“No me rindo”: Muslera, el arquero campeón que desafía el caos del fútbol argentino
Legado en juego: A días de cumplir 40 años, Fernando Muslera enfrenta su último año como profesional entre el título con Estudiantes, su club uruguayo y el desorden que sacude al fútbol argentino.
CITY BELL.- “Nací en el hospital Rivadavia… ¡más porteño no se consigue!”, ironiza Fernando Muslera, aunque su esencia sea “criolla hasta el tuétano”, como dicen en Uruguay. La anécdota de su nacimiento el 16 de junio de 1986 —mismo día y hora en que Argentina y Uruguay se enfrentaban en los octavos de final del Mundial de México— es casi profética: “El médico quiso llamarme Pedro Pablo por el gol de Pasculli, pero mi madre, hincha de Peñarol, impuso Fernando, como mi ídolo Morena”. A los ocho meses, su familia regresó a Montevideo, sellando un destino entre dos orillas. Ese día, el fútbol ya le marcaba el camino.
Hoy, a meses de los 40, Muslera es el arquero campeón con Estudiantes, un club que en 2025 irrumpió en todos los frentes, y dueño del Bella Italia en Uruguay, donde apuesta por un modelo de gestión deportiva con Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), un tema que en Argentina genera resistencia. “Me preparo para el retiro, pero mentalmente ya pienso en qué viene: mi club, convenios con Galatasaray y Estudiantes, y aprender de la gestión”, confiesa. Su transición no es casual: en Turquía, donde jugó 14 temporadas con Galatasaray (19 títulos), aprendió que el fútbol es una industria global. Su legado incluye ser el extranjero con más partidos en la historia del club turco.
El debate sobre las SAD en Uruguay —donde están permitidas— contrasta con el rechazo en Argentina. “En Uruguay los socios votan: si quieren inversores, bien; si no, sigue siendo una asociación civil. El ejemplo es Brasil, donde muchos equipos son SAD o mixtos”, argumenta. Su visión choca con los prejuicios: “Se critica al inversor privado, pero ¿acaso no reinvierte en el club? El fútbol es una industria, y quien arriesga también puede perder”. Su sueño con Bella Italia es claro: ascender en 2026, aunque el camino sea difícil. “Nos tocó competir con el equipo de Luis Suárez y Messi (Deportivo LSM), pero la idea es formar jugadores con sentido de pertenencia”.
—¿Cómo explicás la liga argentina, dentro y fuera de la cancha?
—“Es dinámica, pero desorganizada”. Muslera no oculta su sorpresa por lo extrafutbolístico: “Nunca vi que se amenace a dirigentes por redes, como le pasó a Sebastián Verón. Eso falta el respeto a las instituciones”. En el campo, destaca su intensidad, pero fuera de él, “la falta de reglas claras genera rispideces. El campeón no juega contra todos, hay formatos que no son justos”. Su crítica es directa: “A tres fechas del final, cambiaron las reglas. Eso no es fútbol”.
El arquero recuerda su mejor partido: la semifinal de la Copa América 2011 contra Argentina, donde atajó todo en 120 minutos y le detuvo un penal a Carlos Tevez. “Me mataron a pelotazos, pero valió la pena”. El segundo puesto es para el duelo contra Ghana en el Mundial 2010: “Fue una novela. Atajé un penal en el minuto 120 y luego ganamos en la tanda”. Estos hitos lo consolidaron como uno de los mejores arqueros de su generación, con 140 partidos con la Celeste y participaciones en cuatro Mundiales.
—¿Qué te parece extraño?
—“Que no haya ida y vuelta contra todos los rivales. Es raro que un campeón no juegue contra todos”. Su frustración crece al recordar el partido contra Barracas Central: “Nos anularon dos goles por offside del VAR, pero nunca se escucharon los audios. Eso no es transparencia”. La falta de claridad lo llevó a cuestionar la premiación a Rosario Central: “No estaba en el reglamento. Si te obligan a hacer algo incorrecto, ¿por qué no protestar?”.
Su relación con Argentina va más allá del fútbol. “Me gusta que el país empiece a tener estabilidad económica. La inflación más controlada es un avance”, dice, recordando que en los 90, la Argentina era una potencia económica. Pero su vínculo más profundo es con Lionel Scaloni, su excompañero en Lazio: “Llegamos casi juntos. Él me recibió, me hizo pasar bárbaro. Era el alma del vestuario con Simone Inzaghi”. Hoy, admite que “no lo molesto seguido, pero cuando le escribo, siempre responde”. Su orgullo es evidente: “Verlo campeón del mundo con Argentina, siendo el alma de ese grupo, es increíble. Nadie apostaba por ellos como entrenadores”.
—¿Puede Argentina repetir en el Mundial 2026?
—“Es candidata. Tiene una generación ganadora, con Messi como símbolo. En sus clubes son buenos, pero en la selección son letales”. Su análisis incluye a Emiliano Martínez: “Lo conozco por Lucas Torreira. Sufrió mucho antes de explotar, pero ahora es referente. Ganó dos premios al mejor arquero del mundo”. Sobre el “Dibu”, añade: “Algunos detractores se los buscó, pero su personalidad es clave. La FIFA hasta cambió reglas por él”.
Su duelo más recordado es contra Lionel Messi, desde el Sudamericano Sub 20 de 2005: “Terminamos 0-0. Él tenía 17 años y ya asombraba. Después me hizo goles de todo tipo, pero ese día no pudo”. Su admiración es sincera: “Es el único que te obliga a jugar con un “tercer ojo”. Hace cosas contra la lógica, como ese gol de tiro libre en Mendoza”. Compara: “Con otros arqueros, como Iker Casillas o Gianluigi Buffon, competí, pero Messi es único. Es terrenal en lo personal, pero sobrenatural en la cancha”.
