Irán abre negociaciones con EEUU: condiciones y riesgos en juego
Giro diplomático: Irán condiciona el diálogo con Trump a un entorno libre de amenazas, tras meses de tensiones nucleares y bombardeos.
El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, anunció este martes que ha ordenado iniciar negociaciones con Donald Trump, pero bajo un marco estricto: deben ser “justas y equitativas”, desarrollarse en un “contexto propicio” y estar “libres de amenazas”. La decisión llega en medio de las advertencias de Washington sobre un posible ataque militar y sus exigencias para que Teherán abandone su programa nuclear y balístico, que Irán insiste en que es exclusivamente pacífico.
Pezeshkian detalló en redes sociales que las instrucciones fueron dirigidas al ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, subrayando que el proceso debe regirse por “dignidad, prudencia y conveniencia”, siempre alineado con los “intereses nacionales” de Irán. El mandatario destacó que esta medida responde a “solicitudes de gobiernos amigos de la región”, en un intento por desescalar las tensiones que se recrudecieron tras los recientes contactos diplomáticos entre Teherán y países de Oriente Próximo.
El anuncio se produce un día después de que el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei, revelara que Teherán estaba “examinando” varios procesos diplomáticos para abordar la crisis. Este movimiento coincide con la escalada retórica de Trump, quien inicialmente amenazó con una intervención militar por la represión de protestas en Irán, pero luego centró sus advertencias en el programa nuclear iraní. En junio de 2025, bombardeos conjuntos de Israel y EEUU contra instalaciones nucleares iraníes dejaron más de 1.100 muertos, un golpe devastador que Irán aún no ha superado.
El marco iraní: sin concesiones en lo nuclear
Desde Teherán, se ha reiterado que cualquier negociación debe basarse en el Derecho Internacional y en los tratados existentes. Baqaei dejó claro que “el derecho de Irán al uso pacífico de la energía nuclear está reconocido” y que “no se creará un nuevo marco” para discutirlo. Esta postura refleja la desconfianza iraní hacia Occidente, especialmente tras la retirada unilateral de EEUU en 2018 del acuerdo nuclear firmado en 2015, conocido como Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC).
La desconfianza se agrava por los ataques de junio de 2025, cuando Israel —con apoyo estadounidense— bombardeó tres instalaciones nucleares iraníes. Estos bombardeos ocurrieron en pleno proceso diplomático entre Irán y EEUU para alcanzar un nuevo pacto, lo que Teherán interpreta como una “traición a la mesa de negociaciones”. Desde entonces, Irán ha insistido en que no aceptará presiones externas, especialmente en lo relacionado con su uranio enriquecido.
Líneas rojas: uranio, balística y el líder supremo
Horas antes del mensaje de Pezeshkian, Alí Shamjani, alto cargo del Consejo Supremo de Defensa Nacional y asesor del líder supremo, Alí Jamenei, dejó en claro que Irán no aceptará que su uranio enriquecido sea trasladado al extranjero, una demanda histórica de Washington. En una entrevista con la cadena libanesa Al Mayadeen, Shamjani afirmó que “no hay motivos para sacar de Irán el material almacenado” y recordó que el enriquecimiento al 60% —un nivel cercano al necesario para armas— “puede reducirse al 20% si Occidente ofrece algo a cambio”.
Shamjani justificó el enriquecimiento como una medida para “hacer frente a conspiraciones enemigas” y prepararse para futuras negociaciones. Sin embargo, advirtió que “Occidente no entiende —o no quiere entender— que Irán prohíbe las armas nucleares por decreto religioso”, en referencia a la fatua emitida por Jamenei que declara “harám” (prohibido por el Islam) el desarrollo de armamento nuclear. Pese a esto, Irán exige “un precio” a cambio de su renuncia a la capacidad nuclear avanzada, algo que EEUU aún no ha definido.
Un problema adicional es el uranio bajo escombros: Shamjani reconoció que parte del material enriquecido quedó enterrado tras los bombardeos de 2025, lo que dificulta su cuantificación. Por ello, Teherán busca negociar con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) para “estimar la cantidad con seguridad”, evitando riesgos de contaminación o robos. “No hay iniciativa para extraerlo ahora, es extremadamente peligroso”, declaró.
El asesor de Jamenei también dejó claro que las negociaciones, de ocurrir, se limitarán exclusivamente a EEUU y al asunto nuclear, descartando discutir el programa balístico iraní, otro punto clave para Washington. “Trump no permite que Europa intervenga”, señaló Shamjani, recordando el fracaso del PAIC tras la salida estadounidense en 2018, que dejó a los europeos “sin capacidad de acción”.
