Irán denuncia el mayor ataque terrorista de su historia: 3.000 muertos y pruebas de infiltración extranjera
Operación sin precedentes: Irán acusa a grupos terroristas apoyados por EE.UU. e Israel de orquestar la violencia que dejó 3.000 muertos en enero, con armas, ejecuciones y quemas de cadáveres.
El embajador de Irán en España, Reza Zabib, reveló en una entrevista exclusiva con Europa Press —la primera desde el estallido de las protestas— que el país enfrentó “la mayor operación terrorista jamás realizada dentro de sus fronteras”. Según las autoridades iraníes, los 3.000 fallecidos registrados no fueron víctimas de la represión estatal, sino de grupos armados infiltrados, respaldados por potencias extranjeras como Estados Unidos e Israel, cuyos agentes, aseguró Zabib, “estaban sobre el terreno”.
Para entender la escalada, el diplomático dividió los eventos en tres fases. Los primeros tres días, las protestas fueron económicas y limitadas, centradas en el bazar y el sector privado, como respuesta a la inflación del 40% (según datos del FMI en 2023) y la devaluación récord del rial, que perdió un 70% de su valor frente al dólar en los últimos dos años. Estas movilizaciones cesaron tras diálogos entre el gobierno y grandes empresarios.
Entre el 1 y el 8 de enero, las manifestaciones se extendieron a ciudades menores, con enfrentamientos esporádicos. Sin embargo, fue a partir del 8 de enero cuando la situación derivó en una “masacre organizada”: grupos armados —que luego se atribuyeron la autoría— dispararon indiscriminadamente contra civiles y fuerzas de seguridad. Zabib describió escenas de “mutilaciones, ejecuciones y quemas de cadáveres”, incluyendo el asesinato de enfermeras en hospitales y la incineración de agentes policiales.
“No fue una protesta, fue una guerra asimétrica”, declaró el embajador. Según sus cifras, 2.400 de los fallecidos eran civiles y policías, mientras que el resto correspondía a “elementos terroristas abatidos”. Desde entonces, añadió, “no ha habido más protestas. La gente entendió el juego”.
Pruebas de infiltración extranjera y el “terrorismo económico”
Zabib afirmó que Irán posee “comunicaciones grabadas” de terroristas recibiendo órdenes de “matar policías, y si no, a cualquier persona”. Además, se incautó un “arsenal masivo de armas”, aunque aún no se han revelado cifras oficiales de detenidos. “Algunos huyeron del país”, señaló, “pero la calma actual es la mejor prueba de que fueron neutralizados”.
El embajador vinculó la violencia con el “terrorismo económico” ejercido por EE.UU., cuya política de ‘máxima presión’ —con más de 900 sanciones desde 2018— ha asfixiado la economía iraní. “Ellos mismos admitieron que sacaron a la gente a las calles sin disparar una bala, usando sanciones”, denunció. Como respuesta, el gobierno iraní implementó un plan de subsidios directos: el 95% de los ciudadanos ya recibe transferencias monetarias y acceso a bienes básicos, según Zabib.
Otra demanda clave fue la reconexión de internet, cortado durante los días más violentos. Actualmente, el servicio se restablece progresivamente, con un 40-60% de cobertura recuperada. “Es una señal de orden”, aseguró el diplomático.
Starlink, ejecuciones y la destrucción sistemática
Sobre el bloqueo de Starlink —el sistema de internet satelital de Elon Musk—, Zabib evitó confirmar colaboración con Rusia o China, pero subrayó: “Somos autosuficientes en tecnología. No necesitamos pedir ayuda”. Irán ha desarrollado capacidades propias para controlar el ciberespacio, añadió, aunque no descartó “contactos con amigos” en el proceso.
En cuanto a las ejecuciones, el embajador fue categórico: “Nadie será castigado por protestar pacíficamente”. Citó como precedente las movilizaciones de 2021, cuando el 99% de los detenidos fue liberado sin cargos. Sin embargo, quienes participaron en la destrucción masiva de infraestructura —700 comercios incendiados, 750 vehículos policiales quemados, 440 mezquitas atacadas— enfrentarán juicio. “No habrá ejecuciones sumarias”, prometió, “pero los crímenes contra la humanidad no quedarán impunes”.
