Trump y Xi Jinping sellan acuerdo con apretón de manos frente a banderas de EE.UU. y China, con mapa de Irán de fondo

“Frentismo histórico”: Trump y Xi unen fuerzas contra Irán en cumbre con US$250.000M en juego

'Frentismo histórico': Trump y Xi unen fuerzas contra Irán en cumbre con US$250.000M en juego

El momento exacto en que 15 acuerdos comerciales y un inédito consenso sobre la crisis iraní sellaron tres días de negociaciones en Pekín, con un apretón de manos que podría redefinir el tablero geopolítico.

Alianza inesperada: Donald Trump y Xi Jinping cerraron este viernes su cumbre en China con avances calificados como “históricos”, incluyendo pactos económicos por US$250.000 millones y una postura conjunta para contener el programa nuclear de Irán. Un giro que evoca el precedentes de 2017, cuando ambos países unieron fuerzas para sancionar a Corea del Norte.

Ha sido una visita increíble“, declaró Trump ante la prensa, junto a Xi. El mandatario estadounidense destacó los “acuerdos comerciales fantásticos” que, según la Casa Blanca, superan los US$250.000 millones en inversiones y exportaciones. “Hemos resuelto problemas que otros no pudieron“, afirmó, subrayando el “respeto mutuo” con su homólogo chino, a quien describió como un “líder visionario”. ¿Podrá este entendimiento sobrevivir a las tensiones estructurales entre ambas potencias?

Trump reveló que ambos países coincidieron en que Teherán no debe desarrollar armas nucleares y en la necesidad de mantener abierto el estrecho de Ormuz, por donde transita el 30% del comercio marítimo global. “Queremos que este conflicto termine. Es una situación insostenible“, advirtió, recordando que en 2019 las tensiones elevaron el precio del petróleo un 22% en solo una semana, llevando el barril a cotizar cerca de los US$70.

El presidente chino, por su parte, calificó la visita de “hito diplomático” y anunció “entendimientos estratégicos” para expandir la cooperación en tecnología, energía y seguridad regional. Xi recordó que, pese a las diferencias, el intercambio comercial bilateral alcanzó US$660.000 millones en 2023, una cifra récord que supera el PIB de países como Argentina o Suecia. “China y EE.UU. deben evitar perturbaciones“, enfatizó, citando la necesidad de “coexistencia pacífica” en un contexto donde el 18% de las importaciones chinas provienen de Estados Unidos (datos de la Organización Mundial del Comercio, 2024).

Irán: El punto de encuentro que sorprendió al mundo

El acercamiento en la postura sobre Irán marcó un precedente: por primera vez desde 2015, cuando se firmó el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), ambos países mostraron un frente común. Trump destacó que Pekín compartió su preocupación por el enriquecimiento de uranio iraní al 60%, un nivel que, según la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), está a solo meses de alcanzar el 90% necesario para fabricar un arma nuclear. “China entiende los riesgos. Nadie quiere una guerra en Oriente Medio”, sentenció.

Xi evitó mencionar directamente las sanciones estadounidenses a Irán, pero subrayó la importancia de “dialogar” para evitar una “escalada descontrolada”. Analistas señalan que este alineamiento podría presionar a Teherán, cuyo PIB cayó un 5% en 2022 por el bloqueo económico y donde la inflación superó el 40% en 2023, según el Fondo Monetario Internacional. ¿Logrará este consenso frenar el avance nuclear iraní o quedará en papel mojado?

Comercio: ¿El gran ganador de la cumbre?

Los acuerdos comerciales fueron el eje central. Trump anunció que empresas estadounidenses como Qualcomm y Tesla ampliarán sus operaciones en China, mientras que Pekín se comprometió a reducir aranceles a productos agrícolas de EE.UU., incluyendo la soja y el cerdo, cuyos envíos cayeron un 40% en 2024 por la guerra comercial. “Es un win-win“, celebró el mandatario, quien aseguró que estos pactos crearán más de 500.000 empleos en ambos países, una cifra equivalente a la población de ciudades como Atlanta o Sacramento.

Ver  "Nunca más": Irán cierra la puerta a EEUU con petróleo y amenazas sin retorno

Xi, en cambio, advirtió que la relación económica debe basarse en “confianza y previsibilidad“. “Las guerras comerciales no benefician a nadie”, declaró, en una clara referencia a los aranceles impuestos por Trump en 2018, que costaron a China US$100.000 millones en exportaciones perdidas y redujeron el crecimiento del gigante asiático en 0,3 puntos porcentuales ese año, según estimaciones del Banco Mundial. ¿Podrán estos acuerdos compensar las pérdidas acumuladas?

