo eterno“.
Simeone se convirtió en un ícono del fútbol; Lorenzo, en un central versátil que, sin saberlo, escribiría su nombre en la historia del Mundial Italia “90 como titular en la final contra Alemania (0-1). Pero antes, su camino pasó por Argentinos Juniors, donde forjó un récord aún vigente: 69 partidos invictos entre 1983-1984 en divisiones inferiores, junto a jugadores como Claudio Borghi y Pedro Pasculli. “Éramos los *pibes* del plantel que ganó el Metropolitano “84 y la Libertadores “85 —confiesa—. No jugábamos, pero aprendíamos de Pavoni y Olguín, campeones del mundo en “78 y de América con Argentinos. Ese entorno me templó“.
Su salto a Europa llegó en 1989, cuando el Bari lo fichó tras consolidarse en Primera. Pero el giro definitivo en su carrera llegó con un llamado inesperado: la lista de Bilardo para Italia “90, donde fue pieza clave en un equipo criticado por su supuesto *juego defensivo*. “Bilardo no era defensivo —aclara—. Admiraba al jugador técnico y nos exigía asumir riesgos. A mí, siendo central, me decía: *”En mitad de cancha, pensá como volante; al cruzar, como delantero”*”. Esa libertad táctica explicaría sus subidas constantes en el Mundial, incluso jugando con dos hombres menos en la final.
“Italia “90 fue un hermoso calvario —admite—. Pero antes estuvo el Scudetto del Napoli (1989-90), donde vi cómo Maradona llevaba a un equipo del sur a desafiar a la élite. Diego lo cambió todo: con él, el Napoli pasó de ser un club *políticamente débil* a campeón de Italia y subcampeón de Europa. En la selección, su liderazgo confrontativo sacaba presión al grupo. Tenía un tercer ojo: veía la cancha y, al mismo tiempo, detalles que nadie más captaba. Una vez entró al comedor y señaló algo que ni los asistentes habían notado“.
Lorenzo compartió vestuario con Maradona en Boca (1995-1996) y vivió de cerca su genialidad. “Era el fútbol en estado puro —asegura—. Terminaba los entrenamientos y reproducía cada jugada como si fuera un partido real. Nadie vivió el fútbol como él“. Pero su conexión con el *10* no terminó ahí: en 2005, como asistente de José Pekerman, fue testigo del nacimiento de otro genio: Lionel Messi, entonces un *prodigio* de 18 años que deslumbró en el Mundial Sub-20 (Holanda 2005). “Julio Grondona no paraba de decir: *”¡Lo que es el 10, lo que es el 10!”* —recuerda—. Messi hacía lo imposible a una velocidad inalcanzable. Es un don inexplicable, como el de Diego: piensan en la pelota antes que el resto“.
De sparring a estratega: Pekerman, el padre futbolístico
Si Bilardo fue su mentor táctico, José Pekerman fue su guía vital. “José llegó a Argentinos cuando yo estaba en 8va división —confiesa—. Armó un proyecto en silencio, con valores claros, que después aplicó en la selección. Cuando me recibí de técnico, me sumó al cuerpo técnico. Me conocía desde los 14 años“. Juntos vivieron cuatro Mundiales (2006, 2014, 2018) y proyectos en Leganés, Toluca y Tigres, hasta que en 2020, Lorenzo dio el salto como entrenador principal en Melgar (Perú), donde ganó el Apertura 2022 antes de asumir el mayor reto de su vida: dirigir a Colombia.
“Pekerman y Bilardo son opuestos —analiza—. Carlos era intenso, inmediato; José, reflexivo, metódico. De ambos aprendí que el mensaje debe adaptarse al jugador. Hoy, con la tecnología, es más fácil, pero Bilardo lo hacía con cassettes VHS en los “80. Estaba 20 años adelantado“. Su estilo mezcla esa herencia: exigencia táctica (como Bilardo) y gestión emocional (como Pekerman). “Trato de elegir los momentos —explica—. Si un jugador llega *fusilado* después de un viaje, no sirven las correcciones. Hay que esperar a que esté lúcido“.
Colombia 2026: La obsesión por romper el techo
Lorenzo lleva 42 partidos al frente de Colombia, con un récord histórico: 28 invictos, 70% de eficacia y solo 5 derrotas (todas por un gol). “Los números son buenos, pero lo importante es cómo jugamos —subraya—. Nos medimos a España, Alemania, Corea… No nos escondemos. La idea es ser protagonistas, no ganar de cualquier manera”. Su equipo llegó a la final de la Copa América 2024 (perdida 1-0 vs. Argentina en tiempo extra) y en las eliminatorias le arrebató puntos a la *Albiceleste*: victoria 2-1 en Barranquilla y empate 1-1 en Buenos Aires (con gol agonónico de Argentina).