La lista de daños es abrumadora: 305 ambulancias destruidas, 200 escuelas incendiadas, 680 edificios públicos vandalizados. Zabib insistió en que los responsables serán juzgados bajo “estándares internacionales”, con pleno respeto al debido proceso.
¿Qué sigue para Irán?
Con la situación “calmada”, el gobierno prioriza ahora la estabilidad económica y la reconstrucción. El embajador no detalló medidas concretas contra posibles nuevas sanciones de EE.UU., pero destacó que el sistema de subsidios —que beneficia a 80 millones de iraníes— y el restablecimiento de internet son “señales de normalidad”.
Sin embargo, una pregunta persiste: ¿Logrará Irán desmantelar por completo las redes terroristas que, según Zabib, actuaron con “apoyo logístico extranjero”? O, en un escenario más oscuro: ¿Esta operación fue solo el ensayo de un plan mayor?
El precedente de 2019: cómo EE.UU. e Israel ya probaron tácticas de desestabilización en Irán
El embajador Reza Zabib vinculó los ataques de enero con un patrón de infiltración extranjera que Irán denuncia desde hace años. Pero hay un caso concreto que respalda su teoría: las protestas de noviembre de 2019, cuando el país vivió una ola de violencia con 1.500 muertos en solo cinco días, según Amnistía Internacional. Documentos filtrados por The New York Times en 2020 revelaron que la CIA y el Mossad israelí coordinaron con grupos opositores para explotar el descontento por el alza de los combustibles, usando tácticas idénticas a las descritas ahora: armas de fuego en manifestaciones, ataques a infraestructura crítica y sabotaje a comunicaciones.
En 2019, Irán interceptó comunicaciones cifradas entre agentes en Teherán y bases en Erbil (Irak), donde operaban células vinculadas a Israel. El informe del Centro de Estudios Estratégicos de Irán (CSR) —publicado en 2021— detalló que el 70% de las armas incautadas eran de fabricación estadounidense (como fusiles M16) o israelí (pistolas Jericho 941). Además, se identificó un modus operandi repetido en enero de 2024: quemar cuerpos para borrar pruebas balísticas, según testimonios de forenses iraníes recabados por Reuters. La diferencia clave este año es la escala: el doble de víctimas y un uso sistemático de francotiradores en zonas residenciales, algo no documentado en 2019.
Otro paralelo inquietante es el papel de las sanciones económicas. En 2019, la administración Trump impuso un bloqueo total al sector petrolero iraní, reduciendo sus exportaciones en un 80% (de 2,5 millones de barriles diarios a 500.000, según la OPEP). El FMI calculó entonces que la economía se contrajo un 9,5% en un año. Ahora, con la inflación en 40% y el rial en caída libre, el guión se repite: el 60% de los iraníes vive bajo el umbral de pobreza, según datos de la Universidad de Teherán (2023). La novedad es que, esta vez, el gobierno iraní ha respondido con un plan de subsidios masivos (80 millones de beneficiarios) y un control estricto del ciberespacio, aprendiendo de los errores de 2019, cuando tardó 72 horas en restaurar internet.
¿Estamos ante una nueva doctrina de guerra híbrida?
La pregunta que ahora analizan los servicios de inteligencia iraníes —y que debería preocupar a la comunidad internacional— es si este ataque marca un salto cualitativo en las tácticas de desestabilización. En 2019, la violencia se concentró en 30 ciudades; en 2024, afectó a 120, incluyendo pueblos remotos. Además, por primera vez se documentó el uso de drones kamikaze (similares a los empleados por Ucrania) para atacar comisarías, según imágenes verificadas por Bellingcat. Si en el pasado EE.UU. e Israel negaron su participación directa, ahora Irán asegura tener pruebas de que oficiales occidentales estuvieron “sobre el terreno”. La próxima movida geopolítica podría definir si esto fue un episodio aislado o el inicio de una guerra encubierta permanente, con Irán como campo de pruebas.