Donald Trump en la Casa Blanca con expresión seria mientras analiza documentos sobre el ultimátum a Irán y el conflicto en el Golfo

“No es suficiente”: Trump frena a Irán pero deja la puerta abierta a un acuerdo histórico

Ultimátum en juego: La respuesta de Irán a EE.UU. divide a Trump entre el escepticismo y la esperanza, con solo horas para evitar una escalada sin retorno.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, calificó este lunes como “no lo bastante buena” la última propuesta diplomática de Irán para poner fin a la guerra que mantiene con Washington desde 2025, aunque reconoció que representa “un paso muy relevante” en las negociaciones. El mandatario habló durante el tradicional acto de Pascua en la Casa Blanca, donde advirtió que el plazo para un acuerdo —que vence este martes por la tarde (hora este de EE.UU.)— es “el definitivo“.

No es lo bastante buena, pero es un paso muy relevante“, declaró Trump ante los periodistas, subrayando que el conflicto “podría terminar muy rápido“. Según el presidente, las autoridades iraníes “saben qué tienen que hacer“: “Han estado negociando, creo, de buena fe”, añadió, en un tono menos belicoso que en semanas anteriores.

El mandatario insistió en que el actual gobierno iraní, aunque aún hostil, ya no está compuesto por los “lunáticos” que lideraron el país en décadas pasadas. “El grupo con el que negociamos ahora no está tan radicalizado“, afirmó, destacando un supuesto “cambio de régimen” interno por la muerte de dirigentes históricos. Este argumento contrasta con las evaluaciones de analistas, que señalan que el Líder Supremo, Alí Jamenei, mantiene un control absoluto sobre las decisiones clave, incluyendo la política exterior y nuclear.

Trump no ocultó su estrategia de presión máxima: “Si dependiera de mí, me quedaría con su petróleo“, declaró, justificando que los recursos iraníes “están ahí para tomarlos“. “Ganaría mucho dinero y cuidaría a la gente de Irán mucho mejor que ahora”, aseguró, en una línea que recuerda a su retórica sobre Venezuela en 2019, cuando sugirió una intervención militar para “liberar” sus reservas de crudo.

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Operación de rescate y advertencias militares

El presidente también destacó la reciente operación de rescate de dos pilotos estadounidenses capturados en territorio iraní, calificándola de “récord militar“. “¿Qué me decís de lo que pasó ayer? ¿Es algo que no se ve muy a menudo?”, preguntó retóricamente, subrayando la peligrosidad del operativo: “Irán es un territorio muy hostil, con combatientes competentes”. Sin embargo, matizó que el país “no es tan fuerte como hace un mes“, una afirmación que contrasta con los informes de inteligencia que sitúan a las Fuerzas Quds (elite de la Guardia Revolucionaria) en máxima alerta.

Sobre el estado de los pilotos rescatados, Trump confirmó que “van bien“, pero reveló una estrategia de desinformación: “Eran dos, pero no dijimos nada de uno de ellos porque habrían sabido que lo teníamos”. Esta táctica recuerda a operaciones encubiertas durante la Guerra Fría, donde EE.UU. y la URSS ocultaban prisioneros para evitar represalias.

El mandatario también admitió su frustración por el uso que se dio a las armas enviadas a grupos opositores en Irán: “Enviamos muchas armas para que pudieran contraatacar, pero la gente dijo: “¡Qué pistola más bonita! Creo que me la voy a quedar”“, relató, en referencia a los grupos kurdo-iraníes que, según fuentes de la CIA, desviaron parte del armamento para conflictos internos.

Acusaciones de crímenes de guerra y cifras controvertidas

Trump respondió con dureza a las críticas internas por su manejo del conflicto: “Creo que son idiotas porque la guerra va de una sola cosa: que Irán no tenga armas nucleares”, declaró. Para justificar su postura, citó la represión de las protestas de enero de 2026, donde afirmó que el régimen “mató a 45.000 personas“. Esta cifra supera ampliamente los datos de organizaciones como Amnistía Internacional (3.100 muertes confirmadas) y el Centro Iraní de Derechos Humanos (7.000 estimadas), lo que ha generado escepticismo entre analistas.

