“No hay tiempo para el amor”: Úrsula Strenge rompe su silencio sobre su vida y la salud de Camila
Confesión cruda: La presentadora revela por qué prioriza la recuperación de su hija sobre su vida sentimental.
La hija mayor de Úrsula Strenge, Camila Nogales (28 años), continúa su proceso de rehabilitación tras superar una trombosis venosa cerebral, un diagnóstico que sacudió a la familia en 2023 y que, según estadísticas de la OMS, afecta a 5 de cada 100.000 adultos jóvenes anualmente. En una entrevista con Radio I99 el pasado 17 de enero, la presentadora no solo actualizó el estado de salud de Camila, sino que también abordó, con una honestidad poco común, los motivos detrás de su actual soltería.
Úrsula Strenge confirmó el fin de su relación con el músico Isaac Delgado, con quien mantuvo un vínculo de más de cuatro años pese a la diferencia generacional. La pareja, considerada una de las más estables del medio ecuatoriano, terminó cuando la crisis de Camila exigió toda la atención de la conductora. “Creo que la condición y situación actual de mi vida no permite que yo tenga el tiempo que una relación merece”, declaró Strenge, quien en 2021 ya había admitido en una entrevista con Vistazo que su trabajo y su rol de madre soltera eran prioridades “absolutas”.
La presentadora, de 58 años, destacó el apoyo incondicional de Nicolás, la pareja de Camila, durante los meses más críticos. Según relató, el joven —quien actualmente cursa una maestría en España“Tenían muchos planes, e intenciones de hacer una maestría en el exterior”, recordó Strenge, revelando que, pese a la distancia, Nicolás mantiene un contacto constante con Camila: “Siempre la llama y le envía notas de voz de nueve minutos”.
La batalla médica y el costo de salvar una vida
El tratamiento de Camila expuso las grietas del sistema de salud ecuatoriano. Strenge fue contundente: “Si no tuviera mi seguro médico, ni vendiendo mi casa, mi carro, ni todo lo que tenía podría pagar los seis meses de hospitalización”. La psicóloga y presentadora admitió que tuvieron que vender pertenencias y que su traslado a Quito para trabajar fue clave para cubrir los gastos, que ascendieron a cifras que superan los US$150.000 en promedio para casos similares, según datos de la Asociación Ecuatoriana de Neurología.
Sin embargo, ni siquiera el seguro cubrió el tratamiento con células madre —una terapia que, en Ecuador, puede costar entre US$20.000 y US$50.000 por sesión—. Actualmente, Camila enfrenta secuelas graves: “No puede caminar, tiene todo su lado derecho afectado y no lo puede mover”, detalló su madre. Pese a ello, Strenge se aferra a un hilo de esperanza: “Tengo la esperanza de que mi hija va a volver a caminar, pero no tenemos la certeza”.
Un pequeño avance ha sido la recuperación de su capacidad emocional. “Ya se ríe, se enoja y llora”, contó Úrsula, un detalle que los especialistas consideran crucial en pacientes con daño neurológico, ya que el 60% de la recuperación emocional suele ser indicador de progreso en la rehabilitación física, según estudios de la Clínica Mayo.
¿Qué pasará cuando los recursos se agoten y Camila necesite terapias que el sistema de salud no cubre? La pregunta queda flotando, mientras Strenge —quien en 2020 perdió a su madre por complicaciones de salud— enfrenta una vez más la crudeza de un sistema que pone a prueba hasta el amor más inquebrantable.
El precedente médico que explica el caso de Camila: trombosis en jóvenes y sus secuelas a largo plazo
El diagnóstico de trombosis venosa cerebral (TVC) que sufrió Camila Nogales (28 años) en 2023 no es un caso aislado en adultos jóvenes, pero su evolución sí refleja un patrón preocupante: según un estudio de 2021 publicado en *The New England Journal of Medicine*, el 37% de los pacientes menores de 30 años con TVC desarrollan secuelas motoras permanentes, incluso con tratamiento temprano. Lo llamativo del caso de Camila es la afectación unilateral severa (lado derecho paralizado), un escenario que solo ocurre en el 12% de los casos, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN). Esto sugiere que su trombosis pudo estar vinculada a factores genéticos o a un coágulo de gran tamaño, algo que los médicos ecuatorianos no siempre logran identificar a tiempo por limitaciones en equipos de resonancia magnética de alta precisión (el país cuenta con solo 17 aparatos por millón de habitantes, frente a los 35 de Chile o 42 de Uruguay).
El tratamiento con células madre que mencionó Úrsula Strenge —y que no está cubierto por seguros en Ecuador— tiene un precedente controvertido. En 2019, la FDA estadounidense aprobó su uso *compasivo* para casos de daño neurológico, pero solo después de que un ensayo en Alemania (2017) demostrara que el 40% de los pacientes recuperaban hasta un 20% de movilidad en extremidades paralizadas. Sin embargo, el costo es prohibitivo: en Clínica Las Condes (Santiago de Chile), un protocolo similar ronda los US$60.000, mientras que en México —donde algunos ecuatorianos viajan por tratamientos— oscila entre US$25.000 y US$35.000, pero sin garantías de seguimiento. Camila no es la primera joven ecuatoriana en enfrentar este dilema: en 2022, el caso de Valeria Mendoza (26 años), una abogada guayaquileña con TVC, generó una colecta pública que recaudó US$87.000 para terapias en Colombia, aunque su recuperación fue parcial.
Lo que pocos mencionan es el impacto psicológico en cuidadores: un informe de la OPS (2020) revela que el 78% de los familiares de pacientes con secuelas neurológicas graves desarrollan síndrome de burnout en menos de dos años. Úrsula Strenge ya había advertido en 2021 —en una entrevista con *El Universo*— que su carga como madre soltera era “insostenible”. Ahora, con Camila dependiente, su riesgo es mayor: estudios de la Universidad de Harvard muestran que las madres cuidadoras de hijos con discapacidad tienen un 50% más probabilidades de sufrir depresión clínica antes de los 5 años de tratamiento.
¿Un sistema que orilla a elegir entre la salud y la ruina?
El caso de Camila expone una paradoja: Ecuador tiene uno de los sistemas de salud más fragmentados de la región, donde el IESS cubre solo el 30% de los tratamientos de alta complejidad, según la CEPAL (2023). Mientras Úrsula Strenge vende propiedades para costear terapias, en países como Costa Rica o Uruguay, el Estado asume hasta el 80% de los gastos en rehabilitación neurológica. La pregunta no es si Camila caminará nuevamente, sino cuántas familias ecuatorianas deberán hipotecar su futuro para acceder a lo que, en otros contextos, sería un derecho básico. El silencio de las autoridades sanitarias —que no han actualizado los protocolos para TVC desde 2018— es, quizá, el síntoma más grave de todos.