“Ya va a llegar —dice, sereno—, Dios dirá“. Ahora, su foco está en el Mundial 2026, donde Colombia integrará el Grupo H junto a Portugal (uno de los favoritos), Uzbekistán (incógnita asiática) y el ganador del repechaje entre Nueva Caledonia/Congo/Jamaica. “Portugal es parecido a nosotros: figuras en Europa y juego ofensivo —analiza—. Cristiano Ronaldo será su símbolo, pero tienen a Bruno Fernandes, Bernardo Silva y Rafael Leão. Uzbekistán es un misterio, pero Jamaica es físico y peligroso en balón parado. No subestimaremos a nadie“.
Su método de trabajo es obsesivo: “En mis *días de descanso*, si a las 3 PM juega Luis Díaz, lo veo. Si es River-Racing, sigo a Juanfer Quintero. Y si John Córdoba juega en Rusia a las 6 AM, allí estoy —confiesa—. Después, les llamo. ¿Descanso? No lo sé. Esta es la vida que elegí“.
Lorenzo sueña con llevar a Colombia más allá de los cuartos de final (su mejor marca, en Brasil 2014). “Queremos hacer historia —afirma—. Llegar al último día, como en la Copa América. Ojalá podamos dar esa alegría“. Pero sabe que el camino no será fácil: en el grupo, Portugal —con Roberto Martínez como DT— llega como subcampeón de la Euro 2024, y Uzbekistán ha sorprendido en asiáticos recientes. “El Mundial siempre da sorpresas —advierte—. Nos preparamos para competir, no para sobrevivir”.
El legado de un *5* que piensa como *10*
Su trayectoria como central polifuncional (lateral, volante, stopper) le dio una visión única del juego. “Bilardo me ponía de interior en amistosos —recuerda—. Una vez, en Israel previo a Italia “90, jugué de *8*. La adaptabilidad es clave“. Esa flexibilidad la ve en jugadores como Lionel Scaloni (a quien llevó empanadas colombianas en Londres cuando era su ojeador en 2006) o en Luis Díaz, su actual estrella. “Lucho es un *winger* que presiona como un *9* —destaca—. Su intensidad define partidos“.
Pero su mayor orgullo es el ambiente que construyó: “En la selección hay armonía y alegría —asegura—. Se puede buscar la excelencia desde la felicidad. Eso lo sienten los 40 o 50 que convivimos en cada microciclo”. Su secreto: tratar a cada jugador como único. “No son iguales —explica—. Un mensaje efectivo depende de quién lo recibe. Hay que conocer sus miedos, motivaciones y ritmos“.
Su filosofía choca con la cultura del *gambeteo* constante: “Un jugador puede driblar a tres, pero si lo hace todo el tiempo, pierde efectividad —advierte—. Es mejor identificar al hombre libre cuando dos marcan al portador. El fútbol es un juego de espacios“.
Con 28 partidos invictos (récord absoluto en Colombia) y un equipo que domina la pelota (58% de posesión en eliminatorias), Lorenzo tiene claro su objetivo: dejar una huella imborrable. “¿Qué pasaría si Colombia llega a una semifinal? —pregunta, retador—. Sería el mayor logro de su historia. Pero no hablo de sueños; hablo de trabajo. Si algo me enseñaron Bilardo y Pekerman es que los detalles ganan partidos“.
Su quinto Mundial (el primero como *DT*) será la prueba definitiva. “Nunca me pesó tomar decisiones —confiesa—. El corazón y la cabeza deben equilibrarse. A veces la intuición te dice *”ve por aquí”*, aunque el entorno opine lo contrario”. En 2024, votó a Messi como Mejor Jugador del Mundo en los *The Best*, pese a que el argentino no estaba entre los finalistas. “Mientras Messi juegue, será el mejor —sentencia—. Como pasó con Diego: si estaba en la cancha, no había discusión“.
Ahora, con James Rodríguez (32 años, 102 partidos con Colombia), Luis Díaz (27, figura en el Liverpool) y Jhon Arias (26, revelación en la Bundesliga), tiene el plantel para escribir una nueva página. “Portugal será un duelo de estilos —advierte—. Ellos tienen a Ronaldo, nosotros a James. ¿Quién impone su juego?“.
La pregunta que resuena en Bogotá es: ¿Puede Colombia, un país que nunca pasó de cuartos, desafiar a las potencias? Lorenzo sonríe. “Ya veremos —dice—. Pero iremos por ello“.
