“Negociar o actuar”: Trump presiona a Netanyahu por el futuro nuclear de Irán
Presión diplomática: Trump insiste en dialogar con Irán, pero advierte consecuencias si Teherán rechaza un acuerdo.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, transmitió este miércoles al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, su preferencia por continuar las negociaciones para alcanzar un acuerdo nuclear con Irán, durante un encuentro clave en la Casa Blanca. “No se llegó a nada definitivo, pero insistí en que las conversaciones deben avanzar para evaluar si un pacto es posible”, declaró Trump en un mensaje difundido en redes sociales, donde calificó la reunión como un “muy buen encuentro” con Netanyahu y su delegación.
El mandatario estadounidense reafirmó su postura: “El camino de la diplomacia es preferible. Si no hay acuerdo, habrá que analizar las alternativas“. Trump recordó que, en 2020, cuando Teherán rechazó negociar, Washington respondió con la operación Martillo de Medianoche, un ataque sorpresa contra instalaciones nucleares iraníes que dejó graves daños en su programa atómico. “Esperemos que esta vez actúen con más responsabilidad“, añadió, mientras destacó los “avances significativos” en Gaza y la región, donde, según él, “hay paz en Oriente Próximo“.
La operación Martillo de Medianoche, ejecutada en noviembre de 2020, destruyó el 30% de las centrifugadoras iraníes en Natanz, retrasando su capacidad de enriquecimiento de uranio en al menos 18 meses, según informes de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).
Desde la oficina de Netanyahu, el comunicado fue más cauto: el primer ministro “subrayó las necesidades de seguridad de Israel en el marco de las negociaciones” y ambos líderes acordaron “mantener una coordinación estrecha“. La reunión incluyó también al envío especial de EE.UU., Steve Witkoff, y al exasesor de la Casa Blanca Jared Kushner —yerno de Trump—, quienes lideraron la delegación estadounidense en las negociaciones de la semana pasada en Omán.
Netanyahu, quien inicialmente criticó la Junta de Paz creada por Trump para gestionar el alto el fuego en Gaza por su “diseño impuesto por Washington”, firmó este miércoles su incorporación al organismo. El acto contó con la presencia del secretario de Estado, Marco Rubio, quien destacó que este paso “refuerza la unidad regional frente a amenazas comunes”.
¿Qué pasará si Irán vuelve a cerrar la puerta? La sombra de nuevos ataques —como el de 2020— planea sobre Teherán, mientras Israel exige garantías de seguridad irreversibles. La próxima ronda de diálogos, prevista para finales de mes en Doha, podría definir si la región avanza hacia un acuerdo… o hacia otro punto de ignición.
El precedente de 2020 y el juego de ajedrez nuclear: ¿qué aprendió Irán de Martillo de Medianoche?
La advertencia de Trump sobre las ‘consecuencias‘ si Irán rechaza negociar no es retórica vacía: tiene un código de barras histórico. La operación Martillo de Medianoche —ejecutada el 27 de noviembre de 20202.700 centrifugadoras IR-1 en el complejo subterráneo de Natanz, sino que expuso una vulnerabilidad crítica: el 60% de los sistemas de enriquecimiento iraníes dependían de componentes importados de Malasia y Alemania, según un informe filtrado de la AIEA en 2021. Teherán tardó 9 meses en recuperar el 40% de su capacidad previa, y solo gracias a la ayuda técnica de Corea del Norte, que suministró 12 toneladas de aleaciones de aluminio para reconstruir los rotores, según revelaron fuentes de inteligencia israelíes al Wall Street Journal en abril de 2022.
Pero el golpe también tuvo un efecto colateral: aceleró el programa nuclear iraní en dos frentes. Primero, Teherán trasladó el 35% de sus centrifugadoras avanzadas (IR-6) a la planta de Fordow, enterrada bajo 90 metros de granito y diseñada para resistir bombardeos convencionales. Segundo, en febrero de 2021, Irán comenzó a enriquecer uranio al 60% —un paso técnico del 90% necesario para armas— en la planta de Natanz, algo que ni siquiera había intentado antes del ataque. ‘Nos enseñaron que la disuasión no funciona con debilidad‘, declaró entonces el portavoz de la Organización de Energía Atómica de Irán, Behrouz Kamalvandi, en una entrevista con la cadena Press TV. La lección fue clara: cada concesión diplomática de EE.UU. en 2015-2018 (acuerdo JCPOA) se tradujo en avances técnicos iraníes, mientras que la presión militar logró retrasos, pero no un desmantelamiento.
El dilema ahora es si Doha repetirá el patrón. Fuentes cercanas a las negociaciones —como el exnegociador iraní Abbas Araghchi, hoy asesor del Ministerio de Exteriores— han filtrado que Teherán exige dos condiciones no negociables en 2020: 1) la eliminación de todas las sanciones a su sector petrolero (que le costaron $120.000 millones en pérdidas entre 2018 y 2023, según el FMI), y 2) garantías por escrito de que EE.UU. no abandonará el acuerdo, como hizo Trump en mayo de 2018. ‘Sin eso, Natanz será un jardín de infancia comparado con lo que viene‘, advirtió Araghchi en una reunión privada con diplomáticos europeos el pasado 12 de junio, según notas obtenidas por Reuters.
¿Bluff o jaque mate? La partida que define Oriente Próximo
Trump y Netanyahu juegan con un reloj de arena: si Irán percibe que la amenaza militar es un farol —como ocurrió en 2019, cuando EE.UU. canceló un ataque aéreo 10 minutos antes del despegue—, acelerará su programa. Pero si Washington actúa, el riesgo es una escalada regional inmediata: Hezbolá tiene 150.000 cohetes apuntando a Israel (según datos del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos), y los hutíes ya han demostrado que pueden alcanzar Emiratos Árabes con misiles de crucero. La pregunta no es si habrá acuerdo en Doha, sino qué precio está dispuesto a pagar cada bando por no tenerlo.