—¿Con nadie más sentiste eso?
—“Nadie. Ni Cristiano Ronaldo. Messi es el único que te exige estar alerta a lo “sobrenatural””. Su respeto por la generación de Messi y Cristiano es claro: “Fue un orgullo competir con ellos. Son animales”.
Muslera también habla de Sebastián Verón, líder en Estudiantes: “Es un líder nato. Cuando habla, mueve el piso. En Lazio dejaron un legado: hace poco lo incluyeron en el equipo histórico”. Su relación con Verón es de admiración: “Es un tipo que piensa el fútbol diferente”.
Su crítica al fútbol argentino es contundente: “Falta organización y transparencia. El campeón no debería vivir con incertidumbre hasta dos días antes del torneo”. Su llamado es claro: “Argentina tiene todo para ser potencia otra vez, pero necesita reglas claras. El desorden no puede naturalizarse”.
Sobre los escándalos en la AFA, es breve: “Leo títulos, nada más. Si hay que investigar, que actúe la justicia”. Su enfoque está en su legado: “Quiero que Bella Italia ascienda y que Estudiantes siga compitiendo. El fútbol es pasión, pero también negocio”.
—¿Temen represalias por no hacerle pasillo a Central?
—“No pensamos así, pero abrimos el paraguas. Lo extraño es que nunca se explicó el VAR de ese partido. Eso no es normal”. Su postura es firme: “Si algo no está en las reglas, no se hace. Punto”.
Su futuro incluye gestionar su club y seguir vinculado al fútbol, pero no como entrenador: “No quiero volver a la rutina. Prefiero la gestión, los convenios, aprender de este lado”. Su mensaje final es una pregunta incómoda: “¿Hasta cuándo el fútbol argentino seguirá improvisando? Los jugadores damos la cara en la cancha, pero la organización debe cambiar. Si no, seguiremos perdiendo talentos y credibilidad”.
Los números de una leyenda
- 14 temporadas en Galatasaray: Récord como extranjero con más partidos (466) y 19 títulos.
- 140 partidos con Uruguay: Tercer arquero con más presencias en la historia de la Celeste.
- 4 Mundiales: Sudáfrica 2010, Brasil 2014, Rusia 2018 y Qatar 2022.
- 2 subcampeonatos con Uruguay: Copa América 2011 (mejor arquero del torneo) y Mundial Sub 20 de 2007.
- Bella Italia: Club uruguayo en Tercera División, con proyecto de ascenso en 2026.
El VAR en Argentina: un historial de polémicas que Muslera no es el primero en cuestionar
Cuando Fernando Muslera criticó la falta de transparencia en las decisiones del VAR durante el partido de Estudiantes contra Barracas Central —“nunca se escucharon los audios”2017. Su reclamo, sin embargo, adquiere un peso distinto: proviene de un arquero que vivió en carne propia dos de los errores arbitrales más sonados de la última década a nivel internacional, ambos en 2010 y ambos con Uruguay como protagonista.
El primero ocurrió en el Mundial de Sudáfrica, cuando el árbitro Koman Coulibaly anuló un gol legítimo de Luis Suárez en el minuto 92 contra Ghana, en cuartos de final. El error —luego admitido por la FIFA— costó la clasificación a Uruguay, que cayó en penales. El segundo fue en la Copa Libertadores 2011, cuando al Peñarol de Muslera le anularon un gol válido contra Santos en semifinales por un offside inexistente, según análisis posteriores con tecnología 3D. “El VAR nació para evitar esto, pero en Argentina parece que repite los mismos vicios con otra herramienta”, declaró en 2022 el exárbitro Horacio Elizondo, quien pitó la final del Mundial 2006.
En el fútbol local, los números respaldan la desconfianza:
- 2023: 12 partidos de la Liga Profesional tuvieron reclamos formales por errores del VAR, según un informe de la Asociación Argentina de Árbitros. El caso más emblemático fue el River 1-0 Racing en la fecha 21, donde un penal no cobrado a Enzo Fernández generó una investigación interna que nunca se hizo pública.
- 2022: En la final de la Copa de la Liga entre Boca y Tigre, se anuló un gol de Dario Benedetto por un offside de 3 centímetros que las imágenes en alta definición no confirmaron. El entonces DT xeneize, Sebastián Battaglia, calificó el episodio como “el peor error técnico desde que existe el VAR”.
- 2021: Un estudio de la Universidad de La Plata reveló que el 38% de las jugadas revisadas en ese año generaron polémica en redes sociales, con un pico en el clásico San Lorenzo vs. Huracán, donde se expulso a un jugador por una agresión que las repeticiones mostraron fuera del campo de visión de las cámaras.
¿Un sistema condenado a la desconfianza?
Muslera no es el único en señalar que el problema no es la tecnología, sino quién la opera y cómo se comunica. En Brasil, la CBF implementó en 2020 un protocolo de transparencia que obliga a publicar los audios de las revisiones en 48 horas; en Argentina, ni siquiera existe un registro oficial de jugadas controvertidas. Mientras la AFA analiza —desde 2023— un sistema similar al de la Premier League (donde los clubes reciben explicaciones técnicas post-partido), los jugadores siguen pagando el precio. Como dijo el propio Muslera: “Si el campeón no sabe contra quién juega hasta dos días antes, algo está podrido. Y el VAR, hoy, es parte de ese desorden”.