“El campeón cae: Fonseca, fuera en su primera defensa del título en Buenos Aires
Golpe de realidad: El brasileño João Fonseca, campeón defensor, cayó en octavos ante Tabilo en un partido de infarto.
João Fonseca pisó el polvo de ladrillo del Buenos Aires Lawn Tennis Club —el mismo escenario donde hace 360 días levantó su primer trofeo ATP— con la presión de defender un título que lo catapultó al top 30 mundial (actualmente es 33°, tras ser 24° en 2024). Pero el reencuentro con la cancha más lenta del circuito, aún más pesada bajo las luces nocturnas, se convirtió en una trampa. Su rival, el chileno Alejandro Tabilo (71° ATP, pero 19° en 2024 y verdugo dos veces de Novak Djokovic), lo sometió a un examen de 2h24m que terminó con un 6-3, 3-6 y 7-5 a favor del trasandino. Un revés que duele más allá del marcador: Fonseca no solo perdió el invicto en Buenos Aires, sino también la oportunidad de reafirmar su crecimiento en un año clave.
El brasileño llegó al torneo con solo un partido oficial en 2025 (derrota en primera ronda del Abierto de Australia ante Eliot Spizzirri) y arrastraba una lesión lumbar que lo marginó durante la gira oceánica. Aunque aseguró sentirse “mucho mejor” —sin esconder que la espalda aún le exige cuidados—, su cuerpo respondió con altibajos. En el primer set, Tabilo lo desplazó con saña, explotando su zurda para abrir ángulos imposibles y quebrar su servicio temprano. La grada, teñida de verdeamarela por hinchas con camisetas de Flamengo, Gremio y la selección brasileña, contuvo el aliento. Fonseca, sin embargo, despertó en el segundo parcial: rompió el saque de Tabilo en el sexto game (4-2) y, con un drive más profundo, forzó el desempate. El público recordó entonces al campeón de 2024, pero la magia duró poco.
El tercer set fue un espejo de sus contradicciones. Fonseca tuvo cuatro break points (dos en el cuarto game, otros dos seguidos), pero falló en los momentos clave: un revés paralelo con segundo saque que se fue largo, una volea apurada que besó la red. Tabilo, frío como el viento pampeano, esperó su chance y quebró en el quinto intento. El brasileño, con solo 19 años, mostró entonces la fragilidad mental que aún lo persigue. Logró recuperarse de un 0-40 en el game siguiente —con la grada en pie— y empató 3-2, pero el chileno volvió a imponerse. Cuando Fonseca servía 5-6 abajo, un error no forzado en el revés cruzado le dio a Tabilo el primer match point. Lo salvó con un winner de drive desde dentro de la cancha, pero en el tercero no hubo milagro: un golpe largo selló su eliminación.
“Estoy triste. Quería ganar“, admitió Fonseca en rueda de prensa, con la voz quebrada. “Físicamente estoy bien, pero no jugué bien. Es una derrota dura, pero seguimos con la cabeza en alto. Si dijera que no me jugó en contra la presión por defender el título, sería mentiroso. Sentí más tensión, intenté gritar, jugar con la hinchada… pero faltó convicción”. El peso de las expectativas —”João va a ser el próximo Guga, el próximo Alcaraz, el próximo Sinner“, repiten— lo asfixió. “Estoy haciendo mi historia, cada cosa en su tiempo”, respondió, aunque reconoció que las comparaciones “a veces me afectan”. Su caída lo dejará fuera del top 35 por primera vez en seis meses (actualmente es 37° en el live ranking, -3 puestos).
El adiós temprano de Fonseca es un golpe para el torneo —pierde a su campeón defensor y a una de sus mayores atracciones—, pero abre oportunidades para los locales. El brasileño ahora mira hacia Río de Janeiro (ATP 500), donde en 2024 cayó en su debut, agotado tras su épica en Buenos Aires. Esta vez, sin puntos que defender, llegará con menos presión… pero también con la urgencia de recuperar confianza. “Confío en que será un buen año“, dijo. El tiempo dirá si su mentalidad, técnica y físico —los tres pilares que repite como mantra— bastarán para soportar el peso de ser “el próximo grande”.