Advertencia final: el “pilar esencial” de Irán
Shamjani cerró sus declaraciones con una advertencia contundente: “Cualquier ataque, por pequeño que sea, contra el líder supremo Alí Jamenei generará una crisis colosal, mayor de lo que otros puedan imaginar”. Describió a Jamenei como “el pilar esencial que hay que proteger con todas las capacidades disponibles”, dejando entrever que Irán respondería con fuerza militar a cualquier agresión directa.
Este mensaje refuerza la postura iraní de que las negociaciones solo serán posibles si se garantiza “igualdad” entre las partes y se evitan “demandas ilógicas”. Pezeshkian, por su parte, insistió en que el diálogo debe estar “guiado por la prudencia” y que, de cumplirse las condiciones, Irán estaría abierto a “reuniones directas e indirectas” con EEUU. Sin embargo, la sombra de los bombardeos de 2025 y la desconfianza hacia Trump —quien ya incumplió un acuerdo nuclear— ponen en duda el éxito de cualquier aproximación.
¿Logrará este intento diplomático evitar una escalada que podría arrastrar a Oriente Próximo a un conflicto abierto?
El precedente que envenena la mesa: el PAIC de 2015 y su colapso en 2018
Cuando Masud Pezeshkian exige ahora un “contexto propicio” para negociar con Donald Trump, no habla de abstracciones: se refiere al trauma concreto del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), el acuerdo nuclear de 2015 que Irán firmó con el P5+1 (EEUU, Reino Unido, Francia, China, Rusia y Alemania). Ese pacto, que limitaba el enriquecimiento de uranio iraní a cambio del levantamiento de sanciones, se derrumbó en mayo de 2018 cuando Trump lo abandonó unilateralmente, reimponiendo más de 900 sanciones que asfixiaron la economía iraní. El dato clave: según el FMI, el PIB de Irán se contrajo un 4.8% en 2018 y un 6% en 2019, con una inflación que superó el 40% en 2020.
El colapso del PAIC no fue solo económico. Irán cumplía estrictamente sus compromisos —el OIEA confirmó en 12 informes consecutivos que Teherán redujo sus reservas de uranio enriquecido y desmanteló centrifugadoras—, pero EEUU incumplió. Peor aún: en noviembre de 2020, el asesor de seguridad nacional de Trump, John Bolton, admitió en sus memorias que la administración sabía que Irán no violaba el acuerdo, pero lo abandonó para “maximizar la presión”. Este antecedente explica por qué Abbas Araqchi, el ministro de Exteriores iraní, ahora insiste en que las negociaciones deben ser “libres de amenazas”: en 2019, tras la salida de EEUU del PAIC, Irán sufrió cinco ciberataques a sus instalaciones nucleares (según informes de FireEye), atribuidos a Israel y EEUU.
Hay otro detalle que el artículo no menciona: el PAIC incluía un mecanismo de disputa (el Joint Commission) para resolver conflictos sin sanciones automáticas. Pero en enero de 2020, tras el asesinato del general Qasem Soleimani en un ataque estadounidense, Irán activó ese mecanismo… y EEUU lo ignoró. Europa, paralizada, no pudo mediar. Hoy, cuando Alí Shamjani dice que “Trump no permite que Europa intervenga”, alude a este precedente: en 2020, la UE propuso un fondo de 15.000 millones de dólares para compensar a Irán por las sanciones, pero EEUU bloqueó las transacciones bancarias necesarias.
¿Por qué Irán negocia ahora, si desconfía?
La respuesta está en los números: desde 2021, Irán ha enriquecido uranio al 60% (frente al 3.67% del PAIC) y acumula 140 kg de material, suficiente para una bomba si decidiera fabricarla, según el Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional. Pero Teherán no ha expulsado a los inspectores del OIEA (a diferencia de Corea del Norte en 2003), lo que sugiere que busca una salida diplomática… aunque con tres líneas rojas no negociables: mantener el enriquecimiento en suelo iraní, excluir el programa balístico y proteger a Alí Jamenei. El riesgo es que Trump, como en 2018, use las negociaciones para ganar tiempo mientras prepara —según filtró The Wall Street Journal en julio— un ataque “quirúrgico” a las instalaciones de Natanz, similar al de 2025 pero con misiles hipersónicos.