Prototipo de robot doméstico de OpenAI con diseño minimalista y sistema de voz avanzado sin pantalla

OpenAI acelera: busca aliados para revolucionar robots y hardware con IA

Salto al hardware: OpenAI da un paso audaz para fabricar sus propios robots y dispositivos de IA, buscando socios clave en EE.UU.

La empresa liderada por Sam Altman ha lanzado solicitudes formales a fabricantes estadounidenses de componentes críticos, desde chips de silicio y motores hasta sistemas de refrigeración para centros de datos. El objetivo es claro: construir una cadena de suministro propia que le permita expandir su catálogo con hardware impulsado por inteligencia artificial en los próximos años, según documentos obtenidos por Bloomberg.

Aunque OpenAI no ha revelado cifras de inversión ni plazos concretos, esta movida refleja su estrategia para dejar de depender de terceros. La compañía ya ha dado señales de su ambición en hardware: en 2023, adquirió io, la startup cofundada por Jonathan Ive —exjefe de Diseño de Apple y cerebro detrás del iPhone—. El primer dispositivo fruto de esta colaboración, un aparato sin pantalla centrado en interacciones de voz naturales, podría llegar en menos de dos años.

El proyecto con Ive, aunque ha enfrentado retrasos, promete un diseño radicalmente distinto al smartphone tradicional. Según fuentes cercanas, el dispositivo priorizará la comodidad en usos prolongados, con una IA capaz de discernir cuándo interrumpir al usuario y cuándo permanecer en segundo plano. Este enfoque alinea con otro frente interno: OpenAI ha reestructurado sus equipos de audio, ingeniería y producto para perfeccionar modelos de voz que permitan interacciones fluidas y contextuales, sin depender de pantallas.

¿Por qué ahora? El contexto detrás de la carrera por el hardware de IA

La apuesta de OpenAI no es aislada. En 2024, el mercado global de robótica impulsada por IA alcanzó los US$45.300 millones, con una proyección de crecimiento anual del 25% hasta 2030, según la International Federation of Robotics. Empresas como Tesla (con su robot Optimus) y Figure AI —esta última respaldada por Jeff Bezos y Microsoft— ya compiten por dominar este espacio. OpenAI, hasta ahora centrada en software (como ChatGPT o Sora), busca no quedarse atrás en la próxima ola tecnológica: la fusión de IA con dispositivos físicos.

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Un dato clave: en 2023, OpenAI invirtió US$1.000 millones en infraestructura de centros de datos, según informes internos filtrados. Esta expansión en hardware propio podría reducir su dependencia de proveedores externos como Nvidia (cuyos chips son esenciales para entrenar modelos de IA) y abrir nuevas fuentes de ingresos más allá de las suscripciones a sus herramientas de software.

Los tres frentes de ataque: consumo, robótica y la nube

Las solicitudes de OpenAI a fabricantes detallan tres áreas prioritarias:

  • Dispositivos de consumo: Gadgets personales con IA integrada, como el proyecto con Jonathan Ive, que podría competir con asistentes como Amazon Echo o Google Home, pero con capacidades avanzadas de contexto y voz.
  • Robótica: Aunque no se han revelado detalles, fuentes del sector sugieren que OpenAI explora robots para automatización doméstica y logística, un campo donde empresas como Boston Dynamics ya llevan ventaja.
  • Centros de datos en la nube: Mejorar la eficiencia energética y el rendimiento de sus servidores, críticos para entrenar modelos como GPT-5, cuyo lanzamiento se rumorea para 2025.

La elección de socios estadounidenses no es casual. En 2022, el gobierno de EE.UU. aprobó la Ley CHIPS, que destina US$52.700 millones a subsidios para fabricantes locales de semiconductores. OpenAI podría beneficiarse de estos incentivos al aliarse con empresas nacionales, reduciendo costos y tiempos de producción. Además, esta estrategia le permitiría evitar tensiones geopolíticas, como las restricciones a la exportación de chips avanzados a China, que han afectado a competidores como Huawei.