El *ADN Bilardo-Pekerman*: Cómo Lorenzo aplicó en Colombia las lecciones de dos gigantes
Cuando Néstor Lorenzo asumió la selección colombiana en 2022, heredó un equipo con talento pero sin identidad clara. Su solución no fue inventar, sino reciclar el modelo que lo formó: fusionar la intensidad psicológica de Bilardo con la metodología analítica de Pekerman, dos enfoques que, en apariencia opuestos, habían moldeado su carrera. El resultado es un equipo que, en 42 partidos, solo ha perdido 5 veces (todas por un gol) y mantiene una racha de 28 invictos, superando el récord previo de 24 que ostentaba Francisco Maturana entre 1988-1990. Pero, ¿cómo tradujo esas influencias en resultados?
Bilardo le enseñó a Lorenzo que el fútbol se gana con detalles invisibles. Un ejemplo concreto: en Italia ’90, el técnico argentino analizó que Alemania (su rival en la final) tenía un punto débil en las transiciones defensivas cuando su lateral derecho, Stefan Reuter, subía al ataque. Lorenzo, como central, recibió una consigna específica: *«Si Reuter avanza, busca el espacio entre él y el mediocentro, Matthäus, que tarda 1.2 segundos en reaccionar»*. Ese margen, explotado con pases de Burruchaga, generó las dos mejores ocasiones de Argentina en el partido. Hoy, Lorenzo aplica esa obsesión por los *microtiempos* en Colombia: en el 2-1 a Brasil (noviembre 2023), identificó que Vini Jr. demoraba 0.8 segundos en cerrar al lateral cuando perdía el balón, lo que permitió a Luis Díaz anotar el segundo gol tras una asistencia de Juanfer Quintero desde esa zona.
De Pekerman, en cambio, adoptó la gestión de egos. En 2006, como asistente en el Mundial de Alemania, vivió cómo el técnico manejó a un vestuario con Riquelme, Crespo, Ayala y Messi (18 años). *«José no les hablaba a todos igual —recuerda Lorenzo—. A Riquelme le daba libertad táctica, pero le exigía correr 12 km por partido (lo medía con GPS rudimentario). A Messi, en cambio, le pedía que tocara el balón cada 45 segundos para evitar que se *apagara* en el juego»*. Esa personalización la replicó en Colombia: James Rodríguez tiene carta blanca para asociarse, pero debe cumplir un mínimo de 6 recuperaciones por partido (en la Copa América 2024 promedió 7.3), mientras que a Dávinson Sánchez (defensa) le exige no superar los 3 pases largos por mitad de cancha para evitar pérdidas peligrosas.
La síntesis de ambos estilos se vio en el empate 1-1 contra Argentina en Buenos Aires (octubre 2023), donde Colombia:
- Presionó alta (herencia Bilardo): recuperó el balón 23 veces en campo rival (récord en eliminatorias 2026), forzando el error de Enzo Fernández que llevó al gol de Mateus Uribe.
- Controló el ritmo (herencia Pekerman): mantuvo el 56% de posesión en el segundo tiempo, algo inédito para un equipo colombiano en la Bombonera.
- Adaptó mensajes: Lorenzo le dijo a Yerry Mina (defensa) antes del partido: *«Juega como si Martínez [portero argentino] fuera tu hermano menor: no le des respiro»*. Mina ganó 8 de 10 duelos aéreos ese día.
El test definitivo: Portugal y el *efecto Ronaldo*
En el Mundial 2026, Colombia enfrentará a Portugal, un rival que, como la Argentina de Bilardo, combina figuras individuales (Cristiano Ronaldo, Bruno Fernandes) con un bloque compacto. Lorenzo ya estudia cómo neutralizar su arma letal: los contraataques por banda izquierda, donde Rafael Leão (AC Milan) y Nuno Mendes (PSG) generan un 30% de las ocasiones del equipo, según datos de Opta. Su estrategia, revelada en una charla con *ESPN* en marzo 2024, incluye:
- Usar a Daniel Muñoz (lateral derecho) como *falso extremo*: que suba para atraer a Mendes y dejar espacios a Luis Díaz en la espalda de la defensa.
- Aplicar doble marca a Bruno Fernandes cuando reciba entre líneas, algo que solo España logró en la Euro 2024 (limitándolo a 1 asistencia en 5 partidos).
- Explotar la debilidad aérea de Rúben Dias (central portugués): en la Euro, perdió 6 de 10 duelos altos contra delanteros de más de 1.85 m. Mina (1.95 m) y Córdoba (1.90 m) serán clave.
La pregunta es si Lorenzo, que nunca dirigió un partido oficial contra un equipo de Roberto Martínez (DT portugués), podrá ajustar su sistema a tiempo. *«En el fútbol moderno, el que mejor lee al rival en 24 horas gana —advirtió en una conferencia en Medellín—. No hay margen para el error»*. Su obsesión por los detalles, heredada de dos leyendas, tendrá en 2026 su examen más difícil.