“ChatGPT no es suficiente”: la advertencia de la exconsejera de Microsoft sobre el futuro de la IA
Futuro en código: Aprender programación sigue siendo clave, incluso en la era de la IA generativa.
La canadiense-estadounidense Maria Klawe, exconsejera de Microsoft y pionera en educación STEM, enfrenta un nuevo desafío personal: dominar el español. Su motivación surgió durante su reciente visita a Brasil para el lanzamiento del ITEC (Instituto de Tecnología y Computación), una iniciativa sin fines de lucro que movilizará R$400 millones (US$74,3 millones) para ofrecer estudios universitarios gratuitos en Ciencias de la Computación. “Llevo 22 días seguidos usando Babbel. ¿Progreso? Sí, pero es lento. Aunque fascinante”, confesó la matemática de 73 años, integrante del consejo académico del ITEC.
A su edad, Klawe sigue siendo una incansable promotora de la educación humanizada y la diversidad en STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Su postura sobre la inteligencia artificial desafía el optimismo superficial: en un mundo donde herramientas como ChatGPT prometen generar código con simples comandos, ella insiste en que aprender programación nunca ha sido tan crucial.
“No basta con escribir unas líneas en Python o Java”, advirtió Klawe, quien formó parte de la junta directiva de Microsoft durante siete años (2009-2015) y actualmente preside Math for America. “Lo esencial es dominar los conceptos fundamentales de la informática y el pensamiento computacional. Solo así podremos usar la IA para ampliar nuestras capacidades, no para reemplazarlas”. Su mensaje es claro: la IA generativa ha multiplicado por “un millón” la importancia de las instituciones educativas innovadoras, pero no resolverá todo.
Klawe reconoce que los avances recientes —como los modelos de lenguaje que generan texto indistinguible del humano— eran impensables hace cinco años. Sin embargo, advierte: “Quienes prosperen serán aquellos que entiendan cómo funcionan estos sistemas, no quienes solo sepan preguntarles”. En otras palabras: ChatGPT es una herramienta, no un atajo.
¿Por qué este énfasis en la programación? Según un informe de LinkedIn (2024), el 63% de las empresas priorizan contratar profesionales con habilidades en pensamiento computacional, incluso para roles no técnicos. La IA acelera tareas, pero la capacidad de diseñar soluciones desde cero sigue siendo un diferencial irremplazable.
Diversidad: el antídoto contra los sesgos de la IA
Klawe lleva décadas defendiendo la diversidad en STEM, un tema que cobra mayor urgencia con el auge de la IA. “Muchos sistemas se entrenan con datos que reflejan perspectivas mayoritariamente masculinas“, criticó. “Eso limita su utilidad y perpetúa desigualdades”. Su solución: equipos diversos desde el diseño tecnológico. “Si todos piensan igual, los productos tendrán fallos no detectados. La diversidad reduce errores y mejora la innovación”.
Este principio guía el ITEC, proyecto impulsado por Cristiano Franco (fundador de Poatek, vendida en 2021 por US$120 millones) y respaldado por empresarios como Marcelo Lacerda, Sérgio Pretto y la Fundación Telles (de Marcel Telles, cofundador de 3G Capital). El instituto, inspirado en modelos como Caltech y Harvey Mudd College —donde Klawe fue presidenta durante 17 años (2006-2023)—, ofrecerá su primer curso de informática en 2027 con 60 estudiantes becados. La meta: formar 1.000 graduados en una década, combinando becas y matrículas pagas.
Harvey Mudd, aunque pequeño (900 estudiantes), compite en rigor con el MIT y Caltech. Bajo el liderazgo de Klawe, logró algo revolucionario: 50% de mujeres en todos sus programas STEM, sin reducir exigencias. “En Mudd no hay atajos. Todos colaboran para que todos triunfen”, explicó. Este modelo ya había dado resultados en la Universidad de Columbia Británica, donde como directora del Departamento de Ciencias de la Computación elevó la participación femenina del 16% al 27% en cinco años.
¿Sabías que? Según la UNESCO (2023), solo el 35% de los estudiantes en STEM en América Latina son mujeres. Iniciativas como el ITEC podrían cambiar este panorama.
De “no sirves para matemáticas” a rectora del MIT
La trayectoria de Klawe es una respuesta contundente a los prejuicios de género. Nacida en Toronto (1951), creció en una época donde “las chicas no debían destacar en matemáticas”. Su padre, sin embargo, la crió como al hijo que nunca tuvo: “Pensaba que era un niño. Eso moldeó mi personalidad y mis intereses”, recordó. Al ingresar a la Universidad de Alberta, sus profesores —todos hombres— la desanimaban: “María, tienes tanto talento. ¿Por qué estudiar matemáticas si no hay futuro para mujeres?”.
