Donald Trump en la Sala de Crisis de la Casa Blanca con mapa del estrecho de Ormuz y datos nucleares de Irán

Trump a punto de definir el futuro con Irán: ¿acuerdo histórico o nuevo giro?

Decisión en la Sala de Crisis: Trump anuncia un movimiento “final” sobre Irán en horas clave para el estrecho de Ormuz y el programa nuclear.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha confirmado que su veredicto sobre las negociaciones con Irán es “inminente” y que se dirige a la Sala de Crisis de la Casa Blanca para adoptar una respuesta definitiva al borrador de acuerdo que busca el cese de hostilidades entre ambos países. La tensión en la región, especialmente en torno al estrecho de Ormuz —por donde transita el 20 % del petróleo mundial ha alcanzado niveles críticos en las últimas semanas, con incidentes entre buques y amenazas de bloqueo por parte de Teherán.

En un mensaje difundido en redes sociales, Trump ratificó los puntos clave filtrados por medios estadounidenses e iraníes: Irán se comprometería a no desarrollar nunca un arma nuclear y a abrir sin condiciones el estrecho de Ormuz, vital para el comercio global de crudo. A cambio, Washington levantaría el bloqueo naval en la zona y participaría en una operación conjunta con Teherán y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) para retirar el uranio enriquecido del país. Este último punto recuerda al acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA), del que Trump retiró a EE.UU. en 2018, alegando que Irán incumplía sus cláusulas.

El mandatario estadounidense dejó claro que “Irán no recibirá dinero alguno hasta nuevo aviso”, una condición que choca con las demandas históricas de Teherán para aliviar las sanciones económicas que asfixian su economía desde 2018. Trump también mencionó que existe un “acuerdo en otras cuestiones de mucha menor importancia”, aunque no detalló cuáles. Su mensaje concluyó confirmando el inicio inminente de la reunión en la Sala de Crisis para “tomar una decisión final”, un espacio reservado para emergencias de seguridad nacional, como el ataque con drones a instalaciones saudíes en 2019 o la crisis de los misiles en Cuba en 1962.

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¿Qué hay detrás del borrador y por qué Irán niega su existencia?

Estados Unidos confirmó este jueves un “principio de acuerdo” para extender la tregua por dos meses y garantizar la libre navegación en el estrecho de Ormuz, un documento que, según fuentes diplomáticas, incluye el compromiso de iniciar conversaciones formales sobre el programa nuclear iraní. Sin embargo, las autoridades iraníes han evitado validar la información, una estrategia recurrente en Teherán para ganar margen de negociación. Este silencio contrasta con la urgencia de Trump, quien en 2020 ordenó el asesinato del general Qasem Soleimani, un movimiento que llevó a Irán a anunciar que ya no se sentiría limitada por los límites del JCPOA en cuanto a enriquecimiento de uranio.

El borrador, según filtraciones, también abordaría la liberación de prisioneros —como el caso del estadounidense Siamak Namazi, detenido desde 2015— y la reducción de las sanciones secundarias que ahogan a empresas extranjeras que comercian con Irán. Pero el principal escollo sigue siendo el uranio enriquecido al 60 %, un nivel cercano al necesario para fabricar un arma nuclear (90 %). La OIEA advirtió en mayo de 2023 que Irán había acumulado suficiente material para, en teoría, producir tres bombas atómicas si decidiera purificarlo aún más.

¿Logrará Trump un acuerdo que elude su legado de “máxima presión”? O, por el contrario, ¿estamos ante un nuevo capítulo de tensiones que podría desestabilizar el mercado petrolero global? La respuesta podría llegar en las próximas horas, pero el historial de desconfianza entre ambas potencias —con cuatro décadas de hostilidades desde la Revolución Islámica de 1979— sugiere que cualquier pacto será frágil. Mientras la Sala de Crisis espera al presidente, el mundo espera saber si esta vez la diplomacia prevalecerá sobre los tambores de guerra.

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El precedente que pesa sobre Trump: el fracaso del JCPOA y sus 1.800 millones en efectivo

La referencia de Trump al acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA) no es casual: su administración lo abandonó en mayo de 2018, pero lo que pocos recuerdan es el pago en efectivo de 1.800 millones de dólares que Estados Unidos transfirió a Irán en enero de 2016 —en billetes de 100 euros y dólares, cargados en un avión no comercial— como parte del canje por cuatro rehenes estadounidenses. Este episodio, revelado por The Wall Street Journal, se convirtió en un punto de inflexión para los halcones de Washington, que acusaron a Obama de “financiar el terrorismo”. Trump, entonces candidato, lo usó como munición en su campaña, prometiendo que “Irán nunca más vería un dólar estadounidense”. Hoy, con el borrador sobre la mesa, ese compromiso choca con la realidad: Teherán exige alivio económico inmediato, no promesas.

El JCPOA también dejó otra herida abierta: el incumplimiento iraní en el enriquecimiento de uranio. Según informes de la OIEA de noviembre de 2019 —justo un año después de que Trump reinstaurara las sanciones—, Irán ya había superado el límite de 300 kg de uranio enriquecido al 3.67% establecido en el acuerdo, alcanzando 2.400 kg para febrero de 2020. Pero el verdadero salto cualitativo llegó en abril de 2021, cuando comenzó a enriquecer al 60% en la planta de Natanz, un nivel que, según expertos del Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional (ISIS), reduce a “semanas” el tiempo necesario para obtener grado militar (90%). Este antecedente explica por qué Trump insiste en que “Irán no recibirá dinero hasta nuevo aviso”: el riesgo de que los fondos se destinen a acelerar el programa nuclear —como ocurrió con parte de los 150.000 millones de dólares liberados tras el JCPOA— es un fantasma que persigue a la administración.

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Hay otro dato que complica el escenario: en septiembre de 2023, Irán firmó un acuerdo de cooperación militar con Rusia por valor de 1.000 millones de dólares, que incluye la transferencia de tecnología de misiles balísticos y drones. Moscú, a cambio, recibió acceso a bases iraníes para operaciones en Siria. Este pacto, denunciado por la OTAN, demuestra que Teherán ya tiene alternativas geopolíticas para sortear el aislamiento económico. Si Trump cede en las sanciones, podría estar, sin quererlo, financiando indirectamente la alianza Irán-Rusia. Si no cede, el estrecho de Ormuz —y el 20% del petróleo mundial— seguirán en jaque.

La paradoja de Trump: ¿puede vender un acuerdo que contradice su doctrina?

El presidente se enfrenta a un dilema: cualquier concesión a Irán será interpretada por su base como una traición a la “máxima presión”, la estrategia que definió su política exterior. Pero un nuevo ciclo de tensiones podría disparar el precio del crudo a más de 100 dólares por barril —como ocurrió en septiembre de 2019 tras los ataques a instalaciones saudíes—, golpeando la economía estadounidense en pleno año electoral. La Sala de Crisis no solo decidirá el futuro con Irán: definirá si Trump prioriza el legado o la reelección. Y el reloj corre: el plazo para registrar candidaturas republicanas vence en marzo de 2024.

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