“Groenlandia no se vende”: UE cierra filas ante Trump y refuerza el Ártico con millones
Fractura transatlántica: Bruselas responde con unidad a la amenaza de Trump sobre Groenlandia, pero evita romper con Washington.
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, han trazado este jueves una línea roja: la soberanía de Groenlandia —territorio autónomo danés— es “innegociable”, incluso si eso significa desafiar al que hasta ayer era su aliado más cercano. La cumbre de emergencia en Bruselas, convocada tras las declaraciones de Donald Trump sobre una posible “adquisición” de la isla ártica, ha dejado claro que la UE no cederá ante presiones, pero tampoco cortará puentes con Estados Unidos. “Defendemos con toda claridad los principios básicos”, advirtió Costa, mientras recordaba que Europa y EEUU comparten 75 años de alianza transatlántica, forjada desde la posguerra.
La amenaza de Trump no es nueva: en 2019, el entonces presidente ya propuso “comprar Groenlandia”, una idea que Dinamarca rechazó con dureza. Ahora, el contexto es más tenso: la UE acusa a Washington de usar aranceles como arma política contra seis países miembros que participan en maniobras militares en el Ártico. Von der Leyen celebró que, tras 24 horas de negociaciones, la relación con EEUU está “claramente mejor”, aunque evitó detalles sobre las contramedidas comerciales preparadas por Bruselas. “Logramos resistir gracias a nuestra firmeza, pero sin agravar la situación”, declaró, subrayando que la unidad de los Veintisiete fue clave.
El Ártico, el nuevo tablero geopolítico
Groenlandia no es solo un territorio con 2,1 millones de km² y 56.000 habitantes: es una pieza estratégica en la guerra por los recursos naturales. Bajo su hielo, se estiman reservas de uranio, tierras raras y petróleo valoradas en billones, además de ser una posición clave para el control de rutas marítimas. Von der Leyen admitió que la UE ha invertido “de forma insuficiente” en la región, pero anunció un paquete de inversiones “sustancial” para 2025, sin precisar cifras. “Ha llegado el momento de redoblar esfuerzos”, urgió, mientras recordaba que la Comisión ya ha propuesto duplicar la ayuda financiera a Nuuk (capital groenlandesa), aunque sin especificar montos.
El Ártico se ha convertido en un foco de tensión desde que Rusia reforzó su presencia militar en la zona tras la invasión de Ucrania. La OTAN, donde EEUU y la UE coinciden, ha multiplicado sus ejercicios en Groenlandia, pero Trump ha criticado que países como Alemania, Francia o España —que no tienen costa ártica— participen en maniobras. “Europa y Estados Unidos comparten un interés común en la seguridad de la región”, insistió Costa, aunque evitó mencionar el aumento del 300% en el presupuesto militar danés para el Ártico desde 2020.
¿Hacia una Europa menos dependiente?
La crisis por Groenlandia ha acelerado un debate que Bruselas arrastraba: ¿cómo reducir la dependencia de EEUU? Von der Leyen habló de construir una Europa “más independiente económicamente”, promoviendo acuerdos con América Latina, África y Asia para diversificar cadenas de suministro. “Debemos llegar a otros mercados del mundo”, afirmó, en un guiño a la Ley de Materias Primas Críticas aprobada en 2023, que busca reducir la dependencia de China y EEUU en minerales como el litio o el cobalto.
Sin embargo, la realidad es compleja: la UE importa el 60% de su gas natural licuado de Estados Unidos, y el 85% de su defensa depende de tecnología estadounidense, según datos de la Agencia Europea de Defensa. “La alianza transatlántica sigue siendo irremplazable”, reconoció Costa, aunque advirtió que Europa debe estar preparada para actuar “con autonomía estratégica” cuando sea necesario. Fuentes comunitarias revelaron a En Foco Hoy que, en la reunión a puerta cerrada, Francia y Alemania presionaron para que la UE desarrolle su propio sistema de misiles hipersónicos, actualmente monopolizado por Washington y Moscú.
Denmark: entre la diplomacia y los hechos
Dinamarca, dueña de Groenlandia pero con solo 5,8 millones de habitantes, ha evitado un enfrentamiento directo con Trump. Su primera ministra, Mette Frederiksen, no asistió a la cumbre de Bruselas, pero envió un mensaje claro: “Groenlandia no está en venta”. El gobierno danés ha aumentado su presencia militar en la isla, con una base aérea en Thule —clave para la OTAN— y patrullas marítimas permanentes. Sin embargo, su economía depende en un 20% de las exportaciones a EEUU, según el Banco Nacional de Dinamarca.
