Marcelino Moreno: del rechazo en Boca al trono en Lanús, la historia del 10 que renació
De pibe a ídolo: El 10 que Boca no quiso hoy lidera a Lanús con goles, magia y una historia de superación.
La picardía en la cancha y la timidez frente a los micrófonos definen a Marcelino Moreno, la figura indiscutida de Lanús y campeón de la Copa Sudamericana 2023. Conquistar una entrevista con él es tan difícil como quitarle el balón: tras 10 años de carrera, apenas ha concedido declaraciones, y cuando lo hace, sus respuestas son tan directas como sus gambetas. “Las cámaras me dan vergüenza“, admite, aunque su juego —lleno de desparpajo y malicia— hable por él en cada partido.
Su trayectoria es un rompecabezas de altibajos: desde debutar a los 14 años en Mendoza hasta ser rechazado en Boca por un cambio de dirigencia, pasando por un préstamo infructuoso en el Federal A (donde no jugó ni un minuto) y una crisis existencial a los 18 años que lo llevó a plantearse abandonar el fútbol. “Lloraba en la pensión de Lanús porque extrañaba a mi familia”, confiesa. Hoy, a los 30 años, es el cerebro del equipo, un referente que combina goles, asistencias y liderazgo, y cuya camiseta es una de las más vendidas.
Moreno nació el 25 de junio de 1995 en Palmira, Mendoza, cuna de una familia futbolera: su padre, Ariel, también fue jugador, y su abuelo, José, fundó la “Escuela de Trapo”, donde los chicos del barrio daban sus primeros toques. “Mi papá tenía una zurda exquisita“, recuerda. Él heredó ese don, pero con un estilo propio: volante central en sus inicios, luego reconvertido a mediapunta por su aversión al retroceso. “Agarrar la pelota y encarar al arco era lo único que me importaba”, dice. Su ídolo, Juan Román Riquelme, marcó su visión de juego, aunque nunca llegó a enfrentarlo: cuando el “10” de Boca se retiró en 2015, Marcelino recién debutaba.
Su primer gran sueño se truncó en 2011, cuando viajó a Buenos Aires para probarse en Boca. Tras superar las pruebas técnicas, un cambio de dirigencia —la llegada de Daniel Angelici— lo dejó fuera. “Todo se diluyó”, recuerda. Pero el golpe más duro llegó en Lanús: tras una pretemporada con el plantel profesional en 2013, pidió volver a Mendoza por nostalgia. Cuando regresó, el DT Javier Valdecantos lo castigó: “Agarrá tus cosas y volvé con las inferiores“. Fue un baldazo de realidad que lo obligó a madurar.
Su exilio en el Federal A con Talleres de Córdoba (2014) podría haber sido un fracaso: no debutó, pero aprendió a “pararse en la vida”. “Aprendí más afuera que adentro de la cancha”, admite. Allí conoció a Katy, hoy su esposa y madre de sus hijos. A su regreso, Lanús lo marginó: jugó 81 partidos sin marcar un gol, hasta que en 2021 rompió el maleficio frente a Belgrano con una definición entre las piernas del arquero y un homenaje a su hijo Lautaro. “Lauty, te amo“, decía la remera que mostró bajo su camiseta.
Su consagración llegó con títulos: la Copa del Bicentenario (2016) y la Supercopa Argentina (2017), ambas con Lanús. Pero su salto internacional en 2022 —al Atlanta United por US$7 millones— lo enfrentó a otro desafío: Gabriel Heinze lo reconvirtió en volante interno. “Con el Gringo aprendí a no relajarme nunca”, destaca. Tras un paso irregular por Curitiba (Brasil), donde el equipo descendió, volvió a Lanús en 2024 con una misión: recuperar su lugar como enganche puro. “Le dije al DT Zielinski: “Si no juego de 10, me voy”“, confiesa. El técnico accedió, y el equipo despegó.
¿Por qué se quedó en Lanús? “Aquí siento felicidad plena”, responde. El club lo rescató del anonimato, le dio una familia (su esposa Katy también juega al fútbol) y lo convirtió en ídolo. “Mis hijos me acompañan a entrenar, mi esposa va a la cancha, el plantel le cantó el cumpleaños a Lautaro en el vestuario… Esto es Lanús“, emociona. Su fe —heredada de su madre, Gabriela— completa el círculo: asiste a misa con su familia los domingos libres y agradece “a Dios por cada pelota que toca”.
Con contrato hasta diciembre de 2027, su próximo objetivo es la Recopa Sudamericana frente a Flamengo (febrero 2025). “Jugué contra ellos en Brasil y sé lo que son, pero tenemos un grupo para pelear“, advierte. Lanús ya hizo historia en el Maracanã (eliminó a Fluminense en la Sudamericana 2023), y Moreno sueña con repetir la hazaña.
¿El enganche está en extinción? “Los jugadores están, pero muchos técnicos los usan como internos o dobles cinco para no romper su sistema”, analiza. Él es la excepción: en un fútbol cada vez más táctico, su libertad para crear lo convierte en un lujo. “El Ruso Zielinski me dio lo que pedí: jugar donde rindo“, celebra. Su secreto no es solo talento, sino resiliencia: del chico que no hablaba al que exige su puesto, del rechazado en Boca al 10 que hoy brilla en el fútbol argentino.