¿Un nuevo capítulo o solo diplomacia?

Mientras Trump resaltó el “cariño” entre ambos líderes, expertos como Ian Bremmer, presidente de Eurasia Group, advirtieron que los avances son “frágiles”. “China no cederá en temas como Taiwán o el mar de la China Meridional“, señaló, recordando que en 2022 se registraron 1.700 incursiones de aviones chinos en la zona disputada, un récord histórico. ¿Bastará el comercio para contener el conflicto?

El tiempo dirá si esta cumbre fue un punto de inflexión o solo un paréntesis en la rivalidad entre las dos mayores economías del mundo. Mientras, el estrecho de Ormuz sigue siendo el termómetro: si Irán cierra el paso, como amenazó en 2019, el precio del barril podría dispararse a US$150, según Goldman Sachs, un nivel que no se ve desde la crisis financiera de 2008. ¿Están preparados Trump y Xi para evitar ese escenario, o Irán será el próximo campo de batalla?

El precedente que nadie recuerda: cuando EE.UU. y China unieron fuerzas contra Corea del Norte (y por qué Irán podría ser diferente)

El acuerdo sobre Irán firmado por Trump y Xi evoca un episodio casi olvidado: la crisis nuclear norcoreana de 2017, cuando ambos países coordinaron —por única vez en la década— una respuesta conjunta. En septiembre de ese año, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad (con apoyo chino) las sanciones más duras en 20 años contra Pyongyang, incluyendo un embargo total a sus exportaciones de carbón, hierro y plomo (US$1.300 millones en pérdidas anuales para Corea del Norte). Pekín, que históricamente protegía a su aliado, cedió a la presión de Trump tras el lanzamiento de un misil balístico que sobrevoló Japón, un hecho que no ocurría desde 1998.

Pero hay una diferencia clave con Irán: China depende del petróleo iraní (el 10% de sus importaciones en 2023, según la Administración de Información Energética de EE.UU.), mientras que con Corea del Norte solo tenía lazos ideológicos. El paralelo se rompe en otro dato revelador: en 2017, China suspendió temporalmente las importaciones de carbón norcoreano antes de que la ONU actuara, un gesto que Trump celebró como “un gran paso”. Con Irán, en cambio, Pekín aumentó un 14% sus compras de crudo iraní en el primer trimestre de 2024 (datos de Kpler), incluso mientras Washington impuso sanciones secundarias a empresas chinas por comerciar con Teherán. ¿Por qué la doble moral? Los analistas apuntan a un factor económico irrefutable: el 80% del petróleo iraní exportado va a China, y Pekín lo compra con un descuento del 20-30% respecto al mercado spot, según informes de S&P Global. Xi no puede permitirse perder esa ventaja, especialmente con su economía creciendo al 4,5% en 2024 —la tasa más baja en tres décadas—.

Ver  Trump lanza ofensiva diplomática: Groenlandia como próximo estado de EE.UU.

Otro contraste clave está en el marco legal. Las sanciones a Corea del Norte en 2017 se enmarcaron en el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), del que Irán es signatario (aunque con incumplimientos verificados). Esto le da a Teherán un argumento diplomático que Pyongyang nunca tuvo: puede apelar a la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) para negociar, como hizo en 2015 con el PAIC. De hecho, Irán ya redujo su enriquecimiento de uranio al 20% entre 2016 y 2018 bajo ese acuerdo, algo que Corea del Norte nunca hizo. La pregunta ahora es si Xi está dispuesto a presionar a Teherán como hizo con Kim Jong-un, sabiendo que el 60% de la inversión extranjera en Irán proviene de China (datos del Banco Central de Irán, 2023).

La prueba de fuego: ¿repetirá China el “gesto simbólico” de 2017?

En las próximas semanas, un indicador revelará si el acuerdo Trump-Xi es serio: si Pekín reduce sus importaciones de crudo iraní —aunque sea en un 10%— o, al menos, congela nuevos contratos con empresas iraníes bajo sanciones estadounidenses. En 2017, China tardó 21 días en actuar tras la reunión Trump-Xi en Mar-a-Lago; hoy, con una economía más frágil y un barril de petróleo a US$92 (el más alto desde 2014), el margen de maniobra es menor. Si Xi no mueve ficha, Irán interpretará el “frente común” como lo que siempre temió Trump: diplomacia de fachada. Y el estrecho de Ormuz —donde transita el 21% del petróleo mundial— podría convertirse en el escenario de la próxima crisis. ¿Estará Pekín dispuesto a sacrificar su descuento petrolero por la estabilidad global?