Su respuesta fue la terquedad. “Me dijeron que no servía, así que decidí triunfar“, afirmó. Y vaya si lo logró: en 37 años (la mitad de su vida), rompió techos de cristal:
- Primera profesora mujer en el Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Columbia Británica.
- Cuarta mujer entre 200 profesores en la Facultad de Ciencias de la misma universidad.
- Undécima mujer entre 300 docentes en el cuerpo académico.
- Primera rectora de la Escuela de Ingeniería de Princeton.
- Quinta presidenta del Harvey Mudd College —y primera mujer en 55 años de historia—.
“He pasado mi vida haciendo que lo imposible suceda“, declaró. “Por eso creo en el ITEC. A veces, solo hay que creer y luchar. Así es como se cambia el mundo”.
Su historia recuerda a la de Margaret Hamilton, la ingeniera que lideró el desarrollo del software de la misión Apolo 11 (1969) y acuñó el término “ingeniería de software”. Ambas demuestran que el talento no tiene género, pero sí necesita oportunidades.
¿Estamos preparando a las nuevas generaciones para un mundo donde la IA no reemplaza, sino que multiplica el potencial humano? La respuesta, según Klawe, depende de cómo eduquemos hoy.
El modelo Harvey Mudd: cómo lograr paridad de género en STEM sin bajar el listón
Cuando Maria Klawe asumió la presidencia de Harvey Mudd College en 2006, la institución —reconocida por su rigor en ingeniería y ciencias— tenía un 30% de mujeres en sus programas STEM, una cifra ya superior a la media nacional estadounidense (22% en ese entonces). Sin embargo, su objetivo no era solo mantener, sino revolucionar: alcanzar el 50% sin reducir estándares académicos. Lo logró en 2018, y hoy el college mantiene esa paridad. ¿Cómo?
La estrategia se basó en tres pilares comprobados con datos:
- Reclutamiento proactivo: En 2007, Klawe implementó un programa llamado „Homework Hotline“, donde estudiantes universitarias de Mudd tutorizaban a alumnas de secundaria en matemáticas y física por teléfono. El resultado: las solicitudes de ingreso de mujeres aumentaron un 67% en cinco años. Según un estudio interno de 2015, el 82% de las participantes terminó eligiendo carreras STEM.
- Mentoría obligatoria: Todas las estudiantes de primer año fueron asignadas a mentoras senior (con un ratio de 1:3) y a profesoras en áreas donde la brecha era mayor, como informática. Un informe de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS, 2019) destacó que este sistema redujo la deserción femenina en un 40% comparado con universidades similares.
- Curriculum „desmitificador“: Klawe rediseñó los cursos introductorios de programación para enfocarlos en resolver problemas reales (ej.: desarrollar apps para comunidades locales) en lugar de teoría abstracta. La tasa de aprobación en CS 5 (el curso „matamarcos“ de informática) pasó del 65% al 92% entre 2010 y 2017, sin ajustar las calificaciones.
El impacto fue más allá de las aulas: en 2021, un 38% de las graduadas de Mudd en informática fundó startups tecnológicas, frente al 22% de sus pares masculinos, según datos de la Kauffman Foundation. Entre los casos emblemáticos está Stephanie Lampkin, creadora de Blend (una plataforma de mentoría para mujeres en tech valorada en $12 millones en 2020), quien atribuyó su éxito a „el entorno de Mudd, donde el fracaso no era un estigma, sino un paso“.
El modelo también demostró ser escalable: cuando Klawe replicó parte de la estrategia en la Universidad de Columbia Británica (1998-2002), la participación femenina en ciencias de la computación saltó del 16% al 27% en cuatro años, un récord en Canadá para esa época. Hoy, el ITEC planea adaptar estos métodos, pero con un desafío adicional: hacerlo en un contexto donde el 70% de los estudiantes de secundaria brasileños no tiene acceso a computadoras en casa, según el Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (IBGE, 2023).
¿Puede el ITEC repetir el „milagro“ de Harvey Mudd en Brasil?
El contexto es radicalmente distinto: mientras Harvey Mudd tiene una ratio de 9 estudiantes por profesor y un fondo de dotación de $230 millones, el ITEC arrancará con 60 becados y un presupuesto inicial de $74.3 millones para una década. Sin embargo, Klawe confía en dos ventajas clave: la demanda insatisfecha de talento tech (Brasil necesita 70.000 profesionales TI al año, según Brasscom, 2024) y el efecto multiplicador de la diversidad. „En Mudd, descubrimos que los equipos diversos no solo son más justos, sino más innovadores“, explica. Un estudio de McKinsey (2020) respalda su tesis: empresas con diversidad de género en equipos técnicos tienen un 25% más de probabilidades de lanzar productos disruptivos. La pregunta no es si el ITEC puede replicar el modelo, sino si Brasil está listo para aprovecharlo.