Cerúndolo avanza sin piedad
Mientras Fonseca abandonaba el torneo, el argentino Francisco Cerúndolo (19° ATP) confirmaba su favoritismo con una victoria contundente: 6-0 y 7-6 (8-6) sobre el boliviano Hugo Dellien. El primer set fue un monólogo de 18 minutos —Dellien solo ganó 11 puntos—, pero el segundo se convirtió en una batalla de nervios. Cerúndolo salvó tres set points en el tie-break antes de cerrar con un smash ganador. Su próximo rival será el checo Vit Kopriva (95° ATP), quien sorprendió al eliminar al italiano Matteo Berrettini (6-4 y 6-3).
Cerúndolo, finalista en Buenos Aires en 2023 (perdió justamente ante Fonseca), busca su primer título ATP en casa. “Quiero aprovechar la energía de la gente”, declaró. El argentino nunca ganó un torneo sobre tierra batida, pese a ser su superficie favorita. ¿Podrá romper la sequía frente a un rival que llega con la moral alta tras vencer a un top 20?
Con Fonseca fuera y Cerúndolo en cuartos, el Argentina Open pierde a su campeón pero gana intriga. Tabilo, por su parte, enfrentará a Tomás Etcheverry (30° ATP) en lo que promete ser otro duelo de alto voltaje. El chileno, que en 2024 llegó a ser top 20, busca su segunda semifinal en el año. ¿Podrá repetir la hazaña de Chengdu (su último título, en septiembre de 2024)? La respuesta llegará en las próximas horas, pero una cosa es clara: en Buenos Aires, la defensa del título es tan difícil como el primer triunfo.
El fantasma de 2023: Cuando Fonseca colapsó bajo presión en Río y aprendió la lección más dura
La eliminación en Buenos Aires no es la primera vez que João Fonseca —con solo 19 años— se derrumba bajo el peso de las expectativas. En febrero de 2023, cuando aún era un desconocido (120° ATP), vivió un escenario casi idéntico en el ATP 500 de Río de Janeiro: llegó como sorpresa tras ganar tres rondas de clasificación, venció al entonces top 30 Sebastián Báez en segunda ronda, y colapsó en cuartos ante Casper Ruud (6-3, 6-2) en un partido donde cometió 28 errores no forzados y ganó solo el 38% de puntos con su segundo saque. “No estaba preparado para ese nivel de atención“, confesó después. Aquella derrota lo sumió en una crisis de dos meses sin victorias en el circuito principal.
El paralelo con 2025 es inquietante. En Río, Fonseca llegó con una sola victoria en el año (como ahora) y arrastraba molestias físicas (entonces, una tendinitis en el hombro derecho). La diferencia clave: en 2023, nadie esperaba nada de él; hoy, es el campeón defensor y una de las promesas más vigiladas. Su entrenador, el exjugador Ricardo Mello (ex-top 50), trabajó con él en un plan específico para manejar la presión tras aquel desastre. “João necesita perder así para entender que el tenis no es solo talento“, declaró Mello en una entrevista con Globo Esporte en diciembre de 2023. El brasileño respondió con un 2024 de ensueño: 3 títulos Challenger, su primer ATP en Buenos Aires y un salto del puesto 120 al 24 en menos de 10 meses. Pero Río 2025 —donde debuta la próxima semana— será la prueba de fuego: en 2024, cayó en primera ronda ante Thiago Monteiro (7-5 en el tercero) tras llegar agotado de Buenos Aires. Esta vez, sin puntos que defender, tiene la oportunidad de romper el ciclo.
Hay otro dato revelador: Fonseca ha perdido 6 de sus últimos 7 partidos cuando enfrenta a rivales zurdos (como Tabilo). Su récord contra diestros en el mismo período es 12-4. “La pelota de un zurdo me descoloca, especialmente en saques al cuerpo“, admitió en octubre de 2024 tras caer ante Grigor Dimitrov en Viena. En Buenos Aires, Tabilo explotó esa debilidad: el 68% de sus saques en el tercer set fueron al cuerpo de Fonseca, según datos de Flashscore.
¿Repetirá la historia o escribirá un nuevo guion?
Fonseca tiene ahora 7 días para ajustar su juego antes de Río, donde el cuadro incluye a tres zurdos en el top 50: Tabilo (si avanzan ambos), Miomir Kecmanovic y Bernabé Zapata. Su equipo ya anunció que canceló un entrenamiento con sparring diestros para enfocarse en rivales zurdos. Pero el verdadero desafío no es técnico, sino mental: en 2023 y 2024, sus peores derrotas llegaron cuando el entorno lo presentó como “el próximo grande“. En Río, sin la sombra de defender un título, podría encontrar el alivio que necesita. O confirmar que, a veces, el peso de la historia es más difícil de levantar que un trofeo.