El factor Rusia: cómo Moscú podría desestabilizar el acuerdo Trump-Xi sobre Irán

Mientras EE.UU. y China presentaban su “frente común” contra Irán, un actor clave observaba desde las sombras: Rusia, cuyo papel en el conflicto iraní podría socavar el acuerdo en menos de 30 días. No es casualidad que, horas después de la cumbre en Pekín, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, anunciara una visita “inminente” a Teherán para “reforzar la cooperación energética y militar”. El dato crucial: Moscú ya ha incumplido dos veces los embargos occidentales a Irán, según informes de la ONU. En 2020, suministró sistemas de defensa aérea S-300 a Teherán (por US$800 millones), y en 2023, ayudó a Irán a lanzar el satélite Noor-3, violando resoluciones del Consejo de Seguridad que prohíben tecnología balística iraní. ¿Por qué ahora? Rusia tiene un interés directo: el 35% de las armas que Irán envía a grupos proxies en Oriente Medio (como Hezbolá o los hutíes) usan componentes rusos, según un informe de 2024 del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS).

Ver  "Paz" con trampa: 48 horas para decidir si Ucrania pierde el 22% de su tierra **para siempre**

El riesgo para el acuerdo Trump-Xi es concreto: si Rusia aumenta su apoyo tecnológico o logístico a Irán —como hizo en 2016, cuando proporcionó misiles Kornet a las milicias chiíes en Siria—, Pekín podría quedar atrapado entre dos fuego. China ya ha sido sancionada tres veces por EE.UU. desde 2018 por comprar petróleo iraní (multas por US$1.200 millones en total), pero nunca ha enfrentado represalias por equipamiento militar. Sin embargo, si Moscú acelera la transferencia de tecnología —por ejemplo, los sistemas S-400 que Irán ha solicitado—, Xi se verá obligado a elegir entre su socio energético (Irán) y su aliado estratégico (Rusia), que le suministra el 40% de su gas natural desde la invasión de Ucrania. Un precedente revelador: en 2019, cuando EE.UU. sancionó a la empresa china Cosco por transportar crudo iraní, Pekín no retalió, pero sí aumentó un 25% sus compras de gas ruso ese mismo año, según datos de BP Statistical Review.

Hay otro elemento que Trump y Xi no mencionaron: el corredor India-Oriente Medio-Europa (IMEC), el proyecto de US$20.000 millones que EE.UU. y la UE promueven para eludir el estrecho de Ormuz. Si este plan avanza —y ya tiene acuerdos con Arabia Saudí e Israel—, Irán perdería el 12% de sus ingresos petroleros, según estimaciones del FMI (2023). Rusia, que ve en el IMEC una amenaza a su influencia en Siria, ya ha prometido a Teherán “apoyo total” para sabotearlo, según filtró el diario Kommersant en abril de 2024. La pregunta es si China, que invirtió US$400.000 millones en la Nueva Ruta de la Seda (que pasa por Irán), permitirá que Moscú dictamine su política energética.

La cuenta atrás: 45 días para que Rusia mueva ficha

El cronómetro ya corre. En 45 días, Irán debe responder a la AIEA sobre el uranio enriquecido al 60% encontrado en dos sitios no declarados (informes de febrero de 2024). Si Teherán rechaza cooperar, el Consejo de Seguridad de la ONU podría reactivar sanciones, pero Rusia tiene derecho a veto. Lavrov ya advirtió que cualquier “medida unilateral” contra Irán será considerada un “ataque a la soberanía rusa”. En este escenario, Xi tendría que decidir si apoya sanciones (arriesgando su relación con Moscú) o se abstiene (debilitando su acuerdo con Trump). Un dato clave: en 2010, cuando China se abstuvo en la votación de sanciones a Irán, el precio del barril subió un 15% en una semana. Hoy, con el petróleo a US$92 y una economía china creciendo al 4,5% (su peor registro en 30 años), Pekín no puede permitirse otro shock. La cumbre Trump-Xi quedó bien en la foto, pero el primer movimiento de Putin —ya sea en Teherán o en el Consejo de Seguridad— expondrá sus grietas.

Referencia de contenido: consultar fuente original aquí

Categorías