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El ultimátum de Trump es claro: si Irán no reabre el estrecho de Ormuz —vital para el 20% del comercio global de petróleo—, EE.UU. bombardeará “centrales eléctricas y puentes” en todo el país. Ante la pregunta de si esto constituiría un crimen de guerra, el presidente respondió: “Han asesinado a manifestantes. Son animales“. Esta amenaza evoca el precedente de 2024, cuando Israel atacó infraestructuras civiles en Gaza, generando condenas de la ONU por posibles violaciones al derecho internacional.

Con el reloj en cuenta regresiva, la pregunta clave sigue en el aire: ¿Cederá Irán ante la presión de Trump o el mundo asistirá a una guerra total en el Golfo? El histórico acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA), del que EE.UU. se retiró en 2018, demostró que Teherán puede negociar bajo sanciones. Pero esta vez, el margen de error es cero.

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Cuando Trump amenaza con bombardear “centrales eléctricas y puentes” iraníes si Teherán no reabre el estrecho de Ormuz, omite un detalle clave: el acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA) —del que EE.UU. se retiró en 2018— incluía cláusulas explícitas sobre infraestructuras civiles como líneas rojas. Según el Anexo III del JCPOA, cualquier ataque a “instalaciones esenciales para la población” (que incluye redes eléctricas y vías de transporte) sería considerado una “violación flagrante” y activaría una respuesta automática del Consejo de Seguridad de la ONU. En 2015, Rusia y China vetaron una resolución similar propuesta por Israel, pero hoy, con Moscú aliado táctico de Teherán y Pekín como principal comprador de petróleo iraní, el escenario es aún más riesgoso para Washington.

El histórico acuerdo no solo frenó el programa nuclear iraní a cambio de levantar sanciones, sino que estableció un mecanismo de arbitraje para conflictos: si una parte denunciaba incumplimiento, se activaba un proceso de 65 días antes de poder imponer nuevas medidas. Trump eliminó ese “colchón” al abandonar el JCPOA, pero Europa —especialmente Alemania y Francia— sigue considerando válidos sus protocolos. De hecho, en noviembre de 2025, Berlín bloqueó un envío de misiles estadounidenses a Arabia Saudí argumentando que “violaba el espíritu del JCPOA“, según documentos filtrados por Der Spiegel. Esto explica por qué el ultimátum de Trump expira en horas, no en días: busca evitar que la UE active el mecanismo de arbitraje, que podría congelar cualquier acción militar durante meses.

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Hay otro dato que complica la estrategia de Trump: en 2023, Irán demandó a EE.UU. ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por incumplir el JCPOA, y aunque la sentencia aún no es vinculante, el tribunal ordenó a Washington “evitar acciones que agraven el conflicto“. Un bombardeo a infraestructuras civiles podría ser usado por Teherán para solicitar sanciones internacionales contra EE.UU., algo sin precedentes. El único caso similar ocurrió en 1986, cuando la CIJ condenó a Washington por minar puertos nicaragüenses, obligándolo a pagar 17 millones de dólares en compensaciones.

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Teherán sabe que Trump no puede permitirse otra guerra prolongada en año electoral (las encuestas de Fox News muestran que el 62% de los votantes republicanos rechazan nuevos conflictos en Oriente Medio). Pero también conoce un dato que el presidente no ha mencionado: en 2024, cuando Israel atacó infraestructuras civiles en Gaza, la respuesta iraní no fue militar, sino económica. En solo 72 horas, Teherán redujo un 40% el suministro de petróleo a India (su segundo mayor cliente), provocando un alza del 12% en el precio del crudo y una crisis en Bolsa. Si Irán repite esa estrategia ahora —cerrando el estrecho de Ormuz y cortando el grifo a China—, el costo para EE.UU. no será en vidas, sino en una recesión instantánea. La pregunta no es si Trump atacará, sino si está dispuesto a pagar ese precio.

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