Intel resurge: chips y Trump impulsan su recuperación histórica en 2026
Gigante renace: Intel escala un 31% en 2026 y recupera niveles de hace dos años, con Wall Street apostando por su regreso al negocio de la IA.
La espectacular recuperación de Intel Corp. (INTC) en lo que va de 2026 —con un alza del 31% en sus acciones, el tercer mejor rendimiento del índice S&P 500— confirma que los inversores ven con optimismo su capacidad para atraer nuevos clientes de fundición de chips, un sector que parecía perdido para la compañía en 2024. Tras un repunte del 84% en 2025 y una caída del 60% en 2024 (cuando sus rivales dominaban el auge de la inteligencia artificial), Intel se acerca a su nivel más alto en dos años. Las acciones mantuvieron estabilidad en las primeras operaciones del viernes, pero el mercado ya anticipa movimientos clave.
“Ha vuelto de entre los muertos“, declaró Kim Forrest, directora de inversiones de Bokeh Capital Partners y accionista histórica de Intel. “Fue doloroso mantenerla en cartera, y ahora es maravilloso ver este giro”.
El optimismo se sustenta en cuatro pilares: 1) mejora en las perspectivas financieras, 2) confianza renovada de Wall Street (con upgrades de analistas), 3) especulaciones sobre nuevos clientes de fundición y 4) el potencial de Intel para alinearse con la política “Estados Unidos Primero” del presidente Donald Trump. La compañía, que publicará sus resultados del cuarto trimestre el 22 de enero**, enfrenta expectativas altas: los inversores buscarán señales concretas de progreso en su negocio de fabricación.

Analistas de firmas como Citi y KeyBanc han elevado sus recomendaciones para Intel, que ahora registra el mayor número de equivalentes a “compra” en más de un año. John Vinh, de KeyBanc, subió su calificación a “sobreponderar” esta semana, destacando la demanda sólida, los avances en su tecnología de fundición 18A y un posible acuerdo con Apple Inc. (AAPL) para integrar sus chips en MacBooks y iPhones. “El progreso en 18A es suficiente para posicionar a Intel como el segundo proveedor de fundición más creíble, por delante de Samsung”, escribió Vinh, quien estableció un precio objetivo de US$60 (un 24% por encima del cierre del jueves en US$48,32).
Sin embargo, el promedio de los analistas (US$40.66) aún sugiere una caída del 16% en 12 meses, lo que refleja escepticismo residual. Citi, por ejemplo, mejoró su calificación de “venta” a “neutral” el jueves y elevó su objetivo de US$29 a US$50. “Intel podría beneficiarse de la escasez de empaquetado avanzado en TSMC y tiene una oportunidad única para atraer clientes de obleas, respaldada por el gobierno de EE.UU.”, señaló el analista Atif Malik.
El repunte también se explica por la demanda de sus chips CPU para PC y centros de datos, un mercado que complementa —y no compite— con las GPU de Nvidia (NVDA), enfocadas en IA. Pero el factor más volátil es su relación con Trump, quien en 2025 negoció una inversión gubernamental en Intel tras criticar a su CEO, Lip-Bu Tan. Sumado a las inyecciones de capital de Nvidia y SoftBank, estos movimientos han fortalecido su balance.
“Intel es percibida como una apuesta segura para inversores institucionales, especialmente aquellos con influencia en Washington D.C., y también para gigantes tecnológicos”, explicó Paul Meeks, de Freedom Capital Markets. Su condición de fabricante estadounidense de chips —un caso único en la industria— gana relevancia ante las tensiones geopolíticas: las especulaciones sobre una posible acción china sobre Taiwán podrían disruptir a TSMC, el mayor operador de fundición global.
¿Puede Intel consolidar su recuperación?
El liderazgo de Lip-Bu Tan, ingeniero con trayectoria en semiconductores, ha sido clave para revertir décadas de “mala gestión“, según Forrest. “Intel tenía buenos ingenieros y fábricas capaces, pero la cúpula los posicionó mal. Ahora, eso está cambiando”. Sin embargo, la compañía aún no ha anunciado clientes de alto perfil para su negocio de fundición, un paso crítico para validar su resurgimiento.
El riesgo de una corrección acecha: Intel cotiza a más de 4 veces sus ventas estimadas, su ratio más alto en 20 años. “Está sobrevalorada”, advierte Meeks. Pero los inversores miran al 22 de enero, cuando se revelarán los resultados del cuarto trimestre. Las proyecciones apuntan a un crecimiento del 3% en ingresos para 2026, tras una caída del 1% en 2025. La clave estará en los comentarios de Tan sobre el futuro: “Nadie espera que triunfen“, dijo Meeks. “Confirmar socios para su tecnología 18A sería una sorpresa mayor”.
