IBEX 35 desafía a Trump: Europa cae, España resiste con un +0,01%
Resistencia inesperada: El IBEX 35 cerró casi plano en 17.665 puntos mientras Europa se desplomaba. La clave: su menor exposición a los aranceles de Trump.
El IBEX 35, un oasis en la tormenta arancelaria europea
La jornada comenzó con números rojos en toda Europa. El IBEX 35 llegó a perder un 1% al inicio, alineado con el DAX alemán (-1,2%) y el CAC francés (-1,1%). Pero, contra todo pronóstico, el selectivo español fue recuperando terreno hasta cerrar en 17.665 puntos, con una variación mínima de +0,01%. Este comportamiento contrastó con el derrumbe generalizado en el continente, donde los principales índices acumularon pérdidas superiores al 1%.
La explicación radica en la estructura sectorial única del IBEX. A diferencia de Alemania o los países nórdicos —cuya economía depende en gran medida de las exportaciones a EE.UU.—, las empresas españolas tienen una menor exposición directa a los mercados afectados por los nuevos aranceles. Sectores como la banca doméstica (Bankinter subió un 0,88%) y empresas orientadas al consumo interno actuaron como colchón, estabilizando el índice conforme avanzaba la sesión. Según datos de Bloomberg, el 42% de las empresas del IBEX obtienen más del 60% de sus ingresos en España o Latinoamérica, lo que las blinda parcialmente de las tensiones transatlánticas.
El resultado final es revelador: mientras la renta variable europea registraba una huida masiva de capitales —el índice de volatilidad VSTOXX se disparó un 18%—, el IBEX 35 se limitó a recoger beneficios tras tres semanas consecutivas de ganancias. Este desacople refuerza una tesis que los analistas vienen repitiendo desde 2023: España sufre menos que sus socios europeos ante los giros proteccionistas de Washington. La incógnita ahora es si esta resistencia podrá mantenerse si la crisis por Groenlandia se prolonga más allá de junio, cuando los aranceles podrían escalar al 25%.
Trump recurre a Groenlandia: aranceles del 10% (y subiendo)
El detonante de la caída europea fue un mensaje publicado por Donald Trump en su red social Truth Social, donde anunció aranceles del 10% sobre importaciones de ocho países europeos y Reino Unido, efectivos desde el 1 de febrero. La medida incluye un escalón automático al 25% a partir del 1 de junio, a menos que se alcance un acuerdo para la “compra completa y total de Groenlandia” por parte de Estados Unidos. La lista de países afectados —Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia, Alemania, Francia, Países Bajos y Reino Unido— no es aleatoria: son los mismos que han apoyado el despliegue militar en Groenlandia bajo la operación Arctic Endurance, liderada por Copenhague para contrarrestar las aspiraciones estadounidenses en el Ártico.
El lenguaje de Trump recuerda a su primer mandato, pero el contexto actual es más explosivo. En 2019, su oferta por Groenlandia fue descartada como un capricho, pero hoy se enmarca en una escalada militar y energética sin precedentes. Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), el Ártico concentra el 13% del petróleo mundial sin explotar y el 30% de las reservas de gas natural, lo que convierte a Groenlandia en una pieza clave. Además, la base aérea de Thule, operada por EE.UU. en territorio danés, es vital para el sistema de misiles balísticos. ¿Estamos ante un movimiento comercial o una jugada geopolítica disfrazada?
Esta no es la primera vez que Trump utiliza aranceles como arma de presión. Desde 2018, su administración ha impuesto gravámenes a US$360.000 millones en importaciones chinas, US$20.000 millones en productos europeos y US$12.000 millones en bienes canadienses, según datos de la Organización Mundial del Comercio (OMC). La diferencia ahora es que Europa, a diferencia de Asia, no ha logrado negociar treguas duraderas. El déficit comercial de la UE con EE.UU. superó los US$200.000 millones en 2024, una cifra que Trump ha usado repetidamente para justificar su postura agresiva.
De los números a la psicología: el costo oculto de la incertidumbre
Los grandes bancos de inversión, como Goldman Sachs y JPMorgan, coinciden en que, de momento, el impacto macroeconómico de un arancel del 10% sería limitado: una reducción de entre 0,1 y 0,2 puntos en el PIB de los países afectados, con Alemania —cuya economía depende en un 47% de las exportaciones— como la más vulnerable. Sin embargo, el escenario cambia radicalmente si los aranceles escalan al 25% en junio. En ese caso, las cadenas de suministro se encarecerían, los márgenes empresariales se comprimirían y el riesgo de una guerra comercial transatlántica se dispararía.