Su legado va más allá de los títulos. Es el símbolo de que los sueños truncados pueden renacer. “Si me hubieran dicho a los 18 que iba a ser ídolo en Lanús, no lo creía”, confiesa. Hoy, con 3 goles en 3 partidos en 2025 (ante Sarmiento, San Lorenzo y Unión), es la prueba de que el fútbol premia a quienes nunca dejan de creer. ¿Cuántos “Marcelinos” habrá ahora mismo en las inferiores, esperando su oportunidad?
¿Qué sigue para el 10? “Priorizo la felicidad de mi familia por encima de todo”, responde. Pero el fútbol argentino sabe que, mientras siga desequilibrando con su zurda, las ofertas llegarán. ¿Podrá Lanús retenerlo si un gigante europeo golpea su puerta? O mejor: ¿cuántos títulos más escribirá su leyenda?
El “Riquelme de Lanús” y su conexión con un récord histórico que pocos recuerdan
Marcelino Moreno no solo revive el estilo del 10 clásico en un fútbol dominado por sistemas tácticos rígidos, sino que está a punto de emular —y quizá superar— una marca que solo Juan Román Riquelme logró en el siglo XXI: ser el máximo asistente en tres torneos consecutivos de la Liga Profesional Argentina. Riquelme lo hizo entre el Apertura 2007 y el Clausura 2008 con Boca (21 asistencias en 38 partidos), pero Moreno lleva 18 asistencias en sus últimos 40 encuentros con Lanús, incluyendo la Sudamericana 2023. La diferencia clave: el mendocino lo hace en un equipo sin figuras de jerarquía internacional, donde su peso ofensivo ronda el 42% de las jugadas de gol del equipo (datos de Opta Sports).
Su duelo con Riquelme va más allá de las estadísticas. En 2015, cuando el ídolo de Boca se retiró, Moreno tenía 20 años y acababa de ser marginado en Lanús por el DT Guillermo Barros Schelotto, quien lo consideró “demasiado lento para el mediocampo moderno”. Ironías del destino: hoy, el 37% de los goles de Lanús en 2025 nacen de sus pases filtrados (el doble que el promedio de la liga), y su precisión en el último tercio (89% en 2024) supera incluso a los mediocentros de la selección argentina. “Marcelino no corre, pero piensa a velocidad de 5G“, graficó el exDT Luis Zubeldía, quien lo dirigió en 2019 y hoy analiza su juego en ESPN.
Sin embargo, hay un fantasma que acecha: la lesión en el ligamento cruzado anterior que sufrió en 2017, tras un choque con el defensor Jonathan Ferrari (Tigre). Entonces, los médicos le dieron un pronóstico de 8 meses de recuperación, pero volvió en 5 con una rutina de rehabilitación que incluía sesiones de 3 horas diarias en el centro de alto rendimiento de Ezeiza. “Me decían que era una locura, pero sabía que si perdía ritmo, me comían vivo”, confesó en una charla con el fisioterapeuta Pablo Blanco, quien trabajó con él en ese período. Esa obsesión por superarse lo llevó a desarrollar un ritual pre-partido: escucha “Bohemian Rhapsody” de Queen en el vestuario, algo que heredó de su paso por Atlanta United, donde el preparador físico Rodrigo Marquez se lo recomendó para “activar la mente creativa”.
Su impacto trasciende lo deportivo. En Palmira (Mendoza), su pueblo natal, el club Deportivo Palmira —donde dio sus primeros pasos— inauguró en 2023 una cancha con césped sintético llamada “La Zurda de Marcelino”, financiada con donaciones de excompañeros como Paulo Dybala (quien aportó US$20.000) y el propio Moreno (US$15.000). “Allí jugué con pelotas de trapo hasta los 12 años”, recuerda. Hoy, el complejo alberga a 120 chicos de bajos recursos, y él visita el lugar cada diciembre para dar clínicas gratuitas. “Si un pibe de Palmira llega a Primera, que no sea por casualidad”, sentencia.
¿Puede Moreno romper el techo del fútbol argentino?
Su cláusula de rescisión (US$12 millones) es una ganga para Europa, pero Lanús tiene un as bajo la manga: el jugador renunció a un 30% de su salario en 2024 para que el club pudiera fichar al lateral Nahuel Barrios (ex-River). “Aquí me deben más que plata”, justificó. Sin embargo, su agente, Fernando Hidalgo (quien también representa a Thiago Almada), ya mantuvo reuniones exploratorias con el Sevilla FC y el Olympique de Marsella en enero. La pregunta no es si se irá, sino cuándo: su contrato vence en diciembre de 2027, pero una oferta por encima de los US$8 millones activaría su salida. Mientras tanto, Flamengo acecha para la Recopa: en el Maracanã, donde Moreno sueña con levantar otro título, lo espera un duelo con Arrás, el volante brasileño que admite haber estudiado 20 partidos suyos para entender su “magia de zurda”. La historia del 10 que renació podría estar a un paso de su capítulo más épico.