El contexto geopolítico añade presión. TSMC, con sede en Taiwán, produce el 60% de los chips avanzados del mundo. Si China escalara su presión sobre la isla, Intel —con fábricas en Arizona, Ohio y Nuevo México— emergería como la alternativa más viable para EE.UU. y sus aliados. ¿Podrá capitalizar esta ventaja antes de que la competencia (como Samsung o GlobalFoundries) cierre la brecha?
Otro dato clave: en 2023, Intel recibió US$8.500 millones en subsidios del CHIPS Act, pero su plan para construir una megafábrica en Ohio (con una inversión de US$20.000 millones) aún enfrenta retrasos. Si logra acelerar estos proyectos, su posición como proveedor estratégico se consolidaría.
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El precedente que Intel no quiere repetir: el fracaso de la tecnología de 10 nm y su costo de US$13.000 millones
Mientras los inversores celebran el repunte de Intel en 2026, un fantasma recorre las salas de diseño en Santa Clara (California): el desastre de los 10 nanómetros (nm), un retraso tecnológico que le costó a la compañía más de US$13.000 millones entre 2015 y 2020 y le cedió el liderazgo a TSMC y Samsung. El paralelo con la apuesta actual por la tecnología 18A (equivalente a 1.8 nm) es inevitable, y explica por qué Wall Street exige pruebas concretas antes de declarar victoria.
En 2014, Intel prometió que sus chips de 10 nm llegarían al mercado en 2016, con un rendimiento un 25% superior a los 14 nm. Sin embargo, problemas en la litografía extrema ultravioleta (EUV) y errores en el diseño de los transistores retrasaron su lanzamiento hasta 2019 —tres años después—. Para entonces, TSMC ya dominaba el mercado con su nodos de 7 nm, utilizados por Apple en los iPhone X y AMD en sus procesadores Ryzen. El error le costó a Intel no solo US$13.000 millones en I+D y reconversión de fábricas, sino también la confianza de clientes como Qualcomm, que migró su producción a TSMC. Según un informe de IEEE Spectrum, la demora permitió que AMD ganara un 15% de cuota de mercado en servidores entre 2017 y 2020, un segmento que Intel había monopolizado durante una década.
El riesgo de que la historia se repita con el 18A es real. Aunque Intel afirma que su tecnología está lista para producción en 2025 (con clientes como Microsoft y posiblemente Apple en fila), los analistas recuerdan que en 2018, el entonces CEO Brian Krzanich aseguró que los 10 nm estaban “a punto de despegue” meses antes de su renuncia por un escándalo de conducta. Hoy, el 18A compite directamente con el 3 nm de TSMC, ya adoptado por Nvidia para sus GPU de IA. Un nuevo retraso podría ser fatal: según Gartner, el mercado de fundición crecerá un 12% anual hasta 2028, y Intel necesita capturar al menos un 20% de ese crecimiento para justificar su valoración actual.
Hay una diferencia clave esta vez: el CHIPS Act. Los US$8.500 millones en subsidios recibidos en 2023 —y los US$20.000 millones prometidos para Ohio— actúan como colchón. Pero el precedente de los 10 nm enseña que el dinero no garantiza éxito. En 2019, Intel invirtió US$5.000 millones en reconvertir su planta de Oregón para 10 nm, solo para descubrir que los rendimientos eran un 30% inferiores a lo esperado. Hoy, su fábrica de Arizona enfrenta desafíos similares con el 18A: según filtraciones de Bloomberg, los primeros lotes de prueba tienen un defecto por cm² un 15% mayor que el estándar de TSMC.
2026: el año en que Intel debe demostrar que aprendió la lección
El 22 de enero no solo revelará cifras trimestrales, sino también si Intel ha resuelto los cuellos de botella que ahogaron su innovación en el pasado. Los inversores no olvidan que, en 2020, la compañía tuvo que subcontratar a TSMC la producción de sus propios chips Core i3 porque sus fábricas no daban abasto. Hoy, con Apple y Microsoft como posibles clientes del 18A, un error similar sería impardonable. La pregunta no es si Intel puede crecer, sino si puede hacerlo sin repetir los fallos que la llevaron al abismo en 2024. El mercado ya castigó una vez su sobreconfianza; no lo hará dos.