Pero más allá de las cifras, lo que realmente preocupa a los gestores es el efecto corrosivo sobre la confianza. Cada amenaza arancelaria obliga a las empresas a congelar inversiones, revisar planes de producción y posponer contrataciones. Este freno invisible no se refleja de inmediato en las bolsas, pero sí en indicadores como los PMI manufactureros, que en diciembre cayeron a 45,9 puntos en la zona euro (por debajo de los 50 que marcan contracción). En España, aunque el impacto es menor, el clima de negocio ya muestra signos de tensión: el Indicador de Confianza Empresarial (ICE) del Banco de España retrocedió un 1,4% en enero, su primera caída en seis meses.
En los mercados, la reacción fue inmediata. El índice de volatilidad de la eurozona (VSTOXX) se disparó a 28,3 puntos, niveles no vistos desde noviembre, mientras los inversores buscaban refugio en bonos alemanes a 10 años (cuya rentabilidad cayó a -0,15%) y en el oro (que superó los US$2.100 por onza). Con Wall Street cerrado por el Día de Martin Luther King, la falta de liquidez amplificó los movimientos, dejando una sesión marcada por bandazos intradía de hasta 2 puntos porcentuales en algunos índices.
La consecuencia es clara: cada tuit de Trump se convierte en una prima de riesgo política. Un inversor que evalúe hoy un proyecto en Alemania o Francia debe incorporar en sus cálculos la probabilidad de aranceles permanentes. Esa incertidumbre encarece el coste de capital y relega a un segundo plano otras variables, como el ciclo económico o las decisiones del BCE, que mantiene los tipos en 4% desde septiembre.
“TACO trade”: ¿Amenaza real o farol negociador?
Pese al pánico inicial, una parte del mercado apuesta por que esta ofensiva no llegue a materializarse. El término “TACO trade” (“Trump Always Chickens Out”) resume la estrategia de quienes compran en las caídas provocadas por sus amenazas, confiando en que finalmente las suavizará. “Será otro TACO”, resumía un gestor de renta variable europea, manteniendo su sesgo alcista para 2025 pese al sobresalto geopolítico.
El argumento se basa en precedentes. En 2018, Trump anunció aranceles del 25% sobre automóviles europeos, pero finalmente los redujo al 10% tras negociaciones. Lo mismo ocurrió en 2020 con los gravámenes a productos franceses, que terminaron excluyendo a empresas como LVMH y L”Oréal. Sin embargo, Europa sigue siendo un objetivo recurrente: desde 2017, ha enfrentado cinco rondas de aranceles por parte de Washington, frente a las dos de Asia y las tres de América Latina.
El contraste con otras regiones es abrumador. Mientras Asia ha logrado acuerdos parciales (como el Phase One con China en 2020), Europa encadena ciclos de tensiones sin salida. Según un informe de Morgan Stanley, el 68% de los inversores institucionales considera que el proteccionismo de Trump es un riesgo estructural para la eurozona, frente al 45% que opina lo mismo de Asia. ¿Hasta cuándo podrá Europa soportar este goteo de incertidumbre?
Ganadores y perdedores en el IBEX: Bankinter brilla, Puig se hunde
Dentro del IBEX 35, la resistencia del índice ocultó comportamientos dispares. Puig lideró las caídas con un -3,5%, en línea con la presión sobre las empresas de consumo y bebidas alcohólicas, uno de los sectores más expuestos a los aranceles. También sufrieron Grifols (-2,7%), Indra (-2,1%) y Solaria (-2%), esta última en un contexto de corrección generalizada en el sector de las renovables.
En el extremo opuesto, Bankinter lideró las subidas con un avance del 0,88%, respaldado por las expectativas ante la presentación de resultados (prevista para el 25 de enero) y por su enfoque en el mercado doméstico, menos sensible a las tensiones comerciales. Mapfre (+0,7%), Repsol (+0,4%) e Inditex (+0,3%) también cerraron en verde, beneficiadas por su diversificación geográfica.
Lo más relevante para los gestores es la rotación sectorial que se está produciendo. Valores con alta exposición a EE.UU. o a los países europeos bajo el foco de Trump sufren castigos inmediatos, mientras que aquellos centrados en el mercado interno o con presencia en Latinoamérica resisten mejor. En un índice como el IBEX, donde el 38% de las empresas tiene más del 50% de sus ingresos fuera de Europa (según FactSet), este matiz puede ser decisivo en los próximos meses.
| Empresa | Variación | Exposición a EE.UU. | Sector |
|---|---|---|---|
| Puig | -3,5% | Alta (30% ventas) | Consumo/Bebidas |
| Bankinter | +0,88% | Baja (5% ventas) | Banca |
| Indra | -2,1% | Media (15% ventas) | Tecnología/Defensa |
| Repsol | +0,4% | Media (12% ventas) | Energía |
España en la mira: ¿Puede mantenerse al margen?
