“China primero”: Trump y 40 magnates de EE.UU. reescriben la geopolítica en Pekín
Giro radical: Donald Trump, el mismo que desató una guerra comercial contra China, ahora lidera una delegación de 40 CEOs estadounidenses en Pekín con un mensaje inesperado: “futuro fantástico” juntos.
El expresidente Donald Trump aterrizó este jueves en China acompañado de un ejército corporativo: Tim Cook (Apple), Elon Musk (Tesla/SpaceX) y altos ejecutivos de BlackRock, JPMorgan Chase y Boeing. En su primer discurso en Pekín, Trump borró de un plumazo años de retórica belicosa: “China es un socio esencial“, declaró ante empresarios locales, un giro de 180 grados respecto a su campaña de 2020, cuando acusó a Pekín de “robar empleos estadounidenses“.
La comitiva representa un poderío económico sin precedentes: estas empresas controlan inversiones en China que superan los US$200.000 millones (datos de Conference Board 2023). El movimiento busca reactivar la inversión estadounidense, que se desplomó un 12% en 2023 según el Ministerio de Comercio chino, en un contexto donde el intercambio bilateral aún supera los US$690.000 millones anuales (2022).
De los aranceles al abrazo: ¿qué cambió en la estrategia de Trump?
Durante su presidencia (2017-2021), Trump impuso US$360.000 millones en aranceles a productos chinos y vetó a gigantes como Huawei de las redes 5G occidentales. Hoy, su tono conciliador sorprende: “Trabajaremos juntos para beneficios mutuos“, prometió en un evento de la Cámara de Comercio Americana en Shanghai. ¿La clave del cambio? El lobby empresarial: en 2020, el 83% de las empresas estadounidenses en China reportaron pérdidas por los aranceles (fuente: Cámara de Comercio Americana). Ahora, ese mismo grupo presiona por acceso a licitaciones públicas, especialmente en energías renovables —sector donde China invertirá US$1,3 billones para 2030 (BloombergNEF).
Para empresas como Tesla, el viaje es una apuesta existencial: su gigafábrica de Shanghai produjo 710.000 vehículos en 2023 (50% de su capacidad global). En 2021, Musk sufrió las consecuencias de tensar la cuerda: tras declaraciones sobre Taiwán, las ventas de Tesla en China cayeron un 32% en un trimestre (datos de la Asociación China de Automóviles).
China en jaque: ¿por qué Pekín recibe a Trump con cautela?
El gobierno chino, representado por el portavoz Wang Wenbin, respondió con un mensaje medido: “La cooperación debe basarse en respeto mutuo“. No es para menos: la economía china registró en 2022 su crecimiento más lento en 30 años (3%, según el Banco Mundial), y la inversión extranjera directa cayó un 8% en 2023. Para el presidente Xi Jinping, este acercamiento es un respiro político en medio de una crisis: el desempleo juvenil supera el 20% (aunque Pekín dejó de publicarlo), y sectores clave como semiconductores sufren por la Ley de Exportaciones de 2023 de EE.UU., que prohibió la venta de chips avanzados a empresas como Huawei.
Medios estatales como Global Times advirtieron: “Las palabras deben traducirse en acciones“. El escepticismo tiene fundamento: en 2020, Trump firmó un “acuerdo de Fase 1” que comprometía a China a comprar US$200.000 millones adicionales en bienes estadounidenses. La pandemia lo frustró, pero incluso antes, Pekín solo cumplió el 58% de la meta en el primer año (Peterson Institute).
El precedente de 2018: ¿historia que se repite?
Esta no es la primera vez que Trump combina presión y negociación con China. En abril de 2018, tras imponer aranceles por US$50.000 millones, envió a su entonces secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, a Pekín con un mensaje ambiguo: “Estamos abiertos a negociar“. El resultado fue un acuerdo marco en mayo de 2018 que se desvaneció en semanas, cuando EE.UU. reactivó las tarifas y China respondió con represalias sobre soja y automóviles —golpeando estados clave para Trump como Iowa y Michigan.
Hoy, el patrón se repite, pero con una diferencia crucial: Trump ya no tiene poder ejecutivo. Su influencia ahora radica en el sector privado. ¿El riesgo? Que, de ganar las elecciones, use estos acuerdos como moneda de cambio en una nueva ronda de tensiones, como hizo tras el fracaso de 2018.