El desafío: de la teoría a la producción masiva

El mayor obstáculo para OpenAI no es el diseño, sino la escalabilidad. Fabricar hardware a gran escala requiere experiencia que la compañía no tiene. Por ejemplo, Apple tardó 5 años en perfeccionar la cadena de suministro de su primer iPhone (2007), pese a contar con socios como Foxconn. OpenAI, en cambio, parte casi desde cero.

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Otro riesgo es la saturación del mercado. Según un informe de Counterpoint Research, en 2024 ya hay más de 150 dispositivos de IA para el hogar en desarrollo, desde altavoces hasta robots aspiradora. ¿Cómo diferenciarse? La apuesta de OpenAI parece estar en la integración profunda con sus modelos de lenguaje, como GPT-4, que podrían ofrecer respuestas más precisas y personalizadas que las de la competencia.

Mientras tanto, la compañía sigue reestructurando sus equipos. En mayo de 2024, fusionó sus divisiones de audio y robótica bajo un mismo liderazgo, señal de que estos proyectos están ganando prioridad. ¿Logrará OpenAI repetir el éxito de ChatGPT en el mundo físico? O, por el contrario, ¿subestima los desafíos de fabricar hardware a escala global?

Jonathan Ive y el legado de Apple: ¿puede OpenAI evitar los errores del iPhone?

La alianza entre OpenAI y Jonathan Ive, el diseñador que revolucionó Apple con el iPhone, es la apuesta más arriesgada del proyecto. Pero el historial de Ive en hardware no es impecable: tras dejar Apple en 2019, su estudio LoveFrom (cofundado con Marc Newson) trabajó en el AirPods Max (2020), unos auriculares criticados por su precio de $549 y su peso de 384 gramos—casi el doble que competidores como los Sony WH-1000XM4. El dispositivo, aunque elogiado por su diseño, vendió solo 1 millón de unidades en su primer año, frente a los 12 millones de AirPods estándar en el mismo período. OpenAI enfrenta ahora el mismo dilema: ¿cómo equilibrar innovación y usabilidad?

El proyecto con Ive no es su primer intento en hardware. En 2021, OpenAI exploró prototipos de robots domésticos con Toyota Research Institute, pero el acuerdo se estancó por diferencias en la escalabilidad. Según documentos internos filtrados, los robots prototipo tenían un costo de producción de $18.000 por unidad, muy por encima del objetivo de $3.000 que OpenAI consideraba viable. La lección fue clara: sin socios industriales con experiencia en manufactura masiva—como Foxconn para Apple o Flex para Google—, incluso los diseños más prometedores pueden fracasar. Ahora, con Ive a bordo, la presión es mayor: su último producto independiente, la cámara Leica M11 diseñada por LoveFrom (2022), costó $9.195 y se vendió a solo 5.000 unidades anuales, un nicho irrelevante para los objetivos de OpenAI.

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El riesgo no es solo económico. En 2023, Meta canceló su proyecto de reloj inteligente con IA tras invertir $1.500 millones, citando problemas de batería y sobrecalentamiento. OpenAI, que ya ha reestructurado su equipo de audio tres veces desde 2022, podría repetir el error si subestima los desafíos técnicos. Según un informe de DigiTimes, el 70% de los prototipos de dispositivos de IA en 2024 enfrentaron retrasos por fallos en la integración de hardware y software—justo el punto débil de una empresa cuya experiencia es puramente algorítmica.

La cuenta regresiva: 2025 como año de la verdad

OpenAI tiene menos de 18 meses para demostrar que su apuesta por el hardware no es otro caso de síndrome del “segundo producto”, como le ocurrió a Nest (adquirida por Google) con su termostato de $249 que nunca recuperó la inversión. Si el dispositivo de Ive no supera el millón de unidades vendidas en su primer año—un umbral crítico para justificar la inversión—, la compañía podría verse obligada a vender la división de hardware, como hizo Amazon con su línea de robots domésticos Astro en 2023. La pregunta no es si OpenAI puede diseñar un gadget revolucionario, sino si puede fabricarlo, distribuirlo y venderlo sin repetir los errores de sus predecesores.

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