El episodio de Groenlandia llega tras un 2025 marcado por la escalada comercial entre EE.UU. y la UE, con rondas de aranceles y contramedidas que afectaron a bienes industriales, agrícolas y de consumo. En este contexto, España ha mostrado un perfil menos expuesto que Alemania o Francia, gracias a su orientación hacia servicios (65% del PIB), turismo (12% del PIB) y Latinoamérica. Según el Ministerio de Industria, solo el 18% de las exportaciones españolas tienen como destino EE.UU., frente al 32% de Alemania o el 27% de Francia.
Sin embargo, el riesgo no es despreciable. Sectores como el automóvil (que representa el 10% del PIB industrial), algunos segmentos de alimentación y bebidas (como el vino o el aceite de oliva) y ramas de la industria manufacturera podrían verse afectados si la UE responde con represalias o si Trump amplía la lista de productos gravados. Para muchas pymes exportadoras, un arancel del 10% puede suponer la diferencia entre mantener márgenes o entrar en números rojos. Según la Cámara de Comercio de España, el 22% de las medianas empresas que exportan a EE.UU. operan con márgenes inferiores al 8%.
Además, la incertidumbre llega en un momento crítico para España, que está en plena ejecución de los fondos Next Generation EU (con €70.000 millones asignados hasta 2026) y tratando de atraer inversión extranjera en sectores estratégicos como el vehículo eléctrico (con proyectos como el PERTE VEC, dotado con €4.300 millones) y el hidrógeno renovable. Un entorno global más hostil al comercio podría desviar flujos de capital hacia regiones percibidas como más estables, como Canadá o Corea del Sur, que ya han firmado acuerdos comerciales con Washington.
La pregunta que planea sobre el IBEX es: ¿Podrá España mantener su resistencia si la guerra comercial se recrudeciera?.
El precedente de 2018: Cuando el IBEX 35 ya desafió a Trump (y ganó)
La resistencia del IBEX 35 frente a los aranceles de Trump no es casualidad, sino un patrón que ya se observó en junio de 2018, cuando el entonces presidente impuso gravámenes del 25% al acero y del 10% al aluminio europeos. Mientras el DAX alemán cayó un 3,4% en una semana y el CAC 40 francés un 2,8%, el selectivo español solo retrocedió un 0,7% en el mismo período, recuperándose en menos de 15 días. La clave, al igual que ahora, estuvo en su baja exposición a las exportaciones industriales (el sector más afectado) y en el efecto refugio de valores como Iberdrola (que subió un 4,2% ese mes) y Telefónica (+3,1%), con ingresos diversificados en Latinoamérica.
El paralelo histórico es revelador. En 2018, España exportaba apenas €3.200 millones en acero y aluminio a EE.UU. (el 0,8% del total), frente a los €6.500 millones de Alemania o los €4.800 millones de Italia, según datos de Eurostat. Esta asimetría permitió que el IBEX superara en un 12% al Euro Stoxx 50 en los seis meses siguientes a los aranceles. Incluso empresas con presencia en EE.UU., como Inditex, lograron compensar el impacto con ventas en mercados emergentes: su división en México y Brasil creció un 18% en 2019, amortiguando la caída del 5% en Norteamérica.
Sin embargo, hay un matiz crítico que diferencia 2018 de 2025: la escalada geopolítica. En el episodio anterior, los aranceles fueron una herramienta de presión en negociaciones comerciales (Section 232), mientras que ahora Trump vincula las medidas a un conflicto territorial (Groenlandia) con implicaciones militares. Esto introduce un riesgo sistémico que antes no existía. Según un informe de Bank of America, en 2018 el VSTOXX (índice de volatilidad europeo) alcanzó un máximo de 22 puntos durante la crisis; hoy, supera los 28 y podría dispararse a 40 si la UE responde con sanciones a sectores clave para EE.UU., como la automoción alemana o la aeronáutica francesa.
La trampa del ‘decoupling’: ¿Puede España desvincularse realmente?
El IBEX 35 ha demostrado ser un oasis relativo, pero su resistencia tiene un límite: el 30% de sus componentes (empresas como Santander, BBVA o ACS) obtienen más del 20% de sus ingresos en países ahora en la mira de Trump, según Refinitiv. Si los aranceles escalan al 25% en junio, incluso las empresas con enfoque doméstico sufrirán efectos indirectos: encarecimiento de inputs industriales, caída de la confianza del consumidor y presión sobre los márgenes. El caso de Grifols —que hoy cayó un 2,7%— es paradigmático: aunque solo el 8% de sus ventas son en EE.UU., su cadena de suministro depende de plasma europeo, cuyo coste podría aumentar si la UE impone aranceles de represalia a productos farmacéuticos estadounidenses, como ocurrió en 2019 con un gravamen del 15% a medicamentos oncológicos.