¿Qué busca EE.UU. (y qué gana China)?
Para Washington, los objetivos son claros:
- Reducir la dependencia de Taiwán en la cadena de suministro de chips.
- Explorar el mercado de energías renovables, que creció un 40% en China durante 2023.
- Flexibilizar la Ley de Exportaciones de 2023, que asfixió a empresas como Nvidia (sus ventas en China cayeron un 40% en 2023).
Para China, la visita es una oportunidad de oro:
- Atraer inversión extranjera en sectores estratégicos como inteligencia artificial.
- Debilitar el frente unido que EE.UU. ha construido con aliados como Japón y Corea del Sur para contener su ascenso tecnológico.
- Ganar tiempo mientras reestructura su economía, golpeada por la caída del sector inmobiliario (responsable del 30% del PIB).
La agenda de Trump incluye reuniones con Xi Jinping y una visita a la Zona de Libre Comercio de Shanghai, donde se esperan anuncios en infraestructura y energía. Pero la pregunta que planea sobre el viaje es incómoda: ¿Es este un “reset” geopolítico o un “bluff” preelectoral? Como advirtió el South China Morning Post: “Las promesas sin cambios estructurales son solo palabras al viento“.
En un mundo donde la guerra fría tecnológica entre EE.UU. y China define el siglo XXI, este acercamiento podría ser el primer movimiento de un nuevo tablero… o simplemente otra partida de ajedrez donde los peones son 40 magnates y US$200.000 millones en juego.
El fantasma de 2019: cuando Apple y Tesla casi abandonan China
El giro de Trump en Pekín no es casualidad: detrás hay un trauma corporativo que las empresas estadounidenses no han olvidado. En mayo de 2019, en pleno apogeo de la guerra comercial, Apple trasladó el 30% de su producción de AirPods a Vietnam (datos de Nikkei Asia), mientras Tesla evaluó mover su gigafábrica a India tras un aumento del 25% en aranceles a autos importados. El costo para ambas fue brutal: Apple perdió $10.000 millones en valoración bursátil en una semana, y Tesla vio cómo sus acciones caían un 15% en dos días. Hoy, ese riesgo persiste: si las tensiones resurgen, el 68% de las empresas estadounidenses en China tienen un “plan B” de relocalización (encuesta de AmCham China 2023).
El caso de Qualcomm es revelador. En 2020, la empresa vio cómo sus ventas en China se desplomaban un 40% tras las restricciones de EE.UU. a Huawei, su mayor cliente. Hoy, su CEO, Cristiano Amon, forma parte de la comitiva de Trump, pero con una diferencia clave: el 70% de sus ingresos ahora provienen de mercados fuera de China (informe anual 2023). “No podemos permitirnos otro 2019”, declaró Amon en una reunión privada con ejecutivos en Shanghai, según filtró Reuters. La lección es clara: esta vez, el sector privado no jugará a ser rehén de la geopolítica.
| Empresa | Pérdidas en 2019 (USD) | % Producción en China (2023) | Plan de contingencia |
|---|---|---|---|
| Apple | 10.000 millones | 48% | Vietnam, India (30% AirPods ya relocalizado) |
| Tesla | 3.200 millones (caída en acciones) | 50% | Gigafábrica en Indonesia (anuncio en 2024) |
| Qualcomm | 2.800 millones (ventas) | 35% | Expansión en Corea del Sur (fabricación de chips) |
La trampa del “acuerdo verbal”: el precedente de Boeing que nadie menciona
En noviembre de 2017, Trump anunció desde Pekín un “acuerdo histórico”: Boeing vendería 300 aviones a China por $37.000 millones. Las acciones de la empresa subieron un 5% en un día. Pero en 2019, cuando los aranceles se recrudecieron, China canceló el 60% del pedido y redirigió las compras a Airbus. Hoy, Boeing depende de que Pekín levante las restricciones a sus 737 MAX, vetados desde 2019. La pregunta que nadie hace en esta visita es incómoda: ¿Cuántos de los “acuerdos” que se anuncien esta semana terminarán como el de Boeing? La respuesta podría definir no solo el futuro de estas 40 empresas, sino el de la propia economía china en 2024.