Nicolás Di Lollo celebra su gol de cabeza en un córner ante Riestra, reflejando la dependencia de Boca de la pelota parada en 2026

“Boca 2026: ¿Otra vez la pelota parada como único salvavidas?”

Fórmula repetida: Boca arrancó el 2026 con los mismos fantasmas: falta de juego asociado, dependencia de los córners y un Marchesin decisivo.

El Xeneize de Claudio Ubeda superó a Riestra (1-0) con un guion ya visto: dominio estéril, errores en la definición y un gol de pelota parada —esta vez de Nicolás Di Lollo— que salvó los muebles. El equipo acumuló 85% de posesión, 8 córners y 9 remates en el primer tiempo, pero solo 2 al arco. La estadística refleja un problema crónico: desde 2024, Boca convierte el 40% de sus goles en jugadas a balón parado, según datos de Opta Sports.

El esquema 4-3-3 que probó en pretemporada se diluyó en la práctica. Exequiel Zeballos —el único extremo puro— brilló por ausencias en la izquierda, mientras Alan Velasco (volcado a la derecha) y Lucas Janson (improvisado como ‘9’) no generaron peligro. La única nota positiva fue Tomás Belmonte, quien, pese a su desorden táctico, fue el único en pisar el área con frecuencia. Su movimiento recordó al Ascacibar que Boca intenta fichar: un mediocampista de llegada, algo que el equipo no tiene desde la salida de Óscar Romero en 2023.

Zeballos nunca dejó de intentar, pero le faltó claridad en ataque Manuel Cortina

Riestra, dirigido por Gustavo Benítez, planteó un partido físico y táctico: doble marca en bandas, pelotas largas y 19 faltas cometidas (récord en la fecha, según el reporte arbitral). Su pretemporada en Pinamar —con entrenamientos a las 5 AM y rutinas militares— se notó en la intensidad. Aunque sufrieron, los de Villa Crespo supieron neutralizar a un Boca predecible: 70% de los ataques xeneizes terminaron en centros laterales o remates desde fuera del área.

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El plan fallido: Ubeda apostó por soltar a Ander Herrera como enlace y usar a Velasco como generador, pero el juego se estancó. La salida más clara llegó en el minuto 32: un córner de Luis Advíncula que Belmonte cabeceó al palo. En el complemento, la historia se repitió: Brian Aguirre (ingresó por Velasco) no cambió el ritmo, y el gol llegó donde siempre: un centro de Carlos Paredes y un testarazo de Di Lollo al ángulo. Marchesín, otra vez clave, evitó el empate con una atajada a Mariano Bracamonte en el 87″.

Ignacio Arce, arquero de Riestra, controla la pelota ante la mirada de Lucas Janson; el delantero que jugó de 9 no tuvo un buen partidoManuel Cortina

El dato preocupante: Boca lleva 5 partidos oficiales sin ganar por más de un gol de diferencia. Y aunque el triunfo ante Riestra —equipo que no pierde como visitante desde octubre— suma moral, expuso las mismas carencias. Janson, ovacionado al ingresar (su primer partido como ‘9’ en una década), no pesó en el área. Su reemplazo, Iker Zufiaurre (20 años, goleador de la Reserva campeona 2025), tuvo solo 10 minutos para demostrar por qué lo comparan con Dario Benedetto en su etapa juvenil.

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Velasco, algunos movimientos y poco más: todavía sigue lejos del nivel que pretende el hincha de BocaManuel Cortina

La cuenta regresiva: Boca espera dos refuerzos urgentes: Ángel Romero (llega hoy para firmar por un año) y Santiago Ascacibar (Estudiantes pide US$4 millones por el 50% de su pase). Sin ellos, el equipo repetirá la receta del 2025: sufriendo contra rivales “accesibles” y dependiendo de Marchesín. La Bombonera lo celebró, pero el mensaje fue claro: sin cambios, el techo seguirá siendo bajo.

¿Qué pasará cuando enfrenten a River, en dos semanas, con este mismo bloque? La pelota parada no alcanzará.

El fantasma de 2023: cuando Boca tropezó con la misma piedra táctica

La dependencia de la pelota parada no es nueva en Boca, pero tiene un precedente doloroso que hoy resuena: la Copa Libertadores 2023, donde el equipo de Hugo Ibarra cayó eliminado en cuartos de final contra Palmeiras tras convertir el 60% de sus goles en la competición desde jugadas a balón parado. El paralelo con el actual ciclo es inquietante: en aquel torneo, Boca también dominó en posesión (promedio del 78% en fase de grupos) pero solo anotó 3 goles en juego en 6 partidos. La historia se repitió ayer: 8 córners, 9 remates, 2 al arco y un gol de córner que escondió la falta de ideas.

El dato más revelador viene del Informe Técnico de Conmebol de esa edición: Boca fue el equipo con mayor cantidad de centros laterales (124) en la Libertadores 2023, pero solo 18 terminaron en remate. Ayer contra Riestra, la estadística fue casi calcada: 22 centros (según *Opta*), con solo 3 remates generados. Incluso el gol de Nicolás Di Lollo llegó tras un error defensivo en la marca —el mismo que sufrieron contra Flamengo en la final de la Copa Argentina 2023, cuando Pedro anotó de cabeza en un córner mal defendido. La pregunta obligada: ¿Por qué un equipo con US$30 millones invertidos en refuerzos desde 2024 sigue repitiendo el mismo error?

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El único destello diferente ayer fue Tomás Belmonte, cuyo movimiento recordó al Óscar Romero de 2021 (12 goles y 8 asistencias esa temporada). Pero hay un detalle clave: Romero operaba con un ‘9’ de referencia (como Dario Benedetto), algo que Boca no tiene hoy. Lucas Janson en esa posición ayer tuvo 0 disparos al arco en 70 minutos, la misma cifra que Franco Soldano en el 0-0 vs. Talleres en 2023 —partido que marcó el inicio del fin de Ibarra.

¿Y si el problema no es el esquema, sino el perfil de los jugadores?

Boca tiene 3 extremos en plantel (Zeballos, Velasco, Aguirre), pero ninguno es un desequilibrante puro como lo fue Eduardo Salvio (11 asistencias en 2019). La solución podría llegar con Ángel Romero, pero su historial es revelador: en 2022 con San Lorenzo, el 78% de sus goles vinieron de contraataques o pelota parada. Si Ubeda no ajusta el mediocampo —hoy sin un ‘8’ de llegada como Ascacibar—, el equipo seguirá siendo predecible. Y en dos semanas, contra River, la pelota parada no alcanzará.

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