El dilema es evidente: ¿cómo defender la soberanía sin perder a su tercer socio comercial? La UE ha optado por una estrategia de “firmeza silenciosa”: no ceder en lo territorial, pero evitar provocaciones. “Las relaciones entre socios deben gestionarse de forma cordial”, repitió Costa, mientras Von der Leyen recordaba que la UE y EEUU mueven juntos US$1,3 billones en comercio anual. La pregunta ahora es: ¿Hasta dónde llegará Trump? En 2019, su oferta por Groenlandia fue tachada de “absurda”; hoy, con la OTAN fracturada y el Ártico en ebullición, la UE teme que el próximo movimiento sea más agresivo.
El precedente histórico: cuando EE.UU. ya intentó comprar Groenlandia (y Dinamarca dijo no)
La idea de Donald Trump de «adquirir» Groenlandia no es un capricho improvisado, sino la repetición de un guión escrito hace 75 años. En 1946, el presidente estadounidense Harry S. Truman ofreció a Dinamarca 100 millones de dólares (equivalente a unos 1.400 millones actuales) por la isla, en plena Guerra Fría. El argumento era el mismo que hoy: su posición estratégica para controlar el Ártico y contrarrestar a la URSS. Dinamarca, entonces bajo el gobierno de Knud Kristensen, rechazó la oferta con un contundente «Groenlandia no está en venta», frase que la primera ministra Mette Frederiksen repitió textual en 2019 y 2024. La diferencia ahora es que el contexto geopolítico es aún más explosivo: Rusia ha multiplicado su presencia militar en el Ártico, y China ha invertido 900 millones de dólares desde 2018 en proyectos mineros y logísticos en la región, según el Instituto Polar de Noruega.
El intento de Truman no fue un caso aislado. En 1867, EE.UU. ya había comprado Alaska a Rusia por 7,2 millones de dólares (unos 150 millones hoy), una transacción que muchos en Washington ven como un modelo a replicar. Pero Groenlandia no es Alaska: su estatus de territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, con un gobierno local (Naalakkersuisut) y un parlamento (Inatsisartut) propios, complica cualquier maniobra. Además, la isla alberga la base aérea de Thule, operada por la OTAN desde 1951 y clave para el sistema de misiles balísticos de EE.UU. Un informe desclasificado del Pentágono en 2021 revelaba que Washington considera Groenlandia «tan vital como Hawaii» para su defensa, pero sin soberanía directa, su margen de acción es limitado. La paradoja es que, mientras Trump habla de «comprar», su administración ha recortado un 15% el presupuesto para cooperación ártica desde 2020, según datos del Congreso de EE.UU..
La respuesta danesa ha sido siempre la misma: inversión en autonomía. Tras el primer intento de Truman, Copenhague aceleró la modernización de Groenlandia, construyendo aeropuertos, escuelas y hospitales con fondos públicos. Hoy, el 35% del PIB groenlandés depende de subsidios daneses (unos 600 millones de euros anuales), pero la isla ha logrado atraer inversiones privadas en minería, como el proyecto Kvanefjeld, que podría convertirla en el segundo mayor exportador de tierras raras del mundo, solo por detrás de China. El mensaje a Trump es claro: Groenlandia no necesita ser «comprada» porque ya tiene un modelo económico viable, aunque frágil.
¿Y si Trump insiste? El «plan B» de la UE que nadie menciona
Bruselas tiene sobre la mesa un escenario que evita mencionar en público: replicar el modelo de Svalbard. Este archipiélago noruego, también en el Ártico, tiene un estatus especial desde el Tratado de Svalbard (1920), que permite a 46 países (incluidos EE.UU., Rusia y China) explotar recursos sin ceder soberanía. Fuentes de la Comisión Europea consultadas por En Foco Hoy admiten que se ha estudiado «fórmulas creativas» para Groenlandia, como un consorcio internacional de inversión que diluya el control de un solo país. El problema es que Dinamarca ya descartó esta opción en 2022, cuando el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Jeppe Kofod, tachó la idea de «colonización encubierta». Ahora, con Trump amenazando con aranceles a los países que operen en el Ártico sin su aprobación, la UE podría verse obligada a elegir entre dos males: ceder espacio a Washington o arriesgarse a una guerra comercial en plena recesión. La próxima cumbre de la OTAN en julio de 2025 será el termómetro.